Lectura 1 de 4 · En familia
Deuteronomio 19
1Cuando Jehová tu Dios talare las gentes, cuya tierra Jehová tu Dios te da a ti, y tú las heredares, y habitares en sus ciudades, y en sus casas; 2Te apartarás tres ciudades en medio de tu tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas. 3Arreglarte has el camino, y dividirás en tres partes el término de tu tierra, que Jehová tu Dios te dará en heredad, y será para que todo homicida se huya allí. 4Y este es el caso del homicida que ha de huir allí, y vivirá: el que hiriere a su prójimo por yerro, que no le tenía enemistad desde ayer ni antes de ayer: 5Como el que fue con su prójimo al monte a cortar leña, y poniendo fuerza con su mano en el hacha para cortar algún leño, saltó el hierro del cabo, y encontró a su prójimo, y murió; aquel huirá a una de aquestas ciudades, y vivirá; 6No sea que el pariente del muerto vaya tras el homicida, cuando se enardeciere su corazón, y le alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte, no debiendo ser condenado a muerte; por cuanto no tenía enemistad desde ayer ni antes de ayer con el muerto. 7Por tanto yo te mando, diciendo: Tres ciudades te apartarás. 8Y si Jehová tu Dios ensanchare tu término, como lo juró a tus padres, y te diere toda la tierra que dijo a tus padres que había de dar; 9Cuando guardases todos estos mandamientos, que yo te prescribo hoy, para ponerlos por obra, que ames a Jehová tu Dios y andes en sus caminos todos los días; entonces añadirás tres ciudades a más de estas tres; 10Porque no sea derramada sangre inocente en medio de tu tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad, y sea sobre ti sangre. 11Mas cuando hubiere alguno que aborreciere a su prójimo, y lo acechare, y se levantare sobre él, y lo hiriere de muerte, y muriere, y huyere a alguna de estas ciudades; 12Entonces los ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán de allí, y entregarlo han en mano del pariente del muerto, y morirá. 13No le perdonará tu ojo: y quitarás de Israel la sangre inocente, y te irá bien. 14No reducirás el término de tu prójimo, el cual señalaron los antiguos en tu heredad, la que poseyeres en la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas. 15No valdrá un testigo contra ninguno en cualquier delito, o en cualquier pecado, en cualquier pecado que se cometiere. En el dicho de dos testigos, o en el dicho de tres testigos consistirá el negocio. 16Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar contra él rebelión, 17Entonces los dos hombres litigantes se presentarán delante de Jehová, delante de los sacerdotes y jueces que fueren en aquellos días: 18Y los jueces inquirirán bien, y si pareciere ser aquel testigo falso, que testificó falsamente contra su hermano, 19Haréis a él como él pensó hacer a su hermano: y quitarás el mal de en medio de ti. 20Y los que quedaren oirán, y temerán, y no volverán más a hacer una mala cosa como esta, en medio de ti. 21Y no perdonará tu ojo: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmo 105
1Alabad a Jehová, invocad su nombre: haced notorias sus obras en los pueblos. 2Cantadle, cantadle salmos: hablad de todas sus maravillas. 3Gloriaos en su santo nombre: alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. 4Buscad a Jehová, y su fortaleza: buscad siempre su rostro. 5Acordaos de sus maravillas que hizo, de sus prodigios y de los juicios de su boca, 6Oh vosotros, simiente de Abraham su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos. 7El es Jehová nuestro Dios; en toda la tierra son sus juicios. 8Acordóse para siempre de su alianza; de la palabra que mandó para mil generaciones, 9La cual concertó con Abraham; y de su juramento a Isaac. 10Y establecióla a Jacob por decreto, a Israel por pacto sempiterno, 11Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán por cordel de vuestra heredad. 12Esto siendo ellos pocos hombres en número, y extranjeros en ella. 13Y anduvieron de gente en gente, de un reino a otro pueblo. 14No consintió que hombre los agraviase; y por causa de ellos castigó los reyes. 15No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas. 16Y llamó al hambre sobre la tierra, y quebrantó todo mantenimiento de pan. 17Envió un varón delante de ellos, a José, que fue vendido por siervo. 18Afligieron sus pies con grillos; en hierro fue puesta su persona. 19Hasta la hora que llegó su palabra, el dicho de Jehová le probó. 20Envió el rey, y soltóle; el señor de los pueblos, y desatóle. 21Púsolo por señor de su casa, y por enseñoreador en toda su posesión; 22Para que reprimiera a sus grandes como él quisiese, y a sus ancianos enseñara sabiduría. 23Después entró Israel en Egipto, y Jacob fue extranjero en la tierra de Châm. 24Y multiplicó su pueblo en gran manera, e hízolo fuerte más que sus enemigos. 25Volvió el corazón de ellos para que aborreciesen a su pueblo, para que contra sus siervos pensasen mal. 26Envió a su siervo Moisés, y a Aarón al cual escogió. 27Pusieron en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Châm. 28Echó tinieblas, e hizo oscuridad; y no fueron rebeldes a su palabra. 