Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 2
1Y Anna oró y dijo: mi corazón se regocija en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud. 2No hay santo como Jehová: porque no hay ninguno fuera de ti; y no hay refugio como el Dios nuestro. 3No multipliquéis hablando grandezas, altanerías; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el Dios de todo saber es Jehová, y a él toca el pesar las acciones. 4Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza. 5Los hartos se alquilaron por pan: y cesaron los hambrientos: hasta parir siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó. 6Jehová mata, y él da vida: él hace descender al sepulcro, y hace subir. 7Jehová empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza. 8El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarlo con los príncipes; y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo. 9El guarda los pies de sus santos, mas los impíos perecen en tinieblas; porque nadie será fuerte por su fuerza. 10Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su Rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías. 11Y Elcana se volvió a su casa en Ramatha; y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Eli. 12Mas los hijos de Eli eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. 13Y la costumbre de los sacerdotes con el pueblo era que, cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras la carne estaba a cocer, trayendo en su mano un garfio de tres ganchos; 14Y hería con él en la caldera, o en la olla, o en el caldero, o en el pote; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para si. De esta manera hacían a todo Israelita que venía a Silo. 15Asimismo, antes de quemar el sebo, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que ase para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16Y si le respondía el varón, Quemen luego el sebo hoy, y después toma tanta como quisieres; él respondía: No, sino ahora la has de dar: de otra manera yo la tomaré por fuerza. 17Era pues el pecado de los mozos muy grande delante de Jehová; porque los hombres menospreciaban los sacrificios de Jehová. 18Y el joven Samuel ministraba delante de Jehová, vestido de un ephod de lino. 19Y hacíale su madre una túnica pequeña, y traíasela cada año, cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio acostumbrado. 20Y Eli bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé simiente de esta mujer en lugar de esta petición que hizo a Jehová. Y volviéronse a su casa. 21Y visitó Jehová a Anna, y concibió, y parió tres hijos, y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová. 22Eli empero era muy viejo, y oyó todo lo que sus hijos hacían a todo Israel, y como dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo del testimonio. 23Y díjoles: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. 24No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo: que hacéis pecar al pueblo de Jehová. 25Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Mas ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová los quería matar. 26Y el joven Samuel iba creciendo, y adelantando delante de Dios y delante de los hombres. 27Y vino un varón de Dios a Eli, y díjole: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón? 28Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase perfume, y trajese ephod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. 29¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis presentes, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? 30Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me tuvieren en poco, serán viles. 31He aquí vienen días, en que cortaré tu brazo, y el brazo de la casa de tu padre, que no haya viejo en tu casa. 32Y verás competidor en el tabernáculo, en todas las cosas en que hiciere bien a Israel; y en ningún tiempo habrá viejo en tu casa. 33Y no te cortaré del todo varón de mi altar, para hacerte marchitar tus ojos, y henchir tu ánimo de dolor; mas toda la cría de tu casa morirá en la edad varonil. 34Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ophni y Phinees: ambos morirán en un día. 35Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días. 36Y será que el que hubiere quedado en tu casa, vendrá a postrársele por un dinero de plata y un bocado de pan, diciéndole: Ruégote que me constituyas en algún ministerio, para que coma un bocado de pan.
Lectura 2 de 4 · En familia
Romanos 2
1Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, cualquiera que juzgas: porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque lo mismo haces, tú que juzgas. 2Mas sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que hacen tales cosas. 3¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas a los que hacen tales cosas, y haces las mismas, que tú escaparás del juicio de Dios? 4¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia, y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía a arrepentimiento? 5Mas por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios; 6El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: 7A los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, la vida eterna. 8Mas a los que son contenciosos, y no obedecen a la verdad, antes obedecen a la injusticia, enojo e ira; 9Tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo, el Judío primeramente, y también el Griego: 10Mas gloria y honra y paz a cualquiera que obra el bien, al Judío primeramente, y también al Griego. 11Porque no hay acepción de personas para con Dios. 12Porque todos los que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados: 13Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados. 14Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley a sí mismos: 15Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros; 16En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme a mi evangelio, por Jesucristo. 17He aquí, tú tienes el sobrenombre de Judío, y estás reposado en la ley, y te glorías en Dios, 18Y sabes su voluntad, y apruebas lo mejor, instruído por la ley; 19Y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, 20Enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma de la ciencia y de la verdad en la ley: 21Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? ¿Tú, que predicas que no se ha de hurtar, hurtas? 