Lectura 1 de 4 · En familia
2 Samuel 20
1Y acaeció estar allí un hombre perverso que se llamaba Seba, hijo de Bichri, hombre de Benjamín, el cual tocó la corneta, y dijo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad en el hijo de Isaí: Israel, ¡cada uno a sus estancias! 2Así se fueron de en pos de David todos los hombres de Israel, y seguían a Seba hijo de Bichri: mas los de Judá fueron adheridos a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalem. 3Y luego que llegó David a su casa en Jerusalem, tomó el rey las diez mujeres concubinas que había dejado para guardar la casa, y púsolas en una casa en guarda, y dióles de comer: pero nunca más entró a ellas, sino que quedaron encerradas hasta que murieron en viudez de por vida. 4Después dijo el rey a Amasa: Júntame los varones de Judá para dentro de tres días, y hállate tú aquí presente. 5Fue pues Amasa a juntar a Judá; pero detúvose más del tiempo que le había sido señalado. 6Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bichri nos hará ahora más mal que Absalom: toma pues tú los siervos de tu señor, y ve tras él, no sea que halle las ciudades fortificadas, y se nos vaya de delante. 7Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los Ceretheos y Peletheos, y todos los valientes: salieron de Jerusalem para ir tras Seba hijo de Bichri. 8Y estando ellos cerca de la grande peña que está en Gabaón, salióles Amasa al encuentro. Ahora bien, la vestidura que Joab tenía sobrepuesta estábale ceñida, y sobre ella el cinto de una daga pegada a sus lomos en su vaina, de la que así como él avanzó, cayóse aquella. 9Entonces Joab dijo a Amasa: ¿Tienes paz, hermano mío? Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo. 10Y como Amasa no se cuidó de la daga que Joab en la mano tenía, hirióle este con ella en la quinta costilla, y derramó sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle segundo golpe. Después Joab y su hermano Abisai fueron en seguimiento de Seba hijo de Bichri. 11Y uno de los criados de Joab se paró junto a él, diciendo: Cualquiera que amare a Joab y a David vaya en pos de Joab. 12Y Amasa se había revolcado en la sangre en mitad del camino: y viendo aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él una vestidura, porque veía que todos los que venían se paraban junto a él. 13Luego, pues, que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían a Joab, para ir tras Seba hijo de Bichri. 14Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta Abel y Beth-maachâ y todo Barim: y juntáronse, y siguiéronlo también. 15Y vinieron y cercáronlo en Abel de Beth-maachâ, y pusieron baluarte contra la ciudad; y puesto que fue al muro, todo el pueblo que estaba con Joab trabajaba por derribar la muralla. 16Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: Oid, oid; ruégoos que digáis a Joab se llegue a acá, para que yo hable con él. 17Y como él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres tú Joab? Y él respondió: Yo soy. Y ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo. 18Entonces tornó ella a hablar, diciendo: Antiguamente solían hablar, diciendo: Quien preguntare, pregunte en Abel: y así concluían. 19Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel: y tú procuras destruir una ciudad que es madre de Israel: ¿por qué destruyes la heredad de Jehová? 20Y Joab respondió, diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca, que yo destruya ni deshaga. 21La cosa no es así: mas un hombre del monte de Ephraim, que se llama Seba hijo de Bichri, ha levantado su mano contra el rey David: entregad a ese solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Joab: He aquí su cabeza te será echada desde el muro. 22La mujer fue luego a todo el pueblo con su sabiduría; y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bichri, y echáronla a Joab. Y él tocó la corneta, y esparciéronse de la ciudad, cada uno a su estancia. Y Joab se volvió al rey a Jerusalem. 23Así quedó Joab sobre todo el ejército de Israel; y Benaía hijo de Joiada sobre los Ceretheos y Peletheos; 24Y Adoram sobre los tributos; y Josaphat hijo de Ahillud, el canciller; 25Y Seba, escriba; y Sadoc y Abiathar, sacerdotes; e Ira Jaireo fue un jefe principal cerca de David.
