Lectura 1 de 4 · En familia
1 Reyes 13
1Y he aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Beth-el; y estando Jeroboam al altar para quemar perfumes, 2El clamó contra el altar por palabra de Jehová, y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo, llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los altos que queman sobre ti perfumes; y sobre ti quemarán huesos de hombres. 3Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará. 4Y como el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Beth-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, que no la pudo tornar a sí. 5Y el altar se rompió, y derramóse la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová. 6Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues a la faz de Jehová tu Dios, y ora por mí, que mi mano me sea restituída. Y el varón de Dios oró a la faz de Jehová, y la mano del rey se le recuperó, y tornóse como antes. 7Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente. 8Mas el varón de Dios dijo al rey: Si me dieses la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar; 9Porque así me está mandado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el camino que fueres. 10Fuése pues por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Beth-el. 11Moraba a la sazón en Beth-el un viejo profeta, al cual vino su hijo, y contóle todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Beth-el: contáronle también a su padre las palabras que había hablado al rey. 12Y su padre les dijo: ¿Por qué camino fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde se había tornado el varón de Dios, que había venido de Judá. 13Y él dijo a sus hijos: Enalbardadme el asno. Y ellos le enalbardaron el asno, y subió en él. 14Y yendo tras el varón de Dios, hallóle que estaba sentado debajo de un alcornoque: y díjole: ¿Eres tú el varón de Dios que viniste de Judá? Y él dijo: Yo soy. 15Díjole entonces: Ven conmigo a casa, y come del pan. 16Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo; ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar; 17Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni vuelvas por el camino que fueres. 18Y el otro le dijo: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Vuélvele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua. Empero mintióle. 19Entonces volvió con él, y comió del pan en su casa, y bebió del agua. 20Y aconteció que, estando ellos a la mesa, fue palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver; 21Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al dicho de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito, 22Sino que volviste, y comiste del pan y bebiste del agua en el lugar donde Jehová te había dicho no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. 23Y como hubo comido del pan y bebido, el profeta que le había hecho volver le enalbardó un asno; 24Y yéndose, topóle un león en el camino, y matóle; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno estaba junto a él, y el león también estaba junto al cuerpo. 25Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo: y vinieron, y dijéronlo en la ciudad donde el viejo profeta habitaba. 26Y oyéndolo el profeta que le había vuelto del camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al dicho de Jehová: por tanto Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y muerto, conforme a la palabra de Jehová que él le dijo. 27Y habló a sus hijos, y díjoles: Enalbardadme un asno. Y ellos se lo enalbardaron. 28Y él fue, y halló su cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león estaban junto al cuerpo: el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno. 29Y tomando el profeta el cuerpo del varón de Dios, púsolo sobre el asno, y llevóselo. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle. 30Y puso su cuerpo en su sepulcro; y endecháronle, diciendo: ¡Ay, hermano mío! 31Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muriere, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto a los suyos. 32Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Beth-el, y contra todas las casas de los altos que están en las ciudades de Samaria. 33Después de esto no se tornó Jeroboam de su mal camino: antes volvió a hacer sacerdotes de los altos de la clase del pueblo, y quien quería se consagraba, y era de los sacerdotes de los altos. 34Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam; por lo cual fue cortada y raída de sobre la haz de la tierra.
Lectura 2 de 4 · En familia
Filipenses 4
1Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados. 2A Euodias ruego, y a Syntychê exhorto, que sientan lo mismo en el Señor. 3Asimismo te ruego también a ti, hermano compañero, ayuda a las que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los demás mis colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida. 4Gozaos en el Señor siempre: otra vez digo: Que os gocéis. 5Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús. 8Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad. 9Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros. 10Mas en gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin ha reflorecido vuestro cuidado de mí; de lo cual aun estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11No lo digo en razón de indigencia, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. 12Sé estar humillado, y sé tener abundancia: en todo y por todo estoy enseñado, así para hartura como para hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. 14Sin embargo, bien hicisteis que comunicasteis juntamente a mi tribulación. 15Y sabéis también vosotros, oh Filipenses, que al principio del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia me comunicó en razón de dar y recibir, sino vosotros solos. 16Porque aun a Tesalónica me enviasteis lo necesario una y dos veces. 17No porque busque dádivas; mas busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18Empero todo lo he recibido, y tengo abundancia: estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios. 19Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. 20Al Dios pues y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén. 21Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan. 22Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de casa de César. 23La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 43
