Lectura 1 de 4 · En familia

1 Reyes 3

1Y Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, porque tomó la hija de Faraón, y trájola a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalem alrededor. 2Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos. 3Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David: solamente sacrificaba y quemaba perfumes en los altos. 4E iba el rey a Gabaón, porque aquel era el alto principal, y sacrificaba allí: mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar. 5Y aparecióse Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y díjo le Dios: Pide lo que quisieres que yo te dé. 6Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, según que él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo: y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día. 7Ahora pues, Jehová Dios mío, tú has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre: y yo soy mozo pequeño, que no sé cómo entrar ni salir. 8Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud. 9Da pues a tu siervo corazón dócil para juzgar a tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? 10Y agradó delante de Adonai que Salomón pidiese esto. 11Y díjole Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, mas demandaste para ti inteligencia para oir juicio; 12He aquí lo he hecho conforme a tus palabras: he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no haya habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. 13Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria: tal, que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días. 14Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días. 15Y como Salomón despertó, vio que era sueño: y vino a Jerusalem, y presentóse delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos, e hizo pacíficos; hizo también banquete a todos sus siervos. 16En aquella sazón vinieron dos mujeres rameras al rey, y presentáronse delante de él. 17Y dijo la una mujer: ¡Ah, señor mío! yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo parí estando con ella en la casa. 18Y aconteció al tercer día después que yo parí, que esta parió también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa. 19Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. 20Y levantóse a media noche, y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y púsolo a su lado, y púsome a mi lado su hijo muerto. 21Y como yo me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto: mas observéle por la mañana, y vi que no era mi hijo, que yo había parido. 22Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey. 23El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto: y la otra dice, No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. 24Y dijo el rey: Traedme un cuchillo. Y trajeron al rey un cuchillo. 25En seguida el rey dijo: Partid por medio el niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. 26Entonces la mujer cuyo era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a esta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. 27Entonces el rey respondió, y dijo: Dad a aquella el hijo vivo, y no lo matéis: ella es su madre. 28Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey: y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.
Lectura 2 de 4 · En familia

Efesios 1

1Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso: 2Gracia sea a vosotros, y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. 3Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo: 4Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor; 5Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo a sí mismo, según el puro afecto de su voluntad, 6Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado: 7En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia, 8Que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría e inteligencia; 9Descubriéndonos el misterio de su voluntad, según su beneplácito, que se había propuesto en sí mismo, 10De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra: 11En él digo, en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad, 12Para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en Cristo. 13En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14Que es las arras de nuestra herencia, para la redención de la posesión adquirida para alabanza de su gloria. 15Por lo cual también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y amor para con todos los santos, 16No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones; 17Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; 18Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, 20La cual obró en Cristo, resucitándole de los muertos, y colocándole a su diestra en los cielos, 21Sobre todo principado, y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, mas aun en el venidero: 22Y sometió todas las cosas debajo de sus pies, y diólo por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos.
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Ezequiel 34

