Lectura 1 de 4 · En familia

Deuteronomio 1

1Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel de esta parte del Jordán en el desierto, en el llano delante del mar Bermejo, entre Parán, y Thopel, y Labán, y Haseroth, y Dizahab. 2Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea. 3Y fue, que a los cuarenta años, en el mes undécimo, al primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos; 4Después que hirió a Sehón rey de los Amorrheos, que habitaba en Hesbón, y a Og rey de Basán, que habitaba en Astarot en Edrei: 5De esta parte del Jordán, en tierra de Moab, resolvió Moisés declarar esta ley, diciendo: 6Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Harto habéis estado en este monte; 7Volveos, partíos e id al monte del Amorrheo, y a todas sus comarcas, en el llano, en el monte, y en los valles, y al mediodía, y a la costa de la mar, a la tierra del Cananeo, y el Líbano, hasta el gran río, el río Eufrates. 8Mirad, yo he dado la tierra en vuestra presencia; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les daría a ellos y a su simiente después de ellos. 9Y yo os hablé entonces, diciendo: Yo no puedo llevaros solo: 10Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí sois hoy vosotros como las estrellas del cielo en multitud. 11¡Jehová Dios de vuestros padres añada sobre vosotros como sois mil veces, y os bendiga, como os ha prometido! 12¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas, y vuestros pleitos? 13Dad me de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes. 14Y me respondisteis, y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho. 15Y tomé los principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y púselos por jefes sobre vosotros, jefes de millares, y jefes de cientos, y jefes de cincuenta, y cabos de diez, y gobernadores a vuestras tribus. 16Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oid entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el que le es extranjero. 17No tengáis respeto de personas en el juicio: así al pequeño como al grande oiréis: no tendréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios: y la causa que os fuere difícil, la traeréis a mí, y yo la oiré. 18Os mandé, pues, en aquel tiempo todo lo que habíais de hacer. 19Y partidos de Horeb, anduvimos todo aquel grande y terrible desierto que habéis visto, por el camino del monte del Amorrheo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó; y llegamos hasta Cades-barnea. 20Entonces os dije: Llegado habéis al monte del Amorrheo, el cual Jehová nuestro Dios nos da. 21Mira, Jehová tu Dios ha dado delante de ti la tierra: sube y posée la, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes. 22Y llegasteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros, que nos reconozcan la tierra y nos traigan de vuelta razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar. 23Y el dicho me pareció bien: y tomé doce varones de vosotros, un varón por tribu: 24Y se encaminaron, y subieron al monte, y llegaron hasta la arroyada de Escol, y reconocieron la tierra. 25Y tomaron en sus manos del fruto del país, y nos lo trajeron, y diéronnos cuenta, y dijeron: Es buena la tierra que Jehová nuestro Dios nos da. 26Empero no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al dicho de Jehová vuestro Dios; 27Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrecía, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en mano del Amorrheo para destruirnos. 28¿A dónde subimos? Nuestros hermanos han hecho desfallecer nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y muradas hasta el cielo; y también vimos allí hijos de gigantes. 29Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. 30Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos; 31Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis venido a este lugar. 32Y aun con esto no creisteis en Jehová vuestro Dios, 33El cual iba delante de vosotros por el camino, para reconoceros el lugar donde habíais de asentar el campo, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día. 34Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y enojóse, y juró diciendo: 35No verá hombre alguno de estos de esta mala generación, la buena tierra que juré había de dar a vuestros padres, 36Excepto Caleb hijo de Jephone: él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque cumplió en pos de Jehová. 37Y también contra mí se airó Jehová por vosotros, diciendo: Tampoco tú entrarás allá: 38Josué hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá: anímale; porque él la hará heredar a Israel. 39Y vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis serán por presa, y vuestros hijos que no saben hoy bueno ni malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán. 40Y vosotros volveos, y partíos al desierto camino del mar Bermejo. 41Entonces respondisteis y me dijisteis: Pecado hemos contra Jehová; nosotros subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que Jehová nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno de sus armas de guerra, y os apercibisteis para subir al monte. 42Y Jehová me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; porque no seáis heridos delante de vuestros enemigos. 43Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al dicho de Jehová, y persistiendo con altivez, subisteis al monte. 44Y salió el Amorrheo, que habitaba en aquel monte, a vuestro encuentro, y os persiguieron, como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, persiguiéndoos hasta Horma. 45Y volvisteis, y llorasteis delante de Jehová; pero Jehová no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído. 46Y estuvisteis en Cades por muchos días, como en los días que habéis estado.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 80