29Volvió sus aguas en sangre, y mató sus pescados. 30Produjo su tierra ranas, aun en las cámaras de sus reyes. 31Dijo, y vinieron enjambres de moscas, y piojos en todo su término. 32Volvió en su tierra sus lluvias en granizo, y en fuego de llamaradas. 33E hirió sus viñas y sus higueras, y quebró los árboles de su término. 34Dijo, y vinieron langostas, y pulgón sin número; 35Y comieron toda la hierba de su país, y devoraron el fruto de su tierra. 36Hirió además a todos los primogénitos en su tierra, el principio de toda su fuerza. 37Y sacólos con plata y oro; y no hubo en sus tribus enfermo. 38Egipto se alegró de que salieran; porque su terror había caído sobre ellos. 39Extendió una nube por cubierta, y fuego para alumbrar la noche. 40Pidieron, e hizo venir codornices; y saciólos de pan del cielo. 41Abrió la peña, y fluyeron aguas; corrieron por los secadales como un río. 42Porque se acordó de su santa palabra, dada a Abraham su siervo. 43Y sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos. 44Y dióles las tierras de las gentes; y las labores de las naciones heredaron: 45Para que guardasen sus estatutos, y observasen sus leyes. Aleluya.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 46
1Postróse Bel, abatióse Nebo; sus simulacros fueron puestos sobre bestias, y sobre animales de carga: os llevarán cargados de vosotros, carga penosa. 2Fueron humillados, fueron abatidos juntamente; no pudieron escaparse de la carga, sino que tuvieron ellos mismos que ir en cautiverio. 3Oidme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados desde la matriz. 4Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo: yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré. 5¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que sea semejante? 6Sacan oro del talego, y pesan plata con balanzas, alquilan un platero para hacer un dios de ello; humíllanse y adoran. 7Echanselo sobre los hombros, llévanlo, y asiéntanlo en su lugar; allí se está, y no se mueve de su sitio. Danle voces, y tampoco responde, ni libra de la tribulación. 8Acordaos de esto, y tened vergüenza; tornad en vosotros, prevaricadores. 9Acordaos de las cosas pasadas desde el siglo; porque yo soy Dios, y no hay más Dios, y nada hay a mí semejante; 10Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde antiguo lo que aun no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere; 11Que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir: he lo pensado, y también lo haré. 12Oidme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia. 13Haré que se acerque mi justicia, no se alejará: y mi salud no se detendrá. Y pondré salud en Sion, y mi gloria en Israel.
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Apocalipsis 16
1Y oí una gran voz del templo, que decía a los siete ángeles: Id, y derramad las siete copas de la ira de Dios sobre la tierra. 2Y fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra; y vino una plaga mala y dañosa sobre los hombres que tenían la señal de la bestia, y sobre los que adoraban su imagen. 3Y el segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y se convirtió en sangre como de un muerto; y toda alma viviente fue muerta en el mar. 4Y el tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. 5Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas: 6Porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen. 7Y oí a otro del altar, que decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. 8Y el cuarto ángel derramó su copa sobre el sol; y le fue dado quemar a los hombres con fuego. 9Y los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria. 10Y el quinto ángel derramó su copa sobre la silla de la bestia; y su reino se hizo tenebroso, y se mordían sus lenguas de dolor; 11Y blasfemaron del Dios del cielo por sus dolores, y por sus plagas, y no se arrepintieron de sus obras. 12Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de él se secó, para que fuese preparado el camino de los reyes del Oriente. 13Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas: 14Porque son espíritus de demonios, que hacen señales, para ir a los reyes de la tierra y de todo el mundo, para congregarlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. 15He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. 16Y los congregó en el lugar que en hebreo se llama Armagedón. 17Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una grande voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es. 18Entonces fueron hechos relámpagos y voces y truenos; y hubo un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no fue jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. 19Y la ciudad grande fue partida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de su ira. 20Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados. 21Y cayó del cielo sobre los hombres un grande granizo como del peso de un talento: y los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue muy grande.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Deuteronomio 19 · Salmo 105
Personales
Isaías 46 · Apocalipsis 16