McCheyne
22 de septiembre
Lectura 1 de 4 · En familia

2 Samuel 18

1David pues revistó el pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos tribunos y centuriones. 2Y consignó la tercera parte del pueblo al mando de Joab, y otra tercera al mando de Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la otra tercera parte al mando de Ittai Getheo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros. 3Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros: mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será pues mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad. 4Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os pareciere. Y púsose el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil. 5Y el rey mandó a Joab y a Abisai y a Ittai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al mozo Absalom. Y todo el pueblo oyó cuando dio el rey orden acerca de Absalom a todos los capitanes. 6Salió pues el pueblo al campo contra Israel, y dióse la batalla en el bosque de Ephraim; 7Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos de David, e hízose allí en aquel día una gran matanza de veinte mil hombres; 8Y derramándose allí el ejército por la haz de toda la tierra, fueron más los que consumió el bosque de los del pueblo, que los que consumió el cuchillo aquel día. 9Y encontróse Absalom con los siervos de David: e iba Absalom sobre un mulo, y el mulo se entró debajo de un espeso y grande alcornoque, y asiósele la cabeza al alcornoque, y quedó entre el cielo y la tierra; pues el mulo en que iba pasó delante. 10Y viéndolo uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que he visto a Absalom colgado de un alcornoque. 11Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le heriste luego allí echándole a tierra? y sobre mí, que te hubiera dado diez siclos de plata, y un talabarte. 12Y el hombre dijo a Joab: Aunque me importara en mis manos mil siclos de plata, no extendiera yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros lo oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Ittai, diciendo: Mirad que ninguno toque en el joven Absalom. 13Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi vida (pues que al rey nada se le esconde), y tú mismo estarías en contra. 14Y respondió Joab: No es razón que yo te ruegue. Y tomando tres dardos en sus manos, hincólos en el corazón de Absalom, que aun estaba vivo en medio del alcornoque. 15Cercándolo luego diez mancebos escuderos de Joab, hirieron a Absalom, y acabáronle. 16Entonces Joab tocó la corneta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo. 17Tomando después a Absalom, echáronle en un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un muy grande montón de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a sus estancias. 18Y había Absalom en su vida tomado y levantádose una columna, la cual está en el valle del rey; porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella columna de su nombre: y así se llamó el Lugar de Absalom, hasta hoy. 19Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora, y daré las nuevas al rey de como Jehová ha defendido su causa de la mano de sus enemigos? 20Y respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas: las llevarás otro día: no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey es muerto. 21Y Joab dijo a Cusi: Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y Cusi hizo reverencia a Joab, y corrió. 22Entonces Ahimaas hijo de Sadoc tornó a decir a Joab: Sea lo que fuere, yo correré ahora tras Cusi. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has tú de correr, pues que no hallarás premio por las nuevas? 23Mas él respondió: Sea lo que fuere, yo correré. Entonces le dijo: Corre. Corrió pues Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante de Cusi. 24Estaba David a la sazón sentado entre las dos puertas; y el atalaya había ido al terrado de sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró, y vio a uno que corría solo. 25El atalaya dio luego voces, e hízolo saber al rey. Y el rey dijo: Si es solo, buenas nuevas trae. En tanto que él venía acercándose, 26Vio el atalaya otro que corría; y dio voces el atalaya al portero, diciendo: He aquí otro hombre que corre solo. Y el rey dijo: Este también es mensajero. 27Y el atalaya volvió a decir: Paréceme el correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buena nueva. 28Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. E inclinóse a tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo, que ha entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey. 29Y el rey dijo: ¿El mozo Absalom tiene paz? Y Ahimaas respondió: Vi yo un grande alboroto cuando envió Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué era. 30Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y paróse. 31Y luego vino Cusi, y dijo: Reciba nueva mi señor el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti. 32El rey entonces dijo a Cusi: ¿El mozo Absalom tiene paz? Y Cusi respondió: Como aquel mozo sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra ti para mal. 33Entonces el rey se turbó, y subióse a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalom, hijo mío, hijo mío Absalom! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalom, hijo mío, hijo mío!
Lectura 2 de 4 · En familia

2 Corintios 11

1Ojalá toleraseis un poco mi locura; empero toleradme. 2Pues que os celo con celo de Dios; porque os he desposado a un marido, para presentaros como una virgen pura a Cristo. 3Mas temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo. 4Porque si el que viene, predicare otro Jesús que el que hemos predicado, o recibiereis otro espíritu del que habéis recibido, u otro evangelio del que habéis aceptado, lo sufrierais bien. 5Cierto pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandes apóstoles. 6Porque aunque soy basto en la palabra, empero no en la ciencia: mas en todo somos ya del todo manifiestos a vosotros. 7¿Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis ensalzados, porque os he predicado el evangelio de Dios de balde? 8He despojado las otras iglesias, recibiendo salario para ministraros a vosotros. 9Y estando con vosotros y teniendo necesidad, a ninguno fui carga; porque lo que me faltaba, suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia: y en todo me guardé de seros gravoso, y me guardaré. 10Es la verdad de Cristo en mí, que esta gloria no me será cerrada en las partes de Acaya. 11¿Por qué? ¿porque no os amo? Dios lo sabe. 12Mas lo que hago, haré aún, para cortar la ocasión de aquellos que la desean, a fin de que en aquello que se glorían, sean hallados semejantes a nosotros. 13Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, transfigurándose en apóstoles de Cristo. 14Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz. 15Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras. 16Otra vez digo: Que nadie me estime ser loco; de otra manera, recibidme como a loco, para que aun me gloríe yo un poquito. 17Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con esta confianza de gloria. 18Pues que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré. 19Porque de buena gana toleráis los necios, siendo vosotros sabios: 20Porque toleráis si alguno os pone en servidumbre, si alguno os devora, si alguno toma, si alguno se ensalza, si alguno os hiere en la cara. 21Dígolo cuanto a la afrenta, como si nosotros hubiésemos sido flacos. Empero en lo que otro tuviere osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. 22¿Son Hebreos? yo también. ¿Son Israelitas? yo también. ¿Son simiente de Abraham? también yo. 23¿Son ministros de Cristo? (como poco sabio hablo) yo más: en trabajos más abundante; en azotes sin medida; en cárceles más; en muertes, muchas veces. 24De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado en lo profundo de la mar; 26En caminos muchas veces, peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los Gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en la mar, peligros entre falsos hermanos; 27En trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 28Sin otras cosas además, lo que sobre mí se agolpa cada día, la solicitud de todas las iglesias. 29¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me quemo? 30Si es menester gloriarse, me gloriaré yo de lo que es de mi flaqueza. 31El Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, que es bendito por siglos, sabe que no miento. 32En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los Damascenos para prenderme; 33Y fui descolgado del muro en un serón por una ventana, y escapé de sus manos.
Lectura 3 de 4 · Personal

