Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 12
1Empero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré; 2Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: 3Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 4Y fuése Abram, como Jehová le dijo; y fue con él Lot: y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. 5Y tomó Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. 6Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Sichêm, hasta el valle de Moreh: y el Cananeo estaba entonces en la tierra. 7Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, que le había aparecido. 8Y pasóse de allí a un monte al oriente de Bethel, y tendió su tienda, teniendo a Bethel al occidente y Hai al oriente: y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. 9Y movió Abram de allí, caminando y yendo hacia el Mediodía. 10Y hubo hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para peregrinar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 11Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer hermosa de vista; 12Y será que cuando te habrán visto los Egipcios, dirán: Su mujer es: y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. 13Ahora pues, di que eres mi hermana, para que yo haya bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de ti. 14Y aconteció que, como entró Abram en Egipto, los Egipcios vieron la mujer que era hermosa en gran manera. 15Viéronla también los príncipes de Faraón, y se la alabaron; y fue llevada la mujer a casa de Faraón: 16E hizo bien a Abram por causa de ella; y tuvo ovejas, y vacas, y asnos, y siervos, y criadas, y asnas y camellos. 17Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram. 18Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? 19¿Por qué dijiste: Es mi hermana? poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora pues, he aquí tu mujer, tómala y vete. 20Entonces Faraón dio orden a sus gentes acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer con todo lo que tenía.
Lectura 2 de 4 · En familia
Mateo 11
1Y fue, que acabando Jesús de dar mandamientos a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. 2Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, 3Diciendo: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? 4Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis: 5Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio. 6Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí. 7E idos ellos, comenzó Jesús a decir de Juan a las gentes: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento? 8Mas ¿qué salisteis a ver? ¿un hombre cubierto de delicados vestidos? He aquí, los que traen vestidos delicados, en las casas de los reyes están. 9Mas ¿qué salisteis a ver? ¿un profeta? También os digo, y más que profeta. 10Porque este es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de ti. 11De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista; mas el que es muy más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. 12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan. 13Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron. 14Y si queréis recibir, él es aquel Elías que había de venir. 15El que tiene oídos para oir, oiga. 16Mas ¿a quién compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, 17Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. 18Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. 19Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por sus hijos. 20Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales habían sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habían arrepentido, diciendo: 21¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo se hubieran arrepentido en saco y en ceniza. 22Por tanto os digo, que a Tiro y a Sidón será más tolerable el castigo en el día del juicio, que a vosotras. 23Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás abajada; porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en ti, hubieran quedado hasta el día de hoy. 24Por tanto os digo, que a la tierra de los de Sodoma será más tolerable el castigo en el día del juicio, que a ti. 25En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado a los niños. 26Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos. 27Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar. 28Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. 29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 30Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Lectura 3 de 4 · Personal
Nehemías 1
1Palabras de Nehemías, hijo de Hachâlías. Y acaeció en el mes de Chisleu, en el año veinte, estando yo en Susán, capital del reino, 2Que vino Hanani, uno de mis hermanos, él y ciertos varones de Judá, y preguntéles por los Judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalem. 3Y dijéronme: El residuo, los que quedaron de la cautividad allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalem derribado, y sus puertas quemadas a fuego. 4Y fue que, como yo oí estas palabras, sentéme y lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. 5Y dije: Ruégote, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande, y terrible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; 6Esté ahora atento tu oído, y tus ojos abiertos, para oir la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos contra ti cometido; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, y estatutos y juicios, que mandaste a Moisés tu siervo. 8Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste a Moisés tu siervo, diciendo: Vosotros prevaricaréis, y yo os esparciré por los pueblos: 9Mas os volveréis a mí, y guardaréis mis mandamientos, y los pondréis por obra. Si fuere vuestro lanzamiento hasta el cabo de los cielos, de allí os juntaré; y traerlos he al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. 10Ellos pues son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran fortaleza, y con tu mano fuerte. 11Ruégote, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean temer tu nombre: y ahora concede hoy próspero suceso a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.
Lectura 4 de 4 · Personal
Hechos 11
1Y oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los Gentiles habían recibido la palabra de Dios. 2Y como Pedro subió a Jerusalem, contendían contra él los que eran de la circuncisión, 3Diciendo: ¿Por qué has entrado a hombres incircuncisos, y has comido con ellos? 4Entonces comenzando Pedro, les declaró por orden lo pasado, diciendo: 5Estaba yo en la ciudad de Joppe orando, y vi en rapto de entendimiento una visión: un vaso, como un gran lienzo, que descendía, que por los cuatro cabos era abajado del cielo, y venía hasta mí. 6En el cual como puse los ojos, consideré y vi animales terrestres de cuatro pies, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. 7Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. 8Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. 9Entonces la voz me respondió del cielo segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 10Y esto fue hecho por tres veces: y volvió todo a ser tomado arriba en el cielo. 11Y he aquí, luego sobrevinieron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí de Cesarea. 12Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y vinieron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, 13El cual nos contó cómo había visto un ángel en su casa, que se paró, y le dijo: Envía a Joppe, y haz venir a un Simón que tiene por sobrenombre Pedro; 14El cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. 15Y como comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. 16Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo. 17Así que, si Dios les dio el mismo don también como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? 18Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: De manera que también a los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida. 19Y los que habían sido esparcidos por causa de la tribulación que sobrevino en tiempo de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, y Cipro, y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino solo a los Judíos. 20Y de ellos había unos varones Ciprios y Cirenenses, los cuales como entraron en Antioquía, hablaron a los Griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. 21Y la mano del Señor era con ellos: y creyendo, gran número se convirtió al Señor. 22Y llegó la fama de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalem: y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. 23El cual, como llegó, y vio la gracia de Dios, regocijóse; y exhortó a todos a que permaneciesen en el propósito del corazón en el Señor. 24Porque era varón bueno, y lleno de Espíritu Santo y de fe: y mucha compañía fue agregada al Señor. 25Después partió Bernabé a Tarso a buscar a Saulo; y hallado, le trajo a Antioquía. 26Y conversaron todo un año allí con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquía. 27Y en aquellos días descendieron de Jerusalem profetas a Antioquía. 28Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por Espíritu, que había de haber una grande hambre en toda la tierra habitada: la cual hubo en tiempo de Claudio. 29Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar subsidio a los hermanos que habitaban en Judea: 30Lo cual asimismo hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 12 · Mateo 11
Personales
Nehemías 1 · Hechos 11