1Oh Pastor de Israel, escucha: tú que pastoreas como a ovejas a José, que estás entre querubines, resplandece. 2Despierta tu valentía delante de Ephraim, y de Benjamín, y de Manasés, y ven a salvarnos. 3Oh Dios, haznos tornar; y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 4Jehová, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo humearás tú contra la oración de tu pueblo? 5Dísteles a comer pan de lágrimas, y dísteles a beber lágrimas en gran abundancia. 6Pusístenos por contienda a nuestros vecinos: y nuestros enemigos se burlan entre sí. 7Oh Dios de los ejércitos, haznos tornar; y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 8Hiciste venir una vid de Egipto: echaste las gentes, y plantástela. 9Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. 10Los montes fueron cubiertos de su sombra; y sus sarmientos como cedros de Dios. 11Extendió sus vástagos hasta la mar, y hasta el río sus mugrones. 12¿Por qué aportillaste sus vallados, y la vendimian todos los que pasan por el camino? 13Estropeóla el puerco montés, y pacióla la bestia del campo. 14Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora: mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, 15Y la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti corroboraste. 16Quemada a fuego está, asolada: perezcan por la reprensión de tu rostro. 17Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo del hombre que para ti corroboraste. 18Así no nos volveremos de ti: vida nos darás, e invocaremos tu nombre. 19Oh Jehová, Dios de los ejércitos, haznos tornar; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
Lectura 3 de 4 · Personal

Isaías 29

1¡Ay de Ariel, ciudad donde habitó David! Añadid un año a otro, mátense víctimas. 2Mas yo pondré a Ariel en apretura, y será desconsolada y triste; y será a mí como Ariel. 3Porque asentaré campo contra ti en derredor, y te combatiré con ingenios, y levantaré contra ti baluartes. 4Entonces serás humillada, hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz de la tierra como de pitón, y tu habla susurrará desde el polvo. 5Y la muchedumbre de tus extranjeros será como polvo menudo, y la multitud de los fuertes como tamo que pasa; y será repentinamente, en un momento. 6De Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos y con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor. 7Y será como sueño de visión nocturna la multitud de todas las gentes que pelearán contra Ariel, y todos los que pelearán contra ella y sus ingenios, y los que la pondrán en apretura. 8Y será como el que tiene hambre y sueña, y parece que come; mas cuando despierta, su alma está vacía; o como el que tiene sed y sueña, y parece que bebe; mas cuando se despierta, hállase cansado, y su alma sedienta: así será la multitud de todas las gentes que pelearán contra el monte de Sion. 9Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegad; embriagaos, y no de vino; titubead, y no de sidra. 10Porque Jehová extendió sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró vuestros ojos: cubrió vuestros profetas, y vuestros principales videntes. 11Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado. 12Y si se diere el libro al que no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto; él dirá: No sé leer. 13Dice pues el Señor: Porque este pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra, mas su corazón alejó de mí, y su temor para conmigo fue enseñado por mandamiento de hombres: 14Por tanto, he aquí que nuevamente excitaré yo la admiración de este pueblo con un prodigio grande y espantoso; porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la prudencia de sus prudentes. 15¡Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras son en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce? 16Vuestra subversión ciertamente será reputada como el barro del alfarero. ¿La obra dirá de su hacedor, No me hizo; y dirá el vaso de aquel que lo ha formado, No entendió? 17¿No será tornado de aquí a muy poco tiempo el Líbano en Carmelo, y el Carmelo será estimado por bosque? 18Y en aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas. 19Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y los pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel. 20Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será consumido: serán talados todos los que madrugaban a la iniquidad. 21Los que hacían pecar al hombre en palabra; los que armaban lazo al que reprendía en la puerta, y torcieron lo justo en vanidad. 22Por tanto, Jehová que redimió a Abraham, dice así a la casa de Jacob: No será ahora confundido Jacob, ni su rostro se pondrá pálido; 23Porque verá a sus hijos, obra de mis manos en medio de sí, que santificarán mi nombre; y santificarán al Santo de Jacob, y temerán al Dios de Israel. 24Y los errados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.
Lectura 4 de 4 · Personal

3 Juan

1El anciano al muy amado Gaio, al cual yo amo en verdad. 2Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad. 3Ciertamente me gocé mucho cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, así como tú andas en la verdad. 4No tengo yo mayor gozo que este, el oir que mis hijos andan en la verdad. 5Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros, 6Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia: a los cuales si ayudares como conviene según Dios, harás bien. 7Porque ellos partieron por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles. 8Nosotros, pues, debemos recibir a los tales, para que seamos cooperadores a la verdad. 9Yo he escrito a la iglesia: mas Diótrefes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe. 10Por esta causa, si yo viniere, recordaré las obras que hace parlando con palabras maliciosas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y prohibe a los que los quieren recibir, y los echa de la iglesia. 11Amado, no sigas lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien es de Dios: mas el que hace mal, no ha visto a Dios. 12Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la misma verdad: y también nosotros damos testimonio; y vosotros habéis conocido que nuestro testimonio es verdadero. 13Yo tenía muchas cosas que escribirte; empero no quiero escribirte por tinta y pluma: 14Porque espero verte en breve, y hablaremos boca a boca. Paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos por nombre.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Deuteronomio 1 · Salmo 80
Personales
Isaías 29 · 3 Juan