Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 23

1No admitirás falso rumor. No te concertarás con el impío para ser testigo falso. 2No seguirás a los muchos para mal hacer; ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios; 3Ni al pobre distinguirás en su causa. 4Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. 5Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás entonces desamparado? Sin falta ayudarás con él a levantarlo. 6No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito. 7De palabra de mentira te alejarás, y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío. 8No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras justas. 9Y no angustiarás al extranjero: pues vosotros sabéis cómo se halla el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. 10Seis años sembrarás tu tierra, y allegarás su cosecha: 11Mas el séptimo la dejarás vacante y soltarás, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás de tu viña y de tu olivar. 12Seis días harás tus negocios, y al séptimo día holgarás, a fin que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero. 13Y en todo lo que os he dicho seréis avisados. Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá de vuestra boca. 14Tres veces en el año me celebraréis fiesta. 15La fiesta de los ázimos guardarás: siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib; porque en él saliste de Egipto: y ninguno comparecerá vacío delante de mí: 16También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores que hubieres sembrado en el campo; y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando habrás recogido tus labores del campo. 17Tres veces en el año parecerá todo varón tuyo delante del Señor Jehová. 18No ofrecerás con pan leudo la sangre de mi sacrificio; ni el sebo de mi víctima quedará de la noche hasta la mañana. 19Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito con la leche de su madre. 20He aquí yo envío el Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. 21Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión: porque mi nombre está en él. 22Pero si en verdad oyeres su voz, e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo a tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. 23Porque mi Angel irá delante de ti, y te introducirá al Amorrheo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Cananeo, y al Heveo, y al Jebuseo, a los cuales yo haré destruir. 24No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrantarás enteramente sus estatuas. 25Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti. 26No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo cumpliré el número de tus días. 27Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a todo pueblo donde tú entrares, y te daré la cerviz de todos tus enemigos. 28Yo enviaré la avispa delante de ti, que eche fuera al Heveo, y al Cananeo, y al Hetheo, de delante de ti: 29No los echaré de delante de ti en un año, porque no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las bestias del campo. 30Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes la tierra por heredad. 31Y yo pondré tu término desde el mar Bermejo hasta la mar de Palestina, y desde el desierto hasta el río: porque pondré en vuestras manos los moradores de la tierra, y tú los echarás de delante de ti. 32No harás alianza con ellos, ni con sus dioses. 33En tu tierra no habitarán, no sea que te hagan pecar contra mí sirviendo a sus dioses: porque te será de tropiezo.
Lectura 2 de 4 · En familia

Juan 2

1Y al tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. 2Y fue también llamado Jesús y sus discípulos a las bodas. 3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. 4Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora. 5Su madre dice a los que servían: Haced todo lo que os dijere. 6Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme a la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos o tres cántaros. 7Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba. 8Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron le. 9Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo, 10Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. 11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él. 12Después de esto descendió a Capernaum, él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días. 13Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús a Jerusalem. 14Y halló en el templo a los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y a los cambiadores sentados. 15Y hecho un azote de cuerdas, echólos a todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas; 16Y a los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado. 17Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió. 18Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto? 19Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. 20Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás? 21Mas él hablaba del templo de su cuerpo. 22Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron a la Escritura, y a la palabra que Jesús había dicho. 23Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. 24Mas el mismo Jesús no se confiaba a sí mismo de ellos, porque él conocía a todos, 25Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.
Lectura 3 de 4 · Personal

