Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 11
1Era entonces toda la tierra de una lengua y unas mismas palabras. 2Y aconteció que, como se partieron de oriente, hallaron una vega en la tierra de Shinar, y asentaron allí. 3Y dijeron los unos a los otros: Vaya, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y fuéles el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. 4Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. 5Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. 6Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un lenguaje: y han comenzado a obrar, y nada les retraerá ahora de lo que han pensando hacer. 7Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas, para que ninguno entienda el habla de su compañero. 8Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 9Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra. 10Estas son las generaciones de Sem: Sem, de edad de cien años, engendró a Arphaxad, dos años después del diluvio. 11Y vivió Sem, después que engendró a Arphaxad, quinientos años, y engendró hijos e hijas. 12Y Arphaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sala. 13Y vivió Arphaxad, después que engendró a Sala, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas. 14Y vivió Sala treinta años, y engendró a Heber. 15Y vivió Sala, después que engendró a Heber, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas. 16Y vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró a Peleg. 17Y vivió Heber, después que engendró a Peleg, cuatrocientos y treinta años, y engendró hijos e hijas. 18Y vivió Peleg treinta años, y engendró a Reu. 19Y vivió Peleg, después que engendró a Reu, doscientos y nueve años, y engendró hijos e hijas. 20Y Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Serug. 21Y vivió Reu, después que engendró a Serug, doscientos y siete años, y engendró hijos e hijas. 22Y vivió Serug treinta años, y engendró a Nachôr. 23Y vivió Serug, después que engendró a Nachôr, doscientos años, y engendró hijos e hijas. 24Y vivió Nachôr veintinueve años, y engendró a Thare. 25Y vivió Nachôr, después que engendró a Thare, ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas. 26Y vivió Thare setenta años, y engendró a Abram, y a Nachôr, y a Harán. 27Estas son las generaciones de Thare: Thare engendró a Abram, y a Nachôr, y a Harán; y Harán engendró a Lot. 28Y murió Harán antes que su padre Thare en la tierra de su naturaleza, en Ur de los Caldeos. 29Y tomaron Abram y Nachôr para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram fue Sarai, y el nombre de la mujer de Nachôr, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca. 30Mas Sarai fue estéril, y no tenía hijo. 31Y tomó Thare a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo: y salió con ellos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán: y vinieron hasta Harán, y asentaron allí. 32Y fueron los días de Thare doscientos y cinco años; y murió Thare en Harán.
Lectura 2 de 4 · En familia
Mateo 10
1Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia. 2Y los nombres de los doce apóstoles son estos: el primero, Simón, que es dicho Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; 3Felipe, y Bartolomé; Tomás, y Mateo el publicano; Jacobo hijo de Alfeo, y Lebeo, por sobrenombre Tadeo; 4Simón el Cananita y Judas Iscariote, que también le entregó. 5A estos doce envió Jesús, a los cuales dio mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis; 6Mas id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia. 9No aprestéis oro, ni plata, ni cobre en vuestras bolsas; 10Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordón; porque el obrero digno es de su alimento. 11Mas en cualquier ciudad, o aldea donde entrareis, investigad quién sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgáis. 12Y entrando en la casa, saludadla. 13Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. 14Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. 15De cierto os digo, que el castigo será más tolerable a la tierra de los de Sodoma y de los de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad. 16He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. 17Y guardaos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán; 18Y aun a príncipes y a reyes seréis llevados por causa de mí, por testimonio a ellos y a los Gentiles. 19Mas cuando os entregaren, no os apuréis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado qué habéis de hablar. 20Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. 21Y el hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. 22Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que soportare hasta el fin, este será salvo. 23Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a la otra: porque de cierto os digo, que no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre. 24El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto más a los de su casa? 26Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído predicadlo desde los terrados. 28Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed antes a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. 29¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31Así que, no temáis: más valéis vosotros que muchos pajarillos. 32Cualquiera pues, que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. 33Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre que está en los cielos. 34No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada. 35Porque he venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra. 36Y los enemigos del hombre serán los de su casa. 37El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. 38Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. 40El que os recibe a vosotros, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió. 41El que recibe profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibirá; y el que recibe justo en nombre de justo, merced de justo recibirá. 42Y cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su recompensa.