1Llevóme luego a la puerta, a la puerta que mira hacia el oriente; 2Y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía de hacia el oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria. 3Y la visión que vi era como la visión, como aquella visión que vi cuando vine para destruir la ciudad: y las visiones eran como la visión que vi junto al río de Chebar; y caí sobre mi rostro. 4Y la gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba cara al oriente. 5Y alzóme el espíritu, y metióme en el atrio de adentro; y he aquí que la gloria de Jehová hinchió la casa. 6Y oí uno que me hablaba desde la casa: y un varón estaba junto a mí. 7Y díjome: Hijo del hombre, este es el lugar de mi asiento, y el lugar de las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre: y nunca más contaminará la casa de Israel mi santo nombre, ni ellos ni sus reyes, con sus fornicaciones, y con los cuerpos muertos de sus reyes en sus altares: 8Y poniendo ellos su umbral junto a mi umbral, y su poste junto a mi poste, y no más que pared entre mí y ellos, contaminaron mi santo nombre con sus abominaciones que hicieron: consumílos por tanto en mi furor. 9Ahora echarán lejos de mí su fornicación, y los cuerpos muertos de sus reyes, y habitaré en medio de ellos para siempre. 10Tú, hijo del hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados, y midan la traza de ella. 11Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles entender la figura de la casa, y su traza, y sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes: y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma, y todas sus reglas, y las pongan por obra. 12Esta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte, todo su término alrededor será santísimo. He aquí que esta es la ley de la casa. 13Y estas son las medidas del altar por codos (el codo de a codo y palmo). El seno, de un codo, y de un codo el ancho; y su remate por su borde alrededor, de un palmo. Este será el fondo alto del altar. 14Y desde el seno de sobre el suelo hasta el lugar de abajo, dos codos, y la anchura de un codo: y desde el lugar menor hasta el lugar mayor, cuatro codos, y la anchura de un codo. 15Y el altar, de cuatro codos, y encima del altar, cuatro cuernos. 16Y el altar tenía doce codos de largo, y doce de ancho, cuadrado a sus cuatro lados. 17Y el área, de catorce codos de longitud, y catorce de anchura en sus cuatro lados, y de medio codo el borde alrededor: y el seno de un codo por todos lados; y sus gradas estaban al oriente. 18Y díjome: Hijo del hombre, así ha dicho el Señor Jehová: Estas son las ordenanzas del altar el día en que será hecho, para ofrecer sobre él holocausto, y para esparcir sobre él sangre. 19Darás a los sacerdotes Levitas que son del linaje de Sadoc, que se allegan a mí, dice el Señor Jehová, para ministrarme, un becerro de la vacada para expiación. 20Y tomarás de su sangre, y pondrás en los cuatro cuernos del altar, y en las cuatro esquinas del área, y en el borde alrededor: así lo limpiarás y purificarás. 21Tomarás luego el becerro de la expiación, y lo quemarás conforme a la ley de la casa, fuera del santuario. 22Y al segundo día ofrecerás un macho de cabrío sin defecto, para expiación; y purificarán el altar como lo purificaron con el becerro. 23Cuando acabares de expiar, ofrecerás un becerro de la vacada sin defecto, y un carnero sin tacha de la manada: 24Y los ofrecerás delante de Jehová, y los sacerdotes echarán sal sobre ellos, y los ofrecerán en holocausto a Jehová. 25Por siete días sacrificarán un macho cabrío cada día en expiación; asimismo sacrificarán el becerro de la vacada y un carnero sin tacha del rebaño. 26Por siete días expiarán el altar, y lo limpiarán, y ellos henchirán sus manos. 27Y acabados estos días, al octavo día, y en adelante, sacrificarán los sacerdotes sobre el altar vuestros holocaustos y vuestros pacíficos; y me seréis aceptos, dice el Señor Jehová.
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Salmos 95-96 (cap. 95)
1Venid, celebremos alegremente a Jehová: cantemos con júbilo a la roca de nuestra salud. 2Lleguemos ante su acatamiento con alabanza; aclamémosle con cánticos. 3Porque Jehová es Dios grande; y Rey grande sobre todos los dioses. 4Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas. 5Suya también la mar, pues él la hizo; y sus manos formaron la seca. 6Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor. 7Porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz, 8No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, como el día de Masa en el desierto; 9Donde me tentaron vuestros padres, probáronme, y vieron mi obra. 10Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. 11Por tanto juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.
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Salmos 95-96 (cap. 96)
1Cantad a Jehová canción nueva; cantad a Jehová, toda la tierra. 2Cantad a Jehová, bendecid su nombre: anunciad de día en día su salud. 3Contad entre las gentes su gloria, en todos los pueblos sus maravillas. 4Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; terrible sobre todos los dioses. 5Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos: mas Jehová hizo los cielos. 6Alabanza y magnificencia delante de él: fortaleza y gloria en su santuario. 7Dad a Jehová, oh familias de los pueblos, dad a Jehová la gloria y la fortaleza. 8Dad a Jehová la honra debida a su nombre: tomad presentes, y venid a sus atrios. 9Encorvaos a Jehová en la hermosura de su santuario: temed delante de él, toda la tierra. 10Decid en las gentes: Jehová reinó, también afirmó el mundo, no será conmovido: juzgará a los pueblos en justicia. 11Alégrense los cielos, y gócese la tierra: brame la mar y su plenitud. 12Regocíjese el campo, y todo lo que en él está: entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento, 13Delante de Jehová que vino: porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Reyes 13 · Filipenses 4
Personales
Ezequiel 43 · Salmos 95-96