Lectura 1 de 4 · En familia

Números 19

1Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 2Esta es la ordenanza de la ley que Jehová ha prescrito, diciendo: Di a los hijos de Israel que te traigan una vaca bermeja, perfecta, en la cual no haya falta, sobre la cual no se haya puesto yugo: 3Y la daréis a Eleazar el sacerdote, y él la sacará fuera del campo, y harála degollar en su presencia. 4Y tomará Eleazar el sacerdote de su sangre con su dedo, y rociará hacia la delantera del tabernáculo del testimonio con la sangre de ella siete veces; 5Y hará quemar la vaca ante sus ojos: su cuero y su carne y su sangre, con su estiércol, hará quemar. 6Luego tomará el sacerdote palo de cedro, e hisopo, y escarlata, y lo echará en medio del fuego en que arde la vaca. 7El sacerdote lavará luego sus vestidos, lavará también su carne con agua, y después entrará en el real; y será inmundo el sacerdote hasta la tarde. 8Asimismo el que la quemó, lavará sus vestidos en agua, también lavará en agua su carne, y será inmundo hasta la tarde. 9Y un hombre limpio recogerá las cenizas de la vaca, y las pondrá fuera del campo en lugar limpio, y las guardará la congregación de los hijos de Israel para el agua de separación: es una expiación. 10Y el que recogió las cenizas de la vaca, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la tarde: y será a los hijos de Israel, y al extranjero que peregrina entre ellos, por estatuto perpetuo. 11El que tocare muerto de cualquiera persona humana, siete días será inmundo: 12Este se purificará al tercer día con aquesta agua, y al séptimo día será limpio; y si al tercer día no se purificare, no será limpio al séptimo día. 13Cualquiera que tocare en muerto, en persona de hombre que estuviere muerto, y no se purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó; y aquella persona será cortada de Israel: por cuanto el agua de la separación no fue rociada sobre él, inmundo será; y su inmundicia será sobre él. 14Esta es la ley para cuando alguno muriere en la tienda: cualquiera que entrare en la tienda y todo el que estuviere en ella, será inmundo siete días. 15Y todo vaso abierto, sobre el cual no hubiere tapadera bien ajustada, será inmundo. 16Y cualquiera que tocare en muerto a cuchillo sobre la haz del campo, o en muerto, o en hueso humano, o en sepulcro, siete días será inmundo. 17Y para el inmundo tomarán de la ceniza de la quemada vaca de la expiación, y echarán sobre ella agua viva en un vaso: 18Y un hombre limpio tomará hisopo, y mojarálo en el agua, y rociará sobre la tienda, y sobre todos los muebles, y sobre las personas que allí estuvieren, y sobre aquel que hubiere tocado el hueso, o el matado, o el muerto, o el sepulcro: 19Y el limpio rociará sobre el inmundo al tercero y al séptimo día: y cuando lo habrá purificado al día séptimo, él lavará luego sus vestidos, y a sí mismo se lavará con agua, y será limpio a la tarde. 20Y el que fuere inmundo, y no se purificare, la tal persona será cortada de entre la congregación, por cuanto contaminó el tabernáculo de Jehová: no fue rociada sobre él el agua de separación: es inmundo. 21Y les será por estatuto perpetuo: también el que rociare el agua de la separación lavará sus vestidos; y el que tocare el agua de la separación, será inmundo hasta la tarde. 22Y todo lo que el inmundo tocare, será inmundo: y la persona que lo tocare, será inmunda hasta la tarde.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 55

1Escucha, oh Dios, mi oración, y no te escondas de mi súplica. 2Estáme atento, y respóndeme: clamo en mi oración, y levanto el grito, 3A causa de la voz del enemigo, por la opresión del impío; porque echaron sobre mí iniquidad, y con furor me han amenazado. 4Mi corazón está doloroso dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído. 5Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto. 6Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! volaría yo, y descansaría. 7Ciertamente huiría lejos: moraría en el desierto. (Selah.) 8Apresuraríame a escapar del viento tempestuoso, de la tempestad. 9Deshace, oh Señor, divide la lengua de ellos; porque he visto violencia y rencilla en la ciudad. 10Día y noche la rodean sobre sus muros; e iniquidad y trabajo hay en medio de ella. 11Agravios hay en medio de ella, y el fraude y engaño no se apartan de sus plazas. 12Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él: 13Mas tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar: 14Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, a la casa de Dios andábamos en compañía. 15Condenados sean a muerte, desciendan vivos al infierno: porque maldades hay en su compañía, entre ellos. 16Yo a Dios clamaré; y Jehová me salvará. 17Tarde y mañana y a medio día oraré y clamaré; y él oirá mi voz. 18El ha redimido en paz mi alma de la guerra contra mí; pues fueron contra mí muchos. 19Dios oirá, y los quebrantará luego, el que desde la antigüedad permanece (Selah); por cuanto no se mudan, ni temen a Dios. 20Extendió sus manos contra sus pacíficos: violó su pacto. 21Ablandan más que manteca su boca, pero guerra hay en su corazón: suavizan sus palabras más que el aceite, mas ellas son cuchillos. 22Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo. 23Mas tú, oh Dios, harás descender aquellos al pozo de la sepultura: los hombres sanguinarios y engañadores no demediarán sus días: empero yo confiaré en ti.
Lectura 3 de 4 · Personal

