Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 48
1Y sucedió después de estas cosas el haberse dicho a José: He aquí tu padre está enfermo. Y él tomó consigo sus dos hijos Manasés y Ephraim. 2Y se hizo saber a Jacob, diciendo: He aquí tu hijo José viene a ti. Entonces se esforzó Israel, y sentóse sobre la cama; 3Y dijo a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo, 4Y díjome: He aquí, yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de pueblos: y daré esta tierra a tu simiente después de ti por heredad perpetua. 5Y ahora tus dos hijos Ephraim y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos: 6Y los que después de ellos has engendrado, serán tuyos; por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades. 7Porque cuando yo venía de Padan-aram, se me murió Rachêl en la tierra de Canaán, en el camino, como media legua de tierra viniendo a Ephrata; y sepultéla allí en el camino de Ephrata, que es Bethlehem. 8Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son estos? 9Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Allégalos ahora a mí, y los bendeciré. 10Y los ojos de Israel estaban tan agravados de la vejez, que no podía ver. Hízoles, pues, llegar a él, y él los besó y abrazó. 11Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también tu simiente. 12Entonces José los sacó de entre sus rodillas, e inclinóse a tierra. 13Y tomólos José a ambos, Ephraim a su diestra, a la siniestra de Israel; y a Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; e hízoles llegar a él. 14Entonces Israel extendió su diestra, y púsola sobre la cabeza de Ephraim, que era el menor, y su siniestra sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito. 15Y bendijo a José, y dijo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, 16El Angel que me liberta de todo mal, bendiga a estos mozos: y mi nombre sea llamado en ellos, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac: y multipliquen en gran manera en medio de la tierra. 17Entonces viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Ephraim, causóle esto disgusto; y asió la mano de su padre, para mudarla de sobre la cabeza de Ephraim a la cabeza de Manasés. 18Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque este es el primogénito; pon tu diestra sobre su cabeza. 19Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé: también él vendrá a ser un pueblo, y será también acrecentado; pero su hermano menor será más grande que él, y su simiente será plenitud de gentes. 20Y bendíjolos aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Póngate Dios como a Ephraim y como a Manasés. Y puso a Ephraim delante de Manasés. 21Y dijo Israel a José: He aquí, yo muero, mas Dios será con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres. 22Y yo te he dado a ti una parte sobre tus hermanos, la cual tomé yo de mano del Amorrheo con mi espada y con mi arco.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 1:39-80
39En aquellos días levantándose María, fue a la montaña con priesa, a una ciudad de Judá; 40Y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. 41Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, 42Y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. 43¿Y de dónde esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? 44Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor. 46Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor; 47Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. 48Porque ha mirado a la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y santo es su nombre. 50Y su misericordia de generación a generación a los que le temen. 51Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su corazón. 52Quitó los poderosos de los tronos, y levantó a los humildes. 53A los hambrientos hinchió de bienes; y a los ricos envió vacíos. 54Recibió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia, 55Como habló a nuestros padres a Abraham y a su simiente para siempre. 56Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió a su casa. 57Y a Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo. 58Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella. 59Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías. 60Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado. 61Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre. 62Y hablaron por señas a su padre, cómo le quería llamar. 63Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. 64Y luego fue abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo a Dios. 65Y fue un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas. 66Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con él. 67Y Zacarías su padre fue lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: 68Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y hecho redención a su pueblo, 69Y nos alzó un cuerno de salvación en la casa de David su siervo, 70Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio: 71Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron; 72Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santo pacto; 73Del juramento que juró a Abraham nuestro padre, que nos había de dar, 74Que sin temor librados de nuestros enemigos, le serviríamos 75En santidad y en justicia delante de él, todos los días nuestros. 76Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos; 77Dando conocimiento de salud a su pueblo, para remisión de sus pecados, 78Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto el Oriente, 79Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz. 80Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró a Israel.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 14
1El hombre nacido de mujer, corto de días, y harto de sinsabores: 2Que sale como una flor y es cortado; y huye como la sombra, y no permanece. 3¿Y sobre este abres tus ojos, y me traes a juicio contigo? 4¿Quién hará limpio de inmundo? Nadie. 5Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti: tú le pusiste términos, de los cuales no pasará. 6Si tú lo dejares, él dejará de ser: entre tanto deseará, como el jornalero, su día. 7Porque si el árbol fuere cortado, aun queda de él esperanza; retoñecerá aún, y sus renuevos no faltarán. 8Si se envejeciere en la tierra su raíz, y su tronco fuere muerto en el polvo, 9Al percibir el agua reverdecerá, y hará copa como planta. 10Mas el hombre morirá, y será cortado; y perecerá el hombre, ¿y dónde estará él? 11Las aguas de la mar se fueron, y agotóse el río, secóse. 12Así el hombre yace, y no se tornará a levantar: hasta que no haya cielo no despertarán, ni se levantarán de su sueño. 13¡Oh quién me diera que me escondieses en el sepulcro, que me encubrieras hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! 14Si el hombre muriere, ¿ volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi mutación. 15Aficionado a la obra de tus manos, llamarás, y yo te responderé. 16Pues ahora me cuentas los pasos, y no das tregua a mi pecado. 17Tienes sellada en saco mi prevaricación, y coacervas mi iniquidad. 18Y ciertamente el monte que cae se deshace, y las peñas son traspasadas de su lugar; 19Las piedras son desgastadas con el agua impetuosa, que se lleva el polvo de la tierra: de tal manera haces tú perecer la esperanza del hombre. 20Para siempre serás más fuerte que él, y él se va; demudarás su rostro, y enviaráslo. 21Sus hijos serán honrados, y él no lo sabrá; o serán humillados, y no entenderá de ellos. 22Mas su carne sobre él se dolerá, y entristecerse ha en él su alma.
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Corintios 2
1Así que, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con altivez de palabra, o de sabiduría, a anunciaros el testimonio de Cristo. 2Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a este crucificado. 3Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor; 4Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, mas con demostración del Espíritu y de poder; 5Para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios. 6Empero hablamos sabiduría entre perfectos; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que se deshacen: 7Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria: 8La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria: 9Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman. 10Empero Dios nos lo reveló a nosotros por el Espíritu: porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 11Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado; 13Lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 14Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente. 15Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de nadie. 16Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 48 · Lucas 1:39-80
Personales
Job 14 · 1 Corintios 2