Lectura 1 de 4 · En familia

Génesis 15

1Después de estas cosas fue la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande. 2Y respondió Abram: Señor Jehová ¿qué me has de dar, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese Damasceno Eliezer? 3Dijo más Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que es mi heredero uno nacido en mi casa. 4Y luego la palabra de Jehová fue a él diciendo: No te heredará este, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede. 5Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora a los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente. 6Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia. 7Y díjole: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte a heredar esta tierra. 8Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la tengo de heredar? 9Y le dijo: Apártame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino. 10Y tomó él todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves. 11Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram. 12Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el pavor de una grande obscuridad cayó sobre él. 13Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. 14Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza. 15Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 16Y en la cuarta generación volverán acá: porque aun no está cumplida la maldad del Amorrheo hasta aquí. 17Y sucedió que puesto el sol, y ya obscurecido, dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasó por entre los animales divididos. 18En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; 19Los Cineos, y los Ceneceos, y los Cedmoneos, 20Y los Hetheos, y los Pherezeos, y los Raphaitas, 21Y los Amorrheos, y los Cananeos, y los Gergeseos, y los Jebuseos.
Lectura 2 de 4 · En familia

Mateo 14

1En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, 2Y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en él. 3Porque Herodes había prendido a Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; 4Porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. 5Y quería matarle, mas temía al pueblo; porque le tenían como a profeta. 6Mas celebrándose el día del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes. 7Y prometió él con juramento de darle todo lo que pidiese. 8Y ella, instruída primero de su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. 9Entonces el rey se entristeció; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente a la mesa, mandó que se le diese. 10Y enviando, degolló a Juan en la cárcel. 11Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre. 12Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas a Jesús. 13Y oyéndo lo Jesús, se apartó de allí en un barco a un lugar descierto, apartado: y cuando las gentes lo oyeron, le siguieron a pie de las ciudades. 14Y saliendo Jesús, vio un gran gentío, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos había enfermos. 15Y cuando fue la tarde del día, se llegaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldeas, y compren para sí de comer. 16Y Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer. 17Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. 18Y él les dijo: Traédmelos acá. 19Y mandando a las gentes recostarse sobre la hierba, tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a las gentes. 20Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. 21Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños. 22Y luego Jesús hizo a sus discípulos entrar en el barco, e ir delante de él a la otra parte del lago, entre tanto que él despedía a las gentes. 23Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, a orar: y como fue la tarde del día, estaba allí solo. 24Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario. 25Mas a la cuarta vela de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre la mar. 26Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo. 27Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo. 28Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. 29Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. 30Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose a hundir, dio voces, diciendo: Señor, sálvame. 31Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? 32Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento. 33Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios. 34Y llegando a la otra parte, vinieron a la tierra de Genezaret. 35Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos; 36Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos.
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Nehemías 4

