Lectura 1 de 4 · En familia
2 Samuel 12
1Y envió Jehová a Nathán a David, el cual viniendo a él, díjole: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. 2El rico tenía numerosas ovejas y vacas: 3Mas el pobre no tenía más que una sola cordera, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno: y teníala como a una hija. 4Y vino uno de camino al hombre rico; y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar al caminante que le había venido, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y aderezóla para aquel que le había venido. 5Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Nathán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. 6Y que él debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo esta tal cosa, y no tuvo misericordia. 7Entonces dijo Nathán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl; 8Yo te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno: demás de esto te di la casa de Israel y de Judá; y si esto es poco, yo te añadiré tales y tales cosas. 9¿Por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Uría Hetheo heriste a cuchillo, y tomaste por tu mujer a su mujer, y a él mataste con el cuchillo de los hijos de Ammón. 10Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada; por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Uría Hetheo para que fuese tu mujer. 11Así ha dicho Jehová: He aquí yo levantaré sobre ti el mal de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista de este sol. 12Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol. 13Entonces dijo David a Nathán: Pequé contra Jehová. Y Nathán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado: no morirás. 14Mas por cuanto con este negocio hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido morirá ciertamente. 15Y Nathán se volvió a su casa. Y Jehová hirió al niño que la mujer de Uría había parido a David, y enfermó gravemente. 16Entonces rogó David a Dios por el niño; y ayunó David, recogióse, y pasó la noche acostado en tierra. 17Y levantándose los ancianos de su casa fueron a él para hacerlo levantar de tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan. 18Y al séptimo día murió el niño; pero sus siervos no osaban hacerle saber que el niño era muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aun vivía, le hablábamos, y no quería oir nuestra voz: ¿pues cuánto más mal le hará, si le dijéremos que el niño es muerto? 19Mas David viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño era muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Es muerto el niño? Y ellos respondieron: Muerto es. 20Entonces David se levantó de tierra, y lavóse y ungióse, y mudó sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Y después vino a su casa, y demandó, y pusiéronle pan, y comió. 21Y dijéronle sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y él muerto, levantástete y comiste pan. 22Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, por manera que viva el niño? 23Mas ahora que ya es muerto, ¿para qué tengo de ayunar? ¿podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí. 24Y consoló David a Bath-sheba su mujer, y entrando a ella, durmió con ella; y parió un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual amó Jehová: 25Que envió por mano de Nathán profeta, y llamó su nombre Jedidiah, a causa de Jehová. 26Y Joab peleaba contra Rabba de los hijos de Ammón, y tomó la ciudad real. 27Entonces envió Joab mensajeros a David, diciendo: Yo he peleado contra Rabba, y he tomado la ciudad de las aguas. 28Junta pues ahora el pueblo que queda, y asienta campo contra la ciudad, y tómala; porque tomando yo la ciudad, no se llame de mi nombre. 29Y juntando David todo el pueblo, fue contra Rabba, y combatióla, y tomóla. 30Y tomó la corona de su rey de su cabeza, la cual pesaba un talento de oro, y tenía piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Y trajo muy grande despojo de la ciudad. 31Sacó además el pueblo que estaba en ella, y púsolo debajo de sierras, y de trillos de hierro, y de hachas de hierro; e hízolos pasar por hornos de ladrillos: y lo mismo hizo a todas las ciudades de los hijos de Ammón. Volvióse luego David con todo el pueblo a Jerusalem.
