Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 21
1Y visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. 2Y concibió y parió Sara a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. 3Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le parió Sara, Isaac. 4Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le había mandado. 5Y era Abraham de cien años, cuando le nació Isaac su hijo. 6Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reir, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. 7Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara había de dar de mamar a hijos? pues que le he parido un hijo a su vejez. 8Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado Isaac. 9Y vio Sara al hijo de Agar la Egipcia, el cual había esta parido a Abraham, que se burlaba. 10Por tanto dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo; que el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, con Isaac. 11Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. 12Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. 13Y también al hijo de la sierva pondré en gente, porque es tu simiente. 14Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y diólo a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y entrególe el muchacho, y despidióla. Y ella partió, y andaba errante por el desierto de Beer-seba. 15Y faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un árbol; 16Y fuése y sentóse enfrente, alejándose como un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho morirá: y sentóse enfrente, y alzó su voz y lloró. 17Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18Levántate, alza al muchacho, y ásele de tu mano, porque en gran gente lo tengo de poner. 19Entonces abrió Dios sus ojos, y vio una fuente de agua; y fue, y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho. 20Y fue Dios con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco. 21Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto. 22Y aconteció en aquel mismo tiempo que habló Abimelech, y Phicol, príncipe de su ejército, a Abraham diciendo: Dios es contigo en todo cuanto haces: 23Ahora pues, júrame aquí por Dios, que no faltarás a mí, ni a mi hijo, ni a mi nieto; sino que conforme a la bondad que yo hice contigo, harás tú conmigo, y con la tierra donde has peregrinado. 24Y respondió Abraham: Yo juraré. 25Y Abraham reconvino a Abimelech a causa de un pozo de agua, que los siervos de Abimelech le habían quitado. 26Y respondió Abimelech: No sé quién haya hecho esto, ni tampoco tú me lo hiciste saber, ni yo lo he oído hasta hoy. 27Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelech; e hicieron ambos alianza. 28Y puso Abraham siete corderas del rebaño aparte. 29Y dijo Abimelech a Abraham: ¿Qué significan esas siete corderas que has puesto aparte? 30Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sean en testimonio de que yo cavé este pozo. 31Por esto llamó a aquel lugar Beer-seba; porque allí juraron ambos. 32Así hicieron alianza en Beer-seba: y levantóse Abimelech, y Phicol, príncipe de su ejército, y se volvieron a tierra de los Filisteos. 33Y plantó Abraham un bosque en Beer-seba, e invocó allí el nombre de Jehová Dios eterno. 34Y moró Abraham en tierra de los Filisteos muchos días.
Lectura 2 de 4 · En familia
Mateo 20
1Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a ajustar obreros para su viña. 2Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 3Y saliendo cerca de la hora de las tres, vio otros que estaban en la plaza ociosos; 4Y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron. 5Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, e hizo lo mismo. 6Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos; y díceles: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos? 7Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que fuere justo. 8Y cuando fue la tarde del día, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. 10Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. 11Y tomándolo, murmuraban contra el padre de la familia, 12Diciendo: Estos postreros solo han trabajado una hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día. 13Y él respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario? 14Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar a este postrero, como a ti. 15¿No me es lícito a mí hacer lo que quiero con lo mío? o ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno? 16Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. 17Y subiendo Jesús a Jerusalem, tomó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: 18He aquí subimos a Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; 19Y le entregarán a los Gentiles para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercer día resucitará. 20Entonces se llegó a él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándo le, y pidiéndole algo. 21Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu mano derecha, y el otro a tu izquierda, en tu reino. 22Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís: ¿podéis beber el vaso que yo he de beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos le dicen: Podemos. 23Y él les dice: A la verdad mi vaso beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; mas el sentaros a mi mano derecha y a mi izquierda, no es mío dar lo, sino a aquellos para quienes está aparejado de mi Padre. 24Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos. 25Entonces Jesús llamándolos, dijo: Sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad. 26Mas entre vosotros no será así; sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor; 27Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo: 28Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. 29Entonces saliendo ellos de Jericó, le seguía gran compañía. 30Y he aquí dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 31Y la gente les reñía para que callasen; mas ellos clamaban más, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 32Y parándose Jesús, los llamó, y dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros? 33Ellos le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34Entonces Jesús, teniendo misericordia de ellos, les tocó los ojos, y luego sus ojos recibieron la vista; y le siguieron.
