Lectura 1 de 4 · En familia
2 Crónicas 3-4 (cap. 3)
1Y comenzó Salomón a edificar la casa en Jerusalem, en el monte Moria que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán Jebuseo. 2Y comenzó a edificar en el mes segundo, a dos del mes, en el cuarto año de su reinado. 3Estas son las medidas de que Salomón fundó el edificio de la casa de Dios. La primera medida fue, la longitud de sesenta codos; y la anchura de veinte codos. 4El pórtico que estaba en la delantera de la longitud, era de veinte codos al frente del ancho de la casa, y su altura de ciento y veinte: y cubriólo por dentro de oro puro. 5Y techó la casa mayor con madera de haya, la cual cubrió de buen oro, e hizo resaltar sobre ella palmas y cadenas. 6Cubrió también la casa de piedras preciosas por excelencia: y el oro era oro de Parvaim. 7Así cubrió la casa, sus vigas, sus umbrales, sus paredes, y sus puertas, con oro; y esculpió querubines por las paredes. 8Hizo asimismo la casa del lugar santísimo, cuya longitud era de veinte codos según el ancho del frente de la casa, y su anchura de veinte codos: y cubrióla de buen oro que ascendía a seiscientos talentos. 9Y el peso de los clavos tuvo cincuenta siclos de oro. Cubrió también de oro las salas. 10Y dentro del lugar santísimo hizo dos querubines de forma de niños, los cuales cubrieron de oro. 11El largo de las alas de los querubines era de veinte codos: porque la una ala era de cinco codos: la cual llegaba hasta la pared de la casa; y la otra ala de cinco codos, la cual llegaba al ala del otro querubín. 12De la misma manera la una ala del otro querubín era de cinco codos: la cual llegaba hasta la pared de la casa; y la otra ala era de cinco codos, que tocaba al ala del otro querubín. 13Así las alas de estos querubines estaban extendidas por veinte codos: y ellos estaban en pie con los rostros hacia la casa. 14Hizo también el velo de cárdeno, púrpura, carmesí y lino, e hizo resaltar en él querubines. 15Delante de la casa hizo dos columnas de treinta y cinco codos de longitud, con sus capiteles encima, de cinco codos. 16Hizo asimismo cadenas en el oratorio, y púsolas sobre los capiteles de las columnas: e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas. 17Y asentó las columnas delante del templo, la una a la mano derecha, y la otra a la izquierda; y a la de la mano derecha llamó Jachîn, y a la de la izquierda, Boaz.
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2 Crónicas 3-4 (cap. 4)
1Hizo además un altar de bronce de veinte codos de longitud, y veinte codos de anchura, y diez codos de altura. 2También hizo un mar de fundición, el cual tenía diez codos del un borde al otro, enteramente redondo: su altura era de cinco codos, y una línea de treinta codos lo ceñía alrededor. 3Y debajo de él había figuras de bueyes que lo circundaban, diez en cada codo todo alrededor: eran dos órdenes de bueyes fundidos juntamente con el mar. 4Y estaba asentado sobre doce bueyes, tres de los cuales miraban al septentrión, y tres al occidente, y tres al mediodía, y tres al oriente: y el mar asentaba sobre ellos, y todas sus traseras estaban a la parte de adentro. 5Y tenía de grueso un palmo, y el borde era de la hechura del borde de un cáliz, o flor de lis. Y hacía tres mil batos. 6Hizo también diez fuentes, y puso cinco a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar y limpiar en ellas la obra del holocausto; mas el mar era para lavarse los sacerdotes en él. 7Hizo asimismo diez candeleros de oro según su forma, los cuales puso en el templo, cinco a la derecha, y cinco a la izquierda. 8Además hizo diez mesas y púsolas en el templo, cinco a la derecha, y cinco a la izquierda: igualmente hizo cien tazones de oro. 9A más de esto hizo el atrio de los sacerdotes, y el gran atrio, y las portadas del atrio, y cubrió las puertas de ellas de bronce. 10Y asentó el mar al lado derecho hacia el oriente, enfrente del mediodía. 11Hizo también Hiram calderos, y palas, y tazones; y acabó Hiram la obra que hacía al rey Salomón para la casa de Dios; 12Dos columnas, y los cordones, los capiteles sobre las cabezas de las dos columnas, y dos redes para cubrir las dos bolas de los capiteles que estaban encima de las columnas; 13Cuatrocientas granadas en las dos redecillas, dos órdenes de granadas en cada redecilla, para que cubriesen las dos bolas de los capiteles que estaban encima de las columnas. 14Hizo también las basas, sobre las cuales asentó las fuentes; 15Un mar, y doce bueyes debajo de él; 16Y calderos, y palas, y garfios; y todos sus enseres hizo Hiram su padre al rey Salomón para la casa de Jehová, de metal purísimo. 17Y fundiólos el rey en los llanos del Jordán, en tierra arcillosa, entre Suchôt y Seredat. 18Y Salomón hizo todos estos vasos en grande abundancia, porque no pudo ser hallado el peso del metal. 19Así hizo Salomón todos los vasos para la casa de Dios, y el altar de oro, y las mesas sobre las cuales se ponían los panes de la proposición; 20Asimismo los candeleros y sus candilejas, de oro puro, para que las encendiesen delante del oratorio conforme a la costumbre. 21Y las flores, y las lamparillas, y las despabiladeras se hicieron de oro, de oro perfecto; 22También los platillos, y las jofainas, y las cucharas, y los incensarios, de oro puro. Cuanto a la entrada de la casa, sus puertas interiores para el lugar santísimo, y las puertas de la casa del templo, de oro.