Lectura 2 de 4 · En familia
2 Corintios 13
1Esta tercera vez voy a vosotros. En la boca de dos o de tres testigos consistirá todo negocio. 2He dicho antes, y ahora digo otra vez como presente, y ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no perdonaré; 3Pues buscáis una prueba de Cristo que habla en mí, el cual no es flaco para con vosotros, antes es poderoso en vosotros. 4Porque aunque fue crucificado por flaqueza, empero vive por potencia de Dios. Pues también nosotros somos flacos con él, mas viviremos con él por la potencia de Dios para con vosotros. 5Examinaos a vosotros mismos si estáis en fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? si ya no sois reprobados. 6Mas espero que conoceréis que nosotros no somos reprobados. 7Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros seamos hallados aprobados, mas para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros seamos como reprobados. 8Porque ninguna cosa podemos contra la verdad, sino por la verdad. 9Por lo cual nos gozamos que seamos nosotros flacos, y que vosotros estéis fuertes; y aun deseamos vuestra perfección. 10Por tanto os escribo esto ausente, por no tratar presente con dureza, conforme a la potestad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción. 11Resta, hermanos, que tengáis gozo, seáis perfectos, tengáis consolación, sintáis una misma cosa, tengáis paz; y el Dios de paz y de caridad será con vosotros. 12Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Todos los santos os saludan. 13La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la participación del Espíritu Santo sea con vosotros todos. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 27
1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Y tú, hijo del hombre, levanta endechas sobre Tiro. 3Y dirás a Tiro, que está asentada a las entradas de la mar, mercadera de los pueblos de muchas islas: Así ha dicho el Señor Jehová: Tiro, tú has dicho: Yo soy de perfecta hermosura. 4En el corazón de las mares están tus términos: los que te edificaron completaron tu belleza. 5De hayas del monte Senir te fabricaron todas las tillas: tomaron cedros del Líbano para hacerte el mástil. 6De castaños de Basán hicieron tus remos: compañía de Asirios hicieron tus bancos de marfil de las islas de Chittim. 7De fino lino bordado de Egipto fue tu cortina, para que te sirviese de vela; de cárdeno y grana de las islas de Elisah fue tu pabellón. 8Los moradores de Sidón y de Arvad fueron tus remeros: tus sabios, oh Tiro, estaban en ti; ellos fueron tus pilotos. 9Los ancianos de Gebal y sus sabios repararon tus hendiduras: todas las galeras de la mar y los remeros de ellas fueron en ti para negociar tus negocios. 10Persas y Lidios, y los de Phut, fueron en tu ejército tus hombres de guerra: escudos y capacetes colgaron en ti; ellos te dieron tu honra. 11Y los hijos de Arvad con tu ejército estuvieron sobre tus muros alrededor, y los Gammadeos en tus torres: sus escudos colgaron sobre tus muros alrededor; ellos completaron tu hermosura. 12Tarsis tu mercadera a causa de la multitud de todas riquezas en plata, hierro, estaño, y plomo, dio en tus ferias. 13Grecia, Tubal, y Mesec, tus mercaderes, con hombres y con vasos de metal, dieron en tus ferias. 14De la casa de Togarma, caballos y caballeros y mulos, dieron en tu mercado. 15Los hijos de Dedán eran tus negociantes: muchas islas tomaban mercadería de tu mano; cuernos de marfil y pavos te dieron en presente. 16Siria fue tu mercadera por la multitud de tus labores: con perlas, y púrpura, y vestidos bordados, y linos finos, y corales, y rubíes, dio en tus ferias. 17Judá, y la tierra de Israel, eran tus mercaderes: con trigos de Minith, y pannah, y miel, y aceite, y resina, dieron en tu mercado. 18Damasco, tu mercadera por la multitud de tus labores, por la abundancia de todas riquezas, con vino de Helbón, y lana blanca. 19Asimismo Dan y el errante Javán dieron en tus ferias, para negociar en tu mercado de hierro labrado, mirra destilada, y caña aromática. 20Dedán fue tu mercadera con paños preciosos para carros. 21Arabia y todos los príncipes de Cedar, mercaderes de tu mano en corderos, y carneros, y machos cabríos: en estas cosas fueron tus mercaderes. 