Lectura 1 de 4 · En familia

2 Crónicas 19-20 (cap. 19)

1Y Josaphat rey de Judá se volvió en paz a su casa en Jerusalem. 2Y salióle al encuentro Jehú el vidente, hijo de Hanani, y dijo al rey Josaphat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues la ira de la presencia de Jehová será sobre ti por ello. 3Empero se han hallado en ti buenas cosas, porque cortaste de la tierra los bosques, y has apercibido tu corazón a buscar a Dios. 4Habitó pues Josaphat en Jerusalem; mas daba vuelta y salía al pueblo, desde Beer-seba hasta el monte de Ephraim, y reducíalos a Jehová el Dios de sus padres. 5Y puso en la tierra jueces en todas las ciudades fuertes de Judá, por todos los lugares. 6Y dijo a los jueces: Mirad lo que hacéis: porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros en el negocio del juicio. 7Sea pues con vosotros el temor de Jehová; guardad y haced: porque en Jehová nuestro Dios no hay iniquidad, ni acepción de personas, ni recibir cohecho. 8Y puso también Josaphat en Jerusalem algunos de los Levitas y sacerdotes, y de los padres de familias de Israel, para el juicio de Jehová y para las causas. Y volviéronse a Jerusalem. 9Y mandóles, diciendo: Procederéis asimismo con temor de Jehová, con verdad, y con corazón íntegro. 10En cualquier causa que viniere a vosotros de vuestros hermanos que habitan en las ciudades, entre sangre y sangre, entre ley y precepto, estatutos y derechos, habéis de amonestarles que no pequen contra Jehová, porque no venga ira sobre vosotros y sobre vuestros hermanos. Obrando así no pecaréis. 11Y he aquí Amarías sacerdote será el que os presida en todo negocio de Jehová; y Zebadías hijo de Ismael, príncipe de la casa de Judá, en todos los negocios del rey; también los Levitas serán oficiales en presencia de vosotros. Esforzaos pues, y obrad; que Jehová será con el bueno.
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2 Crónicas 19-20 (cap. 20)

1Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Ammón, y con ellos otros de los Ammonitas, vinieron contra Josaphat a la guerra. 2Y acudieron, y dieron aviso a Josaphat, diciendo: Contra ti viene una grande multitud de la otra parte de la mar, y de la Siria; y he aquí ellos están en Hasasón-tamar, que es Engedi. 3Entonces él tuvo temor; y puso Josaphat su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. 4Y juntáronse los de Judá para pedir socorro a Jehová: y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir a Jehová. 5Púsose entonces Josaphat en pie en la reunión de Judá y de Jerusalem, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo; 6Y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y te enseñoreas en todos los reinos de las Gentes? ¿no está en tu mano tal fuerza y potencia, que no hay quien te resista? 7Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de aquesta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a la simiente de Abraham tu amigo para siempre? 8Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo: 9Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, presentarnos hemos delante de esta casa, y delante de ti, (porque tu nombre está en esta casa,) y de nuestras tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás. 10Ahora pues, he aquí los hijos de Ammón y de Moab, y los del monte de Seir, a la tierra de los cuales no quisiste que pasase Israel cuando venían de la tierra de Egipto, sino que se apartasen de ellos, y no los destruyesen; 11He aquí ellos nos dan el pago, viniendo a echarnos de tu heredad, que tú nos diste a poseer. 12¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer, mas a ti volvemos nuestros ojos. 13Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños, y sus mujeres, y sus hijos. 14Y estaba allí Jahaziel hijo de Zachârías, hijo de Benaías, hijo de Jeiel, hijo de Mathanías, Levita de los hijos de Asaph, sobre el cual vino el espíritu de Jehová en medio de la reunión; 15Y dijo: Oid, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalem, y tú, rey Josaphat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta tan grande multitud; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. 16Mañana descenderéis contra ellos: he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel. 17No habrá para qué vosotros peleéis en este caso: paraos, estad quedos, y ved la salud de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalem, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Jehová será con vosotros. 18Entonces Josaphat se inclinó rostro por tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalem se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová. 19Y levantáronse los Levitas de los hijos de Coath y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel a grande y alta voz. 20Y como se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josaphat estando en pie, dijo: Oidme, Judá y moradores de Jerusalem. Creed a Jehová vuestro Dios, y seréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. 21Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen a Jehová, y alabasen en la hermosura de la santidad, mientras que salía la gente armada, y dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. 22Y como comenzaron con clamor y con alabanza, puso Jehová contra los hijos de Ammón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y matáronse los unos a los otros: 23Pues los hijos de Ammón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir, para matarlos y destruirlos; y como hubieron acabado a los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero. 24Y luego que vino Judá a la atalaya del desierto, miraron hacia la multitud; mas he aquí yacían ellos en tierra muertos, que ninguno había escapado. 25Viniendo entonces Josaphat y su pueblo a despojarlos, hallaron en ellos muchas riquezas entre los cadáveres, así vestidos como preciosos enseres, los cuales tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar: tres días duró el despojo, porque era mucho. 26Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beracah; porque allí bendijeron a Jehová, y por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beracah, hasta hoy. 27Y todo Judá y los de Jerusalem, y Josaphat a la cabeza de ellos, volvieron para tornarse a Jerusalem con gozo, porque Jehová les había dado gozo de sus enemigos. 28Y vinieron a Jerusalem con salterios, arpas, y bocinas, a la casa de Jehová. 29Y fue el pavor de Dios sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. 30Y el reino de Josaphat tuvo reposo; porque su Dios le dio reposo de todas partes. 31Así reinó Josaphat sobre Judá: de treinta y cinco años era cuando comenzó a reinar, y reinó veinte y cinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Azuba, hija de Silhi. 32Y anduvo en el camino de Asa su padre, sin apartarse de él, haciendo lo recto en los ojos de Jehová. 33Con todo eso los altos no eran quitados; que el pueblo aun no había enderezado su corazón al Dios de sus padres. 34Lo demás de los hechos de Josaphat, primeros y postreros, he aquí están escritos en las palabras de Jehú hijo de Hanani, del cual es hecha mención en el libro de los reyes de Israel. 35Pasadas estas cosas, Josaphat rey de Judá trabó amistad con Ochôzías rey de Israel, el cual fue dado a la impiedad: 36E hizo con él compañía para aparejar navíos que fuesen a Tharsis; y construyeron los navíos en Esion-geber. 37Entonces Eliezer hijo de Dodava de Mareosah, profetizó contra Josaphat, diciendo: Por cuanto has hecho compañía con Ochôzías, Jehová destruirá tus obras. Y los navíos se rompieron, y no pudieron ir a Tharsis.
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Apocalipsis 8

1Y cuando él abrió el séptimo sello, fue hecho silencio en el cielo casi por media hora. 2Y vi los siete ángeles que estaban delante de Dios; y les fueron dadas siete trompetas. 3Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. 4Y el humo del incienso subió de la mano del ángel delante de Dios, con las oraciones de los santos. 5Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y echólo en la tierra; y fueron hechos truenos y voces y relámpagos y terremotos. 6Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas, se aparejaron para tocar. 7Y el primer ángel tocó la trompeta, y fue hecho granizo y fuego, mezclado con sangre, y fueron arrojados a la tierra; y la tercera parte de los árboles fue quemada, y quemóse toda la hierba verde. 8Y el segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiendo con fuego fue lanzado en la mar; y la tercera parte de la mar se tornó en sangre. 9Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las cuales tenían vida; y la tercera parte de los navíos pereció. 10Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los ríos, y en las fuentes de las aguas. 11Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas fue vuelta en ajenjo: y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas. 12Y el cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas; de tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la tercera parte del día, y lo mismo de la noche. 13Y miré, y oí un ángel volar por medio del cielo, diciendo en alta voz: ¡Ay! ¡ay! ¡ay! de los que moran en la tierra, por razón de las otras voces de trompeta de los tres ángeles que han de tocar!
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Zacarías 4

