Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 18
1Y aparecióle Jehová en el valle de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. 2Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él: y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, e inclinóse hacia la tierra, 3Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo. 4Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, 5Y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis: porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. 6Entonces Abraham fue de priesa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. 7Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y diólo al mozo, y dióse este priesa a aderezarlo. 8Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y púsolo delante de ellos; y él estaba junto a ellos debajo del árbol; y comieron. 9Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda. 10Entonces dijo: De cierto volveré a ti según el tiempo de la vida, y he aquí, tendrá un hijo Sara tu mujer. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. 11Y Abraham y Sara eran viejos, entrados en días: a Sara había cesado ya la costumbre de las mujeres. 12Rióse, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? 13Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de parir siendo ya vieja? 14¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá un hijo. 15Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído. 16Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompañándolos. 17Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, 18Habiendo de ser Abraham en una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las gentes de la tierra? 19Porque yo lo he conocido, sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él. 20Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, 21Descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, saberlo he. 22Y apartáronse de allí los varones, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante de Jehová. 23Y acercóse Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? 24Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él? 25Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? 26Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor de ellos. 27Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza: 28Quizá faltarán de cincuenta justos cinco: ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. 29Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta. 30Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta. 31Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor de los veinte. 32Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor de los diez. 33Y fuése Jehová, luego que acabó de hablar a Abraham: y Abraham se volvió a su lugar.
Lectura 2 de 4 · En familia
Mateo 17
1Y después de seis días, Jesús toma a Pedro, y a Jacobo, y a Juan su hermano, y los lleva aparte a un monte alto: 2Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz. 3Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. 4Y respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías. 5Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: a él oid. 6Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera. 7Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. 8Y alzando ellos sus ojos, a nadie vieron, sino a solo Jesús. 9Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos. 10Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas que es menester que Elías venga primero? 11Y respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas. 12Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron en él todo lo que quisieron: así también el Hijo del hombre padecerá de ellos. 13Los discípulos entonces entendieron, que les habló de Juan el Bautista. 14Y como ellos llegaron al gentío, vino a él un hombre hincándosele de rodillas, 15Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. 16Y le he presentado a tus discípulos, y no le han podido sanar. 17Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y torcida! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traédmele acá. 18Y Jesús le reprendió, y salió el demonio de él; y el mozo fue sano desde aquella hora. 19Entonces, llegándose los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera? 20Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará: y nada os será imposible. 21Mas este linaje no sale sino por oración y ayuno. 22Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, 23Y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera. 24Y como llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25El dice: Sí. Y entrando él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los tributos o el censo? ¿de sus hijos o de los extraños? 26Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos son francos. 27Mas porque no los escandalicemos, ve a la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.
Lectura 3 de 4 · Personal
Nehemías 7