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Esdras 10
1Y orando Esdras y confesando, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, juntóse a él una muy grande multitud de Israel, hombres y mujeres y niños; y lloraba el pueblo con gran llanto. 2Entonces respondió Sechânías hijo de Jehiel, de los hijos de Elam, y dijo a Esdras: Nosotros hemos prevaricado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra: mas hay aún esperanza para Israel sobre esto. 3Ahora pues hagamos pacto con nuestro Dios, que echaremos todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo del Señor, y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios: y hágase conforme a la ley. 4Levántate, porque a ti toca el negocio, y nosotros seremos contigo; esfuérzate, y ponlo por obra. 5Entonces se levantó Esdras, y juramentó a los príncipes de los sacerdotes y de los Levitas, y a todo Israel, que harían conforme a esto; y ellos juraron. 6Levantóse luego Esdras de delante la casa de Dios, y fuése a la cámara de Johanán hijo de Eliasib: e ido allá, no comió pan ni bebió agua, porque se entristeció sobre la prevaricación de los de la transmigración. 7E hicieron pasar pregón por Judá y por Jerusalem a todos los hijos de la transmigración, que se juntasen en Jerusalem: 8Y que el que no viniera dentro de tres días, conforme al acuerdo de los príncipes y de los ancianos, perdiese toda su hacienda, y él fuese apartado de la compañía de los de la transmigración. 9Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalem dentro de tres días, a los veinte del mes, el cual era el mes noveno; y sentóse todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, temblando con motivo de aquel negocio, y a causa de las lluvias. 10Y levantóse Esdras el sacerdote, y díjoles: Vosotros habéis prevaricado, por cuanto tomasteis mujeres extrañas, añadiendo así sobre el pecado de Israel. 11Ahora pues, dad gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras. 12Y respondió todo aquel concurso, y dijeron en alta voz: Así se haga conforme a tu palabra. 13Mas el pueblo es mucho, y el tiempo lluvioso, y no hay fuerza para estar en la calle: ni la obra es de un día ni de dos, porque somos muchos los que hemos prevaricado en este negocio. 14Estén ahora nuestros príncipes, los de toda la congregación; y todos aquellos que en nuestras ciudades hubieren tomado mujeres extranjeras, vengan a tiempos aplazados, y con ellos los ancianos de cada ciudad, y los jueces de ellas, hasta que apartemos de nosotros el furor de la ira de nuestro Dios sobre esto. 15Fueron pues puestos sobre este negocio Jonathán hijo de Asael, y Jaazías hijo de Tikvah; y Mesullam y Sabethai, Levitas, les ayudaron. 16E hicieron así los hijos de la transmigración. Y apartados que fueron luego Esdras sacerdote, y los varones cabezas de familias en la casa de sus padres, todos ellos por sus nombres, sentáronse el primer día del mes décimo para inquirir el negocio. 17Y concluyeron, con todos aquellos que habían tomado mujeres extranjeras, al primer día del mes primero. 18Y de los hijos de los sacerdotes que habían tomado mujeres extranjeras, fueron hallados estos: De los hijos de Jesuá hijo de Josadec, y de sus hermanos: Maasías, y Eliezer, y Jarib, y Gedalías; 19Y dieron su mano en promesa de echar sus mujeres, y ofrecieron como culpados un carnero de los rebaños por su delito. 20Y de los hijos de Immer: Hanani y Zebadías. 21Y de los hijos de Harím: Maasías, y Elías, y Semeías, y Jehiel, y Uzzías. 22Y de los hijos de Phasur: Elioenai, Maasías, Ismael, Nathanael, Jozabad, y Elasa. 23Y de los hijos de los Levitas: Jozabad, y Simi, Kelaía (este es Kelita), Pethaía, Judá y Eliezer. 24Y de los cantores, Eliasib; y de los porteros: Sellum, y Telem, y Uri. 25Asimismo de Israel: De los hijos de Pharos: Ramía e Izzías, y Malchías, y Miamim, y Eleazar, y Malchías, y Benaías. 26Y de los hijos de Elam: Mathanías, Zachârías, y Jehiel, y Abdi, y Jeremoth, y Elía. 27Y de los hijos de Zattu: Elioenai, Eliasib, Mathanías, y Jeremoth, y Zabad, y Aziza. 28Y de los hijos de Bebai: Johanán, Hananías, Zabbai, Atlai. 29Y de los hijos de Bani: Mesullam, Malluch, y Adaías, Jasub, y Seal, y Ramoth. 30Y de los hijos de Pahath-moab: Adna, y Chêleal, Benaías, Maasías, Mathanías, Besaleel, Binnui y Manasés. 31Y de los hijos de Harim: Eliezer, Issia, Malchîas, Semeía, Simeón, 32Benjamín, Malluch, Semarías. 33De los hijos de Hasum: Mathenai, Mathatha, Zabad, Eliphelet, Jeremai, Manasés, Sami. 34De los hijos de Bani: Maadi, Amram y Uel, 35Benaías, Bedías, Chêluhi, 36Vanías, Meremoth, Eliasib, 37Mathanías, Mathenai, y Jaasai, 38Y Bani, y Binnui, Simi, 39Y Selemías y Nathán y Adaías, 40Machnadbai, Sasai, Sarai, 41Azareel, y Selamías, Semarías, 42Sallum, Amarías, Joseph. 43Y de los hijos de Nebo: Jehiel, Matithías, Zabad, Zebina, Jadau, y Joel, Benaías. 44Todos estos habían tomado mujeres extranjeras; y había mujeres de ellos que habían parido hijos.
