Lectura 1 de 4 · En familia

Jueces 5

1Y aquel día cantó Débora, con Barac, hijo de Abinoam, diciendo: 2Porque ha vengado las injurias de Israel, porque el pueblo se ha ofrecido de su voluntad, load a Jehová. 3Oid, reyes; estad, oh príncipes, atentos: yo cantaré a Jehová, cantaré salmos a Jehová Dios de Israel. 4Cuando saliste de Seir, oh Jehová, cuando te apartaste del campo de Edom, la tierra tembló, y los cielos destilaron, y las nubes gotearon aguas. 5Los montes se derritieron delante de Jehová, aqueste Sinaí, delante de Jehová Dios de Israel. 6En los días de Samgar hijo de Anath, en los días de Jael, cesaron los caminos, y los que andaban por las sendas apartábanse por torcidos senderos. 7Las aldeas habían cesado en Israel, habían decaído; hasta que yo Débora me levanté, me levanté madre en Israel. 8En escogiendo nuevos dioses, la guerra estaba a las puertas: ¿se veía escudo o lanza entre cuarenta mil en Israel? 9Mi corazón está por los príncipes de Israel, los que con buena voluntad se ofrecieron entre el pueblo: load a Jehová. 10Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas, los que presidís en juicio, y vosotros los que viajáis, hablad. 11Lejos del ruido de los archeros, en los abrevaderos, allí repetirán las justicias de Jehová, las justicias de sus villas en Israel; entonces bajará el pueblo de Jehová a las puertas. 12Despierta, despierta, Débora; despierta, despierta, profiere un cántico. Levántate, Barac, y lleva tus cautivos, hijo de Abinoam. 13Entonces ha hecho que el que quedó del pueblo, señoree a los magníficos: Jehová me hizo enseñorear sobre los fuertes. 14De Ephraim salió su raíz contra Amalec tras ti, Benjamín, contra tus pueblos; de Machîr descendieron príncipes, y de Zabulón los que solían manejar punzón de escribiente. 15Príncipes también de Issachâr fueron con Débora; y como Issachâr, también Barac se puso a pie en el valle. De las divisiones de Rubén hubo grandes impresiones del corazón. 16¿Por qué te quedaste entre las majadas, para oir los balidos de los rebaños? De las divisiones de Rubén grandes fueron las disquisiciones del corazón. 17Galaad se quedó de la otra parte del Jordán: y Dan ¿por qué se estuvo junto a los navíos? Mantúvose Aser a la ribera de la mar, y quedóse en sus puertos. 18El pueblo de Zabulón expuso su vida a la muerte, y Nephtalí en las alturas del campo. 19Vinieron reyes y pelearon: entonces pelearon los reyes de Canaán en Taanac, junto a las aguas de Megiddo, mas no llevaron ganancia alguna de dinero. 20De los cielos pelearon: las estrellas desde sus órbitas pelearon contra Sísara. 21Barriólos el torrente de Cisón, el antiguo torrente, el torrente de Cisón. Hollaste, oh alma mía, con fortaleza. 22Despalmáronse entonces las uñas de los caballos por las arremetidas, por los brincos de sus valientes. 23Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová: maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron en socorro a Jehová, en socorro a Jehová contra los fuertes. 24Bendita sea entre las mujeres Jael, mujer de Heber Cineo; sobre las mujeres bendita sea en la tienda. 25El pidió agua, y dióle ella leche; en tazón de nobles le presentó manteca. 26Su mano tendió a la estaca, y su diestra al mazo de trabajadores; y majó a Sísara, hirió su cabeza, llagó y atravesó sus sienes. 27Cayó encorvado entre sus pies, quedó tendido: entre sus pies cayó encorvado; donde se encorvó, allí cayó muerto. 28La madre de Sísara se asoma a la ventana, y por entre las celosías a voces dice: ¿Por qué se detiene su carro, que no viene? ¿por qué las ruedas de sus carros se tardan? 29Las más avisadas de sus damas le respondían; y aun ella se respondía a sí misma. 30¿No han hallado despojos, y los están repartiendo? a cada uno una moza, o dos: los despojos de colores para Sísara, los despojos bordados de colores: la ropa de color bordada de ambos lados, para los cuellos de los que han tomado los despojos. 31Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová: mas los que le aman, sean como el sol cuando nace en su fuerza. Y la tierra reposó cuarenta años.
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Hechos 9

