Lectura 1 de 4 · En familia
2 Samuel 4-5 (cap. 4)
1Luego que oyó el hijo de Saúl que Abner había sido muerto en Hebrón, las manos se le descoyuntaron, y fue atemorizado todo Israel. 2Y tenía el hijo de Saúl dos varones, los cuales eran capitanes de compañía, el nombre de uno era Baana, y el del otro Rechâb, hijos de Rimmón Beerothita, de los hijos de Benjamín: (porque Beeroth era contada con Benjamín; 3Estos Beerothitas se habían huído a Gittaim, y habían sido peregrinos allí hasta entonces.) 4Y Jonathán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies de edad de cinco años: que cuando la noticia de la muerte de Saúl y de Jonathán vino de Jezreel, tomóle su ama y huyó; y como iba huyendo con celeridad, cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mephi-boseth. 5Los hijos pues de Rimmón Beerothita, Rechâb y Baana, fueron y entraron en el mayor calor del día en casa de Is-boseth, el cual estaba durmiendo en su cámara la siesta. 6Entonces entraron ellos en medio de la casa en hábito de mercaderes de grano, y le hirieron en la quinta costilla. Escapáronse luego Rechâb y Baana su hermano; 7Pues como entraron en la casa, estando él en su cama en su cámara de dormir, lo hirieron y mataron, y cortáronle la cabeza, y habiéndola tomado, caminaron toda la noche por el camino de la campiña. 8Y trajeron la cabeza de Is-boseth a David en Hebrón, y dijeron al rey: He aquí la cabeza de Is-boseth hijo de Saúl tu enemigo, que procuraba matarte; y Jehová ha vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su simiente. 9Y David respondió a Rechâb y a su hermano Baana, hijos de Rimmón Beerothita, y díjoles: Vive Jehová que ha redimido mi alma de toda angustia, 10Que cuando uno me dio nuevas, diciendo, He aquí Saúl es muerto imaginándose que traía buenas nuevas, yo lo prendí, y le maté en Siclag en pago de la nueva. 11¿Cuánto más a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su casa, y sobre su cama? Ahora pues, ¿no tengo yo de demandar su sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra? 12Entonces David mandó a los mancebos, y ellos los mataron, y cortáronles las manos y los pies, y colgáronlos sobre el estanque, en Hebrón. Luego tomaron la cabeza de Is-boseth, y enterráronla en el sepulcro de Abner en Hebrón.
Lectura 1 de 4 · En familia
2 Samuel 4-5 (cap. 5)
1Y vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón, y hablaron, diciendo: He aquí nosotros somos tus huesos y tu carne. 2Y aun ayer y antes, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, tú sacabas y volvías a Israel. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás sobre Israel príncipe. 3Vinieron pues todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo con ellos alianza en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel. 4Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. 5En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses: y en Jerusalem reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá. 6Entonces el rey y los suyos fueron a Jerusalem al Jebuseo que habitaba en la tierra; el cual habló a David, diciendo: Tú no entrarás acá, si no echares los ciegos y los cojos; diciendo: No entrará acá David. 7Empero David tomó la fortaleza de Sion, la cual es la ciudad de David. 8Y dijo David aquel día: ¿Quién llegará hasta las canales, y herirá al Jebuseo, y a los cojos y ciegos, a los cuales el alma de David aborrece? Por esto se dijo: Ciego ni cojo no entrará en casa. 9Y David moró en la fortaleza, y púsole por nombre la Ciudad de David: y edificó alrededor, desde Millo para adentro. 10Y David iba creciendo y aumentándose, y Jehová Dios de los ejércitos era con él. 11E Hiram rey de Tiro envió también embajadores a David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cuales edificaron la casa de David. 12Y entendió David que Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y que había ensalzado su reino por amor de su pueblo Israel. 13Y tomó David más concubinas y mujeres de Jerusalem después que vino de Hebrón, y naciéronle más hijos e hijas. 14Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalem: Sammua, y Sobab, y Nathán, y Salomón, 15E Ibhar, y Elisua, y Nepheg, 16Y Japhia, y Elisama, y Eliada, y Eliphelet. 17Y oyendo los Filisteos que habían ungido a David por rey sobre Israel, todos los Filisteos subieron a buscar a David: lo cual como David oyó, vino a la fortaleza. 18Y vinieron los Filisteos, y extendiéronse por el valle de Raphaim. 19Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los Filisteos? ¿los entregarás en mis manos? Y Jehová respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré los Filisteos en tus manos. 20Y vino David a Baal-perasim, y allí los venció David, y dijo: Rompió Jehová mis enemigos delante de mí, como quien rompe aguas. Y por esto llamó el nombre de aquel lugar Baal-perasim. 21Y dejaron allí sus ídolos, los cuales quemó David y los suyos. 22Y los Filisteos tornaron a venir, y extendiéronse en el valle de Raphaim. 23Y consultando David a Jehová, él le respondió: No subas; mas rodéalos, y vendrás a ellos por delante de los morales: 24Y cuando oyeres un estruendo que irá por las copas de los morales, entonces te moverás; porque Jehová saldrá delante de ti a herir el campo de los Filisteos. 25Y David lo hizo así, como Jehová se lo había mandado; e hirió a los Filisteos desde Gabaa hasta llegar a Gaza.
