Lectura 1 de 4 · En familia
Números 24
1Y como vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, a encuentro de agüeros, sino que puso su rostro hacia el desierto; 2Y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus; y el espíritu de Dios vino sobre él. 3Entonces tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, y dijo el varón de ojos abiertos: 4Dijo el que oyó los dichos de Dios, el que vio la visión del Omnipotente; caído, mas abiertos los ojos: 5¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus habitaciones, oh Israel! 6Como arroyos están extendidas, como huertos junto al río, como lináloes plantados por Jehová, como cedros junto a las aguas. 7De sus manos destilarán aguas, y su simiente será en muchas aguas: y ensalzarse ha su rey más que Agag, y su reino será ensalzado. 8Dios lo sacó de Egipto; tiene fuerzas como de unicornio: comerá a las gentes sus enemigas, y desmenuzará sus huesos, y asaeteará con sus saetas. 9Se encorvará para echarse como león, y como leona; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren. 10Entonces se encendió la ira de Balac contra Balaam, y batiendo sus palmas le dijo: Para maldecir a mis enemigos te he llamado, y he aquí los has resueltamente bendecido ya tres veces. 11Húyete, por tanto, ahora a tu lugar: yo dije que te honraría, mas he aquí que Jehová te ha privado de honra. 12Y Balaam le respondió: ¿No lo declaré yo también a tus mensajeros que me enviaste, diciendo: 13Si Balac me diese su casa llena de plata y oro, yo no podré traspasar el dicho de Jehová para hacer cosa buena ni mala de mi arbitrio; mas lo que Jehová hablare, eso diré yo? 14He aquí yo me voy ahora a mi pueblo: por tanto, ven, te indicaré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los postrimeros días. 15Y tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, dijo el varón de ojos abiertos: 16Dijo el que oyó los dichos de Jehová, y el que sabe la ciencia del Altísimo, el que vio la visión del Omnipotente; caído, mas abiertos los ojos: 17Verélo, mas no ahora: lo miraré, mas no de cerca: saldrá ESTRELLA de Jacob, y levantaráse cetro de Israel, y herirá los cantones de Moab, y destruirá a todos los hijos de Seth. 18Y será tomada Edom, será también tomada Seir por sus enemigos, e Israel se portará varonilmente. 19Y el de Jacob se enseñoreará, y destruirá de la ciudad lo que quedare. 20Y viendo a Amalec, tomó su parábola, y dijo: Amalec, cabeza de gentes; mas su postrimería perecerá para siempre. 21Y viendo al Cineo, tomó su parábola, y dijo: Fuerte es tu habitación, pon en la peña tu nido: 22Que el Cineo será echado, cuando Assur te llevará cautivo. 23Todavía tomó su parábola, y dijo: ¡Ay! ¿quién vivirá cuando hiciere Dios estas cosas? 24Y vendrán navíos de la costa de Cittim, y afligirán a Assur, afligirán también a Eber: mas él también perecerá para siempre. 25Entonces se levantó Balaam, y se fue, y volvióse a su lugar: y también Balac se fue por su camino.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmos 64-65 (cap. 64)
1Escucha, oh Dios, mi voz en mi oración: guarda mi vida del miedo del enemigo. 2Escóndeme del secreto consejo de los malignos; de la conspiración de los que obran iniquidad: 3Que amolaron su lengua como cuchillo, y armaron por su saeta palabra amarga; 4Para asaetear a escondidas al íntegro: de improviso lo asaetean, y no temen. 5Obstinados en su inicuo designio, tratan de esconder los lazos, y dicen: ¿Quién los ha de ver? 6Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como el corazón, es profundo. 7Mas Dios los herirá con saeta; de repente serán sus plagas. 8Y harán caer sobre sí sus mismas lenguas: se espantarán todos los que los vieren. 9Y temerán todos los hombres, y anunciarán la obra de Dios, y entenderán su hecho. 10Alegraráse el justo en Jehová, y confiaráse en él; y se gloriarán todos los rectos de corazón.
Lectura 2 de 4 · En familia
Salmos 64-65 (cap. 65)
1Ti es plácida la alabanza en Sion, oh Dios: y a ti se pagarán los votos. 2Tú oyes la oración: a ti vendrá toda carne. 3Palabras de iniquidades me sobrepujaron: mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. 4Dichoso el que tú escogieres, e hicieres llegar a ti, para que habite en tus atrios: seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo. 5Con tremendas cosas, en justicia, nos responderás tú, oh Dios de nuestra salud, esperanza de todos los términos de la tierra, y de los más remotos confines de la mar. 6Tú, el que afirma los montes con su potencia, ceñido de valentía: 7El que amansa el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, y el alboroto de las gentes. 8Por tanto los habitadores de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde. 9Visitas la tierra, y la riegas: en gran manera la enriqueces con el río de Dios, lleno de aguas: preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. 10Haces se empapen sus surcos, haces descender sus canales: ablándasla con lluvias, bendices sus renuevos. 11Tú coronas el año de tus bienes; y tus nubes destilan grosura. 12Destilan sobre las estancias del desierto; y los collados se ciñen de alegría. 13Vístense los llanos de manadas, y los valles se cubren de grano: dan voces de júbilo, y aun cantan.