1Y Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes, 2Y demandó de él letras para Damasco a las sinagogas, para que si hallase algunos hombres o mujeres de esta secta, los trajese presos a Jerusalem. 3Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo; 4Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 6El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le dice: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer. 7Y los hombres que iban con Saulo, se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas no viendo a nadie. 8Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie: así que, llevándole por la mano, metiéronle en Damasco; 9Donde estuvo tres días sin ver, y no comió, ni bebió. 10Había entonces un discípulo en Damasco llamado Ananías, al cual el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama la Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso: porque he aquí, él ora; 12Y ha visto en visión un varón llamado Ananías, que entra y le pone la mano encima, para que reciba la vista. 13Entonces Ananías respondió: Señor, he oído a muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalem: 14Y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender a todos los que invocan tu nombre. 15Y le dijo el Señor: Ve: porque instrumento escogido me es este, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel: 16Porque yo le mostraré cuánto le sea menester que padezca por mi nombre. 17Ananías entonces fue, y entró en la casa, y poniéndole las manos encima, dijo: Saulo hermano, el Señor Jesús, que te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno de Espíritu Santo. 18Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose, fue bautizado. 19Y como comió, fue confortado. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. 20Y luego en las sinagogas predicaba a Cristo, diciendo que este era el Hijo de Dios. 21Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es este el que asolaba en Jerusalem a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos a los príncipes de los sacerdotes? 22Empero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los Judíos que moraban en Damasco, afirmando que este es el Cristo. 23Y como pasaron muchos días, los Judíos hicieron entre sí consejo de matarle; 24Mas las asechanzas de ellos fueron entendidas de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. 25Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro en una espuerta. 26Y como vino a Jerusalem, tentaba de juntarse con los discípulos; mas todos tenían miedo de él, no creyendo que era discípulo. 27Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y contóles cómo había visto al Señor en el camino, y que le había hablado, y cómo en Damasco había hablado confiadamente en el nombre de Jesús. 28Y entraba y salía con ellos en Jerusalem; 29Y hablaba confiadamente en el nombre del Señor: y disputaba con los Griegos; mas ellos procuraban matarle. 30Lo cual, como los hermanos entendieron, le acompañaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso. 31Las iglesias entonces tenían paz por toda Judea y Galilea y Samaria, y eran edificadas, andando en el temor del Señor; y con consuelo del Espíritu Santo eran multiplicadas. 32Y aconteció que Pedro, andándolos a todos, vino también a los santos que habitaban en Lydda. 33Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, que era paralítico. 34Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y hazte tu cama. Y luego se levantó. 35Y viéronle todos los que habitaban en Lydda y en Sarona, los cuales se convirtieron al Señor. 36Entonces en Joppe había una discípula llamada Tabita, que si lo declaras, quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras y de limosnas que hacía. 37Y aconteció en aquellos días que enfermando, murió; a la cual, después de lavada, pusieron en una sala. 38Y como Lydda estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, rogándole: No te detengas en venir hasta nosotros. 39Pedro entonces levantándose, fue con ellos: y llegado que hubo, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 40Entonces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, oró; y vuelto al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y viendo a Pedro, incorporóse. 41Y él le dio la mano, y levantóla: entonces llamando a los santos y las viudas, la presentó viva. 42Esto fue notorio por toda Joppe; y creyeron muchos en el Señor. 43Y aconteció que se quedó muchos días en Joppe en casa de un cierto Simón, curtidor.
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Jeremías 18