1Y fue que como oyó Sanballat que nosotros edificábamos el muro, encolerizóse y enojóse en gran manera, e hizo escarnio de los Judíos. 2Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles Judíos? ¿hanles de permitir? ¿han de sacrificar? ¿han de acabar en un día? ¿han de resucitar de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? 3Y estaba junto a él Tobías Ammonita, el cual dijo: Aun lo que ellos edifican, si subiere una zorra derribará su muro de piedra. 4Oye, oh Dios nuestro, que somos en menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y dalos en presa en la tierra de su cautiverio: 5Y no cubras su iniquidad, ni su pecado sea raído delante de tu rostro; porque se airaron contra los que edificaban. 6Edificamos pues el muro, y toda la muralla fue junta hasta su mitad: y el pueblo tuvo ánimo para obrar. 7Mas acaeció que oyendo Sanballat y Tobías, y los Arabes, y los Ammonitas, y los de Asdod, que los muros de Jerusalem eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a cerrarse, encolerizáronse mucho; 8Y conspiraron todos a una para venir a combatir a Jerusalem, y a hacerle daño. 9Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche. 10Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han enflaquecido, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro. 11Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos, y los matemos, y hagamos cesar la obra. 12Sucedió empero, que como vinieron los Judíos que habitaban entre ellos, nos dieron aviso diez veces de todos los lugares de donde volvían a nosotros. 13Entonces puse por los bajos del lugar, detrás del muro, en las alturas de los peñascos, puse el pueblo por familias con sus espadas, con sus lanzas, y con sus arcos. 14Después miré, y levantéme, y dije a los principales y a los magistrados, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos: acordaos del Señor grande y terrible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. 15Y sucedió que como oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, Dios disipó el consejo de ellos, y volvímonos todos al muro, cada uno a su obra. 16Mas fue que desde aquel día la mitad de los mancebos trabajaba en la obra, y la otra mitad de ellos tenía lanzas y escudos, y arcos, y corazas; y los príncipes estaban tras toda la casa de Judá. 17Los que edificaban en el muro, y los que llevaban cargas y los que cargaban, con la una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. 18Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban: y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. 19Y dije a los principales, y a los magistrados y al resto del pueblo: La obra es grande y larga, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos los unos de los otros: 20En el lugar donde oyereis la voz de la trompeta, reuníos allí a nosotros: nuestro Dios peleará por nosotros. 21Nosotros pues trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta salir las estrellas. 22También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado se quede dentro de Jerusalem, y hágannos de noche centinela, y de día a la obra. 23Y ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de guardia que me seguía, desnudamos nuestro vestido: cada uno se desnudaba solamente para lavarse.
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Hechos 14

1Y aconteció en Iconio, que entrados juntamente en la sinagoga de los Judíos, hablaron de tal manera, que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos. 2Mas los Judíos que fueron incrédulos, incitaron y corrompieron los ánimos de los Gentiles contra los hermanos. 3Con todo eso se detuvieron allí mucho tiempo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos. 4Mas el vulgo de la ciudad estaba dividido; y unos eran con los Judíos, y otros con los apóstoles. 5Y haciendo ímpetu los Judíos y los Gentiles juntamente con sus príncipes, para afrentarlos y apedrearlos, 6Habiéndolo entendido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra alrededor. 7Y allí predicaban el evangelio. 8Y un hombre de Listra, impotente de los pies, estaba sentado, cojo desde el vientre de su madre, que jamás había andado. 9Este oyó hablar a Pablo; el cual, como puso los ojos en él, y vio que tenía fe para ser sano, 10Dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y saltó, y anduvo. 11Entonces las gentes, visto lo que Pablo había hecho, alzaron la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses semejantes a hombres han descendido a nosotros. 12Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque era el que llevaba la palabra. 13Y el sacerdote de Júpiter, que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, quería con el pueblo sacrificar. 14Y como lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rotas sus ropas, se lanzaron al gentío, dando voces, 15Y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, y la mar, y todo lo que está en ellos: 16El cual en las edades pasadas ha dejado a todas las gentes andar en sus caminos; 17Si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, hinchiendo de mantenimiento y de alegría nuestros corazones. 18Y diciendo estas cosas, apenas apaciguaron el pueblo, para que no les ofreciesen sacrificio. 19Entonces sobrevinieron unos Judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le sacaron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. 20Mas rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y un día después, partió con Bernabé a Derbe. 21Y como hubieron anunciado el evangelio a aquella ciudad, y enseñado a muchos, volvieron a Listra, y a Iconio, y a Antioquía, 22Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. 23Y habiéndoles constituído ancianos en cada una de las iglesias, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en el cual habían creído. 24Y pasando por Pisidia vinieron a Pamphylia. 25Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron a Atalia; 26Y de allí navegaron a Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían acabado. 27Y habiendo llegado, y reunido la iglesia, relataron cuán grandes cosas había Dios hecho con ellos, y cómo había abierto a los Gentiles la puerta de la fe. 28Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Génesis 15 · Mateo 14
Personales
Nehemías 4 · Hechos 14