1Y volvió el ángel que hablaba conmigo, y despertóme como un hombre que es despertado de su sueño. 2Y díjome: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelero todo de oro, con su vaso sobre su cabeza, y sus siete lámparas encima del candelero; y siete canales para las lámparas que están encima de él; 3Y sobre él dos olivas, la una a la derecha del vaso, y la otra a su izquierda. 4Proseguí, y hablé a aquel ángel que hablaba conmigo, diciendo: ¿Qué es esto, señor mío? 5Y el ángel que hablaba conmigo respondió, y díjome: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor mío. 6Entonces respondió y hablóme, diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, en que se dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. 7¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura: él sacará la primera piedra con aclamaciones de Gracia, gracia a ella. 8Y fue palabra de Jehová a mí, diciendo: 9Las manos de Zorobabel echarán el fundamento a esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros. 10Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Aquellas siete son los ojos de Jehová que recorren por toda la tierra. 11Hablé más, y díjele: ¿Qué significan estas dos olivas a la derecha del candelero, y a su izquierda? 12Hablé aún de nuevo, y díjele: ¿Qué significan las dos ramas de olivas que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro? 13Y respondióme, diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no. 14Y él dijo: Estos dos hijos de aceite son los que están delante del Señor de toda la tierra.
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Juan 7

1Y pasadas estas cosas andaba Jesús en Galilea: que no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban matarle. 2Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, la de los tabernáculos. 3Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. 4Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5Porque ni aun sus hermanos creían en él. 6Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aun no ha venido; mas vuestro tiempo siempre está presto. 7No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas. 8Vosotros subid a esta fiesta; yo no subo aún a esta fiesta, porque mi tiempo aun no es cumplido. 9Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galilea. 10Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió a la fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto. 11Y buscábanle los Judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquel? 12Y había grande murmullo de él entre la gente: porque unos decían: Bueno es; y otros decían: No, antes engaña a las gentes. 13Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos. 14Y al medio de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. 15Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este letras, no habiendo aprendido? 16Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. 17El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo. 18El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero, y no hay en él injusticia. 19¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros hace la ley? ¿Por qué me procuráis matar? 20Respondió la gente, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar? 21Jesús respondió, y díjoles: Una obra hice, y todos os maravilláis. 22Cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, mas de los padres); y en sábado circuncidáis al hombre. 23Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre? 24No juzguéis según lo que parece, mas juzgad justo juicio. 25Decían entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es este al que buscan para matarlo? 26Y he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada; ¿si habrán entendido verdaderamente los príncipes, que este es el Cristo? 27Mas este, sabemos de dónde es: y cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de dónde sea. 28Entonces clamaba Jesús en el templo, enseñando y diciendo: Y a mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros no conocéis. 29Yo le conozco, porque de él soy, y él me envió. 30Entonces procuraban prenderle; mas ninguno puso en él mano, porque aun no había venido su hora. 31Y muchos del pueblo creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando viniere, ¿hará más señales que las que este hace? 32Los Fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos enviaron servidores que le prendiesen. 33Y Jesús dijo: Aun un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió. 34Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir. 35Entonces los Judíos dijeron entre sí: ¿A dónde se ha de ir este que no le hallemos? ¿Se ha de ir a los esparcidos entre los Griegos, y a enseñar a los Griegos? 36¿Qué dicho es este que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir? 37Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre. 39(Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él: pues aun no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado.) 40Entonces algunos de la multitud, oyendo este dicho, decían: Verdaderamente este es el profeta. 41Otros decían: Este es el Cristo. Algunos empero decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? 42¿No dice la Escritura, que de la simiente de David, y de la aldea de Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo? 43Así que había disensión entre la gente acerca de él. 44Y algunos de ellos querían prenderle; mas ninguno echó sobre él manos. 45Y los ministriles vinieron a los principales sacerdotes y a los Fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis? 46Los ministriles respondieron: Nunca ha hablado hombre así como este hombre. 47Entonces los Fariseos les respondieron: ¿Estáis también vosotros engañados? 48¿Ha creído en él alguno de los príncipes, o de los Fariseos? 49Mas estos comunales que no saben la ley, malditos son. 50Díceles Nicodemo (el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos): 51¿Juzga nuestra ley a hombre, si primero no oyere de él, y entendiere lo que ha hecho? 52Respondieron y dijéronle: ¿Eres tú también Galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se levantó profeta. 53Y fuése cada uno a su casa.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Crónicas 19-20 · Apocalipsis 8
Personales
Zacarías 4 · Juan 7