Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 33

1Y Jehová dijo a Moisés: Ve, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac, y Jacob, diciendo: A tu simiente la daré: 2Y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al Cananeo y al Amorrheo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Heveo y al Jebuseo: 3(A la tierra que fluye leche y miel); porque yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino. 4Y oyendo el pueblo esta sensible palabra, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos: 5Pues Jehová dijo a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz: en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré: quítate pues ahora tus atavíos, que yo sabré lo que te tengo de hacer. 6Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb. 7Y Moisés tomó el tabernáculo, y extendiólo fuera del campo, lejos del campo, y llamólo el Tabernáculo del Testimonio. Y fue, que cualquiera que requería a Jehová, salía al tabernáculo del testimonio, que estaba fuera del campo. 8Y sucedía que, cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y estaba cada cual en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo. 9Y cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía, y poníase a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés. 10Y viendo todo el pueblo la columna de la nube, que estaba a la puerta del tabernáculo, levantábase todo el pueblo, cada uno a la puerta de su tienda, y adoraba. 11Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y volvíase al campo; mas el joven Josué, su criado, hijo de Nun, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo. 12Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo: y tú no me has declarado a quién has de enviar conmigo: sin embargo tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos. 13Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, ruégote que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, porque halle gracia en tus ojos: y mira que tu pueblo es aquesta gente. 14Y él dijo: Mi rostro irá contigo, y te haré descansar. 15Y él respondió: Si tu rostro no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. 16¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en andar tú con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra? 17Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. 18El entonces dijo: Ruégote que me muestres tu gloria. 19Y respondióle: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. 20Dijo más: No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá. 21Y dijo aún Jehová: He aquí lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña: 22Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado: 23Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.
Lectura 2 de 4 · En familia

Juan 12

1Y Jesús, seis días antes de la Pascua, vino a Bethania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos. 2E hiciéronle allí una cena: y Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa juntamente con él. 3Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento. 4Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar: 5¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dio a los pobres? 6Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres; sino porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella. 7Entonces Jesús dijo: Déjala: para el día de mi sepultura ha guardado esto; 8Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas a mí no siempre me tenéis. 9Entonces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver a Lázaro, al cual había resucitado de los muertos. 10Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar también a Lázaro; 11Porque muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de él. 12El siguiente día, mucha gente que había venido a la fiesta, como oyeron que Jesús venía a Jerusalem, 13Tomaron ramos de palmas, y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! 14Y halló Jesús un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito: 15No temas, hija de Sion: he aquí tu Rey viene, sentado sobre un pollino de asna. 16Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas de él, y que le hicieron estas cosas. 17Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. 18Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal; 19Mas los Fariseos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovecháis? he aquí, el mundo se va tras de él. 20Y había ciertos Griegos de los que habían subido a adorar en la fiesta: 21Estos pues, se llegaron a Felipe, que era de Bethsaida de Galilea, y rogáronle, diciendo: Señor, querríamos ver a Jesús. 22Vino Felipe, y díjolo a Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen a Jesús. 23Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado. 24De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva. 25El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. 27Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora. 28Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. 29Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Angel le ha hablado. 30Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros. 31Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos traeré a mí mismo. 33Y esto decía dando a entender de qué muerte había de morir. 34Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre? 35Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va. 36Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos. 37Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en él. 38Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído a nuestro dicho? ¿y el brazo del Señor, a quién es revelado? 39Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías: 40Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane. 41Estas cosas dijo Isaías cuando vio su gloria, y habló de él. 42Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en él; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga. 43Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. 44Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; 45Y el que me ve, ve al que me envió. 46Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. 47Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. 48El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. 49Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. 50Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo.
Lectura 3 de 4 · Personal

Proverbios 9

1La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas; 2Mató sus víctimas, templó su vino, y puso su mesa. 3Envió sus criadas; sobre lo más alto de la ciudad clamó: 4Cualquiera simple, venga acá. A los faltos de cordura dijo: 5Venid, comed mi pan, y bebed del vino que yo he templado. 6Dejad las simplezas, y vivid; y andad por el camino de la inteligencia. 7El que corrige al escarnecedor, afrenta se acarrea: el que reprende al impío, se atrae mancha. 8No reprendas al escarnecedor, porque no te aborrezca; corrige al sabio, y te amará. 9Da al sabio, y será más sabio: enseña al justo, y acrecerá su saber. 10El temor de Jehová es el principio de la sabiduría; y la ciencia de los santos es inteligencia. 11Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida se te añadirán. 12Si fueres sabio, para ti lo serás: mas si fueres escarnecedor, pagarás tú solo. 13La mujer loca es alborotadora; es simple e ignorante. 14Siéntase en una silla a la puerta de su casa, en lo alto de la ciudad, 15Para llamar a los que pasan por el camino, que van por sus caminos derechos. 16Cualquiera simple, dice, venga acá. A los faltos de cordura dijo: 17Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es suave. 18Y no saben que allí están los muertos; que sus convidados están en los profundos de la sepultura.
Lectura 4 de 4 · Personal

Efesios 2

1Y de ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2En que en otro tiempo anduvisteis conforme a la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia: 3Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. 4Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, 5Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos; 6Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, 7Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: 9No por obras, para que nadie se gloríe. 10Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas. 11Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne, que erais llamados incircuncisión por la que se llama circuncisión, hecha con mano en la carne; 12Que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. 13Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. 14Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación; 15Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en orden a ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz, 16Y reconciliar por la cruz con Dios a ambos en un mismo cuerpo, matando en ella las enemistades. 17Y vino, y anunció la paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca: 18Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. 19Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios; 20Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo; 21En el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un templo santo en el Señor: 22En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en Espíritu.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 33 · Juan 12
Personales
Proverbios 9 · Efesios 2