Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 9
1Y había un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Seor, hijo de Bechôra, hijo de Aphia, hijo de un hombre de Benjamín. 2Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, mancebo y hermoso, que entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; del hombro arriba sobrepujaba a cualquiera del pueblo. 3Y habíanse perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis a Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve a buscar las asnas. 4Y él pasó al monte de Ephraim, y de allí a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron. 5Y cuando vinieron a la tierra de Suph, Saúl dijo a su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, dejado el cuidado de las asnas, estará congojado por nosotros. 6Y él le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un hombre de Dios, que es varón insigne: todas las cosas que él dijere, sin duda vendrán. Vamos pues allá: quizá nos enseñará nuestro camino por donde hayamos de ir. 7Y Saúl respondió a su criado: Vamos ahora: ¿mas qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué presentar al varón de Dios: ¿qué tenemos? 8Entonces tornó el criado a responder a Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata: esto daré al varón de Dios, porque nos declare nuestro camino. 9(Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Dios, decía así: Venid y vamos hasta el vidente: porque el que ahora se llama profeta, antiguamente era llamado vidente). 10Dijo entonces Saúl a su criado: Bien dices; ea pues, vamos. Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios. 11Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas mozas que salían por agua, a las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente? 12Y ellas respondiéndoles, dijeron: Sí; helo aquí delante de ti: date pues priesa, porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo tiene hoy sacrificio en el alto. 13Y cuando entrareis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al alto a comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya venido, por cuanto él haya de bendecir el sacrificio, y después comerán los convidados. Subid pues ahora, porque ahora le hallaréis. 14Ellos entonces subieron a la ciudad; y cuando en medio de la ciudad estuvieron, he aquí Samuel que delante de ellos salía para subir al alto. 15Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al oído de Samuel, diciendo: 16Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará mi pueblo de mano de los Filisteos: pues yo he mirado a mi pueblo, porque su clamor ha llegado hasta mí. 17Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo: He aquí este es el varón del cual te hablé; este señoreará a mi pueblo. 18Y llegando Saúl a Samuel en medio de la puerta, díjole: Ruégote que me enseñes dónde está la casa del vidente. 19Y Samuel respondió a Saúl, y dijo: Yo soy el vidente: sube delante de mí al alto, y comed hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón. 20Y de las asnas que se te perdieron hoy ha tres días, pierde cuidado de ellas, porque se han hallado. Mas ¿por quién es todo el deseo de Israel, sino por ti y por toda la casa de tu padre? 21Y Saúl respondió, y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de las más pequeñas tribus de Israel? Y mi familia ¿ no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿por qué pues me has dicho cosa semejante? 22Y trabando Samuel de Saúl y de su criado, metiólos en la sala, y dióles lugar a la cabecera de los convidados, que eran como unos treinta hombres. 23Y dijo Samuel al cocinero: Trae acá la porción que te di, la cual te dije que guardases aparte. 24Entonces alzó el cocinero una espaldilla, con lo que estaba sobre ella, y púsola delante de Saúl. Y Samuel dijo: He aquí lo que estaba reservado: ponlo delante de ti, y come; porque de industria se guardó para ti, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y Saúl comió aquel día con Samuel. 25Y cuando hubieron descendido del alto a la ciudad, él habló con Saúl en el terrado. 26Y al otro día madrugaron: y como al apuntar del alba, Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado; y dijo: Levántate, para que te despache. Levantóse luego Saúl, y salieron fuera ambos, él y Samuel. 27Y descendiendo ellos al cabo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: Di al mozo que vaya delante, (y adelantóse el mozo); mas espera tú un poco para que te declare palabra de Dios.
Lectura 2 de 4 · En familia
Romanos 7
1¿Ignoráis, hermanos, (porque hablo con los que saben la ley) que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que vive? 2Porque la mujer que está sujeta a marido, mientras el marido vive está obligada a la ley; mas muerto el marido, libre es de la ley del marido. 3Así que, viviendo el marido, se llamará adúltera si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no será adúltera si fuere de otro marido. 4Así también vosotros, hermanos míos, estáis muertos a la ley por el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, a saber, del que resucitó de los muertos, a fin de que fructifiquemos a Dios. 5Porque mientras estábamos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte. 6Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto a aquella en la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra. 7¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8Mas el pecado, tomando ocasión, obró en mí por el mandamiento toda concupiscencia: porque sin la ley el pecado está muerto. 9Así que, yo sin la ley vivía por algún tiempo: mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí. 10Y hallé que el mandamiento, intimado para vida, para mí era mortal: 11Porque el pecado, tomando ocasión, me engañó por el mandamiento, y por él me mató. 12De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno. 13¿Luego lo que es bueno, a mí me es hecho muerte? No; sino que el pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obró la muerte, haciéndose pecado sobremanera pecante por el mandamiento. 14Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido a sujeción del pecado. 15Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. 16Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí. 18Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. 19Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, este hago. 20Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. 21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí. 22Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: 23Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? 25Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Lectura 3 de 4 · Personal
Jeremías 46
