Lectura 1 de 4 · En familia

1 Reyes 17

1Entonces Elías Thisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Achâb: Vive Jehová Dios de Israel, delante del cual estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. 2Y fue a él palabra de Jehová, diciendo: 3Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Cherith, que está delante del Jordán; 4Y beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. 5Y él fue, e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y asentó junto al arroyo de Cherith, que está antes del Jordán. 6Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne a la tarde; y bebía del arroyo. 7Pasados algunos días, secóse el arroyo; porque no había llovido sobre la tierra. 8Y fue a él palabra de Jehová, diciendo: 9Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y allí morarás: he aquí yo he mandado allí a una mujer viuda que te sustente. 10Entonces él se levantó, y se fue a Sarepta. Y como llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí cogiendo serojas; y él la llamó, y díjole: Ruégote que me traigas una poca de agua en un vaso, para que beba. 11Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y díjole: Ruégote que me traigas también un bocado de pan en tu mano. 12Y ella respondió: Vive Jehová Dios tuyo, que no tengo pan cocido; que solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una botija: y ahora cogía dos serojas, para entrarme y aderezarlo para mí y para mi hijo, y que lo comamos, y nos muramos. 13Y Elías le dijo: No hayas temor; ve, haz como has dicho: empero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La tinaja de la harina no escaseará, ni se disminuirá la botija del aceite, hasta aquel día que Jehová dará lluvia sobre la haz de la tierra. 15Entonces ella fue, e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella y su casa, muchos días. 16Y la tinaja de la harina no escaseó, ni menguó la botija del aceite, conforme a la palabra de Jehová que había dicho por Elías. 17Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa, y la enfermedad fue tan grave, que no quedó en él resuello. 18Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿has venido a mí para traer en memoria mis iniquidades, y para hacerme morir mi hijo? 19Y él le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y llevólo a la cámara donde él estaba, y púsole sobre su cama; 20Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa yo estoy hospedado has afligido, matándole su hijo? 21Y midióse sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová, y dijo: Jehová Dios mío, ruégote que vuelva el alma de este niño a sus entrañas. 22Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a sus entrañas, y revivió. 23Tomando luego Elías al niño, trájolo de la cámara a la casa, y diólo a su madre, y díjole Elías: Mira, tu hijo vive. 24Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.
Lectura 2 de 4 · En familia

Colosenses 4

1Amós, haced lo que es justo y derecho con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis amo en los cielos. 2Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias: 3Orando también juntamente por nosotros, que el Señor nos abra la puerta de la palabra, para hablar el misterio de Cristo, por el cual aun estoy preso, 4Para que lo manifieste como me conviene hablar. 5Andad en sabiduría para con los extraños, redimiendo el tiempo. 6Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder a cada uno. 7Todos mis negocios os hará saber Tichîco, hermano amado y fiel ministro y consiervo en el Señor: 8El cual os he enviado a esto mismo, para que entienda vuestros negocios, y consuele vuestros corazones; 9Con Onésimo, amado y fiel hermano, el cual es de vosotros. Todo lo que acá pasa, os harán saber. 10Aristarchô, mi compañero en la prisión, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé (acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle), 11Y Jesús, el que se llama Justo; los cuales son de la circuncisión: estos solos son los que me ayudan en el reino de Dios, y me han sido consuelo. 12Os saluda Epafras, el cual es de vosotros, siervo de Cristo, siempre solícito por vosotros en oraciones, para que estéis firmes, perfectos y cumplidos en todo lo que Dios quiere. 13Porque le doy testimonio, que tiene gran celo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y los que en Hierápolis. 14Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas. 15Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Nimfas, y a la iglesia que está en su casa. 16Y cuando esta carta fuere leída entre vosotros, haced que también sea leída en la iglesia de los Laodicenses; y la de Laodicea que la leáis también vosotros. 17Y decid a Archîpo: Mira que cumplas el ministerio que has recibido del Señor. 18La salutación de mi mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal

Ezequiel 47

1Hízome tornar luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente: porque la fachada de la casa estaba al oriente: y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al mediodía del altar. 2Y sacóme por el camino de la puerta del norte, e hízome rodear por el camino fuera de la puerta, por de fuera al camino de la que mira al oriente: y he aquí las aguas que salían al lado derecho. 3Y saliendo el varón hacia el oriente, tenía un cordel en su mano; y midió mil codos, e hízome pasar por las aguas hasta los tobillos. 4Y midió otros mil, e hízome pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, e hízome pasar por las aguas hasta los lomos. 5Y midió otros mil, e iba ya el arroyo que yo no podía pasar: porque las aguas se habían alzado, y el arroyo no se podía pasar sino a nado. 6Y díjome: ¿Has visto, hijo del hombre? Después me llevó, e hízome tornar por la ribera del arroyo. 7Y tornando yo, he aquí en la ribera del arroyo había árboles muy muchos de la una parte y de la otra. 8Y díjome: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán a la llanura, y entrarán en la mar: y entradas en la mar, recibirán sanidad las aguas. 9Y será que toda alma viviente que nadare por donde quiera que entraren estos dos arroyos, vivirá: y habrá muy muchos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este arroyo. 10Y será que junto a él estarán pescadores; y desde En-gadi hasta En-eglaim será tendedero de redes: en su clase será su pescado como el pescado de la gran mar, mucho en gran manera. 11Sus charcos y sus lagunas no se sanarán; quedarán para salinas. 12Y junto al arroyo, en su ribera de una parte y de otra, crecerá todo árbol de comer: su hoja nunca caerá, ni faltará su fruto: a sus meses madurará, porque sus aguas salen del santuario: y su fruto será para comer, y su hoja para medicina. 13Así ha dicho el Señor Jehová: Este es el término en que partiréis la tierra en heredad entre las doce tribus de Israel: José dos partes. 14Y la heredaréis así los unos como los otros: por ella alcé mi mano que la había de dar a vuestros padres: por tanto, esta tierra os caerá en heredad. 15Y este será el término de la tierra hacia la parte del norte; desde la gran mar, camino de Hethlon viniendo a Sedad; 16Hamath, Berotha, Sibrahim, que está entre el término de Damasco y el término de Hamath; Haser-hatticon, que es el término de Hauran. 17Y será el término del norte desde la mar de Haser-enon al término de Damasco al norte, y al término de Hamath al lado del norte. 18Al lado del oriente, por medio de Hauran y de Damasco, y de Galaad, y de la tierra de Israel, al Jordán: esto mediréis de término hasta la mar del oriente. 19Y al lado del mediodía, hacia el mediodía, desde Tamar hasta las aguas de las rencillas; desde Cades y el arroyo hasta la gran mar: y esto será el lado austral, al mediodía. 20Y al lado del occidente la gran mar será el término hasta en derecho para venir a Hamath: este será el lado del occidente. 21Partiréis, pues, esta tierra entre vosotros por las tribus de Israel. 22Y será que echaréis sobre ella suertes por herencia para vosotros, y para los extranjeros que peregrinan entre vosotros, que entre vosotros han engendrado hijos: y los tendréis como naturales entre los hijos de Israel; echarán suertes con vosotros para heredarse entre las tribus de Israel. 23Y será que en la tribu en que peregrinare el extranjero, allí le daréis su heredad, ha dicho el Señor Jehová.
Lectura 4 de 4 · Personal

Salmo 103

1Bendice, alma mía, a Jehová; y bendigan todas mis entrañas su santo nombre. 2Bendice, alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. 3El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; 4El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; 5El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila. 6Jehová el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia. 7Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras. 8Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. 9No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. 10No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades; ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. 11Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. 12Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. 13Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. 14Porque él conoce nuestra condición; acuérdase que somos polvo. 15El hombre, como la hierba son sus días: florece como la flor del campo. 16Que pasó el viento por ella, y pereció: y su lugar no la conoce más. 17Mas la misericordia de Jehová desde el siglo y hasta el siglo sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; 18Sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra. 19Jehová afirmó en los cielos su trono; y su reino domina sobre todos. 20Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto. 21Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad. 22Bendecid a Jehová, vosotras todas sus obras, en todos los lugares de su señorío. Bendice, alma mía, a Jehová.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
1 Reyes 17 · Colosenses 4
Personales
Ezequiel 47 · Salmo 103