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Corintios 15
1Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 3Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fue muerto por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5Y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6Después apareció a más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún, y otros son muertos. 7Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles. 8Y el postrero de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. 9Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la iglesia de Dios. 10Empero por la gracia de Dios soy lo que soy: y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo. 11Porque, o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído. 12Y si Cristo es predicado que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? 13Porque si no hay resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó: 14Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. 15Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él haya levantado a Cristo; al cual no levantó, si en verdad los muertos no resucitan. 16Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó: 17Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. 18Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos. 19Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres. 20Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. 21Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. 23Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. 24Luego el fin; cuando entregará el reino a Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad. 25Porque es menester que él reine, hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26Y el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte. 27Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a él, claro está exceptuado aquel que sujetó a él todas las cosas. 28Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos. 29De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos? 30¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? 31Sí, por la gloria que en orden a vosotros tengo en Cristo Jesús Señor nuestro, cada día muero. 32Si como hombre batallé en Efeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos. 33No erréis: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. 34Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios: para vergüenza vuestra hablo. 35Mas dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? 36Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes. 37Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de otro grano: 38Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo. 39Toda carne no es la misma carne; mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves. 40Y cuerpos hay celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres. 41Otra es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas: porque una estrella es diferente de otra en gloria. 42Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, se levantará en incorrupción; 43Se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia; 44Se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. 45Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adam en ánima viviente; el postrer Adam en espíritu vivificante. 46Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 47El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. 48Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales. 49Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial. 50Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción. 51He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados, 52En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. 53Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. 54Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria. 55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. 57Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo. 58Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.
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Ezequiel 13
1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2Hijo del hombre, profetiza contra los profetas de Israel que profetizan, y di a los que profetizan de su corazón: Oid palabra de Jehová. 3Así ha dicho el Señor Jehová: ¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada vieron! 4Como zorras en los desiertos fueron tus profetas, oh Israel. 5No habéis subido a los portillos, ni echasteis vallado en la casa de Israel, estando en la batalla en el día de Jehová. 6Vieron vanidad y adivinación de mentira. Dicen: Ha dicho Jehová; y Jehová no los envió: y hacen esperar que se confirme la palabra. 7¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación de mentira, por cuanto decís, Dijo Jehová; no habiendo yo hablado? 8Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Por cuanto vosotros habéis hablado vanidad, y habéis visto mentira, por tanto, he aquí yo contra vosotros, dice el Señor Jehová. 