22¿Tú, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? ¿Tú, que abominas los ídolos, cometes sacrilegio? 23¿Tú, que te jactas de la ley, con infracción de la ley deshonras a Dios? 24Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los Gentiles, como está escrito. 25Porque la circuncisión en verdad aprovecha, si guardares la ley; mas si eres rebelde a la ley, tu circuncisión es hecha incircuncisión. 26De manera que, si el incircunciso guardare las justicias de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión por circuncisión? 27Y lo que de su natural es incircunciso, guardando perfectamente la ley, te juzgará a ti, que con la letra y con la circuncisión eres rebelde a la ley. 28Porque no es Judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: 29Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 40
1Palabra que fue a Jeremías de Jehová, después que Nabuzaradán capitán de la guardia le envió desde Ramá, cuando le tomó estando atado con esposas entre toda la transmigración de Jerusalem y de Judá que iban cautivos a Babilonia. 2Tomó pues el capitán de la guardia a Jeremías, y díjole: Jehová tu Dios habló este mal contra este lugar; 3Y halo traído y hecho Jehová según que había dicho: porque pecasteis contra Jehová, y no oísteis su voz, por eso os ha venido esto. 4Y ahora yo te he soltado hoy de las esposas que tenías en tus manos. Si te está bien venir conmigo a Babilonia, ven, y yo miraré por ti; mas si no te está bien venir conmigo a Babilonia, déjalo: mira, toda la tierra está delante de ti; ve a donde mejor y más cómodo te pareciere ir. 5Y aun no se había él vuelto, cuando le dijo: Vuélvete a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Saphán, al cual el rey de Babilonia ha puesto sobre todas las ciudades de Judá, y vive con él en medio del pueblo: o ve a donde te pareciere más cómodo de ir. Y dióle el capitán de la guardia presentes y dones, y despidióle. 6Fuése entonces Jeremías a Gedalías hijo de Ahicam, a Mizpa, y moró con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra. 7Y como oyeron todos los príncipes del ejército que estaba por el campo, ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había puesto a Gedalías hijo de Ahicam sobre la tierra, y que le había encomendado los hombres, y las mujeres, y los niños, y los pobres de la tierra, que no fueron trasportados a Babilonia; 8Vinieron luego a Gedalías en Mizpa, es a saber, Ismael hijo de Nethanías, y Johanán y Jonathán hijos de Carea, y Seraías hijo de Tanhumeth, y los hijos de Ephi Netophatita, y Jezanías hijo de Maachâti, ellos y sus hombres. 9Y juróles Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Saphán, a ellos y a sus hombres, diciendo: No tengáis temor de servir a los Caldeos: habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y tendréis bien. 10Y he aquí que yo habito en Mizpa, para estar delante de los Caldeos que vendrán a nosotros; mas vosotros, coged el vino, y el pan, y el aceite, y ponedlo en vuestros almacenes, y quedaos en vuestras ciudades que habéis tomado. 11Asimismo todos los Judíos que estaban en Moab, y entre los hijos de Ammón, y en Edom, y los que estaban en todas las tierras, cuando oyeron decir como el rey de Babilonia había dejado algunos en la Judea, y que había puesto sobre ellos a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Saphán, 12Todos estos Judíos tornaron entonces de todas las partes adonde habían sido echados, y vinieron a tierra de Judá, a Gedalías en Mizpa; y cogieron vino y muy muchos frutos. 13Y Johanán, hijo de Carea, y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban en el campo, vinieron a Gedalías en Mizpa, 14Y dijéronle: ¿No sabes de cierto como Baalis, rey de los hijos de Ammón, ha enviado a Ismael hijo de Nethanías, para matarte? Mas Gedalías hijo de Ahicam no los creyó. 15Entonces Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en secreto, en Mizpa, diciendo: Yo iré ahora, y heriré a Ismael hijo de Nethanías, y hombre no lo sabrá: ¿por qué te ha de matar, y todos los Judíos que se han recogido a ti se derramarán, y perecerá el resto de Judá? 16Pero Gedalías hijo de Ahicam dijo a Johanán hijo de Carea: No hagas esto, porque falso es lo que tú dices de Ismael.
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Salmos 15-16 (cap. 15)
1Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿quién residirá en el monte de tu santidad? 2El que anda en integridad, y obra justicia, y habla verdad en su corazón. 3El que no detrae con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni contra su prójimo acoge oprobio alguno. 4Aquel a cuyos ojos es menospreciado el vil; mas honra a los que temen a Jehová: y habiendo jurado en daño suyo, no por eso muda. 5Quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente tomó cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará para siempre.
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Salmos 15-16 (cap. 16)
1Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. 2Dijiste, oh alma mía, a Jehová: Tú eres el Señor: mi bien a ti no aprovecha; 3Sino a los santos que están en la tierra, y a los íntegros: toda mi afición en ellos. 4Multiplicaránse los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios: no ofreceré yo sus libaciones de sangre, ni en mis labios tomaré sus nombres. 5Jehová es la porción de mi parte y de mi copa; tú sustentarás mi suerte. 6Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado. 7Bendeciré a Jehová que me aconseja: aun en las noches me enseñan mis riñones. 8A Jehová he puesto siempre delante de mí: porque está a mi diestra no seré conmovido. 9Alegróse por tanto mi corazón, y se gozó mi gloria: también mi carne reposará segura. 10Porque no dejarás mi alma en el sepulcro; ni permitirás que tu santo vea corrupción. 11Me mostrarás la senda de la vida: hartura de alegrías hay con tu rostro; deleites en tu diestra para siempre.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 2 · Romanos 2
Personales
Jeremías 40 · Salmos 15-16