Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 16
1Y partiendo de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. 2Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; 3Y decíanles los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de las carnes, cuando comíamos pan en hartura; pues nos habéis sacado a este desierto, para matar de hambre a toda esta multitud. 4Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día, para que yo le pruebe si anda en mi ley, o no. 5Mas al sexto día aparejarán lo que han de encerrar, que será el doble de lo que solían coger cada día. 6Entonces dijo Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto: 7Y a la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; que nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? 8Y dijo Moisés: Jehová os dará a la tarde carne para comer, y a la mañana pan en hartura; por cuanto Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él: que nosotros, ¿qué somos? vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová. 9Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová; que él ha oído vuestras murmuraciones. 10Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová, que apareció en la nube. 11Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 12Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Entre las dos tardes comeréis carne, y por la mañana os hartaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios. 13Y venida la tarde subieron codornices que cubrieron el real; y a la mañana descendió rocío en derredor del real. 14Y como el rocío cesó de descender, he aquí sobre la haz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una helada sobre la tierra. 15Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer. 16Esto es lo que Jehová ha mandado: cogeréis de él cada uno según pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda. 17Y los hijos de Israel lo hicieron así: y recogieron unos más, otros menos: 18Y medíanlo por gomer, y no sobraba al que había recogido mucho, ni faltaba al que había recogido poco: cada uno recogió conforme a lo que había de comer. 19Y díjoles Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. 20Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crio gusanos, y pudrióse; y enojóse contra ellos Moisés. 21Y recogíanlo cada mañana, cada uno según lo que había de comer: y luego que el sol calentaba, derretíase. 22En el sexto día recogieron doblada comida, dos gomeres para cada uno: y todos los príncipes de la congregación vinieron a Moisés, y se lo hicieron saber. 23Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová: lo que hubiereis de cocer, cocedlo hoy, y lo que hubiereis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. 24Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según que Moisés había mandado, y no se pudrió, ni hubo en él gusano. 25Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es sábado de Jehová: hoy no hallaréis en el campo. 26En los seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es sábado, en el cual no se hallará. 27Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. 28Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? 29Mirad que Jehová os dio el sábado, y por eso os da en el sexto día pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día. 30Así el pueblo reposó el séptimo día. 31Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como simiente de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel. 32Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Henchirás un gomer de él para que se guarde para vuestros descendientes, a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto. 33Y dijo Moisés a Aarón: Toma un vaso, y pon en él un gomer lleno de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes. 34Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó a Moisés. 35Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que entraron en la tierra habitada: maná comieron hasta que llegaron al término de la tierra de Canaán. 36Y un gomer es la décima parte del epha.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 19
1Y habiendo entrado Jesús, iba pasando por Jericó; 2Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico; 3Y procuraba ver a Jesús quién fuese; mas no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. 4Y corriendo delante, subióse a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5Y como vino a aquel lugar Jesús, mirando, le vio, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa. 6Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso. 7Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. 8Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto. 9Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. 10Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. 11Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios. 12Dijo pues: Un hombre noble partió a una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver. 13Mas llamados diez siervos suyos, les dio diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo. 14Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros. 15Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar a sí a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades. 18Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas. 19Y también a este dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. 20Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo: 21Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23¿Por qué, pues, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro? 24Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26Pues yo os digo que a cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. 27Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí. 28Y dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalem. 29Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos, 30Diciendo: Id a la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo. 31Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester. 32Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. 33Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? 34Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester. 35Y trajéronlo a Jesús; y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron a Jesús encima. 36Y yendo él tendían sus capas por el camino. 37Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto, 38Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo! 39Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 40Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras clamarán. 41Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella, 42Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos. 43Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho, 44Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. 45Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él. 46Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 47Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle. 48Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 34
1Además respondió Eliú, y dijo: 2Oid, sabios, mis palabras; y vosotros, doctos, estadme atentos. 3Porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta para comer. 4Escojamos para nosotros el juicio, conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno: 5Porque Job ha dicho: Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho. 6¿He de mentir yo contra mi razón? Mi saeta es gravosa sin haber yo prevaricado. 7¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua? 8Y va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con los hombres maliciosos. 9Porque ha dicho: De nada servirá al hombre el conformar su voluntad con Dios. 10Por tanto, varones de seso, oidme: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad. 11Porque él pagará al hombre según su obra, y él le hará hallar conforme a su camino. 12Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, y el Omnipotente no pervertirá el derecho. 13¿Quién visitó por él la tierra? ¿y quién puso en orden todo el mundo? 14Si él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento, 15Toda carne perecería juntamente, y el hombre se tornaría en polvo. 16Si pues hay en ti entendimiento, oye esto: escucha la voz de mis palabras. 17¿Enseñorearáse el que aborrece juicio? ¿y condenarás tú al que es tan justo? 18¿Hase de decir al rey: Perverso; y a los príncipes: Impíos? 19¿ Cuánto menos a aquel que no hace acepción de personas de príncipes, ni el rico es de él más respetado que el pobre? porque todos son obras de sus manos. 20En un momento morirán, y a media noche se alborotarán los pueblos, y pasarán, y sin mano será quitado el poderoso. 21Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos. 22No hay tinieblas ni sombra de muerte donde se encubran los que obran maldad. 23No carga pues él al hombre más de lo justo, para que vaya con Dios a juicio. 24El quebrantará a los fuertes sin pesquisa, y hará estar otros en su lugar. 25Por tanto él hará notorias las obras de ellos, cuando los trastornará en la noche, y serán quebrantados. 26Como a malos los herirá en lugar donde sean vistos: 27Por cuanto así se apartaron de él, y no consideraron todos sus caminos; 28Haciendo venir delante de él el clamor del pobre, y que oiga el clamor de los necesitados. 29Y si él diere reposo, ¿quién inquietará? si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará? Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre; 30Haciendo que no reine el hombre hipócrita para vejaciones del pueblo. 31De seguro conviene se diga a Dios: Llevado he ya castigo, no más ofenderé: 32Enséñame tú lo que yo no veo: que si hice mal, no lo haré más. 33¿ Ha de ser eso según tu mente? El te retribuirá, ora rehuses, ora aceptes, y no yo: di si no, lo que tú sabes. 34Los hombres de seso dirán conmigo, y el hombre sabio me oirá: 35Que Job no habla con sabiduría, y que sus palabras no son con entendimiento. 36Deseo yo que Job sea probado ampliamente, a causa de sus respuestas por los hombres inicuos. 37Porque a su pecado añadió impiedad: bate las manos entre nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras.
Lectura 4 de 4 · Personal
2 Corintios 4
1Por lo cual teniendo nosotros esta administración según la misericordia que hemos alcanzado, no desmayamos; 2Antes quitamos los escondrijos de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por manifestación de la verdad encomendándonos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios. 3Que si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto: 4En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Señor; y nosotros vuestros siervos por Jesús. 6Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 7Tenemos empero este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros: 8Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos; 9Perseguidos, mas no desamparados; abatidos, mas no perecemos; 10Llevando siempre por todas partes la muerte de Jesús en el cuerpo, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestros cuerpos. 11Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal. 12De manera que la muerte obra en nosotros, y en vosotros la vida. 13Empero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual también hablé: nosotros también creemos, por lo cual también hablamos; 14Estando ciertos que el que levantó al Señor Jesús, a nosotros también nos levantará por Jesús, y nos pondrá con vosotros. 15Porque todas estas cosas padecemos por vosotros, para que abundando la gracia por muchos, en el hacimiento de gracias sobreabunde a gloria de Dios. 16Por tanto, no desmayamos: antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día. 17Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria; 18No mirando nosotros a las cosas que se ven, sino a las que no se ven: porque las cosas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 16 · Lucas 19
Personales
Job 34 · 2 Corintios 4