1Palabra de Jehová que fue a Jeremías profeta, contra las gentes. 2En orden a Egipto: contra el ejército de Faraón Nechâo rey de Egipto, que estaba cerca del río Eufrates en Carchêmis, al cual hirió Nabucodonosor rey de Babilonia el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá. 3Aparejad escudo y pavés, y venid a la guerra. 4Uncid caballos, y subid, vosotros los caballeros, y poneos con capacetes; limpiad las lanzas, vestíos de lorigas. 5¿Por qué los vi medrosos, tornando atrás? y sus valientes fueron deshechos, y huyeron a más huir sin volver a mirar atrás: miedo de todas partes, dice Jehová. 6No huya el ligero, ni el valiente escape; al aquilón junto a la ribera del Eufrates tropezaron y cayeron. 7¿Quién es este que como río sube, y cuyas aguas se mueven como ríos? 8Egipto como río se hincha, y las aguas se mueven como ríos, y dijo: Subiré, cubriré la tierra, destruiré la ciudad y los que en ella moran. 9Subid, caballos, y alborotaos, carros; y salgan los valientes: los de Cus y los de Phut que toman escudo, y los de Lut que toman y entesan arco. 10Mas ese día será a Jehová Dios de los ejércitos día de venganza, para vengarse de sus enemigos: y la espada devorará y se hartará, y se embriagará de la sangre de ellos: porque matanza será a Jehová, Dios de los ejércitos, en tierra del aquilón junto al río Eufrates. 11Sube a Galaad, y toma bálsamo, virgen hija de Egipto: por demás multiplicarás medicinas; no hay cura para ti. 12Las gentes oyeron tu afrenta, y tu clamor hinchió la tierra: porque fuerte se encontró con fuerte, y cayeron ambos juntos. 13Palabra que habló Jehová a Jeremías profeta acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para herir la tierra de Egipto: 14Denunciad en Egipto, y haced saber en Migdol: haced saber también en Noph y en Taphnes; decid: Para, y apercíbete; porque espada ha de devorar tu comarca. 15¿Por qué ha sido derribado tu fuerte? no se pudo tener, porque Jehová lo rempujó. 16Multiplicó los caídos, y cada uno cayó sobre su compañero, y dijeron: Levántate y volvámonos a nuestro pueblo, y a la tierra de nuestro nacimiento, de delante de la espada vencedora. 17Allí gritaron: Faraón rey de Egipto, rey de revuelta: dejó pasar el tiempo señalado. 18Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos, que como Tabor entre los montes, y como Carmelo en la mar, así vendrá. 19Hazte vasos de transmigración, moradora hija de Egipto; porque Noph será por yermo, y será asolada hasta no quedar morador. 20Becerra hermosa Egipto; mas viene destrucción, del aquilón viene. 21Sus soldados también en medio de ella como engordados becerros: que también ellos se volvieron, huyeron todos sin pararse: porque vino sobre ellos el día de su quebrantamiento, el tiempo de su visitación. 22Su voz saldrá como de serpiente; porque con ejército vendrán, y con hachas vienen a ella como cortadores de leña. 23Cortaron su bosque, dice Jehová, porque no podrán ser contados; porque serán más que langostas, ni tendrán número. 24Avergonzóse la hija de Egipto; entregada será en mano del pueblo del aquilón. 25Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, ha dicho: He aquí que yo visito el pueblo de Amón de No, y a Faraón y a Egipto, y a sus dioses y a sus reyes; así a Faraón como a los que en él confían. 26Y entregarélos en mano de los que buscan su alma, y en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de sus siervos: mas después será habitada como en los días pasados, dice Jehová. 27Y tú no temas, siervo mío Jacob, y no desmayes, Israel; porque he aquí que yo te salvo de lejos, y a tu simiente de la tierra de su cautividad. Y volverá Jacob, y descansará y será prosperado, y no habrá quien lo espante. 28Tú, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová; porque yo soy contigo: porque haré consumación en todas las gentes a las cuales te habré echado; mas en ti no haré consumación, sino que te castigaré con juicio, y no te talaré del todo.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmo 22
1Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado? ¿ por qué estás lejos de mi salud, y de las palabras de mi clamor? 2Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio. 3Tú empero eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. 4En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y tú los libraste. 5Clamaron a ti, y fueron librados: esperaron en ti, y no se avergonzaron. 6Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y desecho del pueblo. 7Todos los que me ven, escarnecen de mí; estiran los labios, menean la cabeza, diciendo: 8Remítese a Jehová, líbrelo; sálvele, puesto que en él se complacía. 9Empero tú eres el que me sacó del vientre, el que me haces esperar desde que estaba a los pechos de mi madre. 10Sobre ti fui echado desde la matriz: desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. 11No te alejes de mí, porque la angustia está cerca; porque no hay quien ayude. 12Hanme rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado. 13Abrieron sobre mí su boca, como león rapante y rugiente. 14Heme escurrido como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron: mi corazón fue como cera, desliéndose en medio de mis entrañas. 15Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar; y me has puesto en el polvo de la muerte. 16Porque perros me han rodeado, hame cercado cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. 17Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, considéranme. 18Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 19Mas tú, Jehová, no te alejes; fortaleza mía, apresúrate para mi ayuda. 20Libra de la espada mi alma; del poder del perro mi única. 21Sálvame de la boca del león, y óyeme librándome de los cuernos de los unicornios. 22Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la congregación te alabaré. 23Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, simiente toda de Jacob; y temed de él, vosotros, simiente toda de Israel. 24Porque no menospreció ni abominó la aflicción del pobre, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, oyóle. 25De ti será mi alabanza en la grande congregación; mis votos pagaré delante de los que le temen. 26Comerán los pobres, y serán saciados: alabarán a Jehová los que le buscan: vivirá vuestro corazón para siempre. 27Acordarse han, y volveránse a Jehová todos los términos de la tierra; y se humillarán delante de ti todas las familias de las gentes. 28Porque de Jehová es el reino; y él se enseñoreará de las gentes. 29Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra: postraránse delante de él todos los que descienden al polvo, si bien ninguno puede conservar la vida a su propia alma. 30La posteridad le servirá; será ella contada por una generación de Jehová. 31Vendrán, y anunciarán al pueblo que naciere, su justicia que él hizo.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 9 · Romanos 7
Personales
Jeremías 46 · Salmo 22