Lectura 1 de 4 · En familia
Números 23
1Y Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros. 2Y Balac hizo como le dijo Balaam: y ofrecieron Balac y Balaam un becerro y un carnero en cada altar. 3Y Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu holocausto, y yo iré: quizá Jehová me vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare, te la noticiaré. Y así se fue solo. 4Y vino Dios al encuentro de Balaam, y este le dijo: Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero. 5Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y díjole: Vuelve a Balac, y has de hablar así. 6Y volvió a él, y he aquí estaba él junto a su holocausto, él y todos los príncipes de Moab. 7Y él tomó su parábola, y dijo: De Aram me trajo Balac, rey de Moab, de los montes del oriente: ven, maldíceme a Jacob; y ven, execra a Israel. 8¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo? ¿y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado? 9Porque de la cumbre de las peñas lo veré, y desde los collados lo miraré: he aquí un pueblo que habitará confiado, y no será contado entre las gentes. 10¿Quién contará el polvo de Jacob, o el número de la cuarta parte de Israel? Muera mi persona de la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya. 11Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? hete tomado para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones. 12Y él respondió, y dijo: ¿No observaré yo lo que Jehová pusiere en mi boca para decirlo? 13Y dijo Balac: Ruégote que vengas conmigo a otro lugar desde el cual lo veas; su extremidad solamente verás, que no lo verás todo; y desde allí me lo maldecirás. 14Y llevólo al campo de Sophim, a la cumbre de Pisga, y edificó siete altares, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar. 15Entonces él dijo a Balac: Ponte aquí junto a tu holocausto, y yo iré a encontrar a Dios allí. 16Y Jehová salió al encuentro de Balaam, y puso palabra en su boca, y díjole: Vuelve a Balac, y así has de decir. 17Y vino a él, y he aquí que él estaba junto a su holocausto, y con él los príncipes de Moab: y díjole Balac: ¿Qué ha dicho Jehová? 18Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye; escucha mis palabras, hijo de Zippor: 19Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: el dijo, ¿y no hará?; habló, ¿y no lo ejecutará? 20He aquí, yo he tomado bendición: y él bendijo, y no podré revocarla. 21No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel: Jehová su Dios es con él, y júbilo de rey en él. 22Dios los ha sacado de Egipto; tiene fuerzas como de unicornio. 23Porque en Jacob no hay agüero, ni adivinación en Israel: como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios! 24He aquí el pueblo, que como león se levantará, y como león se erguirá: no se echará hasta que coma la presa, y beba la sangre de los muertos. 25Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices, ni tampoco lo bendigas. 26Y Balaam respondió, y dijo a Balac: ¿No te he dicho que todo lo que Jehová me dijere, aquello tengo de hacer? 27Y dijo Balac a Balaam: Ruégote que vengas, te llevaré a otro lugar; por ventura parecerá bien a Dios que desde allí me lo maldigas. 28Y Balac llevó a Balaam a la cumbre de Peor, que mira hacia Jesimón. 29Entonces Balaam dijo a Balac: Edifícame aquí siete altares, y prepárame aquí siete becerros y siete carneros. 30Y Balac hizo como Balaam le dijo; y ofreció un becerro y un carnero en cada altar.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmos 62-63 (cap. 62)
1En Dios solamente está acallada mi alma: de él viene mi salud. 2El solamente es mi fuerte, y mi salud; es mi refugio, no resbalaré mucho. 3¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre? Pereceréis todos vosotros, caeréis como pared acostada, como cerca ruinosa. 4Solamente consultan de arrojarle de su grandeza; aman la mentira, con su boca bendicen, pero maldicen en sus entrañas. (Selah.) 5Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza. 6El solamente es mi fuerte y mí salud: es mi refugio, no resbalaré. 7En Dios está mi salvación y mi gloria: en Dios está la roca de mi fortaleza, y mi refugio. 8Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. (Selah.) 9Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón: pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que la vanidad. 10No confiéis en la violencia, ni en la rapiña; no os envanezcáis: si se aumentare la hacienda, no pongáis el corazón en ella. 11Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza. 12Y de ti, oh Señor, es la misericordia: porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmos 62-63 (cap. 63)
1Dios, Dios mío eres tú: levantaréme a ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas; 2Para ver tu fortaleza y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. 3Porque mejor es tu misericordia que la vida: mis labios te alabarán. 4Así te bendeciré en mi vida: en tu nombre alzaré mis manos. 5Como de meollo y de grosura será saciada mi alma; y con labios de júbilo te alabará mi boca, 6Cuando me acordaré de ti en mi lecho, cuando meditaré de ti en las velas de la noche. 7Porque has sido mi socorro; y así en la sombra de tus alas me regocijaré. 8Está mi alma apegada a ti: tu diestra me ha sostenido. 9Mas los que para destrucción buscaron mi alma, caerán en los sitios bajos de la tierra. 10Destruiránlos a filo de espada; serán porción de las zorras. 11Empero el rey se alegrará en Dios; será alabado cualquiera que por él jura: porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 13