Lectura 3 de 4 · Personal
Isaías 14
1Porque Jehová tendrá piedad de Jacob, y todavía escogerá a Israel, y les hará reposar en su tierra: y a ellos se unirán extranjeros, y allegaránse a la familia de Jacob. 2Y los tomarán los pueblos, y traeránlos a su lugar: y la casa de Israel los poseerá por siervos y criadas en la tierra de Jehová: y cautivarán a los que los cautivaron, y señorearán a los que los oprimieron. 3Y será en el día que Jehová te diere reposo de tu trabajo, y de tu temor, y de la dura servidumbre en que te hicieron servir, 4Que levantarás esta parábola sobre el rey de Babilonia, y dirás: ¡Cómo paró el exactor, cómo cesó la ciudad codiciosa del oro! 5Quebrantó Jehová el bastón de los impíos, el cetro de los señores; 6Al que con ira hería los pueblos de llaga permanente, el cual se enseñoreaba de las gentes con furor, y las perseguía con crueldad. 7Descansó, sosegó toda la tierra: cantaron alabanza. 8Aun las hayas se holgaron de ti, y los cedros del Líbano, diciendo: Desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros. 9El infierno abajo se espantó de ti; te despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. 10Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también enfermaste como nosotros, y como nosotros fuiste? 11Descendió al sepulcro tu soberbia, y el sonido de tus vihuelas: gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán. 12¡Cómo caiste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las gentes. 13Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto a las estrellas de Dios ensalzaré mi solio, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del aquilón; 14Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. 15Mas tú derribado eres en el sepulcro, a los lados de la huesa. 16Inclinarse han hacia ti los que te vieren, te considerarán diciendo: ¿Es este aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; 17Que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades; que a sus presos nunca abrió la cárcel? 18Todos los reyes de las gentes, todos ellos yacen con honra cada uno en su casa. 19Mas tú echado eres de tu sepulcro como tronco abominable, como vestido de muertos pasados a cuchillo, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado. 20No serás contado con ellos en la sepultura: porque tú destruiste tu tierra, mataste tu pueblo. No será nombrada para siempre la simiente de los malignos. 21Aparejad sus hijos para el matadero por la maldad de sus padres: no se levanten, ni posean la tierra, e hinchan la haz del mundo de ciudades. 22Porque yo me levantaré sobre ellos, dice Jehová de los ejércitos, y raeré de Babilonia el nombre y las reliquias, hijo y nieto, dice Jehová. 23Y convertiréla en posesión de erizos, y en lagunas de agua; y la barreré con escobas de destrucción, dice Jehová de los ejércitos. 24Jehová de los ejércitos juró, diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado: 25Que quebrantaré al Asirio en mi tierra, y en mis montes lo hollaré; y su yugo será apartado de ellos, y su carga será quitada de su hombro. 26Este es el consejo que está acordado sobre toda la tierra; y esta, la mano extendida sobre todas las gentes. 27Porque Jehová de los ejércitos ha determinado: ¿y quién invalidará? Y su mano extendida, ¿quién la hará tornar? 28En el año que murió el rey Achâz fue esta carga: 29No te alegres tú, Filistea toda, por haberse quebrado la vara del que te hería; porque de la raíz de la culebra saldrá basilisco, y su fruto, ceraste volador. 30Y los primogénitos de los pobres serán apacentados, y los menesterosos se acostarán seguramente: mas yo haré morir de hambre tu raíz, y mataré tus reliquias. 31Aulla, oh puerta; clama, oh ciudad; disuelta estás toda tú, Filistea: porque humo vendrá de aquilón, no quedará uno solo en sus asambleas. 32¿Y qué se responderá a los mensajeros de la gentilidad? Que Jehová fundó a Sion, y que a ella se acogerán los afligidos de su pueblo.
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Pedro 2
1Dejando pues toda malicia, y todo engaño, y fingimientos, y envidias, y todas las detracciones, 2Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual, sin engaño, para que por ella crezcáis en salud: 3Si empero habéis gustado que el Señor es benigno; 4Al cual allegándoos, piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios, preciosa, 5Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. 6Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no será confundido. 7Ella es pues honor a vosotros que creéis: mas para los desobedientes, la piedra que los edificadores reprobaron, esta fue hecha la cabeza del ángulo; 8Y Piedra de tropiezo, y roca de escándalo a aquellos que tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; para lo cual fueron también ordenados. 9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable: 10Vosotros, que en el tiempo pasado no erais pueblo, mas ahora sois pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habíais alcanzado misericordia, mas ahora habéis alcanzado misericordia. 11Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, 12Teniendo vuestra conversación honesta entre los Gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, estimándoos por las buenas obras. 13Sed pues sujetos a toda ordenación humana por respeto a Dios: ya sea al rey, como a superior; 14Ya a los gobernadores, como de él enviados para venganza de los malhechores, y para loor de los que hacen bien. 15Porque esta es la voluntad de Dios; que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres vanos: 16Como libres, y no como teniendo la libertad por cobertura de malicia, sino como siervos de Dios. 17Honrad a todos. Amad la fraternidad. Temed a Dios. Honrad al rey. 18Siervos, sed sujetos con todo temor a vuestros amos; no solamente a los buenos y humanos, sino también a los rigurosos. 19Porque esto es agradable, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20Porque ¿qué gloria es, si pecando vosotros sois abofeteados, y lo sufrís? mas si haciendo bien sois afligidos, y lo sufrís, esto ciertamente es agradable delante de Dios. 21Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: 22El cual no hizo pecado; ni fue hallado engaño en su boca: 23Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente: 24El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados. 25Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Números 24 · Salmos 64-65
Personales
Isaías 14 · 1 Pedro 2