Lectura 1 de 4 · En familia

2 Crónicas 16

1En el año treinta y seis del reinado de Asa, subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó a Rama, para no dejar salir ni entrar a ninguno al rey Asa, rey de Judá. 2Entonces sacó Asa la plata y el oro de los tesoros de la casa de Jehová y de la casa real, y envió a Ben-adad rey de Siria, que estaba en Damasco, diciendo: 3Haya alianza entre mí y ti, como la hubo entre mi padre y tu padre; he aquí yo te he enviado plata y oro, para que vengas y deshagas la alianza que tienes con Baasa rey de Israel, a fin de que se retire de mí. 4Y consintió Ben-adad con el rey Asa, y envió los capitanes de sus ejércitos a la ciudades de Israel: y batieron a Ion, Dan, y Abel-maim, y las ciudades fuertes de Nephtalí. 5Y oyendo esto Baasa, cesó de edificar a Rama, y dejó su obra. 6Entonces el rey Asa tomó a todo Judá, y lleváronse de Rama la piedra y madera con que Baasa edificaba, y con ella edificó a Gibaa y Mizpa. 7En aquel tiempo vino Hanani vidente a Asa rey de Judá, y díjole: Por cuanto te has apoyado en el rey de Siria, y no te apoyaste en Jehová tu Dios, por eso el ejército del rey de Siria ha escapado de tus manos. 8Los Etiopes y los Libios, ¿no eran un ejército numerosísimo, con carros y muy mucha gente de a caballo? con todo, porque te apoyaste en Jehová, él los entregó en tus manos. 9Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para corroborar a los que tienen corazón perfecto para con él. Locamente has hecho en esto; porque de aquí adelante habrá guerra contra ti. 10Y enojado Asa contra el vidente, echólo en la casa de la cárcel, porque fue en extremo conmovido a causa de esto. Y oprimió Asa en aquel tiempo algunos del pueblo. 11Mas he aquí, los hechos de Asa, primeros y postreros, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 12Y el año treinta y nueve de su reinado enfermó Asa de los pies para arriba, y en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos. 13Y durmió Asa con sus padres, y murió en el año cuarenta y uno de su reinado. 14Y sepultáronlo en sus sepulcros que él había hecho para sí en la ciudad de David; Y pusiéronlo en una litera, la cual hinchieron de aromas y diversas materias odoríferas, preparadas por obra de perfumadores; e hiciéronle una quema muy grande.
Lectura 2 de 4 · En familia

Apocalipsis 5

1Y vi en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos. 2Y vi un fuerte ángel predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos? 3Y ninguno podía, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarlo. 4Y yo lloraba mucho, porque no había sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. 5Y uno de los ancianos me dice: No llores: he aquí el león de la tribu de Judá, la raíz de David, que ha vencido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos. 6Y miré; y he aquí en medio del trono y de los cuatro animales, y en medio de los ancianos, estaba un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados en toda la tierra. 7Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono. 8Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos: 9Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. 11Y miré, y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones, 12Que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza. 13Y oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás. 14Y los cuatro animales decían: Amén. Y los veinticuatro ancianos cayeron sobre sus rostros, y adoraron al que vive para siempre jamás.
Lectura 3 de 4 · Personal

Zacarías 1

1En el mes octavo, en el año segundo de Darío, fue palabra de Jehová a Zacarías profeta, hijo de Berechîas, hijo de Iddo, diciendo: 2Enojóse Jehová con ira contra vuestros padres. 3Les dirás pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. 4No seáis como vuestros padres, a los cuales dieron voces los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos, y de vuestras malas obras: y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová. 5Vuestros padres, ¿dónde están? y los profetas ¿han de vivir para siempre? 6Empero mis palabras y mis ordenanzas que mandé a mis siervos los profetas, ¿no alcanzaron a vuestros padres? Por eso se volvieron ellos y dijeron: Como Jehová de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo con nosotros. 7A los veinticuatro del mes undécimo, que es el mes de Sebath, en el año segundo de Darío, fue palabra de Jehová a Zacarías profeta, hijo de Berechîas, hijo de Iddo, diciendo: 8Vi de noche, y he aquí un varón que cabalgaba sobre un caballo bermejo, el cual estaba entre los mirtos que había en la hondura; y detrás de él había caballos bermejos, overos, y blancos. 9Entonces dije: ¿Qué son estos, señor mío? Y díjome el ángel que hablaba conmigo: Yo te enseñaré qué son estos. 10Y aquel varón que estaba entre los mirtos respondió, y dijo: Estos son los que Jehová ha enviado a recorrer la tierra. 11Y ellos hablaron a aquel ángel de Jehová que estaba entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he aquí, toda la tierra está reposada y quieta. 12Y respondió el ángel de Jehová, y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años? 13Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consolatorias a aquel ángel que hablaba conmigo. 14Y díjome el ángel que hablaba conmigo: Clama diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Jerusalem y a Sion con gran celo: 15Y con grande enojo estoy airado contra las gentes que están reposadas; porque yo estaba enojado un poco, y ellos ayudaron para el mal. 16Por tanto, así ha dicho Jehová: Yo me he tornado a Jerusalem con miseraciones; en ella será edificada mi casa, dice Jehová de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre Jerusalem. 17Clama aún, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Aun serán ensanchadas mis ciudades por la abundancia del bien; y aun consolará Jehová a Sion, y escogerá todavía a Jerusalem. 18Después alcé mis ojos, y miré, y he aquí cuatro cuernos. 19Y dije al ángel que hablaba conmigo: ¿Qué son estos? Y respondióme: Estos son los cuernos que aventaron a Judá, a Israel, y a Jerusalem. 20Mostróme luego Jehová cuatro carpinteros. 21Y yo dije: ¿Qué vienen estos a hacer? Y respondióme, diciendo: Estos son los cuernos que aventaron a Judá, tanto que ninguno alzó su cabeza; mas estos han venido para hacerlos temblar, para derribar los cuernos de las gentes, que alzaron el cuerno sobre la tierra de Judá para aventarla.
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Juan 4

1De manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan, 2(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), 3Dejó a Judea, y fuése otra vez a Galilea. 4Y era menester que pasase por Samaria. 5Vino, pues, a una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto a la heredad que Jacob dio a José su hijo. 6Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó a la fuente. Era como la hora de sexta. 7Vino una mujer de Samaria a sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber. 8(Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.) 9Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides a mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos. 10Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva. 11La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar la, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva? 12¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados? 13Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá a sacar la. 16Jesús le dice: Ve, llama a tu marido, y ven acá. 17Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido; 18Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. 19Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta. 20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar. 21Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos. 23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas. 26Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo. 27Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? 28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a aquellos hombres: 29Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es este el Cristo? 30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él. 31Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come. 32Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 33Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer? 34Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega. 36Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega. 37Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega. 38Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores. 39Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho. 40Viniendo pues los Samaritanos a él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días. 41Y creyeron muchos más por la palabra de él. 42Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo. 43Y dos días después, salió de allí, y fuése a Galilea. 44Porque el mismo Jesús dio testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra. 45Y como vino a Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido a la fiesta. 46Vino pues Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47Este, como oyó que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a él, y rogábale que descendiese, y sanase a su hijo, porque se comenzaba a morir. 48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis. 49El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó a la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron a recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52Entonces él les preguntó a qué hora comenzó a estar mejor. Y dijéronle: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa. 54Esta segunda señal volvió Jesús a hacer, cuando vino de Judea a Galilea.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Crónicas 16 · Apocalipsis 5
Personales
Zacarías 1 · Juan 4