Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 2

1Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento. 2Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. 3Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho. 4Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron criados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, 5Y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese: porque aun no había Jehová Dios hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra; 6Mas subía de la tierra un vapor, que regaba toda la faz de la tierra. 7Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente. 8Y había Jehová Dios plantado un huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que había formado. 9Y había Jehová Dios hecho nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer: también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de ciencia del bien y del mal. 10Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro ramales. 11El nombre del uno era Pisón: este es el que cerca toda la tierra de Havilah, donde hay oro: 12Y el oro de aquella tierra es bueno: hay allí también bdelio y piedra cornerina. 13El nombre del segundo río es Gihón: este es el que rodea toda la tierra de Etiopía. 14Y el nombre del tercer río es Hiddekel: este es el que va delante de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates. 15Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; 17Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás. 18Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él. 19Formó, pues, Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y trájolas a Adam, para que viese cómo les había de llamar; y todo lo que Adam llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 20Y puso Adam nombres a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo: mas para Adam no halló ayuda que estuviese idónea para él. 21Y Jehová Dios hizo caer sueño sobre Adam, y se quedó dormido: entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar; 22Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y trájola al hombre. 23Y dijo Adam: Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: esta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 24Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán una sola carne. 25Y estaban ambos desnudos, Adam y su mujer, y no se avergonzaban.
Lectura 2 de 4 · En familia

Mateo 2

1Y como fue nacido Jesús en Bethlehem de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del oriente a Jerusalem, 2Diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. 3Y oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con él. 4Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea; porque así está escrito por el profeta: 6Y tú, Bethlehem, de tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel. 7Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, entendió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella; 8Y enviándolos a Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el niño; y después que le hallareis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. 9Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron: y he aquí la estrella que habían visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el niño. 10Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro e incienso y mirra. 12Y siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, se volvieron a su tierra por otro camino. 13Y partidos ellos, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños a José, diciendo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y estáte allá hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer, que Herodes buscará al niño para matarlo. 14Y él despertando, tomó al niño y a su madre de noche, y se fue a Egipto; 15Y estuvo allá hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta que dijo: De Egipto llamé a mi Hijo. 16Herodes entonces, como se vio burlado de los magos, se enojó mucho, y envió, y mató a todos los niños que había en Bethlehem y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los magos. 17Entonces fue cumplido lo que se había dicho por el profeta Jeremías, que dijo: 18Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido: Rachêl que llora sus hijos; y no quiso ser consolada, porque perecieron. 19Mas muerto Herodes, he aquí el ángel del Señor aparece en sueños a José en Egipto, 20Diciendo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del niño. 21Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y se vino a tierra de Israel. 22Y oyendo que Archelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, temió ir allá: mas amonestado por revelación en sueños, se fue a las partes de Galilea. 23Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.
Lectura 3 de 4 · Personal

