Lectura 1 de 4 · En familia
Deuteronomio 3
1Y volvimos, y subimos camino de Basán, y saliónos al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei. 2Y díjome Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, y su tierra: y harás con él como hiciste con Sehón rey Amorrheo, que habitaba en Hesbón. 3Y Jehová nuestro Dios entregó también en nuestra mano a Og rey de Basán, y a todo su pueblo, al cual herimos hasta no quedar de él ninguno. 4Y tomamos entonces todas sus ciudades; no quedó ciudad que no les tomásemos: sesenta ciudades, toda la tierra de Argob, del reino de Og en Basán. 5Todas estas eran ciudades fortalecidas con alto muro, con puertas y barras; sin otras muy muchas ciudades sin muro. 6Y destruímoslas, como hicimos a Sehón rey de Hesbón, destruyendo en toda ciudad hombres, mujeres, y niños. 7Y tomamos para nosotros todas las bestias, y los despojos de las ciudades. 8También tomamos en aquel tiempo de mano de dos reyes Amorrheos que estaban de esta parte del Jordán, la tierra desde el arroyo de Arnón hasta el monte de Hermón: 9(Los Sidonios llaman a Hermón Sirión; y los Amorrheos, Senir:) 10Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad, y todo Basán hasta Salchâ y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán. 11Porque solo Og rey de Basán había quedado de los gigantes que quedaron. He aquí su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabbath de los hijos de Ammón?; la longitud de ella de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, al codo de un hombre. 12Y esta tierra que heredamos entonces desde Aroer, que está al arroyo de Arnón, y la mitad del monte de Galaad con sus ciudades, di a los Rubenitas y a los Gaditas: 13Y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og, di lo a la media tribu de Manasés; toda la tierra de Argob, todo Basán, que se llamaba la tierra de los gigantes. 14Jair hijo de Manasés tomó toda la tierra de Argob hasta el término de Gessuri y Machâti; y llamóla de su nombre Basán-havoth-jair, hasta hoy. 15Y a Machîr di a Galaad. 16Y a los Rubenitas y Gaditas di de Galaad hasta el arroyo de Arnón, el medio del arroyo por término; hasta el arroyo de Jaboc, término de los hijos de Ammón: 17Asimismo la campiña, y el Jordán, y el término, desde Cinereth hasta la mar del llano, el mar Salado, las vertientes abajo del Pisga al oriente. 18Y os mandé entonces, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra para que la poseáis: pasaréis armados delante de vuestros hermanos los hijos de Israel todos los valientes. 19Solamente vuestras mujeres, vuestros niños, y vuestros ganados, (yo sé que tenéis mucho ganado,) quedarán en vuestras ciudades que os he dado, 20Hasta que Jehová dé reposo a vuestros hermanos, así como a vosotros, y hereden también ellos la tierra que Jehová vuestro Dios les da a la otra parte del Jordán: entonces os volveréis cada uno a su heredad que yo os he dado. 21Mandé también a Josué entonces, diciendo: Tus ojos vieron todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho a aquellos dos reyes: así hará Jehová a todos los reinos a los cuales pasarás tú. 22No los temáis; que Jehová vuestro Dios, él es el que pelea por vosotros. 23Y oré a Jehová en aquel tiempo, diciendo: 24Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano fuerte: porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga según tus obras, y según tus valentías? 25Pase yo, ruégote, y vea aquella tierra buena, que está a la parte allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano. 26Mas Jehová se había enojado contra mí por causa de vosotros, por lo cual no me oyó: y díjome Jehová: Bástate, no me hables más de este negocio. 27Sube a la cumbre del Pisga, y alza tus ojos al occidente, y al aquilón, y al mediodía, y al oriente, y ve por tus ojos: porque no pasarás este Jordán. 28Y manda a Josué, y anímalo, y confórtalo; porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que verás. 29Y paramos en el valle delante de Beth-peor.
