Lectura 1 de 4 · En familia
Números 35
1Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó, diciendo: 2Manda a los hijos de Israel, que den a los Levitas de la posesión de su heredad ciudades en que habiten: también daréis a los Levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas. 3Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, y para sus ganados, y para todas sus bestias. 4Y los ejidos de las ciudades que daréis a los Levitas, serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera. 5Luego mediréis fuera de la ciudad a la parte del oriente dos mil codos, y a la parte del mediodía dos mil codos, y a la parte del occidente dos mil codos, y a la parte del norte dos mil codos, y la ciudad en medio: esto tendrán por los ejidos de las ciudades. 6Y de las ciudades que daréis a los Levitas, seis ciudades serán de acogimiento, las cuales daréis para que el homicida se acoja allá: y además de estas daréis cuarenta y dos ciudades. 7Todas las ciudades que daréis a los Levitas serán cuarenta y ocho ciudades; ellas con sus ejidos. 8Y las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que mucho tomaréis mucho, y del que poco tomaréis poco: cada uno dará de sus ciudades a los Levitas según la posesión que heredará. 9Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 10Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis pasado el Jordán a la tierra de Canaán, 11Os señalaréis ciudades, ciudades de acogimiento tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte por yerro. 12Y os serán aquellas ciudades por acogimiento del pariente, y no morirá el homicida hasta que esté a juicio delante de la congregación. 13De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de acogimiento. 14Tres ciudades daréis de esta parte del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán; las cuales serán ciudades de acogimiento. 15Estas seis ciudades serán para acogimiento a los hijos de Israel, y al peregrino, y al que morare entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro por yerro. 16Y si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá: 17Y si con piedra de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá. 18Y si con instrumento de palo de mano, de que pueda morir, lo hiriere, y muriere, homicida es; el homicida morirá. 19El pariente del muerto, él matará al homicida: cuando lo encontrare, él le matará. 20Y si por odio lo empujó, o echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere; 21O por enemistad lo hirió con su mano, y murió: el heridor morirá; es homicida; el pariente del muerto matará al homicida, cuando lo encontrare. 22Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas, 23O bien, sin verlo, hizo caer sobre él alguna piedra, de que pudo morir, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal; 24Entonces la congregación juzgará entre el heridor y el pariente del muerto conforme a estas leyes: 25Y la congregación librará al homicida de mano del pariente del muerto, y la congregación lo hará volver a su ciudad de acogimiento, a la cual se había acogido; y morará en ella hasta que muera el gran sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo. 26Y si el homicida saliere fuera del término de su ciudad de refugio, a la cual se acogió, 27Y el pariente del muerto le hallare fuera del término de la ciudad de su acogida, y el pariente del muerto al homicida matare, no se le culpará por ello: 28Pues en su ciudad de refugio deberá aquel habitar hasta que muera el gran sacerdote: y después que muriere el gran sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión. 29Y estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades, en todas vuestras habitaciones. 30Cualquiera que hiriere a alguno, por dicho de testigos, morirá el homicida: mas un solo testigo no hará fe contra alguna persona para que muera. 31Y no tomaréis precio por la vida del homicida; porque está condenado a muerte: mas indefectiblemente morirá. 32Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sacerdote. 33Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis: porque esta sangre amancillará la tierra: y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó. 34No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 78:40-72
40¡Cuántas veces lo ensañaron en el desierto, lo enojaron en la soledad! 41Y volvían, y tentaban a Dios, y ponían límite al Santo de Israel. 42No se acordaron de su mano, del día que los redimió de angustia; 43Cuando puso en Egipto sus señales, y sus maravillas en el campo de Zoán; 44Y volvió sus ríos en sangre, y sus corrientes, porque no bebiesen. 45Envió entre ellos una mistura de moscas que los comían, y ranas que los destruyeron. 46Dio también al pulgón sus frutos, y sus trabajos a la langosta. 47Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con piedra; 48Y entregó al pedrisco sus bestias, y al fuego sus ganados. 49Envió sobre ellos el furor de su saña, ira y enojo y angustia, con misión de malos ángeles. 50Dispuso el camino a su furor; no eximió la vida de ellos de la muerte, sino que entregó su vida a la mortandad. 51E hirió a todo primogénito en Egipto, las primicias de las fuerzas en las tiendas de Châm. 52Empero hizo salir a su pueblo como ovejas, y llevólos por el desierto, como un rebaño. 53Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; y la mar cubrió a sus enemigos. 54Metiólos después en los términos de su santuario, en este monte que ganó su mano derecha. 55Y echó las gentes de delante de ellos, y repartióles una herencia con cuerdas; e hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel. 56Mas tentaron y enojaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios; 57Sino que se volvieron, y se rebelaron como sus padres: volviéronse como arco engañoso. 58Y enojáronlo con sus altos, y provocáronlo a celo con sus esculturas. 59Oyólo Dios, y enojóse, y en gran manera aborreció a Israel. 60Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres; 61Y dio en cautividad su fortaleza, y su gloria en mano del enemigo. 62Entregó también su pueblo a cuchillo, y airóse contra su heredad. 63El fuego devoró sus mancebos, y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales. 64Sus sacerdotes cayeron a cuchillo, y sus viudas no lamentaron. 65Entonces despertó el Señor a la manera del que ha dormido, como un valiente que grita excitado del vino: 66E hirió a sus enemigos en las partes posteriores: dióles perpetua afrenta. 67Y desechó el tabernáculo de José, y no escogió la tribu de Ephraim; 68Sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sion, al cual amó. 69Y edificó su santuario a manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre. 70Y eligió a David su siervo, y tomólo de las majadas de las ovejas: 71De tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. 72Y apacentólos con entereza de su corazón; y pastoreólos con la pericia de sus manos.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 27
1En aquel día Jehová visitará con su espada dura, grande y fuerte, sobre leviathán, serpiente rolliza, y sobre leviathán serpiente retuerta; y matará al dragón que está en la mar. 2En aquel día cantad de la viña del vino rojo. 3Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; guardaréla de noche y de día, porque nadie la visite. 4No hay en mí enojo. ¿Quién pondrá contra mí en batalla espinas y cardos? Yo los hollaré, quemarélos juntamente. 5¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz, sí, haga paz conmigo. 6Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la haz del mundo se henchirá de fruto. 7¿Acaso ha sido herido como quien lo hirió? ¿o ha sido muerto como los que lo mataron? 8Con medida la castigarás en sus vástagos. El reprime su recio viento en el día del aire solano. 9De esta manera pues será purgada la iniquidad de Jacob; y este será todo el fruto, la remoción de su pecado, cuando tornare todas las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levantarán los bosques, ni las imágenes del sol. 10Porque la ciudad fortalecida será asolada, la morada será desamparada y dejada como un desierto: allí se apacentará el becerro, allí tendrá su majada, y acabará sus ramas. 11Cuando sus ramas se secaren, serán quebradas; mujeres vendrán a encenderlas: porque aquel no es pueblo de entendimiento; por tanto su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se compadecerá de él el que lo formó. 12Y acontecerá en aquel día, que herirá Jehová desde el álveo del río hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis reunidos uno a uno. 13Acontecerá también en aquel día, que se tañerá con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido echados en tierra de Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalem.
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Juan 5
1Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios: y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama también al que es nacido de él. 2En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. 3Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos. 4Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. 5¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 6Este es Jesucristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio: porque el Espíritu es la verdad. 7Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno. 8Y tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, y el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno. 9Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque este es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo. 10El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo. 11Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. 13Estas cosas he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. 14Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. 15Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado. 16Si alguno viere cometer a su hermano pecado no de muerte, demandará, y se le dará vida; digo a los que pecan no de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que ruegue. 17Toda maldad es pecado; mas hay pecado no de muerte. 18Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda a sí mismo, y el maligno no le toca. 19Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad. 20Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero: y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. 21Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Números 35 · Salmo 78:40-72
Personales
Isaías 27 · 1 Juan 5