Lectura 1 de 4 · En familia

1 Reyes 20

1Entonces Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y con él treinta y dos reyes, con caballos y carros: y subió, y puso cerco a Samaria, y combatióla. 2Y envió mensajeros a la ciudad a Achâb rey de Israel, diciendo: 3Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro es mío, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos. 4Y el rey de Israel respondió, y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo. 5Y volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás. 6Además mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos, los cuales escudriñarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán con sus manos, y llevarán todo lo precioso que tuvieres. 7Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos de la tierra, y díjoles: Entended, y ved ahora cómo este no busca sino mal: pues que ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro; y yo no se lo he negado. 8Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide. 9Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y diéronle la respuesta. 10Y Ben-adad tornó a enviarle a decir: Así me hagan los dioses, y así me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue. 11Y el rey de Israel respondió, y dijo: Decidle, que no se alabe el que se ciñe, como el que ya se desciñe. 12Y como él oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Poned. Y ellos pusieron contra la ciudad. 13Y he aquí un profeta se llegó a Achâb rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta grande multitud? he aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová. 14Y respondió Achâb: ¿Por mano de quién? Y él dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los criados de los príncipes de las provincias. Y dijo Achâb: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú. 15Entonces él reconoció los criados de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego reconoció todo el pueblo, todos los hijos de Israel, que fueron siete mil. 16Y salieron a medio día. Y estaba Ben-adad bebiendo, borracho en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda. 17Y los criados de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Y había Ben-adad enviado quien le dio aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria. 18El entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos. 19Salieron pues de la ciudad los criados de los príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército. 20E hirió cada uno al que venía contra sí: y huyeron los Siros, siguiéndolos los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería. 21Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros; y deshizo los Siros con grande estrago. 22Llegándose luego el profeta al rey de Israel, le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que has de hacer; porque pasado el año, el rey de Siria ha de venir contra ti. 23Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos. 24Haz pues así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos. 25Y tú, fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballos por caballos, y carros por carros; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les dio oído, e hízolo así. 26Pasado el año, Ben-adad reconoció los Siros, y vino a Aphec a pelear contra Israel. 27Y los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fuéronles al encuentro; y asentaron campo lo hijos de Israel delante de ellos, como dos rebañuelos de cabras; y los Siros henchían la tierra. 28Llegándose entonces el varón de Dios al rey de Israel, hablóle diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los Siros han dicho, Jehová es Dios de los montes, no Dios de los valles, yo entregaré toda esta grande multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová. 29Siete días tuvieron asentado campo los unos delante de los otros, y al séptimo día se dio la batalla: y mataron los hijos de Israel de los Siros en un día cien mil hombres de a pie. 30Los demás huyeron a Aphec, a la ciudad: y el muro cayó sobre veinte y siete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo a la ciudad, y escondíase de cámara en cámara. 31Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel que son reyes clementes: pongamos pues ahora sacos en nuestros lomos, y sogas en nuestras cabezas, y salgamos al rey de Israel: por ventura te salvará la vida. 32Ciñeron pues sus lomos de sacos, y sogas a sus cabezas, y vinieron al rey de Israel, y dijéronle: Tu siervo Ben-adad dice: Ruégote que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es. 33Esto tomaron aquellos hombres por buen agüero, y presto tomaron esta palabra de su boca, y dijeron: ¡Tu hermano Ben-adad! Y él dijo: Id, y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Achâb, y él le hizo subir en un carro. 34Y díjole Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Achâb, te dejaré partir con esta alianza. Hizo pues con él alianza, y dejóle ir. 35Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro varón no quiso herirle. 36Y él le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí en apartándote de mí, te herirá un león. Y como se apartó de él, topóle un león, e hirióle. 37Encontróse luego con otro hombre, y díjole: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, e hízole una herida. 38Y el profeta se fue, y púsose delante del rey en el camino, y disfrazóse con un velo sobre los ojos. 39Y como el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió entre la tropa: y he aquí apartándose uno, trájome un hombre, diciendo: Guarda a este hombre, y si llegare a faltar, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. 40Y como tu siervo estaba ocupado a una parte y a otra, él desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia: tú la has pronunciado. 41Pero él se quitó de presto el velo de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas. 42Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo. 43Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.