Job 41

1¿Sacarás tú al leviathán con el anzuelo, o con la cuerda que le echares en su lengua? 2¿Pondrás tú garfio en sus narices, y horadarás con espinas su quijada? 3¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿hablaráte él lisonjas? 4¿Hará concierto contigo para que lo tomes por siervo perpetuo? 5¿Jugarás tú con él como con pájaro, o lo atarás para tus niñas? 6¿Harán de él banquete los compañeros? ¿partiránlo entre los mercaderes? 7¿Cortarás tú con cuchillo su cuero, o con asta de pescadores su cabeza? 8Pon tu mano sobre él; te acordarás de la batalla, y nunca más tornarás. 9He aquí que la esperanza acerca de él será burlada: porque aun a su sola vista se desmayarán. 10Nadie hay tan osado que lo despierte: ¿quién pues podrá estar delante de mí? 11¿Quién me ha anticipado, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío. 12Yo no callaré sus miembros, ni lo de sus fuerzas y la gracia de su disposición. 13¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura? ¿quién se llegará a él con freno doble? 14¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Los órdenes de sus dientes espantan. 15La gloria de su vestido son escudos fuertes, cerrados entre sí estrechamente. 16El uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos. 17Pegado está el uno con el otro, están trabados entre sí, que no se pueden apartar. 18Con sus estornudos encienden lumbre, y sus ojos son como los párpados del alba. 19De su boca salen hachas de fuego; centellas de fuego proceden. 20De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve. 21Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama. 22En su cerviz mora la fortaleza, y espárcese el desaliento delante de él. 23Las partes momias de su carne están apretadas: están en él firmes, y no se mueven. 24Su corazón es firme como una piedra, y fuerte como la muela de abajo. 25De su grandeza tienen temor los fuertes, y a causa de su desfallecimiento hacen por purificarse. 26Cuando alguno lo alcanzare, ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará. 27El hierro estima por pajas, y el acero por leño podrido. 28Saeta no le hace huir; las piedras de honda se le tornan aristas. 29Tiene toda arma por hojarascas, y del blandir de la pica se burla. 30Por debajo tiene agudas conchas; Imprime su agudez en el suelo. 31Hace hervir como una olla la profunda mar, y tórnala como una olla de ungüento. 32En pos de sí hace resplandecer la senda, que parece que la mar es cana. 33No hay sobre la tierra su semejante, hecho para nada temer. 34Menosprecia toda cosa alta: es rey sobre todos los soberbios.
Lectura 4 de 4 · Personal

2 Corintios 11

1Ojalá toleraseis un poco mi locura; empero toleradme. 2Pues que os celo con celo de Dios; porque os he desposado a un marido, para presentaros como una virgen pura a Cristo. 3Mas temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo. 4Porque si el que viene, predicare otro Jesús que el que hemos predicado, o recibiereis otro espíritu del que habéis recibido, u otro evangelio del que habéis aceptado, lo sufrierais bien. 5Cierto pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandes apóstoles. 6Porque aunque soy basto en la palabra, empero no en la ciencia: mas en todo somos ya del todo manifiestos a vosotros. 7¿Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis ensalzados, porque os he predicado el evangelio de Dios de balde? 8He despojado las otras iglesias, recibiendo salario para ministraros a vosotros. 9Y estando con vosotros y teniendo necesidad, a ninguno fui carga; porque lo que me faltaba, suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia: y en todo me guardé de seros gravoso, y me guardaré. 10Es la verdad de Cristo en mí, que esta gloria no me será cerrada en las partes de Acaya. 11¿Por qué? ¿porque no os amo? Dios lo sabe. 12Mas lo que hago, haré aún, para cortar la ocasión de aquellos que la desean, a fin de que en aquello que se glorían, sean hallados semejantes a nosotros. 13Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, transfigurándose en apóstoles de Cristo. 14Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz. 15Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras. 16Otra vez digo: Que nadie me estime ser loco; de otra manera, recibidme como a loco, para que aun me gloríe yo un poquito. 17Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con esta confianza de gloria. 18Pues que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré. 19Porque de buena gana toleráis los necios, siendo vosotros sabios: 20Porque toleráis si alguno os pone en servidumbre, si alguno os devora, si alguno toma, si alguno se ensalza, si alguno os hiere en la cara. 21Dígolo cuanto a la afrenta, como si nosotros hubiésemos sido flacos. Empero en lo que otro tuviere osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía. 22¿Son Hebreos? yo también. ¿Son Israelitas? yo también. ¿Son simiente de Abraham? también yo. 23¿Son ministros de Cristo? (como poco sabio hablo) yo más: en trabajos más abundante; en azotes sin medida; en cárceles más; en muertes, muchas veces. 24De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado en lo profundo de la mar; 26En caminos muchas veces, peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los Gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en la mar, peligros entre falsos hermanos; 27En trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 28Sin otras cosas además, lo que sobre mí se agolpa cada día, la solicitud de todas las iglesias. 29¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me quemo? 30Si es menester gloriarse, me gloriaré yo de lo que es de mi flaqueza. 31El Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, que es bendito por siglos, sabe que no miento. 32En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los Damascenos para prenderme; 33Y fui descolgado del muro en un serón por una ventana, y escapé de sus manos.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 23 · Juan 2
Personales
Job 41 · 2 Corintios 11