Esdras 2

1Y estos son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, de la transmigración que Nabucodonosor rey de Babilonia hizo traspasar a Babilonia, y que volvieron a Jerusalem y a Judá, cada uno a su ciudad: 2Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesuá, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardochêo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana. La cuenta de los varones del pueblo de Israel: 3Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos; 4Los hijos de Sephatías, trescientos setenta y dos; 5Los hijos de Ara, setecientos setenta y cinco; 6Los hijos de Pahath-moab, de los hijos de Josué y de Joab, dos mil ochocientos y doce; 7Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro; 8Los hijos de Zattu, novecientos cuarenta y cinco; 9Los hijos de Zachâi, setecientos y sesenta; 10Los hijos de Bani, seiscientos cuarenta y dos; 11Los hijos de Bebai, seiscientos veinte y tres; 12Los hijos de Azgad, mil doscientos veinte y dos; 13Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis; 14Los hijos de Bigvai, dos mil cincuenta y seis; 15Los hijos de Adin, cuatrocientos cincuenta y cuatro; 16Los hijos de Ater, de Ezechîas, noventa y ocho; 17Los hijos de Besai, trescientos veinte y tres; 18Los hijos de Jora, ciento y doce; 19Los hijos de Hasum, doscientos veinte y tres; 20Los hijos de Gibbar, noventa y cinco; 21Los hijos de Beth-lehem, ciento veinte y tres; 22Los varones de Nethopha, cincuenta y seis; 23Los varones de Anathoth, ciento veinte y ocho; 24Los hijos de Asmaveth, cuarenta y dos; 25Los hijos de Chîriath-jearim, Cephira, y Beeroth, setecientos cuarenta y tres; 26Los hijos de Rama y Gabaa, seiscientos veinte y uno; 27Los varones de Michmas, ciento veinte y dos; 28Los varones de Beth-el y Hai, doscientos veinte y tres; 29Los hijos de Nebo, cincuenta y dos; 30Los hijos de Magbis, ciento cincuenta y seis; 31Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro; 32Los hijos de Harim, trescientos y veinte; 33Los hijos de Lod, Hadid, y Ono, setecientos veinte y cinco; 34Los hijos de Jericó, trescientos cuarenta y cinco; 35Los hijos de Senaa, tres mil seiscientos y treinta; 36Los sacerdotes: los hijos de Jedaía, de la casa de Jesuá, novecientos setenta y tres; 37Los hijos de Immer, mil cincuenta y dos; 38Los hijos de Pashur, mil doscientos cuarenta y siete; 39Los hijos de Harim, mil diez y siete. 40Los Levitas: los hijos de Jesuá y de Cadmiel, de los hijos de Odovías, setenta y cuatro. 41Los cantores: los hijos de Asaph, ciento veinte y ocho. 42Los hijos de los porteros: los hijos de Sallum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Accub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai; en todos, ciento treinta y nueve. 43Los Nethineos: los hijos de Siha, los hijos de Hasupha, los hijos de Thabaoth, 44Los hijos de Chêros, los hijos de Siaa, los hijos de Phadón; 45Los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Accub; 46Los hijos de Hagab, los hijos de Samlai, los hijos de Hanán; 47Los hijos de Giddel, los hijos de Gaher, los hijos de Reaía; 48Los hijos de Resin, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam; 49Los hijos de Uzza, los hijos de Phasea, los hijos de Besai; 50Los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los hijos de Nephusim; 51Los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacusa, los hijos de Harhur; 52Los hijos de Basluth, los hijos de Mehida, los hijos de Harsa; 53Los hijos de Barcos, los hijos de Sisera, los hijos de Thema; 54Los hijos de Nesía, los hijos de Hatipha. 55Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Sophereth, los hijos de Peruda; 56Los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Giddel; 57Los hijos de Sephatías, los hijos de Hatil, los hijos de Phochêreth-hassebaim, los hijos de Ami. 58Todos los Nethineos, e hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y dos. 59Y estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Chêrub, Addan, e Immer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel: 60Los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos. 61Y de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Abaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzillai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzillai Galaadita, y fue llamado del nombre de ellas. 62Estos buscaron su registro de genealogías, y no fue hallado; y fueron echados del sacerdocio. 63Y el Tirsatha les dijo que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Thummim. 64Toda la congregación, unida como un solo hombre, era de cuarenta y dos mil trescientos y sesenta, 65Sin sus siervos y siervas, los cuales eran siete mil trescientos treinta y siete: y tenían doscientos cantores y cantoras. 66Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco; 67Sus camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos y veinte. 68Y algunos de los cabezas de los padres, cuando vinieron a la casa de Jehová la cual estaba en Jerusalem, ofrecieron voluntariamente para la casa de Dios, para levantarla en su asiento. 69Según sus fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, y cinco mil libras de plata, y cien túnicas sacerdotales. 70Y habitaron los sacerdotes, y los Levitas, y los del pueblo, y los cantores, y los porteros y los Nethineos, en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades.
Lectura 4 de 4 · Personal

Hechos 2

1Y como se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos; 2Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados; 3Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos. 4Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen. 5Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo. 6Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua. 7Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son Galileos todos estos que hablan? 8¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos? 9Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos, 11Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos a los otros: ¿Qué quiere ser esto? 13Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto. 14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras. 15Porque estos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día; 16Mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel: 17Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños: 18Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 19Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo: 20El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; 21Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. 22Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis; 23A este, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole; 24Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido de ella. 25Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí: porque está a mi diestra, no seré conmovido. 26Por lo cual mi corazón se alegró, y gozóse mi lengua; y aun mi carne descansará en esperanza; 27Que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás a tu Santo que vea corrupción. 28Hicísteme notorios los caminos de la vida; me henchirás de gozo con tu presencia. 29Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta del día de hoy. 30Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, cuanto a la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono; 31Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el infierno, ni su carne vio corrupción. 32A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34Porque David no subió a los cielos; empero él dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 35Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 36Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo. 37Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 41Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas a ellos aquel día como tres mil personas. 42Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones. 43Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. 44Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes; 45Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas a todos, como cada uno había menester. 46Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón, 47Alabando a Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 2 · Mateo 2
Personales
Esdras 2 · Hechos 2