Lectura 2 de 4 · En familia

1 Tesalonicenses 3

1Por lo cual, no pudiendo esperar más, acordamos quedarnos solos en Atenas, 2Y enviamos a Timoteo, nuestro hermano, y ministro de Dios, y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, a confirmaros y exhortaros en vuestra fe, 3Para que nadie se conmueva por estas tribulaciones; porque vosotros sabéis que nosotros somos puestos para esto. 4Que aun estando con vosotros, os predecíamos que habíamos de pasar tribulaciones, como ha acontecido y sabéis. 5Por lo cual, también yo, no esperando más, he enviado a reconocer vuestra fe, no sea que os haya tentado el tentador, y que nuestro trabajo haya sido en vano. 6Empero volviendo de vosotros a nosotros Timoteo, y haciéndonos saber vuestra fe y caridad, y que siempre tenéis buena memoria de nosotros, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, 7En ello, hermanos, recibimos consolación de vosotros en toda nuestra necesidad y aflicción por causa de vuestra fe: 8Porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor. 9Por lo cual, ¿qué hacimiento de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, 10Orando de noche y de día con grande instancia, que veamos vuestro rostro, y que cumplamos lo que falta a vuestra fe? 11Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y el Señor nuestro Jesucristo, encamine nuestro viaje a vosotros. 12Y a vosotros multiplique el Señor, y haga abundar el amor entre vosotros, y para con todos, como es también de nosotros para con vosotros; 13Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
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Daniel 2

1Y en el segundo año del reinado de Nabucodonosor, soñó Nabucodonosor sueños, y perturbóse su espíritu, y su sueño se huyó de él. 2Y mandó el rey llamar magos, astrólogos, y encantadores, y Caldeos, para que mostrasen al rey sus sueños. Vinieron pues, y se presentaron delante del rey. 3Y el rey les dijo: He soñado un sueño, y mi espíritu se ha perturbado por saber del sueño. 4Entonces hablaron los Caldeos al rey en lengua aramea: Rey, para siempre vive: di el sueño a tus siervos, y mostraremos la declaración. 5Respondió el rey y dijo a los Caldeos: El negocio se me fue: si no me mostráis el sueño y su declaración, seréis hechos cuartos, y vuestras casas serán puestas por muladares. 6Y si mostrareis el sueño y su declaración, recibiréis de mí dones y mercedes y grande honra: por tanto, mostradme el sueño y su declaración. 7Respondieron la segunda vez, y dijeron: Diga el rey el sueño a sus siervos, y mostraremos su declaración. 8El rey respondió, y dijo: Yo conozco ciertamente que vosotros ponéis dilaciones, porque veis que el negocio se me ha ido. 9Si no me mostráis el sueño, una sola sentencia será de vosotros. Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa que decir delante de mí, entre tanto que se muda el tiempo: por tanto, decidme el sueño, para que yo entienda que me podéis mostrar su declaración. 10Los Caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el negocio del rey: demás de esto, ningún rey, príncipe, ni señor, preguntó cosa semejante a ningún mago, ni astrólogo, ni Caldeo. 11Finalmente, el negocio que el rey demanda, es singular, ni hay quien lo pueda declarar delante del rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne. 12Por esto el rey con ira y con grande enojo, mandó que matasen a todos los sabios de Babilonia. 13Y publicóse el mandamiento, y los sabios eran llevados a la muerte; y buscaron a Daniel y a sus compañeros para matarlos. 14Entonces Daniel habló avisada y prudentemente a Arioch, capitán de los de la guarda del rey, que había salido para matar los sabios de Babilonia. 15Habló y dijo a Arioch capitán del rey: ¿Qué es la causa que este mandamiento se publica de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioch declaró el negocio a Daniel. 16Y Daniel entró, y pidió al rey que le diese tiempo, y que él mostraría al rey la declaración. 17Fuése luego Daniel a su casa, y declaró el negocio a Ananías, Misael, y Azarías, sus compañeros, 18Para demandar misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, y que Daniel y sus compañeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia. 19Entonces el arcano fue revelado a Daniel en visión de noche; por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo. 20Y Daniel habló, y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglo hasta siglo: porque suya es la sabiduría y la fortaleza: 21Y él es el que muda los tiempos y las oportunidades: quita reyes, y pone reyes: da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos: 22El revela lo profundo y lo escondido: conoce lo que está en tinieblas, y la luz mora con él. 23A ti, oh Dios de mis padres, confieso y te alabo, que me diste sabiduría y fortaleza, y ahora me enseñaste lo que te pedimos; pues nos has enseñado el negocio del rey. 24Después de esto Daniel entró a Arioch, al cual el rey había puesto para matar a los sabios de Babilonia; fue, y díjole así: No mates a los sabios de Babilonia: llévame delante del rey, que yo mostraré al rey la declaración. 