1Y luego que el muro fue edificado, y asenté las puertas, y fueron señalados porteros y cantores y Levitas, 2Mandé a mi hermano Hanani, y a Hananías, príncipe del palacio de Jerusalem, (porque era este, como varón de verdad y temeroso de Dios, sobre muchos;) 3Y díjeles: No se abran las puertas de Jerusalem hasta que caliente el sol: y aun ellos presentes, cierren las puertas, y atrancad. Y señalé guardas de los moradores de Jerusalem, cada cual en su guardia, y cada uno delante de su casa. 4Y la ciudad era espaciosa y grande, pero poco pueblo dentro de ella, y no había casas reedificadas. 5Y puso Dios en mi corazón que juntase los principales, y los magistrados, y el pueblo, para que fuesen empadronados por el orden de sus linajes: y hallé el libro de la genealogía de los que habían subido antes, y encontré en él escrito: 6Estos son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, de la transmigración que hizo pasar Nabucodonosor rey de Babilonia, y que volvieron a Jerusalem y a Judá cada uno a su ciudad; 7Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesuá, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani, Mardochêo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum, Baana. La cuenta de los varones del pueblo de Israel: 8Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos; 9Los hijos de Sephatías, trescientos setenta y dos; 10Los hijos de Ara, seiscientos cincuenta y dos; 11Los hijos de Pahath-moab, de los hijos de Jesuá y de Joab, dos mil ochocientos dieciocho; 12Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro; 13Los hijos de Zattu, ochocientos cuarenta y cinco; 14Los hijos de Zachâi, setecientos y sesenta; 15Los hijos de Binnui, seiscientos cuarenta y ocho; 16Los hijos de Bebai, seiscientos veintiocho; 17Los hijos de Azgad, dos mil seiscientos veintidós; 18Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y siete; 19Los hijos de Bigvai, dos mil sesenta y siete; 20Los hijos de Addin, seiscientos cincuenta y cinco; 21Los hijos de Ater, de Ezechîas, noventa y ocho; 22Los hijos de Hasum, trescientos veintiocho; 23Los hijos de Besai, trescientos veinticuatro; 24Los hijos de Hariph, ciento doce; 25Los hijos de Gabaón, noventa y cinco; 26Los varones de Beth-lehem y de Netopha, ciento ochenta y ocho; 27Los varones de Anathoth, ciento veintiocho; 28Los varones de Beth-azmaveth, cuarenta y dos; 29Los varones de Chîriath-jearim, Chephira y Beeroth, setecientos cuarenta y tres; 30Los varones de Rama y de Gebaa, seiscientos veintiuno; 31Los varones de Michmas, ciento veintidós; 32Los varones de Beth-el y de Ai, ciento veintitrés; 33Los varones de la otra Nebo, cincuenta y dos; 34Los hijos de la otra Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro; 35Los hijos de Harim, trescientos y veinte; 36Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco; 37Los hijos de Lod, de Hadid, y Ono, setecientos veintiuno; 38Los hijos de Senaa, tres mil novecientos y treinta. 39Sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la casa de Jesuá, novecientos setenta y tres; 40Los hijos de Immer, mil cincuenta y dos; 41Los hijos de Pashur, mil doscientos cuarenta y siete; 42Los hijos de Harim, mil diez y siete. 43Levitas: los hijos de Jesuá, de Cadmiel, de los hijos de Odevía, setenta y cuatro. 44Cantores: los hijos de Asaph, ciento cuarenta y ocho. 45Porteros: los hijos de Sallum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Accub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai, ciento treinta y ocho. 46Nethineos: los hijos de Siha, los hijos de Hasupha, los hijos de Thabaoth, 47Los hijos de Chêros, los hijos de Siaa, los hijos de Phadón, 48Los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Salmai, 49Los hijos de Hanán, los hijos de Giddel, los hijos de Gahar, 50Los hijos de Rehaía, los hijos de Resín, los hijos de Necoda, 51Los hijos de Gazzam, los hijos de Uzza, los hijos de Phasea, 52Los hijos de Besai, los hijos de Meunim, los hijos de Nephisesim, 53Los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacupha, los hijos de Harhur, 54Los hijos de Baslith, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa, 55Los hijos de Barcos, los hijos de Sísera, los hijos de Tema, 56Los hijos de Nesía, los hijos de Hatipha. 57Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Sophereth, los hijos de Perida, 58Los hijos de Jahala, los hijos de Darcón, los hijos de Giddel, 59Los hijos de Sephatías, los hijos de Hattil, los hijos de Pochêreth-hassebaim, los hijos de Amón. 60Todos los Nethineos, e hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y dos. 61Y estos son los que subieron de Telmelah, Tel-harsa, Chêrub, Addón, e Immer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel: 62Los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos. 63Y de los sacerdotes: los hijos de Habaías, los hijos de Cos, los hijos de Barzillai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzillai Galaadita, y se llamó del nombre de ellas. 64Estos buscaron su registro de genealogías, y no se halló; y fueron echados del sacerdocio. 