Lectura 1 de 4 · En familia
Deuteronomio 18
1Los sacerdotes Levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad con Israel; de las ofrendas encendidas a Jehová, y de la heredad de él comerán. 2No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos: Jehová es su heredad, como él les ha dicho. 3Y este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecieren en sacrificio buey o cordero: darán al sacerdote la espalda, y las quijadas, y el cuajar. 4Las primicias de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le darás: 5Porque le ha escogido Jehová tu Dios de todas tus tribus, para que esté para ministrar al nombre de Jehová, él y sus hijos para siempre. 6Y cuando el Levita saliere de alguna de tus ciudades de todo Israel, donde hubiere peregrinado, y viniere con todo deseo de su alma al lugar que Jehová escogiere, 7Ministrará al nombre de Jehová su Dios, como todos sus hermanos los Levitas que estuvieren allí delante de Jehová. 8Porción como la porción de los otros comerán, además de sus patrimonios. 9Cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas gentes. 10No sea hallado en ti quien haga pasar su hijo o su hija por el fuego, ni practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, 11Ni fraguador de encantamentos, ni quien pregunte a pitón, ni mágico, ni quien pregunte a los muertos. 12Porque es abominación a Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios las echó de delante de ti. 13Perfecto serás con Jehová tu Dios. 14Porque estas gentes que has de heredar, a agoreros y hechiceros oían: mas tú, no así te ha dado Jehová tu Dios. 15Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios: a él oiréis: 16Conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oir la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, porque no muera. 17Y Jehová me dijo: Bien han dicho. 18Profeta les suscitaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. 19Mas será, que cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le residenciaré. 20Empero el profeta que presumiere hablar palabra en mi nombre, que yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. 21Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no hubiere hablado? 22Cuando el profeta hablare en nombre de Jehová, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que Jehová no ha hablado: con soberbia la habló aquel profeta: no tengas temor de él.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 104
1Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová, Dios mío, mucho te has engrandecido; haste vestido de gloria y de magnificencia. 2El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina; 3Que establece sus aposentos entre las aguas; el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento; 4El que hace a sus ángeles espíritus, sus ministros al fuego flameante. 5El fundó la tierra sobre sus basas; no será jamás removida. 6Con el abismo, como con vestido, la cubriste; sobre los montes estaban las aguas. 7A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; 8Subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tú les fundaste. 9Pusísteles término, el cual no traspasarán; ni volverán a cubrir la tierra. 10Tú eres el que envías las fuentes por los arroyos; van entre los montes. 11Abrevan a todas las bestias del campo: quebrantan su sed los asnos montaraces. 12Junto a aquellos habitarán las aves de los cielos; entre las ramas dan voces. 13El que riega los montes desde sus aposentos: del fruto de sus obras se sacia la tierra. 14El que hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre; sacando el pan de la tierra. 15Y el vino que alegra el corazón del hombre, y el aceite que hace lucir el rostro, y el pan que sustenta el corazón del hombre. 16Llénanse de jugo los árboles de Jehová, los cedros del Líbano que él plantó. 17Allí anidan las aves; en las hayas hace su casa la cigüeña. 18Los montes altos para las cabras monteses; las peñas, madrigueras para los conejos. 19Hizo la luna para los tiempos: el sol conoce su ocaso. 20Pone las tinieblas, y es la noche: en ella corretean todas las bestias de la selva. 21Los leoncillos braman a la presa, y para buscar de Dios su comida. 22Sale el sol, recógense, y échanse en sus cuevas. 23Sale el hombre a su hacienda, y a su labranza hasta la tarde. 24¡Cuán muchas son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría: la tierra está llena de tus beneficios. 25Asimismo esta gran mar y ancha de términos: en ella pescados sin número, animales pequeños y grandes. 26Allí andan navíos; allí este leviathán que hiciste para que jugase en ella. 27Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. 28Les das, recogen; abres tu mano, hártanse de bien. 29Escondes tu rostro, túrbanse: les quitas el espíritu, dejan de ser, y tórnanse en su polvo. 30Envías tu espíritu, críanse: y renuevas la haz de la tierra. 31Sea la gloria de Jehová para siempre; alégrese Jehová en sus obras; 32El cual mira a la tierra, y ella tiembla; toca los montes, y humean. 33A Jehová cantaré en mi vida: a mi Dios salmearé mientras viviere. 34Serme ha suave hablar de él: yo me alegraré en Jehová. 35Sean consumidos de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. Bendice, alma mía, a Jehová. Aleluya.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 45
1Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar gentes delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: 2Yo iré delante de ti, y enderezaré las tortuosidades; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; 3Y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados; para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre. 4Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; púsete sobrenombre, aunque no me conociste. 5Yo Jehová, y ninguno más hay: no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste; 6Para que se sepa desde el nacimiento del sol, y desde donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo: 7Que formo la luz y crío las tinieblas, que hago la paz y crío el mal. Yo Jehová que hago todo esto. 8Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salud y la justicia; háganse brotar juntamente. Yo Jehová lo crie. 9¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces; o tu obra: No tiene manos? 10¡Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué pariste? 11Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. 12Yo hice la tierra, y crie sobre ella al hombre. Yo, mis manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé. 13Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos. 14Así dice Jehová: El trabajo de Egipto, las mercaderías de Etiopía, y los Sabeos hombres agigantados, se pasarán a ti, y serán tuyos; irán en pos de ti, pasarán con grillos: a ti harán reverencia, y a ti suplicarán, diciendo: Cierto, en ti está Dios, y no hay otro fuera de Dios. 15Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas. 16Confusos y avergonzados serán todos ellos; irán con afrenta todos los fabricadores de imágenes. 17Israel es salvo en Jehová con salud eterna; no os avergonzaréis, ni os afrentaréis, por todos los siglos. 18Porque así dijo Jehová, que crio los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la crio en vano, para que fuese habitada la crio: Yo Jehová, y ninguno más que yo. 19No hablé en escondido, en lugar de tierra de tinieblas; no dije a la generación de Jacob: En vano me buscáis. Yo soy Jehová que hablo justicia, que anuncio rectitud. 20Reuníos, y venid; allegaos, todos los escapados de las gentes: no saben aquellos que erigen el madero de su escultura, y los que ruegan al dios que no salva. 21Publicad, y haced llegar, y entren todos en consulta: ¿quién hizo oir esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador: ningún otro fuera de mí. 22Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más. 23Por mí hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, jurará toda lengua. 24Y diráse de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza: a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen, serán avergonzados. 25En Jehová será justificada y se gloriará toda la generación de Israel.
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Apocalipsis 15
1Y vi otra señal en el cielo, grande y admirable, que era siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas es consumada la ira de Dios. 2Y vi así como un mar de vidrio mezclado con fuego; y los que habían alcanzado la victoria de la bestia, y de su imagen, y de su señal, y del número de su nombre, estar sobre el mar de vidrio, teniendo las arpas de Dios. 3Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. 4¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? porque tú solo eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán, y adorarán delante de ti, porque tus juicios son manifestados. 5Y después de estas cosas miré, y he aquí el templo del tabernáculo del testimonio fue abierto en el cielo; 6Y salieron del templo siete ángeles, que tenían siete plagas, vestidos de un lino limpio y blanco, y ceñidos alrededor de los pechos con bandas de oro. 7Y uno de los cuatro animales dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive para siempre jamás. 8Y fue el templo lleno de humo por la majestad de Dios, y por su potencia; y ninguno podía entrar en el templo, hasta que fuesen consumadas las siete plagas de los siete ángeles.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Deuteronomio 18 · Salmo 104
Personales
Isaías 45 · Apocalipsis 15