Dundee · 30 de diciembre de 1842
Pan de cada día
Un calendario para leer toda la Palabra de Dios en un año
“Sumamente acendrada es tu palabra; y la ama tu siervo.”

Mi querido rebaño:
La llegada de un nuevo año despierta en mí nuevos deseos por la salvación de ustedes y por el crecimiento de los que ya han sido salvos. “Dios me es testigo de cómo os amo á todos vosotros en las entrañas de Jesucristo.” ¿Quién sabe lo que traerá el año que viene? Hay, claramente, un peso sobre el espíritu de todos los hombres piadosos, y una expectativa de alguna obra extraña de juicio sobre esta tierra. Es necesario hacer ahora aquella pregunta solemne: “Si en la tierra de paz estabas quieto, ¿cómo harás en la hinchazón del Jordán?”
Los creyentes que estarán más firmes son los que no dependen de sí mismos ni de las criaturas, sino de Jehová, justicia nuestra. Tenemos que ser llevados más a nuestras Biblias y al propiciatorio, si hemos de estar firmes en el día malo. Entonces podremos decir, como David: “Los soberbios se burlaron mucho de mí: mas no me he apartado de tu ley.” “Príncipes me han perseguido sin causa; mas mi corazón tuvo temor de tus palabras.”
Hace mucho que tengo en mente preparar un plan de lectura de las Escrituras en el que pudieran ponerse de acuerdo todos los que Dios hiciera dispuestos, de modo que toda la Biblia fuera leída por ustedes una vez en el año, y que todos estuvieran alimentándose de la misma porción del verde pasto al mismo tiempo.
Sé muy bien que un plan así viene acompañado de muchos
Peligros
Formalismo. Somos criaturas tan débiles que cualquier deber que se repite con regularidad tiende a degenerar en una forma sin vida. La lectura de la Palabra según una regla fija puede, en algunas mentes, producir esa religión de esqueleto. Este ha de ser el pecado propio de los últimos días: “teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella”. Guárdense de esto. Que perezca el calendario antes que este óxido carcoma sus almas.
Justicia propia. Algunos, después de dedicar su tiempo señalado a la lectura de la Palabra y de cumplir la porción prescrita, pueden sentirse tentados a mirarse a sí mismos con complacencia. Estoy convencido de que muchos viven sin ninguna obra divina en su alma —sin perdón, sin santificación y a punto de perecer— y, sin embargo, dedican sus tiempos señalados a la devoción en secreto y en familia. Eso es ir al infierno con una mentira en la mano derecha.
Lectura descuidada. Pocos tiemblan ante la Palabra de Dios. Pocos, al leerla, oyen la voz de Jehová, que está llena de majestad. Algunos, por tener una porción tan grande, pueden sentirse tentados a cansarse de ella, como Israel del maná de cada día, diciendo: “nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”, y a leerla de manera ligera y descuidada. Eso provocaría terriblemente a Dios. Cuiden que no se cumpla en ustedes aquella palabra: “Habéis además dicho: ¡Oh qué trabajo! y lo desechasteis, dice Jehová de los ejércitos.”
Un yugo demasiado pesado. Algunos pueden comenzar a leer con entusiasmo por un tiempo y después sentirlo como una carga difícil de llevar. Pueden encontrarse con que la conciencia los arrastra por la tarea señalada sin ningún gusto por el alimento celestial. Si ese es el caso de alguno, que arroje a un lado el grillete y se alimente en libertad en el dulce jardín de Dios. Mi deseo no es tenderles un lazo, sino ser un ayudador de su gozo.
Si hay tantos peligros, ¿por qué proponer un plan así? Respondo que las mejores cosas vienen acompañadas de peligro, como las flores más hermosas a menudo se recogen en las grietas de algún precipicio peligroso. Pesemos
Las ventajas
Toda la Biblia será leída en orden en el curso de un año. El Antiguo Testamento una vez; el Nuevo Testamento y los Salmos, dos. Temo que muchos de ustedes nunca han leído toda la Biblia; y sin embargo toda ella es igualmente divina: “Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto.” Si pasamos por alto algunas partes de la Escritura, seremos cristianos incompletos.
No se perderá tiempo eligiendo qué porciones leer. Muchas veces los creyentes no saben hacia qué parte de los montes de especias deben dirigir sus pasos. Aquí la cuestión se resuelve de una vez, de la manera más sencilla.