65Y díjoles el Tirsatha que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Thummim. 66La congregación toda junta era de cuarenta y dos mil trescientos y sesenta, 67Sin sus siervos y siervas, que eran siete mil trescientos treinta y siete; y entre ellos había doscientos cuarenta y cinco cantores y cantoras. 68Sus caballos, setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco; 69Camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos y veinte. 70Y algunos de los príncipes de las familias dieron para la obra. El Tirsatha dio para el tesoro mil dracmas de oro, cincuenta tazones, y quinientas treinta vestiduras sacerdotales. 71Y de los príncipes de las familias dieron para el tesoro de la obra, veinte mil dracmas de oro, y dos mil y doscientas libras de plata. 72Y lo que dio el resto del pueblo fue veinte mil dracmas de oro, y dos mil libras de plata, y sesenta y siete vestiduras sacerdotales. 73Y habitaron los sacerdotes y los Levitas, y los porteros, y los cantores, y los del pueblo, y los Nethineos, y todo Israel, en sus ciudades. Y venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hechos 17
1Y pasando por Amphípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde estaba la sinagoga de los Judíos. 2Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras, 3Declarando y proponiendo, que convenía que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, el cual yo os anuncio, decía él, este era el Cristo. 4Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los Griegos religiosos grande multitud, y mujeres nobles no pocas. 5Entonces los Judíos que eran incrédulos, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y acometiendo a la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. 6Mas no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos a los gobernadores de la ciudad, dando voces: Estos que alborotan el mundo, también han venido acá; 7A los cuales Jasón ha recibido; y todos estos hacen contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. 8Y alborotaron al pueblo y a los gobernadores de la ciudad, oyendo estas cosas. 9Mas recibida satisfacción de Jasón y de los demás, los soltaron. 10Entonces los hermanos, luego de noche, enviaron a Pablo y a Silas a Berea; los cuales habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los Judíos. 11Y fueron estos más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así. 12Así que creyeron muchos de ellos; y mujeres Griegas de distinción, y no pocos hombres. 13Mas como entendieron los Judíos de Tesalónica que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron, y también allí tumultuaron al pueblo. 14Empero luego los hermanos enviaron a Pablo que fuese como a la mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí. 15Y los que habían tomado a cargo a Pablo, le llevaron hasta Atenas; y tomando encargo para Silas y Timoteo, que viniesen a él lo más presto que pudiesen, partieron. 16Y esperándolos Pablo en Atenas, su espíritu se deshacía en él viendo la ciudad dada a idolatría. 17Así que, disputaba en la sinagoga con los Judíos y religiosos; y en la plaza cada día con los que le ocurrían. 18Y algunos filósofos de los Epicúreos y de los Estóicos, disputaban con él; y unos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses: porque les predicaba a Jesús y la resurrección. 19Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué sea esta nueva doctrina que dices? 20Porque pones en nuestros oídos unas nuevas cosas: queremos pues saber qué quiere ser esto. 21(Entonces todos los Atenienses y los huéspedes extranjeros, en ninguna otra cosa entendían, sino o en decir o en oir alguna cosa nueva.) 22Estando pues Pablo en medio del Areópago, dijo: Varones Atenienses, en todo os veo como más supersticiosos; 23Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Aquel pues, que vosotros honráis sin conocerle, a este os anuncio yo. 24El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, este, como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos, 25Ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo; pues él da a todos vida, y respiración, y todas las cosas; 26Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos; 27Para que buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros: 28Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de este somos también. 29Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser semejante a oro, o a plata, o a piedra, escultura de artificio o de imaginación de hombres. 30Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan: 31Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. 32Y así como oyeron de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Te oiremos acerca de esto otra vez. 33Y así Pablo se salió de en medio de ellos. 34Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales también fue Dionisio el del Areópago, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 18 · Mateo 17
Personales
Nehemías 7 · Hechos 17