1Carga de Babilonia, que vio Isaías, hijo de Amoz. 2Levantad bandera sobre un alto monte; alzad la voz a ellos, alzad la mano, para que entren por puertas de príncipes. 3Yo mandé a mis santificados, asimismo llamé a mis valientes para mi ira, a los que se alegran con mi gloria. 4Murmullo de multitud en los montes, como de mucho pueblo; murmullo de ruido de reinos, de gentes reunidas: Jehová de los ejércitos ordena las tropas de la batalla. 5Vienen de lejana tierra, de lo postrero de los cielos, Jehová y los instrumentos de su furor, para destruir toda la tierra. 6Aullad, porque cerca está el día de Jehová; vendrá como asolamiento del Todopoderoso. 7Por tanto, se enervarán todas la manos, y desleiráse todo corazón de hombre: 8Y se llenarán de terror; angustias y dolores los comprenderán; tendrán dolores como mujer de parto; pasmaráse cada cual al mirar a su compañero; sus rostros, rostros de llamas. 9He aquí el día de Jehová viene, crudo, y de saña y ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de ella sus pecadores. 10Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no derramarán su lumbre; y el sol se oscurecerá en naciendo, y la luna no echará su resplandor. 11Y visitaré la maldad sobre el mundo, y sobre los impíos su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. 12Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ophir al hombre. 13Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día de la ira de su furor. 14Y será que como corza amontada, y como oveja sin pastor, cada cual mirará hacia su pueblo, y cada uno huirá a su tierra. 15Cualquiera que fuere hallado, será alanceado; y cualquiera que a ellos se juntare, caerá a cuchillo. 16Sus niños serán estrellados delante de ellos; sus casas serán saqueadas, y forzadas sus mujeres. 17He aquí que yo despierto contra ellos a los Medos, que no curarán de la plata, ni codiciarán oro. 18Y con arcos tirarán a los niños, y no tendrán misericordia de fruto de vientre, ni su ojo perdonará a hijos. 19Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los Caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios. 20Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación; ni hincará allí tienda el Arabe, ni pastores tendrán allí majada: 21Sino que dormirán allí bestias fieras, y sus casas se llenarán de hurones, allí habitarán hijas del buho, y allí saltarán peludos. 22Y en sus palacios gritarán gatos cervales, y chacales en sus casas de deleite: y abocado está a venir su tiempo, y sus días no se alargarán.
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Pedro 1
1Pedro, apóstol de Jesucristo, a los extranjeros esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia, y en Bithinia, 2Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada. 3Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4Para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse, reservada en los cielos 5Para nosotros que somos guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el postrimero tiempo. 6En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario, 7Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuere manifestado: 8Al cual, no habiendo visto, le amáis; en el cual creyendo, aunque al presente no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorificado; 9Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salud de vuestras almas. 10De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que había de venir a vosotros, han inquirido y diligentemente buscado, 11Escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir a Cristo, y las glorias después de ellas. 12A los cuales fue revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas de los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; en las cuales desean mirar los ángeles. 13Por lo cual, teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceñidos, con templanza, esperad perfectamente en la gracia que os es presentada cuando Jesucristo os es manifestado: 14Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación: 16Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. 17Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación: 18Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata; 19Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: 20Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros, 21Que por él creéis a Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios. 22Habiendo purificado vuestra almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos a otros entrañablemente de corazón puro: 23Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre. 24Porque Toda carne es como la hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba: secóse la hierba, y la flor se cayó; 25Mas la palabra del Señor permanece perpetuamente. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Números 23 · Salmos 62-63
Personales
Isaías 13 · 1 Pedro 1