Isaías 8:1-9:7 (cap. 8)

1Y díjome Jehová: Tómate un gran volumen, y escribe en él en estilo de hombre tocante a Maher-salal-hash-baz. 2Y junté conmigo por testigos fieles a Urías sacerdote, y a Zacarías hijo de Jeberechîas. 3Y juntéme con la profetisa, la cual concibió, y parió un hijo. Y díjome Jehová: Ponle por nombre Maher-salal-hash-baz. 4Porque antes que el niño sepa decir, Padre mío, y Madre mía, será quitada la fuerza de Damasco y los despojos de Samaria, en la presencia del rey de Asiria. 5Otra vez tornó Jehová a hablarme, diciendo: 6Por cuanto desechó este pueblo las aguas de Siloé, que corren mansamente, y holgóse con Rezín y con el hijo de Remalías; 7He aquí por tanto que el Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y muchas, a saber, al rey de Asiria con todo su poder; el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas: 8Y pasando hasta Judá, inundará, y sobrepujará, y llegará hasta la garganta; y extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra, oh Emmanuel. 9Juntaos, pueblos, y seréis quebrantados; oid todos los que sois de lejanas tierras: poneos a punto, y seréis quebrantados; apercibíos, y seréis quebrantados. 10Tomad consejo, y será deshecho; proferid palabra, y no será firme: porque Dios con nosotros. 11Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y enseñóme que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: 12No digáis, Conjuración, a todas las cosas a que este pueblo dice, Conjuración; ni temáis lo que temen, ni tengáis miedo. 13A Jehová de los ejércitos, a él santificad: sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. 14Entonces él será por santuario; mas a las dos casas de Israel por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalem. 15Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados: enredaránse, y serán presos. 16Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos. 17Esperaré pues a Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y a él aguardaré. 18He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová, por señales y prodigios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos que mora en el monte de Sion. 19Y si os dijeren: Preguntad a los pitones y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿ Apelará por los vivos a los muertos? 20¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido. 21Y pasarán por él fatigados y hambrientos, y acontecerá que teniendo hambre, se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios, levantando el rostro en alto. 22Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tiniebla, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas.
Lectura 3 de 4 · Personal

Isaías 8:1-9:7 (cap. 9)

1Aunque no será esta oscuridad tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón, y a la tierra de Nephtalí; y después cuando agravaron por la vía de la mar, de esa parte del Jordán, en Galilea de las gentes. 2El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz: los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. 3Aumentando la gente, no aumentaste la alegría. Alegraránse delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. 4Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su exactor, como en el día de Madián. 5Porque toda batalla de quien pelea es con estruendo, y con revolcamiento de vestidura en sangre: mas esto será para quema, y pábulo del fuego. 6Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. 7Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
Lectura 4 de 4 · Personal

Santiago 2

1Hermanos míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesucristo glorioso en acepción de personas. 2Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro, y de preciosa ropa, y también entra un pobre con vestidura vil, 3Y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Siéntate tú aquí en buen lugar: y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pie; o siéntate aquí debajo de mi estrado: 4¿No juzgáis en vosotros mismos, y venís a ser jueces de pensamientos malos? 5Hermanos míos amados, oid: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? 6Mas vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los juzgados? 7¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? 8Si en verdad cumplís vosotros la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis: 9Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois reconvenidos de la ley como transgresores. 10Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos. 11Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no hubieres cometido adulterio, pero hubieres matado, ya eres hecho transgresor de la ley. 12Así hablad, y así obrad, como los que habéis de ser juzgados por la ley de libertad. 13Porque juicio sin misericordia será hecho con aquel que no hiciere misericordia: y la misericordia se gloría contra el juicio. 14Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si el hermano o la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará? 17Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. 18Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan. 20¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fue perfecta por las obras? 23Y fue cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue imputado a justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. 25Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió los mensajeros, y los echó fuera por otro camino? 26Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Números 19 · Salmo 55
Personales
Isaías 8:1-9:7 · Santiago 2