Lectura 1 de 4 · En familia

Josué 1

1Y aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo: 2Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. 3Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. 4Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los Hetheos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término. 5Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida: como yo fui con Moisés, seré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. 6Esfuérzate y sé valiente: porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. 7Solamente te esfuerces, y seas muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó: no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres. 8El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. 9Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres. 10Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: 11Pasad por medio del campo, y mandad al pueblo, diciendo: Preveníos de comida; porque dentro de tres días pasaréis el Jordán, para que entréis a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da para que la poseáis. 12También habló Josué a los Rubenitas y Gaditas, y a la media tribu de Manasés, diciendo: 13Acordaos de la palabra que Moisés, siervo de Jehová, os mandó diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra. 14Vuestras mujeres y vuestros niños y vuestras bestias, quedarán en la tierra que Moisés os ha dado de esta parte del Jordán; mas vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y les ayudaréis; 15Hasta tanto que Jehová haya dado reposo a vuestros hermanos como a vosotros, y que ellos también posean la tierra que Jehová vuestro Dios les da: y después volveréis vosotros a la tierra de vuestra herencia, la cual Moisés siervo de Jehová os ha dado, de esta parte del Jordán hacia donde nace el sol; y la poseeréis. 16Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adonde quiera que nos mandares. 17De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti: solamente Jehová tu Dios sea contigo, como fue con Moisés. 18Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandares, que muera; solamente que te esfuerces, y seas valiente.
Lectura 2 de 4 · En familia

Salmo 119:145-176

145Clamé con todo mi corazón; respóndeme, Jehová, y guardaré tus estatutos. 146A ti clamé; sálvame, y guardaré tus testimonios. 147Anticipéme al alba, y clamé: esperé en tu palabra. 148Previnieron mis ojos las vigilias de la noche, para meditar en tus dichos. 149Oye mi voz conforme a tu misericordia; oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio. 150Acercáronse a la maldad los que me persiguen; alejáronse de tu ley. 151Cercano estás tú, oh Jehová; y todos tus mandamientos son verdad. 152Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos, que para siempre los fundaste. 153Mira mi aflicción, y líbrame; porque de tu ley no me he olvidado. 154Aboga mi causa, y redímeme: vivifícame con tu dicho. 155Lejos está de los impíos la salud; porque no buscan tus estatutos. 156Muchas son tus misericordias, oh Jehová: vivifícame conforme a tus juicios. 157Muchos son mis perseguidores y mis enemigos; mas de tus testimonios no me he apartado. 158Veía a los prevaricadores, y carcomíame; porque no guardaban tus palabras. 159Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos: vivifícame conforme a tu misericordia. 160El principio de tu palabra es verdad; y eterno es todo juicio de tu justicia. 161Príncipes me han perseguido sin causa; mas mi corazón tuvo temor de tus palabras. 162Gózome yo en tu palabra, como el que halla muchos despojos. 163La mentira aborrezco y abomino: tu ley amo. 164Siete veces al día te alabo sobre los juicios de tu justicia. 165Mucha paz tienen los que aman tu ley; y no hay para ellos tropiezo. 166Tu salud he esperado, oh Jehová; y tus mandamientos he puesto por obra. 167Mi alma ha guardado tus testimonios, y helos amado en gran manera. 168Guardado he tus mandamientos y tus testimonios; porque todos mis caminos están delante de ti. 169Acérquese mi clamor delante de ti, oh Jehová: dame entendimiento conforme a tu palabra. 170Venga mi oración delante de ti: líbrame conforme a tu dicho. 171Mis labios rebosarán alabanza, cuando me enseñares tus estatutos. 172Hablará mi lengua tus dichos; porque todos tus mandamientos son justicia. 173Sea tu mano en mi socorro; porque tus mandamientos he escogido. 174Deseado he tu salud, oh Jehová; y tu ley es mi delicia. 175Viva mi alma y alábete; y tus juicios me ayuden. 176Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo; porque no me he olvidado de tus mandamientos.
Lectura 3 de 4 · Personal

Isaías 61

1El espíritu del Señor Jehová es sobre mí, porque me ungió Jehová; hame enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos abertura de la cárcel; 2A promulgar año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; 3A ordenar a Sion a los enlutados, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. 4Y edificarán los desiertos antiguos, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades asoladas, los asolamientos de muchas generaciones. 5Y estarán extranjeros, y apacentarán vuestras ovejas, y los extraños serán vuestros labradores y vuestros viñadores. 6Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros del Dios nuestro seréis dichos: comeréis las riquezas de las gentes, y con su gloria seréis sublimes. 7En lugar de vuestra doble confusión, y de vuestra deshonra, os alabarán en sus heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doblado, y tendrán perpetuo gozo. 8Porque yo Jehová soy amador del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto; por tanto afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo. 9Y la simiente de ellos será conocida entre las gentes, y sus renuevos en medio de los pueblos; todos los que los vieren, los conocerán, que son simiente bendita de Jehová. 10En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió de vestidos de salud, rodeóme de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia compuesta de sus joyas. 11Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente, así el Señor Jehová hará brotar justicia y alabanza delante de todas las gentes.
Lectura 4 de 4 · Personal

Mateo 9

1Entonces entrando en el barco, pasó a la otra parte, y vino a su ciudad. 2Y he aquí le trajeron un paralítico, echado en una cama: y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo; tus pecados te son perdonados. 3Y he aquí, algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. 4Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y anda? 6Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. 7Entonces él se levantó y se fue a su casa. 8Y las gentes, viéndolo, se maravillaron, y glorificaron a Dios, que había dado tal potestad a los hombres. 9Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió. 10Y aconteció que estando él sentado a la mesa en casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11Y viendo esto los Fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12Y oyéndolo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: porque no he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento. 14Entonces los discípulos de Juan vienen a él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? 15Y Jesús les dijo: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? mas vendrán días cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán. 16Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. 17Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente. 18Hablando él estas cosas a ellos, he aquí vino un principal, y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco ha: mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. 19Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos. 20Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años había, llegándose por detrás, tocó la franja de su vestido: 21Porque decía entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré salva. 22Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Confía, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora. 23Y llegado Jesús a casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la gente que hacía bullicio, 24Díceles: Apartaos, que la muchacha no es muerta, mas duerme. Y se burlaban de él. 25Y como la gente fue echada fuera, entró, y tomóla de la mano, y se levantó la muchacha. 26Y salió esta fama por toda aquella tierra. 27Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David. 28Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor. 29Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. 31Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra. 32Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado. 33Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel. 34Mas los Fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. 35Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo. 36Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor. 37Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Josué 1 · Salmo 119:145-176
Personales
Isaías 61 · Mateo 9