Lectura 1 de 4 · En familia

Levítico 27

1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando alguno hiciere especial voto a Jehová, según la estimación de las personas que se hayan de redimir, así será tu estimación: 3En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, tu estimación será cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario. 4Y si fuere hembra, la estimación será treinta siclos. 5Y si fuere de cinco años hasta veinte, tu estimación será respecto al varón veinte siclos, y a la hembra diez siclos. 6Y si fuere de un mes hasta cinco años, tu estimación será en orden al varón, cinco siclos de plata; y por la hembra será tu estimación tres siclos de plata. 7Mas si fuere de sesenta años arriba, por el varón tu estimación será quince siclos, y por la hembra diez siclos. 8Pero si fuere más pobre que tu estimación, entonces comparecerá ante el sacerdote, y el sacerdote le pondrá tasa: conforme a la facultad del votante le impondrá tasa el sacerdote. 9Y si fuere animal de que se ofrece ofrenda a Jehová, todo lo que se diere de él a Jehová será santo. 10No será mudado ni trocado, bueno por malo, ni malo por bueno: y si se permutare un animal por otro, él y el dado por él en cambio serán sagrados. 11Y si fuere algún animal inmundo, de que no se ofrece ofrenda a Jehová, entonces el animal será puesto delante del sacerdote: 12Y el sacerdote lo apreciará, sea bueno o sea malo; conforme a la estimación del sacerdote, así será. 13Y si lo hubieren de redimir, añadirán su quinto sobre tu valuación. 14Y cuando alguno santificare su casa consagrándola a Jehová, la apreciará el sacerdote, sea buena o sea mala: según la apreciare el sacerdote, así quedará. 15Mas si el santificante redimiere su casa, añadirá a tu valuación el quinto del dinero de ella, y será suya. 16Y si alguno santificare de la tierra de su posesión a Jehová, tu estimación será conforme a su sembradura: un omer de sembradura de cebada se apreciará en cincuenta siclos de plata. 17Y si santificare su tierra desde el año del jubileo, conforme a tu estimación quedará. 18Mas si después del jubileo santificare su tierra, entonces el sacerdote hará la cuenta del dinero conforme a los años que quedaren hasta el año del jubileo, y se rebajará de tu estimación. 19Y si el que santificó la tierra quisiere redimirla, añadirá a tu estimación el quinto del dinero de ella, y quedaráse para él. 20Mas si él no redimiere la tierra, y la tierra se vendiere a otro, no la redimirá más; 21Sino que cuando saliere en el jubileo, la tierra será santa a Jehová, como tierra consagrada: la posesión de ella será del sacerdote. 22Y si santificare alguno a Jehová la tierra que él compró, que no era de la tierra de su herencia, 23Entonces el sacerdote calculará con él la suma de tu estimación hasta el año del jubileo, y aquel día dará tu señalado precio, cosa consagrada a Jehová. 24En el año del jubileo, volverá la tierra a aquel de quien él la compró, cuya es la herencia de la tierra. 25Y todo lo que apreciares será conforme al siclo del santuario: el siclo tiene veinte óbolos. 26Empero el primogénito de los animales, que por la primogenitura es de Jehová, nadie lo santificará; sea buey u oveja, de Jehová es. 27Mas si fuere de los animales inmundos, lo redimirán conforme a tu estimación, y añadirán sobre ella su quinto: y si no lo redimieren, se venderá conforme a tu estimación. 28Pero ninguna cosa consagrada, que alguno hubiere santificado a Jehová de todo lo que tuviere, de hombres y animales, y de las tierras de su posesión, no se venderá, ni se redimirá: todo lo consagrado será cosa santísima a Jehová. 29Cualquier anatema (cosa consagrada) de hombres que se consagrare, no será redimido: indefectiblemente ha de ser muerto. 30Y todas las décimas de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová son: es cosa consagrada a Jehová. 31Y si alguno quisiere redimir algo de sus décimas, añadirá su quinto a ello. 32Y toda décima de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, la décima será consagrada a Jehová. 33No mirará si es bueno o malo, ni lo trocará: y si lo trocare, ello y su trueque serán cosas sagradas; no se redimirá. 34Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés, para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.
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Salmo 33