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Salmos 83-84 (cap. 83)
1Oh Dios, no tengas silencio: no calles, oh Dios, ni te estés quieto. 2Porque he aquí que braman tus enemigos; y tus aborrecedores han alzado cabeza. 3Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus escondidos. 4Han dicho: Venid, y cortémoslos de ser pueblo, y no haya más memoria del nombre de Israel. 5Por esto han conspirado de corazón a una, contra ti han hecho liga; 6Los pabellones de los Idumeos y de los Ismaelitas, Moab y los Agarenos; 7Gebal, y Ammón, y Amalec; los Filisteos con los habitadores de Tiro. 8También el Assur se ha juntado con ellos: son por brazo a los hijos de Lot. (Selah.) 9Hazles como a Madián; como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón; 10Que perecieron en Endor, fueron hechos muladar de la tierra. 11Pon a ellos y a sus capitanes como a Oreb y como a Zeeb; y como a Zeba y como a Zalmunna, a todos sus príncipes; 12Que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios. 13Dios mío, ponlos como a torbellinos; como a hojarascas delante del viento. 14Como fuego que quema el monte, como llama que abrasa las breñas. 15Persíguelos así con tu tempestad, y asómbralos con tu torbellino. 16Llena sus rostros de vergüenza; y busquen tu nombre, oh Jehová. 17Sean afrentados y turbados para siempre; y sean deshonrados, y perezcan. 18Y conozcan que tu nombre es JEHOVÁ; tú solo Altísimo sobre toda la tierra.
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Salmos 83-84 (cap. 84)
1¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! 2Codicia y aun ardientemente desea mi alma los atrios de Jehová: mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. 3Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus pollos en tus altares, oh Jehová de los ejércitos, rey mío, y Dios mío. 4Bienaventurados los que habitan en tu casa: perpetuamente te alabarán. (Selah.) 5Bienaventurado el hombre que tiene su fortaleza en ti; en cuyo corazón están tus caminos. 6Atravesando el valle de Baca pónenle por fuente, cuando la lluvia llena los estanques. 7Irán de fortaleza en fortaleza, verán a Dios en Sion. 8Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración: escucha, oh Dios de Jacob. (Selah.) 9Mira, oh Dios, escudo nuestro, y pon los ojos en el rostro de tu ungido. 10Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos: escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad. 11Porque sol y escudo es Jehová Dios: gracia y gloria dará Jehová: no quitará el bien a los que en integridad andan. 12Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía.
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Isaías 31
1¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en caballeros, porque son valientes; y no miraron al Santo de Israel, ni buscaron a Jehová! 2Mas él también es sabio, y traerá el mal, y no retirará sus palabras. Levantaráse pues contra la casa de los malignos, y contra el auxilio de los obradores de iniquidad. 3Y los Egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y no espíritu: de manera que en extendiendo Jehová su mano, caerá el ayudador, y caerá el ayudado, y todos ellos desfallecerán a una. 4Porque Jehová me dijo a mí de esta manera: Como el león y el cachorro del león brama sobre su presa, y si se llega contra él cuadrilla de pastores, no temerá por sus voces, ni se acobardará por el tropel de ellos: así Jehová de los ejércitos descenderá a pelear por el monte de Sion, y por su collado. 5Como las aves que vuelan, así amparará Jehová de los ejércitos a Jerusalem, amparando, librando, pasando, y salvando. 6Convertíos a aquel contra quien los hijos de Israel profundamente se rebelaron. 7Porque en aquel día arrojará el hombre sus ídolos de plata, y sus ídolos de oro, que para vosotros han hecho vuestras manos pecadoras. 8Entonces caerá el Assur por cuhillo, no de varón; y consumirálo espada, no de hombre; y huirá de la presencia de la espada, y sus mancebos serán tributarios. 9Y de miedo pasará su fortaleza, y sus príncipes tendrán pavor de la bandera, dice Jehová, cuyo fuego está en Sion, y su horno en Jerusalem.
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Apocalipsis 1
1La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder presto; y la declaró, enviándo la por su ángel a Juan su siervo, 2El cual ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. 3Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas: porque el tiempo está cerca. 4Juan a las siete iglesias que están en Asia: Gracia sea con vosotros, y paz del que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono; 5Y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre, 6Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a él sea gloria e imperio para siempre jamás. Amén. 7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén. 8Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. 9Yo Juan, vuestro hermano, y participante en la tribulación y en el reino, y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla que es llamada Patmos, por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. 10Yo fui en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, 11Que decía: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envía lo a las siete iglesias que están en Asia; a Efeso, y a Smirna, y a Pérgamo, y a Tiatira, y a Sardis, y a Filadelfia, y a Laodicea. 12Y me volví a ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, vi siete candeleros de oro; 13Y en medio de los siete candeleros, uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por los pechos con una cinta de oro. 14Y su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; y sus ojos como llama de fuego; 15Y sus pies semejantes al latón fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas. 16Y tenía en su diestra siete estrellas: y de su boca salía una espada aguda de dos filos. Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. 17Y cuando yo le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas: yo soy el primero y el último; 18Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte: 19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas: 20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y los siete candeleros de oro. Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias; y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Deuteronomio 3 · Salmos 83-84
Personales
Isaías 31 · Apocalipsis 1