9Y será mi mano contra los profetas que ven vanidad, y adivinan mentira: no serán en la congregación de mi pueblo, ni serán escritos en el libro de la casa de Israel, ni a la tierra de Israel volverán; y sabréis que yo soy el Señor Jehová. 10Por tanto, y por cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo, Paz, no habiendo paz; y el uno edificaba la pared, y he aquí que los otros la encostraban con lodo suelto; 11Di a los encostradores con lodo suelto, que caerá; vendrá lluvia inundante, y daré piedras de granizo que la hagan caer, y viento tempestuoso la romperá. 12Y he aquí, cuando la pared habrá caído, no os dirán: ¿Dónde está la embarradura con que encostrasteis? 13Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: Y haré que la rompa viento tempestuoso con mi ira, y lluvia inundante vendrá con mi furor, y piedras de granizo con enojo para consumir. 14Así desbarataré la pared que vosotros encostrasteis con lodo suelto, y echaréla a tierra, y será descubierto su cimiento, y caerá, y seréis consumidos en medio de ella; y sabréis que yo soy Jehová. 15Cumpliré así mi furor en la pared y en los que la encostraron con lodo suelto; y os diré: No existe la pared, ni aquellos que la encostraron, 16Los profetas de Israel que profetizan a Jerusalem, y ven para ella visión de paz, no habiendo paz, dice el Señor Jehová. 17Y tú, hijo del hombre, pon tu rostro a las hijas de tu pueblo que profetizan de su corazón, y profetiza contra ellas, 18Y di: Así ha dicho el Señor Jehová: ¡Ay de aquellas que cosen almohadillas a todos codos de manos, y hacen veletes sobre la cabeza de toda edad para cazar las almas! ¿Habéis de cazar las almas de mi pueblo, para mantener así vuestra propia vida? 19¿Y habéis de profanarme entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de pan, matando las almas que no mueren, y dando vida a las almas que no vivirán, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira? 20Por tanto, así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo contra vuestras almohadillas, con que cazáis ahí las almas volando; yo las arrancaré de vuestros brazos, y dejaré las almas, las almas que cazáis volando. 21Romperé asimismo vuestros veletes, y libraré mi pueblo de vuestra mano, y no estarán más en vuestra mano para caza; y sabréis que yo soy Jehová. 22Por cuanto entristecisteis con mentira el corazón del justo, al cual yo no entristecí, y esforzasteis las manos del impío, para que no se apartase de su mal camino, infundiéndole ánimo; 23Por tanto no veréis vanidad, ni más adivinaréis adivinación; y libraré mi pueblo de vuestra mano; y sabréis que yo soy Jehová.
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Salmos 52-54 (cap. 52)
1¿Por qué te glorías de maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua. 2Agravios maquina tu lengua: como navaja amolada hace engaño. 3Amaste el mal más que el bien; la mentira más que hablar justicia. (Selah.) 4Has amado toda suerte de palabras perniciosas, engañosa lengua. 5Por tanto Dios te derribará para siempre: te asolará y te arrancará de tu morada, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. (Selah.) 6Y verán los justos, y temerán; y reiránse de él, diciendo: 7He aquí el hombre que no puso a Dios por su fortaleza, sino que confió en la multitud de sus riquezas, y se mantuvo en su maldad. 8Mas yo estoy como oliva verde en la casa de Dios: en la misericordia de Dios confío perpetua y eternalmente. 9Te alabaré para siempre por lo que has hecho: y esperaré en tu nombre, porque es bueno, delante de tus santos.
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Salmos 52-54 (cap. 53)
1Dijo el necio en su corazón: No hay Dios. Corrompiéronse e hicieron abominable maldad: no hay quien haga bien. 2Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, por ver si hay algún entendido que busque a Dios. 3Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido: no hay quien haga bien, no hay ni aun uno. 4¿No tienen conocimiento todos esos que obran iniquidad? que comen a mi pueblo como si comiesen pan: a Dios no han invocado. 5Allí se sobresaltaron de pavor donde no había miedo: porque Dios ha esparcido los huesos del que asentó campo contra ti: los avergonzaste, porque Dios los desechó. 6¡Oh quién diese de Sion saludes a Israel! En volviendo Dios la cautividad de su pueblo, gozarse ha Jacob, y alegraráse Israel.
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Salmos 52-54 (cap. 54)
1Oh Dios, sálvame por tu nombre, y con tu poder defiéndeme. 2Oh Dios, oye mi oración; escucha las razones de mi boca. 3Porque extraños se han levantado contra mí, y fuertes buscan mi alma: no han puesto a Dios delante de sí. (Selah.) 4He aquí, Dios es el que me ayuda; el Señor es con los que sostienen mi vida. 5El volverá el mal a mis enemigos: córtalos por tu verdad. 6Voluntariamente sacrificaré a ti; alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno. 7Porque me ha librado de toda angustia, y en mis enemigos vieron mis ojos mi deseo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Samuel 4-5 · 1 Corintios 15
Personales
Ezequiel 13 · Salmos 52-54