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1 Juan 3
1Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él. 2Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es. 3Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él también es limpio. 4Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley. 5Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. 6Cualquiera que permanece en él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. 7Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él también es justo. 8El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 9Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. 10En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. 11Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. 12No como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. 13Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece. 14Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, está en muerte. 15Cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí. 16En esto hemos conocido el amor, porque él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 17Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él? 18Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad. 19Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de él. 20Porque si nuestro corazón nos reprendiere, mayor es Dios que nuestro corazón, y conoce todas las cosas. 21Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; 22Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. 23Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. 24Y el que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.
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Nahúm 2
1Subió destruidor contra ti: guarda la fortaleza, mira el camino, fortifica los lomos, fortalece mucho la fuerza. 2Porque Jehová restituirá la gloria de Jacob como la gloria de Israel; porque vaciadores los vaciaron, y estropearon sus mugrones. 3El escudo de sus valientes será bermejo, los varones de su ejército vestidos de grana: el carro como fuego de hachas; el día que se aparejará, temblarán las hayas. 4Los carros se precipitarán a las plazas, discurrirán por las calles: su aspecto como hachas encendidas; correrán como relámpagos. 5Acordaráse él de sus valientes; andando tropezarán; se apresurarán a su muro, y la cubierta se aparejará. 6Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruído. 7Y la reina fue cautiva; mandarle han que suba, y sus criadas la llevarán gimiendo como palomas, batiendo sus pechos. 8Y fue Nínive de tiempo antiguo como estanque de aguas; mas ellos huyen: Parad, parad; y ninguno mira. 9Saquead plata, saquead oro: no hay fin de las riquezas y suntuosidad de todo ajuar de codicia. 10Vacía, y agotada, y despedazada está, y el corazón derretido: batimiento de rodillas, y dolor en todos riñones, y los rostros de todos tomarán negrura. 11¿Qué es de la morada de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león, y la leona, y los cachorros del león, y no había quien les pusiese miedo? 12El león arrebataba en abundancia para sus cachorros, y ahogaba para sus leonas, y henchía de presa sus cavernas, y de robo sus moradas. 13Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos. Encenderé y reduciré a humo tus carros, y espada devorará tus leoncillos; y raeré de la tierra tu robo, y nunca más se oirá voz de tus embajadores.
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Lucas 18
1Y propúsoles también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar, 2Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. 3Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él diciendo: Hazme justicia de mi adversario. 4Pero él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, 5Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela. 6Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto. 7¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos? 8Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra? 9Y dijo también a unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban a los otros, esta parábola: 10Dos hombres subieron al templo a orar: el uno Fariseo, el otro publicano. 11El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. 13Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí pecador. 14Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado. 15Y traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reñían. 16Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir a mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios. 17De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 18Y preguntóle un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna? 19Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino solo Dios. 20Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra a tu padre y a tu madre. 21Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud. 22Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 23Entonces él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico. 24Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios. 26Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo? 27Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios. 28Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido. 29Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, 30Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. 31Y Jesús, tomando a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre. 32Porque será entregado a las gentes, y será escarnecido, e injuriado, y escupido. 33Y después que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer día resucitará. 34Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía. 35Y aconteció que acercándose él a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; 36El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello. 37Y dijéronle que pasaba Jesús Nazareno. 38Entonces dio voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. 39Y los que iban delante, le reñían que callase; mas él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí. 40Jesús entonces parándose, mandó traerle a sí: y como él llegó, le preguntó, 41Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea. 42Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo. 43Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios: y todo el pueblo como lo vio, dio a Dios alabanza.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Crónicas 3-4 · 1 Juan 3
Personales
Nahúm 2 · Lucas 18