1La palabra que fue a Jeremías de Jehová, diciendo: 2Levántate, y vete a casa del alfarero, y allí te haré oir mis palabras. 3Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él hacía obra sobre la rueda. 4Y el vaso que él hacía de barro se quebró en la mano del alfarero; y tornó e hízolo otro vaso, según que al alfarero pareció mejor hacerlo. 5Entonces fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 6¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel, dice Jehová? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. 7En un instante hablaré contra gentes y contra reinos, para arrancar, y disipar, y destruir. 8Empero si esas gentes se convirtieren de su maldad, de que habré hablado, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles. 9Y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar; 10Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, arrepentiréme del bien que había determinado hacerle. 11Ahora pues habla luego a todo hombre de Judá, y a los moradores de Jerusalem, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios: conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejorad vuestros caminos y vuestras obras. 12Y dijeron: Es por demás: porque en pos de nuestras imaginaciones hemos de ir, y hemos de hacer cada uno el pensamiento de su malvado corazón. 13Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora a las gentes, quién tal haya oído. Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel. 14¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo? ¿faltarán las aguas frías que corren de lejanas tierras? 15Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando a la vanidad, y hácenles tropezar en sus caminos, en las sendas antiguas, para que caminen por sendas, por camino no hollado; 16Para poner su tierra en desolación, y en silbos perpetuos; todo aquel que pasare por ella se maravillará, y meneará su cabeza. 17Como viento solano los esparciré delante del enemigo; mostraréles las espaldas, y no el rostro, en el día de su perdición. 18Y dijeron: Venid, y tracemos maquinaciones contra Jeremías; porque la ley no faltará del sacerdote, ni consejo del sabio, ni palabra del profeta. Venid e hirámoslo de lengua, y no miremos a todas sus palabras. 19Oh Jehová, mira por mí, y oye la voz de los que contienden conmigo. 20¿Dase mal por bien, para que hayan cavado hoyo a mi alma? Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, para apartar de ellos tu ira. 21Por tanto, entrega sus hijos a hambre, y hazlos derramar por medio de la espada; y queden sus mujeres sin hijos, y viudas; y sus maridos sean puestos a muerte, y sus jóvenes heridos a cuchillo en la guerra. 22Oigase clamor de sus casas, cuando trajeres sobre ellos ejército de repente: porque cavaron hoyo para prenderme, y a mis pies han escondido lazos. 23Mas tú, oh Jehová, conoces todo su consejo contra mí para muerte; no perdones su maldad, ni borres su pecado de delante de tu rostro: y tropiecen delante de ti; haz así con ellos en el tiempo de tu furor.
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Marcos 4

1Y otra vez comenzó a enseñar junto a la mar, y se juntó a él mucha gente; tanto, que entrándose él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente estaba en tierra junto a la mar. 2Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: 3Oid: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 4Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron. 5Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y luego salió, porque no tenía la tierra profunda: 6Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz, se secó. 7Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no dio fruto. 8Y otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, que subió y creció: y llevó uno a treinta, y otro a sesenta, y otro a ciento. 9Entonces les dijo: El que tiene oídos para oir, oiga. 10Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce, sobre la parábola. 11Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; 12Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. 13Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas? 14El que siembra es el que siembra la palabra. 15Y estos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada: mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones. 16Y asimismo estos son los que son sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, luego la toman con gozo; 17Mas no tienen raíz en sí, antes son temporales, que en levantándose la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego se escandalizan. 18Y estos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la palabra; 19Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 20Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta, y otro a ciento. 21También les dijo: ¿Tráese la antorcha para ser puesta debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ser puesta en el candelero? 22Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de descubrirse. 23Si alguno tiene oídos para oir, oiga. 24Les dijo también: Mirad lo que oís: con la medida que medís, os medirán otros, y será añadido a vosotros los que oís. 25Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 26Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra; 27Y duerme, y se levanta de noche y de día, y la simiente brota y crece como él no sabe. 28Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada. 30Y decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿o con qué parábola le compararemos? 31Es como el grano de mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra; 32Mas después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra. 33Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oir. 34Y sin parábola no les hablaba; mas a sus discípulos en particular declaraba todo. 35Y les dijo aquel día cuando fue tarde: Pasemos de la otra parte. 36Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos. 37Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se henchía. 38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos? 39Y levantándose, increpó al viento, y dijo a la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fue hecha grande bonanza. 40Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es este, que aun el viento y la mar le obedecen?

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Jueces 5 · Hechos 9
Personales
Jeremías 18 · Marcos 4