1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Hijo del hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y diles a los pastores: Así ha dicho el Señor Jehová: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores los rebaños? 3Coméis la leche, y os vestís de la lana: la gruesa degolláis, no apacentáis las ovejas. 4No corroborasteis las flacas, ni curasteis la enferma: no ligasteis la perniquebrada, ni tornasteis la amontada, ni buscasteis la perdida; sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia; 5Y están derramadas por falta de pastor; y fueron para ser comidas de toda bestia del campo, y fueron esparcidas. 6Y anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto: y en toda la haz de la tierra fueron derramadas mis ovejas, y no hubo quien buscase, ni quien requiriese. 7Por tanto, pastores, oid palabra de Jehová: 8Vivo yo, ha dicho el Señor Jehová, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser comidas de toda bestia del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas; 9Por tanto, oh pastores, oid palabra de Jehová: 10Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo a los pastores; y requeriré mis ovejas de su mano, y haréles dejar de apacentar las ovejas: ni los pastores se apacentarán más a sí mismos; pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida. 11Porque así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas, y las reconoceré. 12Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. 13Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras: y las meteré en su tierra, y las apacentaré en los montes de Israel por las riberas, y en todas las habitaciones del país. 14En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel será su majada: allí dormirán en buena majada, y en pastos gruesos serán apacentadas sobre los montes de Israel. 15Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor Jehová. 16Yo buscaré la perdida, y tornaré la amontada, y ligaré la perniquebrada, y corroboraré la enferma: mas a la gruesa y a la fuerte destruiré. Yo las apacentaré en juicio. 17Mas vosotras, ovejas mías, así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos. 18¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que holléis con vuestros pies lo que de vuestros pastos queda; y que bebiendo las aguas sentadas, holléis además con vuestros pies las que quedan? 19Y mis ovejas comen lo hollado de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis hollado. 20Por tanto, así les dice el Señor Jehová: He aquí, yo, yo juzgaré entre la oveja gruesa y la oveja flaca, 21Por cuanto rempujasteis con el lado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las flacas, hasta que las esparcisteis fuera. 22Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán en rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. 23Y despertaré sobre ellas un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David: él las apacentará, y él les será por pastor. 24Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado. 25Y estableceré con ellos pacto de paz, y haré cesar de la tierra las malas bestias; y habitarán en el desierto seguramente, y dormirán en los bosques. 26Y daré a ellas, y a los alrededores de mi collado, bendición; y haré descender la lluvia en su tiempo, lluvias de bendición serán. 27Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra seguramente; y sabrán que yo soy Jehová, cuando quebrare las coyundas de su yugo, y los librare de mano de los que se sirven de ellos. 28Y no serán más presa de las gentes, ni las bestias de la tierra las devorarán; sino que habitarán seguramente, y no habrá quien espante; 29Y despertaréles una planta por nombre, y no más serán consumidos de hambre en la tierra, ni serán más avergonzados de las gentes. 30Y sabrán que yo su Dios Jehová soy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice el Señor Jehová. 31Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois, y yo vuestro Dios, dice el Señor Jehová.
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Salmos 83-84 (cap. 83)

1Oh Dios, no tengas silencio: no calles, oh Dios, ni te estés quieto. 2Porque he aquí que braman tus enemigos; y tus aborrecedores han alzado cabeza. 3Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus escondidos. 4Han dicho: Venid, y cortémoslos de ser pueblo, y no haya más memoria del nombre de Israel. 5Por esto han conspirado de corazón a una, contra ti han hecho liga; 6Los pabellones de los Idumeos y de los Ismaelitas, Moab y los Agarenos; 7Gebal, y Ammón, y Amalec; los Filisteos con los habitadores de Tiro. 8También el Assur se ha juntado con ellos: son por brazo a los hijos de Lot. (Selah.) 9Hazles como a Madián; como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón; 10Que perecieron en Endor, fueron hechos muladar de la tierra. 11Pon a ellos y a sus capitanes como a Oreb y como a Zeeb; y como a Zeba y como a Zalmunna, a todos sus príncipes; 12Que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios. 13Dios mío, ponlos como a torbellinos; como a hojarascas delante del viento. 14Como fuego que quema el monte, como llama que abrasa las breñas. 15Persíguelos así con tu tempestad, y asómbralos con tu torbellino. 16Llena sus rostros de vergüenza; y busquen tu nombre, oh Jehová. 17Sean afrentados y turbados para siempre; y sean deshonrados, y perezcan. 18Y conozcan que tu nombre es JEHOVÁ; tú solo Altísimo sobre toda la tierra.
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Salmos 83-84 (cap. 84)

1¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! 2Codicia y aun ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová: mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. 3Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus pollos en tus altares, oh Jehová de los ejércitos, rey mío, y Dios mío. 4Bienaventurados los que habitan en tu casa: perpetuamente te alabarán. (Selah.) 5Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti; en cuyo corazón están tus caminos. 6Atravesando el valle de Baca pónenle por fuente, cuando la lluvia llena los estanques. 7Irán de fortaleza en fortaleza, verán a Dios en Sion. 8Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración: escucha, oh Dios de Jacob. (Selah.) 9Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido. 10Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos: escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad. 11Porque sol y escudo es Jehová Dios: gracia y gloria dará Jehová: no quitará el bien a los que en integridad andan. 12Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Reyes 3 · Efesios 1
Personales
Ezequiel 34 · Salmos 83-84