Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 7-8 (cap. 7)
1Y vinieron los de Chîriath-jearim, y llevaron el arca de Jehová, y metiéronla en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo, para que guardase el arca de Jehová. 2Y aconteció que desde el día que llegó el arca a Chîriath-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová. 3Y habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astaroth de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y a solo él servid, y os librará de mano de los Filisteos. 4Entonces los hijos de Israel quitaron a los Baales y a Astaroth, y sirvieron a solo Jehová. 5Y Samuel dijo: Juntad a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová. 6Y juntándose en Mizpa, sacaron agua, y derramáronla delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa. 7Y oyendo los Filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los Filisteos contra Israel: lo cual como hubieron oído los hijos de Israel, tuvieron temor de los Filisteos. 8Y dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, que nos guarde de mano de los filisteos. 9Y Samuel tomó un cordero de leche, y sacrificólo entero a Jehová en holocausto: y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó. 10Y aconteció que estando Samuel sacrificando el holocausto, los Filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con grande estruendo sobre los Filisteos, y desbaratólos, y fueron vencidos delante de Israel. 11Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los Filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Beth-car. 12Tomó luego Samuel una piedra, y púsola entre Mizpa y Sen, y púsole por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová. 13Fueron pues los Filisteos humillados, que no vinieron más al término de Israel; y la mano de Jehová fue contra los Filisteos todo el tiempo de Samuel. 14Y fueron restituídas a los hijos de Israel las ciudades que los Filisteos habían tomado a los Israelitas, desde Ecrón hasta Gath, con sus términos: e Israel las libró de mano de los Filisteos. Y hubo paz entre Israel y el Amorrheo. 15Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió. 16Y todos los años iba y daba vuelta a Beth-el, y a Gilgal, y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares. 17Volvíase después a Rama, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí altar a Jehová.
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1 Samuel 7-8 (cap. 8)
1Y aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso sus hijos por jueces sobre Israel. 2Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abia: fueron jueces en Beer-sebah. 3Mas no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se ladearon tras la avaricia, recibiendo cohecho y pervirtiendo el derecho. 4Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Samuel en Rama, 5Y dijéronle: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no van por tus caminos: por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como todas las gentes. 6Y descontentó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. 7Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te dijeren: porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. 8Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, que me han dejado y han servido a dioses ajenos, así hacen también contigo. 9Ahora pues, oye su voz: mas protesta contra ellos declarándoles el derecho del rey que ha de reinar sobre ellos. 10Y dijo Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey. 11Dijo pues: Este será el derecho del rey que hubiere de reinar sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y pondrálos en sus carros, y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro: 12Y se elegirá capitanes de mil, y capitanes de cincuenta: pondrálos asimismo a que aren sus campos, y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra, y los pertrechos de sus carros: 13Tomará también vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras, y amasadoras. 14Asimismo tomará vuestras tierras, vuestras viñas, y vuestros buenos olivares, y los dará a sus siervos. 15El diezmará vuestras simientes y vuestras viñas, para dar a sus eunucos y a sus siervos. 16El tomará vuestros siervos, y vuestras siervas, y vuestros buenos mancebos, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. 17Diezmará también vuestro rebaño, y seréis sus siervos. 18Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os oirá en aquel día. 19Empero el pueblo no quiso oir la voz de Samuel; antes dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros: 20Y nosotros seremos también como todas las gentes, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras. 21Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y refiriólas en oídos de Jehová. 22Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a su ciudad.
Lectura 2 de 4 · En familia
Romanos 6
1¿Pues qué diremos? Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca? 2En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? 4Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. 5Porque si fuimos plantados juntamente en él a la semejanza de su muerte, así también lo seremos a la de su resurrección: 6Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7Porque el que es muerto, justificado es del pecado. 8Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él. 10Porque el haber muerto, al pecado murió una vez; mas el vivir, a Dios vive. 11Así también vosotros, pensad que de cierto estáis muertos al pecado, mas vivos a Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. 12No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias; 13Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos a Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia. 14Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. 15¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera. 16¿No sabéis que a quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecer le, sois siervos de aquel a quien obedecéis, o del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? 17Empero gracias a Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual sois entregados; 18Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia. 19Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne: que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros a servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santidad presentéis vuestros miembros a servir a la justicia. 20Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte. 22Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos a Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. 23Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
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Jeremías 44