1Alegraos, justos, en Jehová: a los rectos es hermosa la alabanza. 2Celebrad a Jehová con arpa: cantadle con salterio y decacordio. 3Cantadle canción nueva: hacedlo bien tañendo con júbilo. 4Porque recta es la palabra de Jehová, y toda su obra con verdad hecha. 5El ama justicia y juicio: de la misericordia de Jehová está llena la tierra. 6Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca. 7El junta como en un montón las aguas de la mar: él pone en depósitos los abismos. 8Tema a Jehová toda la tierra: teman de él todos los habitadores del mundo. 9Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió. 10Jehová hace nulo el consejo de las gentes, y frustra las maquinaciones de los pueblos. 11El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones. 12Bienaventurada la gente de que Jehová es su Dios; el pueblo a quien escogió por heredad para sí. 13Desde los cielos miró Jehová; vio a todos los hijos de los hombres: 14Desde la morada de su asiento miró sobre todos los moradores de la tierra. 15El formó el corazón de todos ellos; él considera todas sus obras. 16El rey no es salvo con la multitud del ejército: no escapa el valiente por la mucha fuerza. 17Vanidad es el caballo para salvarse: por la grandeza de su fuerza no librará. 18He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia; 19Para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en el hambre. 20Nuestra alma esperó a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. 21Por tanto en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. 22Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, como esperamos en ti.
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Eclesiastés 10

1Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor el perfume del perfumista: así una pequeña locura, al estimado por sabiduría y honra. 2El corazón del sabio está a su mano derecha; mas el corazón del necio a su mano izquierda. 3Y aun mientras va el necio por el camino, fálta le su cordura, y dice a todos, que es necio. 4Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la lenidad hará cesar grandes ofensas. 5Hay un mal que debajo del sol he visto, a manera de error emanado del príncipe: 6La necedad está colocada en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo. 7Vi siervos en caballos, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra. 8El que hiciere el hoyo caerá en él; y el que aportillare el vallado, morderále la serpiente. 9El que mudare las piedras, trabajo tendrá en ellas: el que cortare la leña, en ella peligrará. 10Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza: empero excede la bondad de la sabiduría. 11Muerde la serpiente cuando no está encantada, y el lenguaraz no es mejor. 12Las palabras de la boca del sabio son gracia; mas los labios del necio causan su propia ruina. 13El principio de las palabras de su boca es necedad; y el fin de su charla nocivo desvarío. 14El necio multiplica palabras: no sabe hombre lo que ha de ser; ¿y quién le hará saber lo que después de él será? 15El trabajo de los necios los fatiga; porque no saben por dónde ir a la ciudad. 16¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes comen de mañana! 17¡Bienaventurada, tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, por refección, y no por el beber! 18Por la pereza se cae la techumbre, y por flojedad de manos se llueve la casa. 19Por el placer se hace el convite, y el vino alegra los vivos: y el dinero responde a todo. 20Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en los secretos de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.
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Tito 2

1Empero tú, habla lo que conviene a la sana doctrina: 2Que los viejos sean templados, graves, prudentes, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia. 3Las viejas, asimismo, se distingan en un porte santo; no calumniadoras, no dadas a mucho vino, maestras de honestidad: 4Que enseñen a las mujeres jóvenes a ser prudentes, a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, 5A ser templadas, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas a sus maridos; porque la palabra de Dios no sea blasfemada. 6Exhorta asimismo a los mancebos a que sean comedidos; 7Mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, gravedad, 8Palabra sana, e irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo mal ninguno que decir de vosotros. 9Exhorta a los siervos a que sean sujetos a sus señores, que agraden en todo, no respondones; 10No defraudando, antes mostrando toda buena lealtad, para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios. 11Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres, se manifestó, 12Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente, 13Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo, 14Que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. 15Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Levítico 27 · Salmo 33
Personales
Eclesiastés 10 · Tito 2