Los padres tendrán un tema fijo sobre el cual examinar a sus hijos y a los de su casa. Es muy deseable que el culto familiar sea más instructivo de lo que suele ser. La mera lectura del capítulo es muchas veces como agua derramada en tierra. Que cada miembro de la familia lo lea antes, y luego se saquen el sentido y la aplicación con preguntas y respuestas sencillas. El calendario ayudará en esto. También los amigos, cuando se encuentren, tendrán tema de conversación provechosa en las porciones leídas ese día. El sentido de los pasajes difíciles podrá consultarse a los cristianos más juiciosos y maduros, y la fragancia de las Escrituras más sencillas se esparcirá.
El pastor sabrá en qué parte del pasto se está alimentando el rebaño. Así podrá hablarles de modo más adecuado en el día del Señor; y tanto el pastor como los ancianos podrán dejar una palabra de luz y consuelo al visitar de casa en casa, palabra que encontrará más pronta respuesta.
Se fortalecerá el dulce vínculo del amor y la unidad cristiana. Muchas veces nos acordaremos de esos queridos hermanos y hermanas en el Señor, aquí y en otros lugares, que acuerdan unirse a nosotros en la lectura de esas porciones. Más a menudo nos pondremos de acuerdo en la tierra acerca de algo que pediremos a Dios. Oraremos sobre las mismas promesas, lloraremos sobre las mismas confesiones, alabaremos a Dios con los mismos cánticos y seremos alimentados por las mismas palabras de vida eterna.
Instrucciones
La columna central indica el día del mes. Las dos primeras columnas indican el capítulo que se ha de leer en familia. Las dos últimas, las porciones que se han de leer en secreto.
El cabeza de familia debe leer de antemano el capítulo indicado para el culto familiar y marcar dos o tres de los versículos más destacados, sobre los cuales pueda detenerse haciendo algunas preguntas sencillas.
Con frecuencia el capítulo señalado en el calendario para la lectura en familia podría leerse más adecuadamente en secreto; en ese caso, el cabeza de familia debe indicar que se lea en privado, y el capítulo para la lectura en secreto puede usarse en la familia.
La versión métrica de los Salmos debe leerse o cantarse completa al menos una vez en el año. Es verdaderamente una traducción admirable del hebreo, y con frecuencia más correcta que la versión en prosa. Si se cantan tres versículos en cada culto familiar, todos los Salmos se cantarán en el año.
Que la conversación en las comidas de la familia se vuelva con frecuencia al capítulo leído; así cada comida será un sacramento, santificada por la Palabra y la oración.
Que nuestra lectura en secreto se adelante al alba. Que la voz de Dios sea la primera que oigamos por la mañana. Marquen dos o tres de los versículos más ricos y oren sobre cada línea y cada palabra de ellos. Que las marcas sean pulcras, sin maltratar nunca un ejemplar de la Biblia.
Al encontrarse con creyentes en la calle o en otro lugar, cuando se presente una oportunidad fácil, vuelvan a los capítulos leídos esa mañana. Será un bendito intercambio en lugar de esas palabras ociosas que desgastan el alma y contristan al Espíritu Santo de Dios. Al escribir cartas a los que están lejos, aprovechen la provisión recogida ese día.
Sobre todo, usen la Palabra como lámpara a sus pies y lumbrera a su camino: su guía en la perplejidad, su armadura en la tentación, su alimento en tiempos de desmayo. Escuchen el clamor constante del gran Intercesor:
“Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad.”
La porción de hoy es la misma que abrió la iglesia de Dundee. Siéntate a la mesa.
Notas de esta edición
- Traducción hecha para este sitio a partir del original inglés, tal como aparece en la edición del calendario de David F. Haslam (2000), que reproduce el prefacio de Andrew A. Bonar, Memoir and Remains of the Rev. Robert Murray M'Cheyne (1844). Original en dominio público.
- Las citas bíblicas siguen la Reina-Valera 1909, la misma Biblia de las páginas de lectura en español; por eso usan el “vosotros” y la ortografía de 1909 («á»), mientras la carta traducida habla de “ustedes”.
- La “versión métrica de los Salmos” (instrucción 4) es el Salterio Escocés de 1650, que las iglesias de Escocia cantaban sin instrumentos.
- En este sitio, las dos primeras lecturas de cada día son las “en familia” y las dos últimas, las “personales”: la misma división de las cuatro columnas de 1842.