1Palabra que fue a Jeremías acerca de todos los Judíos que moraban en la tierra de Egipto, que moraban en Migdol, y en Taphnes, y en Noph, y en tierra de Pathros, diciendo: 2Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalem y sobre todas las ciudades de Judá: y he aquí que ellas están el día de hoy asoladas, ni hay en ellas morador; 3A causa de la maldad de ellos que cometieron para hacerme enojar, yendo a ofrecer sahumerios, honrando dioses ajenos que ellos no habían conocido, vosotros, ni vuestros padres. 4Y envié a vosotros a todos mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos, diciendo: No hagáis ahora esta cosa abominable que yo aborrezco. 5Mas no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su maldad, para no ofrecer sahumerios a dioses ajenos. 6Derramóse por tanto mi saña y mi furor, y encendióse en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalem, y tornáronse en soledad y en destrucción, como hoy. 7Ahora pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vuestras almas, para ser talados varón y mujer, niño y mamante, de en medio de Judá, sin que os quede residuo alguno; 8Haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo sahumerios a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para morar, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las gentes de la tierra? 9¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, y de las maldades de los reyes de Judá, y de las maldades de sus mujeres, y de vuestras maldades, y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en tierra de Judá y en las calles de Jerusalem? 10No se han morigerado hasta el día de hoy, ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley, ni en mis estatutos que puse delante de vosotros y delante de vuestros padres. 11Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo pongo mi rostro en vosotros para mal, y para destruir a todo Judá. 12Y tomaré el resto de Judá que pusieron sus rostros para entrar en tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos consumidos, caerán a cuchillo, serán consumidos de hambre, a cuchillo y hambre morirán desde el más pequeño hasta el mayor; y serán por juramento, y por espanto, y por maldición, y por oprobio. 13Pues visitaré a los que moran en tierra de Egipto, como visité a Jerusalem, con cuchillo, y con hambre, y con pestilencia. 14Y del resto de Judá que entraron en tierra de Egipto para morar allí, no habrá quien escape, ni quien quede vivo, para volver a la tierra de Judá, por la cual suspiran ellos por volver para habitar allí: porque no volverán sino los que escaparen. 15Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido sahumerios a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Pathros, respondieron a Jeremías, diciendo: 16La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no oímos de ti: 17Antes pondremos ciertamente por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer sahumerios a la reina del cielo, y derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalem, y fuimos hartos de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. 18Mas desde que cesamos de ofrecer sahumerios a la reina del cielo, y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a cuchillo y a hambre somos consumidos. 19Y cuando ofrecimos sahumerios a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿hicímosle nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin nuestros maridos? 20Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres, y a todo el vulgo que le había respondido esto, diciendo: 21¿No se ha acordado Jehová, y no ha venido a su memoria el sahumerio que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las plazas de Jerusalem, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes, y el pueblo de la tierra? 22Y no pudo sufrir más Jehová a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho: por tanto vuestra tierra fue en asolamiento, y en espanto, y en maldición, hasta no quedar morador, como hoy. 23Porque ofrecisteis sahumerios, y pecasteis contra Jehová, y no obedecisteis a la voz de Jehová, ni anduvisteis en su ley, ni en sus estatutos, ni en sus testimonios: por tanto ha venido sobre vosotros este mal, como hoy. 24Y dijo Jeremías a todo el pueblo, y a todas las mujeres: Oid palabra de Jehová, todos los de Judá que estáis en tierra de Egipto: 25Así ha hablado Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Vosotros y vuestras mujeres proferisteis con vuestras bocas, y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer sahumerios a la reina del cielo y de derramarle libaciones: confirmáis a la verdad vuestros votos, y ponéis vuestros votos por obra. 26Por tanto, oid palabra de Jehová, todo Judá que habitáis en tierra de Egipto: He aquí he jurado por mi grande nombre, dice Jehová, que mi nombre no será más invocado en toda la tierra de Egipto por boca de ningún hombre Judío, diciendo: Vive el Señor Jehová. 27He aquí que yo velo sobre ellos para mal, y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en tierra de Egipto, serán consumidos a cuchillo y de hambre, hasta que perezcan del todo. 28Y los que escaparen del cuchillo, volverán de tierra de Egipto a tierra de Judá, pocos hombres; sabrán pues todas las reliquias de Judá, que han entrado en Egipto a morar allí la palabra de quién ha de permanecer, si la mía, o la suya. 29Y esto tendréis por señal, dice Jehová, de que en este lugar os visito, para que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras para mal sobre vosotros. 30Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hophra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su alma, como entregué a Sedechîas rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo, y que buscaba su alma.
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Salmos 20-21 (cap. 20)
1Oigate Jehová en el día de conflicto; defiéndate el nombre del Dios de Jacob. 2Envíete ayuda desde el santuario, y desde Sion te sostenga. 3Haga memoria de todos tus presentes, y reduzca a ceniza tu holocausto. (Selah.) 4Déte conforme a tu corazón, y cumpla todo tu consejo. 5Nosotros nos alegraremos por tu salud, y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios: cumpla Jehová todas tus peticiones. 6Ahora echo de ver que Jehová guarda a su ungido: oirálo desde los cielos de su santidad, con la fuerza de la salvación de su diestra. 7Estos confían en carros, y aquellos en caballos: mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. 8Ellos arrodillaron, y cayeron; mas nosotros nos levantamos, y nos enhestamos. 9Salva, Jehová: que el Rey nos oiga el día que lo invocáremos.
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Salmos 20-21 (cap. 21)
1Alegraráse el rey en tu fortaleza, oh Jehová; y en tu salud se gozará mucho. 2El deseo de su corazón le diste, y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. (Selah.) 3Pues le has salido al encuentro con bendiciones de bien: corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. 4Vida te demandó, y dístele largura de días por siglos y siglos. 5Grande es su gloria en tu salud: honra y majestad has puesto sobre él. 6Porque lo has bendecido para siempre; llenástelo de alegría con tu rostro. 7Por cuanto el rey confía en Jehová, y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido. 8Alcanzará tu mano a todos tus enemigos; tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. 9Ponerlos has como horno de fuego en el tiempo de tu ira: Jehová los deshará en su furor, y fuego los consumirá. 10Su fruto destruirás de la tierra, y su simiente de entre los hijos de los hombres. 11Porque trazaron el mal contra ti: fraguaron maquinaciones, mas no prevalecerán. 12Pues tú los pondrás en fuga, cuando aparejares en tus cuerdas las saetas contra sus rostros. 13Ensálzate, oh Jehová, con tu fortaleza: cantaremos y alabaremos tu poderío.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 7-8 · Romanos 6
Personales
Jeremías 44 · Salmos 20-21