25Entonces Arioch llevó prestamente a Daniel delante del rey, y díjole así: Un varón de los trasportados de Judá he hallado, el cual declarará al rey la interpretación. 26Respondió el rey, y dijo a Daniel, al cual llamaban Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme entender el sueño que vi, y su declaración? 27Daniel respondió delante del rey, y dijo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos lo pueden enseñar al rey. 28Mas hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer a cabo de días. Tu sueño, y las visiones de tu cabeza sobre tu cama, es esto: 29Tú, oh rey, en tu cama subieron tus pensamientos por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela los misterios te mostró lo que ha de ser. 30Y a mí ha sido revelado este misterio, no por sabiduría que en mí haya más que en todos los vivientes, sino para que yo notifique al rey la declaración, y que entendieses los pensamientos de tu corazón. 31Tú, oh rey, veías, y he aquí una grande imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. 32La cabeza de esta imagen era de fino oro; sus pechos y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de metal; 33Sus piernas de hierro; sus pies, en parte de hierro, y en parte de barro cocido. 34Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, la cual hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. 35Entonces fue también desmenuzado el hierro, el barro cocido, el metal, la plata y el oro, y se tornaron como tamo de las eras del verano: y levantólos el viento, y nunca más se les halló lugar. Mas la piedra que hirió a la imagen, fue hecha un gran monte, que hinchió toda la tierra. 36Este es el sueño: la declaración de él diremos también en presencia del rey. 37Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, potencia, y fortaleza, y majestad. 38Y todo lo que habitan hijos de hombres, bestias del campo, y aves del cielo, él ha entregado en tu mano, y te ha hecho enseñorear sobre todo ello: tú eres aquella cabeza de oro. 39Y después de ti se levantará otro reino menor que tú; y otro tercer reino de metal, el cual se enseñoreará de toda la tierra. 40Y el reino cuarto será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y doma todas las cosas, y como el hierro que quebranta todas estas cosas, desmenuzará y quebrantará. 41Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero, y en parte de hierro, el reino será dividido; mas habrá en él algo de fortaleza de hierro, según que viste el hierro mezclado con el tiesto de barro. 42Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro, y en parte de barro cocido, en parte será el reino fuerte, y en parte será frágil. 43Cuanto a aquello que viste, el hierro mezclado con tiesto de barro, mezclaránse con simiente humana, mas no se pegarán el uno con el otro, como el hierro no se mistura con el tiesto. 44Y en los días de estos reyes, levantará el Dios del cielo un reino que nunca jamás se corromperá: y no será dejado a otro pueblo este reino; el cual desmenuzará y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre. 45De la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con manos, la cual desmenuzó al hierro, al metal, al tiesto, a la plata, y al oro; el gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir: y el sueño es verdadero, y fiel su declaración. 46Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, y humillóse a Daniel, y mandó que le sacrificasen presentes y perfumes. 47El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses, y el Señor de los reyes, y el descubridor de los misterios, pues pudiste revelar este arcano. 48Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos y grandes dones, y púsolo por gobernador de toda la provincia de Babilonia, y por príncipe de los gobernadores sobre todos los sabios de Babilonia. 49Y Daniel solicitó del rey, y él puso sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrach, Mesach, y Abed-nego: y Daniel estaba a la puerta del rey.
