Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 16

1Y Sarai, mujer de Abram, no le paría: y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. 2Dijo, pues, Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril: ruégote que entres a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al dicho de Sarai. 3Y Sarai, mujer de Abram, tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y dióla a Abram su marido por mujer. 4Y él cohabitó con Agar, la cual concibió: y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora. 5Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti: yo puse mi sierva en tu seno, y viéndose embarazada, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre mí y ti. 6Y respondió Abram a Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Y como Sarai la afligiese, huyóse de su presencia. 7Y hallóla el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino del Sur. 8Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai, mi señora. 9Y díjole el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo de su mano. 10Díjole también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado a causa de la muchedumbre. 11Díjole aún el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha Jehová tu aflicción. 12Y él será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 13Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? 14Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí está entre Cades y Bered. 15Y parió Agar a Abram un hijo, y llamó Abram el nombre de su hijo que le parió Agar, Ismael. 16Y era Abram de edad de ochenta y seis años, cuando parió Agar a Ismael.
Lectura 2 de 4 · En familia

Mateo 15

1Entonces llegaron a Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo: 2¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan. 3Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y a la madre, y, El que maldijere al padre o a la madre, muera de muerte. 5Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere al padre o a la madre: Es ya ofrenda mía a Dios todo aquello con que pudiera valerte; 6No deberá honrar a su padre o a su madre con socorro. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. 7Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: 8Este pueblo de labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. 9Mas en vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres. 10Y llamando a sí las gentes, les dijo: Oid, y entended: 11No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. 12Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron? 13Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. 14Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. 15Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola. 16Y Jesús dijo: ¿Aun también vosotros sois sin entendimiento? 17¿No entendéis aún, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina? 18Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. 20Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre. 21Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón. 22Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio. 23Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros. 24Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. 26Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27Y ella dijo: Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. 28Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora. 29Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea: y subiendo al monte, se sentó allí. 30Y llegaron a él muchas gentes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos: y los echaron a los pies de Jesús, y los sanó: 31De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel. 32Y Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo lástima de la gente, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino. 33Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos a tan gran compañía? 34Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. 35Y mandó a las gentes que se recostasen sobre la tierra. 36Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió y dio a sus discípulos; y los discípulos a la gente. 37Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas. 38Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños. 39Entonces, despedidas las gentes, subió en el barco: y vino a los términos de Magdalá.
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Nehemías 5

1Entonces fue grande el clamor del pueblo y de sus mujeres contra los Judíos sus hermanos. 2Y había quien decía: Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos: hemos por tanto tomado grano para comer y vivir. 3Y había quienes decían: Hemos empeñado nuestras tierras, y nuestras viñas, y nuestras casas, para comprar grano en el hambre. 4Y había quienes decían: Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey, sobre nuestras tierras y viñas. 5Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos como sus hijos: y he aquí que nosotros sujetamos nuestros hijos y nuestras hijas a servidumbre, y hay algunas de nuestras hijas sujetas: mas no hay facultad en nuestras manos para rescatarlas, porque nuestras tierras y nuestras viñas son de otros. 6Y enojéme en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras. 7Medité lo entonces para conmigo, y reprendí a los principales y a los magistrados, y díjeles: ¿Tomáis cada uno usura de vuestros hermanos? Y convoqué contra ellos una grande junta. 8Y díjeles: Nosotros rescatamos a nuestros hermanos Judíos que habían sido vendidos a las gentes, conforme a la facultad que había en nosotros: ¿y vosotros aun vendéis a vuestros hermanos, y serán vendidos a nosotros? Y callaron, que no tuvieron qué responder. 9Y dije: No es bien lo que hacéis, ¿no andaréis en temor de nuestro Dios, por no ser el oprobio de las gentes enemigas nuestras? 10También yo, y mis hermanos, y mis criados, les hemos prestado dinero y grano: relevémosles ahora de este gravamen. 11Ruégoos que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares, y sus casas, y la centésima parte del dinero y grano, del vino y del aceite que demandáis de ellos. 12Y dijeron: Devolveremos, y nada les demandaremos; haremos así como tú dices. Entonces convoqué los sacerdotes, y juramentélos que harían conforme a esto. 13Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ¡Amén! Y alabaron a Jehová. Y el pueblo hizo conforme a esto. 14También desde el día que me mandó el rey que fuese gobernador de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey Artajerjes hasta el año treinta y dos, doce años, ni yo ni mis hermanos comimos el pan del gobernador. 15Mas los primeros gobernadores que fueron antes de mí, cargaron al pueblo, y tomaron de ellos por el pan y por el vino sobre cuarenta siclos de plata: a más de esto, sus criados se enseñoreaban sobre el pueblo; pero yo no hice así, a causa del temor de Dios. 16También en la obra de este muro instauré mi parte, y no compramos heredad: y todos mis criados juntos estaban allí a la obra. 17Además ciento y cincuenta hombres de los Judíos y magistrados, y los que venían a nosotros de las gentes que están en nuestros contornos, estaban a mi mesa. 18Y lo que se aderezaba para cada día era un buey, seis ovejas escogidas, y aves también se aparejaban para mí, y cada diez días vino en toda abundancia: y con todo esto nunca requerí el pan del gobernador, porque la servidumbre de este pueblo era grave. 19Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de todo lo que hice a este pueblo.
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Hechos 15

1Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Que si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 2Así que, suscitada una disensión y contienda no pequeña a Pablo y a Bernabé contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalem, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, sobre esta cuestión. 3Ellos, pues, habiendo sido acompañados de la iglesia, pasaron por la Fenicia y Samaria, contando la conversión de los Gentiles; y daban gran gozo a todos los hermanos. 4Y llegados a Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia y de los apóstoles y de los ancianos: y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. 5Mas algunos de la secta de los Fariseos, que habían creído, se levantaron, diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. 6Y se juntaron los apóstoles y los ancianos para conocer de este negocio. 7Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los Gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio, y creyesen. 8Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo también como a nosotros; 9Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones. 10Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11Antes por la gracia del Señor Jesús creemos que seremos salvos, como también ellos. 12Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por ellos entre los Gentiles. 13Y después que hubieron callado, Jacobo respondió, diciendo: Varones hermanos, oidme: 14Simón ha contado cómo Dios primero visitó a los Gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre; 15Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: 16Después de esto volveré y restauraré la habitación de David, que estaba caída; y repararé sus ruinas, y la volveré a levantar; 17Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los Gentiles, sobre los cuales es llamado mi nombre, dice el Señor, que hace todas estas cosas. 18Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras. 19Por lo cual yo juzgo, que los que de los Gentiles se convierten a Dios, no han de ser inquietados; 20Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y de fornicación, y de ahogado, y de sangre. 21Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado. 22Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir varones de ellos, y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabas, y a Silas, varones principales entre los hermanos; 23Y escribir por mano de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de los Gentiles que están en Antioquía, y en Siria, y en Cilicia, salud: 24Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, os han inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, a los cuales no mandamos; 25Nos ha parecido, congregados en uno, elegir varones, y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26Hombres que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. 27Así que, enviamos a Judas y a Silas, los cuales también por palabra os harán saber lo mismo. 28Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29Que os abstengáis de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. 30Ellos entonces enviados, descendieron a Antioquía; y juntando la multitud, dieron la carta. 31La cual, como leyeron, fueron gozosos de la consolación. 32Judas también y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra. 33Y pasando allí algún tiempo, fueron enviados de los hermanos a los apóstoles en paz. 34Mas a Silas pareció bien el quedarse allí. 35Y Pablo y Bernabé se estaban en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos. 36Y después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están. 37Y Bernabé quería que tomasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; 38Mas a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Pamphylia, y no había ido con ellos a la obra. 39Y hubo tal contención entre ellos, que se apartaron el uno del otro; y Bernabé tomando a Marcos, navegó a Cipro. 40Y Pablo escogiendo a Silas, partió encomendado de los hermanos a la gracia del Señor. 41Y anduvo la Siria y la Cilicia, confirmando a las iglesias.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 16 · Mateo 15
Personales
Nehemías 5 · Hechos 15