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Hechos 10
1Y había un varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana, 2Pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. 3Este vio en visión manifiestamente, como a la hora nona del día, que un ángel de Dios entraba a él, y le decía: Cornelio. 4Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y díjole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria a la presencia de Dios. 5Envía pues ahora hombres a Joppe, y haz venir a un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro. 6Este posa en casa de un Simón, curtidor, que tiene su casa junto a la mar: él te dirá lo que te conviene hacer. 7E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó dos de sus criados, y un devoto soldado de los que le asistían; 8A los cuales, después de habérselo contado todo, los envió a Joppe. 9Y al día siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora de sexta; 10Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer; pero mientras disponían, sobrevínole un éxtasis; 11Y vio el cielo abierto, y que descendía un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos era bajado a la tierra; 12En el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y reptiles, y aves del cielo. 13Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. 14Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común e inmunda he comido jamás. 15Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 16Y esto fue hecho por tres veces; y el vaso volvió a ser recogido en el cielo. 17Y estando Pedro dudando dentro de sí qué sería la visión que había visto, he aquí, los hombres que habían sido enviados por Cornelio, que, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. 18Y llamando, preguntaron si un Simón que tenía por sobrenombre Pedro, posaba allí. 19Y estando Pedro pensando en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. 20Levántate, pues, y desciende, y no dudes ir con ellos; porque yo los he enviado. 21Entonces Pedro, descendiendo a los hombres que eran enviados por Cornelio, dijo: He aquí, yo soy el que buscáis: ¿cuál es la causa por la que habéis venido? 22Y ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nación de los Judíos, ha recibido respuesta por un santo ángel, de hacerte venir a su casa, y oir de ti palabras. 23Entonces metiéndolos dentro, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Joppe. 24Y al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado a sus parientes y los amigos más familiares. 25Y como Pedro entró, salió Cornelio a recibirle; y derribándose a sus pies, adoró. 26Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate; yo mismo también soy hombre. 27Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían juntado. 28Y les dijo: Vosotros sabéis que es abominable a un varón Judío juntarse o llegarse a extranjero; mas me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; 29Por lo cual, llamado, he venido sin dudar. Así que pregunto: ¿por qué causa me habéis hecho venir? 30Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que a esta hora yo estaba ayuno; y a la hora de nona estando orando en mi casa, he aquí, un varón se puso delante de mí en vestido resplandeciente. 31Y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios. 32Envía pues a Joppe, y haz venir a un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro; este posa en casa de Simón, curtidor, junto a la mar; el cual venido, te hablará. 33Así que, luego envié a ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oir todo lo que Dios te ha mandado. 34Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepción de personas; 35Sino que de cualquiera nación que le teme y obra justicia, se agrada. 36Envió palabra Dios a los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesucristo; este es el Señor de todos. 37Vosotros sabéis lo que fue divulgado por toda Judea; comenzando desde Galilea después del bautismo que Juan predicó, 38Cuanto a Jesús de Nazaret; cómo le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia; el cual anduvo haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él. 39Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judea, y en Jerusalem; al cual mataron colgándole en un madero. 40A este levantó Dios al tercer día, e hizo que apareciese manifiesto, 41No a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios antes había ordenado, es a saber, a nosotros que comimos y bebimos con él, después que resucitó de los muertos. 42Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43A este dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. 44Estando aún hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón. 45Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. 47Entonces respondió Pedro: ¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? 48Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 11 · Mateo 10
Personales
Esdras 10 · Hechos 10