Ezequiel 25

1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Hijo del hombre, pon tu rostro hacia los hijos de Ammón, y profetiza sobre ellos. 3Y dirás a los hijos de Ammón: Oid palabra del Señor Jehová. Así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto dijiste ¡Ea! acerca de mi santuario que fue profanado, y sobre la tierra de Israel que fue asolada, y sobre la casa de Judá, porque fueron en cautiverio; 4Por tanto, he aquí, yo te entrego a los Orientales por heredad, y pondrán en ti sus apriscos, y colocarán en ti sus tiendas: ellos comerán tus sementeras, y beberán tu leche. 5Y pondré a Rabba por habitación de camellos, y a los hijos de Ammón por majada de ovejas; y sabréis que yo soy Jehová. 6Porque así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto tú batiste tus manos, y pateaste, y te gozaste del alma en todo tu menosprecio sobre la tierra de Israel; 7Por tanto, he aquí yo extenderé mi mano sobre ti, y te entregaré a las gentes para ser saqueada; y yo te cortaré de entre los pueblos, y te destruiré de entre las tierras: te raeré; y sabrás que yo soy Jehová. 8Así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto dijo Moab y Seir: He aquí la casa de Judá es como todas las gentes; 9Por tanto, he aquí yo abro el lado de Moab desde las ciudades, desde sus ciudades que están en su confín, las tierras deseables de Beth-jesimoth, y Baal-meón, y Chîriathaim, 10A los hijos del oriente contra los hijos de Ammón; y entregaréla por heredad para que no haya más memoria de los hijos de Ammón entre las gentes. 11También en Moab haré juicios; y sabrán que yo soy Jehová. 12Así ha dicho el Señor Jehová: Por lo que hizo Edom tomando venganza de la casa de Judá, pues delinquieron en extremo, y se vengaron de ellos; 13Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Yo también extenderé mi mano sobre Edom, y talaré de ella hombres y bestias, y la asolaré: desde Temán y Dedán caerán a cuchillo. 14Y pondré mi venganza en Edom por la mano de mi pueblo Israel; y harán en Edom según mi enojo y según mi ira: y conocerán mi venganza, dice el Señor Jehová. 15Así ha dicho el Señor Jehová: Por lo que hicieron los Palestinos con venganza, cuando se vengaron con despecho de ánimo, destruyendo por antiguas enemistades; 16Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí yo extiendo mi mano sobre los Palestinos, y talaré los Ceretheos, y destruiré el resto de la ribera de la mar. 17Y haré en ellos grandes venganzas con reprensiones de ira; y sabrán que yo soy Jehová, cuando diere mi venganza en ellos.
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Salmo 73

1Ciertamente bueno es Dios a Israel, a los limpios de corazón. 2Mas yo, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. 3Porque tuve envidia de los insensatos, viendo la prosperidad de los impíos. 4Porque no hay ataduras para su muerte; antes su fortaleza está entera. 5No están ellos en el trabajo humano; ni son azotados con los otros hombres. 6Por tanto soberbia los corona: cúbrense de vestido de violencia. 7Sus ojos están salidos de gruesos: logran con creces los antojos del corazón. 8Soltáronse, y hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanería. 9Ponen en el cielo su boca, y su lengua pasea la tierra. 10Por eso su pueblo vuelve aquí, y aguas de lleno les son exprimidas. 11Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿y hay conocimiento en lo alto? 12He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas. 13Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; 14Pues he sido azotado todo el día, y empezaba mi castigo por las mañanas. 15Si dijera yo, Discurriré de esa suerte; he aquí habría negado la nación de tus hijos: 16Pensaré pues para saber esto: es a mis ojos duro trabajo, 17Hasta que venido al santuario de Dios, entenderé la postrimería de ellos. 18Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer. 19¡Cómo han sido asolados! ¡cuán en un punto! Acabáronse, fenecieron con turbaciones. 20Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares, menospreciarás sus apariencias. 21Desazonóse a la verdad mi corazón, y en mis riñones sentía punzadas. 22Mas yo era ignorante, y no entendía: era como una bestia acerca de ti. 23Con todo, yo siempre estuve contigo: trabaste de mi mano derecha. 24Hasme guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. 25¿A quién tengo yo en los cielos? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 26Mi carne y mi corazón desfallecen: mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. 27Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán: tú cortarás a todo aquel que fornicando, de ti se aparta. 28Y en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien: he puesto en el Señor Jehová mi esperanza, para contar todas tus obras.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Samuel 18 · 2 Corintios 11
Personales
Ezequiel 25 · Salmo 73