Lectura 3 de 4 · Personal
Nehemías 10
1Y los que firmaron fueron, Nehemías el Tirsatha, hijo de Hachâlías, y Sedecías, 2Seraías, Azarías, Jeremías, 3Pashur, Amarías, Malchías, 4Hattus, Sebanías, Malluch, 5Harim, Meremoth, Obadías, 6Daniel, Ginethón, Baruch, 7Mesullam, Abías, Miamín, 8Maazías, Bilgai, Semeías: estos, sacerdotes. 9Y Levitas: Jesuá hijo de Azanías, Binnui de los hijos de Henadad, Cadmiel; 10Y sus hermanos Sebanías, Odaía, Celita, Pelaías, Hanán; 11Michâ, Rehob, Hasabías, 12Zachû, Serebías, Sebanías, 13Odaía, Bani, Beninu. 14Cabezas del pueblo: Pharos, Pahath-moab, Elam, Zattu, Bani, 15Bunni, Azgad, Bebai, 16Adonías, Bigvai, Adín, 17Ater, Ezekías, Azur, 18Odaía, Hasum, Besai, 19Ariph, Anathoth, Nebai, 20Magpías, Mesullam, Hezir, 21Mesezabeel, Sadoc, Jadua, 22Pelatías, Hanán, Anaías, 23Hoseas, Hananías, Asub, 24Lohes, Pilha, Sobec, 25Rehum, Hasabna, Maaseías, 26Y Ahijas, Hanán, Anan, 27Malluch, Harim, Baana. 28Y el resto del pueblo, los sacerdotes, Levitas, porteros, y cantores, Nethineos, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, y todo el que tenía comprensión y discernimiento, 29Adhiriéronse a sus hermanos, sus principales, y vinieron en la protestación y en el juramento de que andarían en la ley de Dios, que fue dada por mano de Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos de Jehová nuestro Señor, y sus juicios y sus estatutos; 30Y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni tomaríamos sus hijas para nuestros hijos. 31Asimismo, que si los pueblos de la tierra trajesen a vender mercaderías y comestibles en día de sábado, nada tomaríamos de ellos en sábado, ni en día santificado; y que dejaríamos el año séptimo, con remisión de toda deuda. 32Impusímonos además por ley el cargo de contribuir cada año con la tercera parte de un siclo, para la obra de la casa de nuestro Dios; 33Para el pan de la proposición, y para la ofrenda continua, y para el holocausto continuo, de los sábados, y de las nuevas lunas, y de las festividades, y para las santificaciones y sacrificios por el pecado para expiar a Israel, y para toda la obra de la casa de nuestro Dios. 34Echamos también las suertes, los sacerdotes, los Levitas, y el pueblo, acerca de la ofrenda de la leña, para traerla a la casa de nuestro Dios, según las casas de nuestros padres, en los tiempos determinados cada un año, para quemar sobre el altar de Jehová nuestro Dios, como está escrito en la ley. 35Y que cada año traeríamos las primicias de nuestra tierra, y las primicias de todo fruto de todo árbol, a la casa de Jehová: 36Asimismo los primogénitos de nuestros hijos y de nuestras bestias, como está escrito en la ley; y que traeríamos los primogénitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas a la casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios: 37Que traeríamos también las primicias de nuestras masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, del vino y del aceite, a los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra a los Levitas; y que los Levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las ciudades: 38Y que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los Levitas, cuando los Levitas recibirían el diezmo: y que los Levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras en la casa del tesoro. 39Porque a las cámaras han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino, y del aceite; y allí estarán los vasos del santuario, y los sacerdotes que ministran, y los porteros, y los cantores; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hechos 20
1Y después que cesó el alboroto, llamando Pablo a los discípulos habiéndoles exhortado y abrazado, se despidió, y partió para ir a Macedonia. 2Y andado que hubo aquellas partes, y exhortádoles con abundancia de palabra, vino a Grecia. 3Y después de haber estado allí tres meses, y habiendo de navegar a Siria, le fueron puestas asechanzas por los Judíos; y así tomó consejo de volverse por Macedonia. 4Y le acompañaron hasta Asia Sopater Bereense, y los Tesalonicenses, Aristarco y Segundo; y Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tychîco y Trófimo. 5Estos yendo delante, nos esperaron en Troas. 6Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos y vinimos a ellos a Troas en cinco días, donde estuvimos siete días. 7Y el día primero de la semana, juntos los discípulos a partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente: y alargó el discurso hasta la media noche. 8Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban juntos. 9Y un mancebo llamado Eutichô que estaba sentado en la ventana, tomado de un sueño profundo, como Pablo disputaba largamente, postrado del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue alzado muerto. 10Entonces descendió Pablo, y derribóse sobre él, y abrazándole, dijo: No os alborotéis, que su alma está en él. 11Después subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habló largamente hasta el alba, y así partió. 12Y llevaron al mozo vivo, y fueron consolados no poco. 13Y nosotros subiendo en el navío, navegamos a Assón, para recibir de allí a Pablo; pues así había determinado que debía él ir por tierra. 14Y como se juntó con nosotros en Assón, tomándole vinimos a Mitilene. 15Y navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de Chîo, y al otro día tomamos puerto en Samo: y habiendo reposado en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto. 16Porque Pablo se había propuesto pasar adelante de Efeso; por no detenerse en Asia: porque se apresuraba por hacer el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalem. 17Y enviando desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. 18Y cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo, 19Sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos: 20Cómo nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, 21Testificando a los Judíos y a los Gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo. 22Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalem, sin saber lo que allá me ha de acontecer: 23Mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan. 24Mas de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. 25Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. 26Por tanto, yo os protesto el día de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos: 27Porque no he rehuído de anunciaros todo el consejo de Dios. 28Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre. 29Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al ganado; 30Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para llevar discípulos tras sí. 31Por tanto, velad, acordándoos que por tres años de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. 32Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia: el cual es poderoso para sobreedificar, y daros heredad con todos los santificados. 33La plata, o el oro, o el vestido de nadie he codiciado. 34Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35En todo os he enseñado que, trabajando así, es necesario sobrellevar a los enfermos, y tener presente las palabras del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurada cosa es dar que recibir. 36Y como hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. 37Entonces hubo un gran lloro de todos: y echándose en el cuello de Pablo, le besaban, 38Doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro. Y le acompañaron al navío.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 21 · Mateo 20
Personales
Nehemías 10 · Hechos 20