22Los mercaderes de Seba y de Raama fueron tus mercaderes: con lo principal de toda especiería, y toda piedra preciosa, y oro, dieron en tus ferias. 23Harán, y Canneh, y Edén, los mercaderes de Seba, de Asiria, y Chilmad, contigo contrataban. 24Estos tus mercaderes negociaban contigo en varias cosas: en mantos de jacinto, y bordados, y en cajas de ropas preciosas, enlazadas con cordones, y en madera de cedro. 25Las naves de Tarsis, tus cuadrillas, fueron en tu negociación: y fuiste llena, y fuiste multiplicada en gran manera en medio de los mares. 26En muchas aguas te engolfaron tus remeros: viento solano te quebrantó en medio de los mares. 27Tus riquezas, y tus mercaderías, y tu negociación, tus remeros, y tus pilotos, los reparadores de tus hendiduras, y los agentes de tus negocios, y todos tus hombres de guerra que hay en ti, con toda tu compañía que en medio de ti se halla, caerán en medio de los mares el día de tu caída. 28Al estrépito de las voces de tus marineros temblarán los arrabales. 29Y descenderán de sus naves todos los que toman remo; remeros, y todos los pilotos de la mar se pararán en tierra: 30Y harán oir su voz sobre ti, y gritarán amargamente, y echarán polvo sobre sus cabezas, y se revolcarán en la ceniza. 31Y haránse por ti calva, y se ceñirán de sacos, y endecharán por ti endechas amargas, con amargura de alma. 32Y levantarán sobre ti endechas en sus lamentaciones, y endecharán sobre ti diciendo: ¿Quién como Tiro, como la destruída en medio de la mar? 33Cuando tus mercaderías salían de las naves, hartabas muchos pueblos: los reyes de la tierra enriqueciste con la multitud de tus riquezas y de tus contrataciones. 34En el tiempo que serás quebrantada de los mares en los profundos de las aguas, tu comercio y toda tu compañía caerán en medio de ti. 35Todos los moradores de las islas se maravillarán sobre ti, y sus reyes temblarán de espanto: inmutaránse en sus rostros. 36Los mercaderes en los pueblos silbarán sobre ti: vendrás a ser espanto, y dejarás de ser para siempre.
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Salmos 75-76 (cap. 75)
1Alabarémoste, oh Dios, alabaremos; que cercano está tu nombre: cuenten tus maravillas. 2Cuando yo tuviere tiempo, yo juzgaré rectamente. 3Arruinábase la tierra y sus moradores: yo sostengo sus columnas. (Selah.) 4Dije a los insensatos: No os infatuéis; y a los impíos: No levantéis el cuerno: 5No levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis con cerviz erguida. 6Porque ni de oriente, ni de occidente, ni del desierto viene el ensalzamiento. 7Mas Dios es el juez: a este abate, y a aquel ensalza. 8Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino es tinto, lleno de mistura; y él derrama del mismo: ciertamente sus heces chuparán y beberán todos los impíos de la tierra. 9Mas yo anunciaré siempre, cantaré alabanzas al Dios de Jacob. 10Y quebraré todos los cuernos de los pecadores: los cuernos del justo serán ensalzados.
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Salmos 75-76 (cap. 76)
1Dios es conocido en Judá: en Israel es grande su nombre. 2Y en Salem está su tabernáculo, y su habitación en Sion. 3Allí quebró las saetas del arco, el escudo, y la espada, y tren de guerra. (Selah.) 4Ilustre eres tú; fuerte, más que los montes de caza. 5Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; y nada hallaron en sus manos todos los varones fuertes. 6A tu reprensión, oh Dios de Jacob, el carro y el caballo fueron entorpecidos. 7Tú, terrible eres tú: ¿y quién parará delante de ti, en comenzando tu ira? 8Desde los cielos hiciste oir juicio; la tierra tuvo temor y quedó suspensa, 9Cuando te levantaste, oh Dios, al juicio, para salvar a todos los mansos de la tierra. (Selah.) 10Ciertamente la ira del hombre te acarreará alabanza: tú reprimirás el resto de las iras. 11Prometed, y pagad a Jehová vuestro Dios: todos los que están alrededor de él, traigan presentes al Terrible. 12Cortará él el espíritu de los príncipes: terrible es a los reyes de la tierra.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Samuel 20 · 2 Corintios 13
Personales
Ezequiel 27 · Salmos 75-76