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Salmo 106

1Aleluya. Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. 2¿Quién expresará las valentías de Jehová? ¿ quién contará sus alabanzas? 3Dichosos los que guardan juicio, los que hacen justicia en todo tiempo. 4Acuérdate de mí, oh Jehová, según tu benevolencia para con tu pueblo: visítame con tu salud; 5Para que yo vea el bien de tus escogidos, para que me goce en la alegría de tu gente, y me gloríe con tu heredad. 6Pecamos con nuestros padres, hicimos iniquidad, hicimos impiedad. 7Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias; sino que se rebelaron junto a la mar, en el mar Bermejo. 8Salvólos empero por amor de su nombre, para hacer notoria su fortaleza. 9Y reprendió al mar Bermejo, y secólo; e hízoles ir por el abismo, como por un desierto. 10Y salvólos de mano del enemigo, y rescatólos de mano del adversario. 11Y cubrieron las aguas a sus enemigos: no quedó uno de ellos. 12Entonces creyeron a sus palabras, y cantaron su alabanza. 13Apresuráronse, olvidáronse de sus obras; no esperaron en su consejo. 14Y desearon con ansia en el desierto; y tentaron a Dios en la soledad. 15Y él les dio lo que pidieron; mas envió flaqueza en sus almas. 16Tomaron después celo contra Moisés en el campo, y contra Aarón el santo de Jehová. 17Abrióse la tierra, y tragó a Dathán, y cubrió la compañía de Abiram. 18Y encendióse el fuego en su junta; la llama quemó los impíos. 19Hicieron becerro en Horeb, y encorváronse a un vaciadizo. 20Así trocaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba. 21Olvidaron al Dios de su salud, que había hecho grandezas en Egipto; 22Maravillas en la tierra de Châm, cosas formidables sobre el mar Bermejo. 23Y trató de destruirlos, a no haberse puesto Moisés su escogido al portillo delante de él, a fin de apartar su ira, para que no los destruyese. 24Empero aborrecieron la tierra deseable: no creyeron a su palabra; 25Antes murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz de Jehová. 26Por lo que alzó su mano a ellos, en orden a postrarlos en el desierto, 27Y humillar su simiente entre las gentes, y esparcirlos por las tierras. 28Allegáronse asimismo a Baal-peor, y comieron los sacrificios de los muertos. 29Y ensañaron a Dios con sus obras, y desarrollóse la mortandad en ellos. 30Entonces se levantó Phinees, e hizo juicio; y se detuvo la plaga. 31Y fuéle contado a justicia de generación en generación para siempre. 32También le irritaron en las aguas de Meriba: e hizo mal a Moisés por causa de ellos; 33Porque hicieron se rebelase su espíritu, como lo expresó con sus labios. 34No destruyeron los pueblos que Jehová les dijo; 35Antes se mezclaron con las gentes, y aprendieron sus obras, 36Y sirvieron a sus ídolos; los cuales les fueron por ruina. 37Y sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios; 38Y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, que sacrificaron a los ídolos de Canaán: y la tierra fue contaminada con sangre. 39Contamináronse así con sus obras, y fornicaron con sus hechos. 40Encendióse por tanto el furor de Jehová sobre su pueblo, y abominó su heredad: 41Y entrególos en poder de las gentes, y enseñoreáronse de ellos los que los aborrecían. 42Y sus enemigos los oprimieron, y fueron quebrantados debajo de su mano. 43Muchas veces los libró; mas ellos se rebelaron a su consejo, y fueron humillados por su maldad. 44El con todo, miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor: 45Y acordábase de su pacto con ellos, y arrepentíase conforme a la muchedumbre de sus miseraciones. 46Hizo asimismo tuviesen de ellos misericordia todos los que los tenían cautivos. 47Sálvanos, Jehová Dios nuestro, y júntanos de entre las gentes, para que loemos tu santo nombre, para que nos gloriemos en tus alabanzas. 48Bendito Jehová Dios de Israel, desde el siglo y hasta el siglo: y diga todo el pueblo, Amén. Aleluya.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Reyes 20 · 1 Tesalonicenses 3
Personales
Daniel 2 · Salmo 106