Lectura 2 de 4 · En familia
2 Corintios 5
1Porque sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. 2Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación celestial; 3Puesto que en verdad habremos sido hallados vestidos, y no desnudos. 4Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo, gemimos agravados; porque no quisiéramos ser desnudados, sino sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5Mas el que nos hizo para esto mismo, es Dios; el cual nos ha dado la prenda del Espíritu. 6Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo, que entre tanto que estamos en el cuerpo, peregrinamos ausentes del Señor; 7(Porque por fe andamos, no por vista;) 8Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al Señor. 9Por tanto procuramos también, o ausentes, o presentes, serle agradables: 10Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno o malo. 11Estando pues poseídos del temor del Señor, persuadimos a los hombres, mas a Dios somos manifiestos; y espero que también en vuestras conciencias somos manifiestos. 12No nos encomendamos pues otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis qué responder contra los que se glorían en las apariencias, y no en el corazón. 13Porque si loqueamos, es para Dios; y si estamos en seso, es para vosotros. 14Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos son muertos; 15Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió y resucitó por ellos. 16De manera que nosotros de aquí adelante a nadie conocemos según la carne: y aun si a Cristo conocimos según la carne, empero ahora ya no le conocemos. 17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18Y todo esto es de Dios, el cual nos reconcilió a sí por Cristo; y nos dio el ministerio de la reconciliación. 19Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí, no imputándole sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Lectura 3 de 4 · Personal
Ezequiel 19
1Y tú levanta endecha sobre los príncipes de Israel. 2Y dirás: ¡Cómo se echó entre los leones tu madre la leona! entre los leoncillos crio sus cachorros. 3E hizo subir uno de sus cachorros: vino a ser leoncillo, y aprendió a prender presa, y a devorar hombres. 4Y las gentes oyeron de él: fue tomado con el lazo de ellas, y lleváronlo con grillos a la tierra de Egipto. 5Y viendo ella que había esperado mucho tiempo, y que se perdía su esperanza, tomó otro de sus cachorros, y púsolo por leoncillo. 6Y él andaba entre los leones; hízose leoncillo, aprendió a hacer presa, devoró hombres. 7Y conoció sus viudas, y asoló sus ciudades; y la tierra fue asolada, y su abundancia, a la voz de su bramido. 8Y dieron sobre él las gentes de las provincias de alrededor, y extendieron sobre él su red; fue preso en su hoyo. 9Y pusiéronlo en cárcel con cadenas, y lleváronlo al rey de Babilonia; metiéronlo en fortalezas, para que su voz no se oyese más sobre los montes de Israel. 10Tu madre fue como una vid en tu sangre, plantada junto a las aguas, haciendo fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas. 11Y ella tuvo varas fuertes para cetros de señores; y levantóse su estatura por encima entre las ramas, y fue vista en su altura, y con la multitud de sus sarmientos. 12Empero fue arrancada con ira, derribada en tierra, y viento solano secó su fruto; fueron quebradas y secáronse sus varas fuertes; consumiólas el fuego. 13Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez. 14Y ha salido fuego de la vara de sus ramos, ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte, cetro para enseñorear. Endecha es esta, y de endecha servirá.
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Salmos 64-65 (cap. 64)
1Escucha, oh Dios, mi voz en mi oración: guarda mi vida del miedo del enemigo. 2Escóndeme del secreto consejo de los malignos; de la conspiración de los que obran iniquidad: 3Que amolaron su lengua como cuchillo, y armaron por su saeta palabra amarga; 4Para asaetear a escondidas al íntegro: de improviso lo asaetean, y no temen. 5Obstinados en su inicuo designio, tratan de esconder los lazos, y dicen: ¿Quién los ha de ver? 6Inquieren iniquidades, hacen una investigación exacta; y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como el corazón, es profundo. 7Mas Dios los herirá con saeta; de repente serán sus plagas. 8Y harán caer sobre sí sus mismas lenguas: se espantarán todos los que los vieren. 9Y temerán todos los hombres, y anunciarán la obra de Dios, y entenderán su hecho. 10Alegraráse el justo en Jehová, y confiaráse en él; y se gloriarán todos los rectos de corazón.
Lectura 4 de 4 · Personal
Salmos 64-65 (cap. 65)
1Ti es plácida la alabanza en Sion, oh Dios: y a ti se pagarán los votos. 2Tú oyes la oración: a ti vendrá toda carne. 3Palabras de iniquidades me sobrepujaron: mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. 4Dichoso el que tú escogieres, e hicieres llegar a ti, para que habite en tus atrios: seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo. 5Con tremendas cosas, en justicia, nos responderás tú, oh Dios de nuestra salud, esperanza de todos los términos de la tierra, y de los más remotos confines de la mar. 6Tú, el que afirma los montes con su potencia, ceñido de valentía: 7El que amansa el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas, y el alboroto de las gentes. 8Por tanto los habitadores de los fines de la tierra temen de tus maravillas. Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde. 9Visitas la tierra, y la riegas: en gran manera la enriqueces con el río de Dios, lleno de aguas: preparas el grano de ellos, cuando así la dispones. 10Haces se empapen sus surcos, haces descender sus canales: ablándasla con lluvias, bendices sus renuevos. 11Tú coronas el año de tus bienes; y tus nubes destilan grosura. 12Destilan sobre las estancias del desierto; y los collados se ciñen de alegría. 13Vístense los llanos de manadas, y los valles se cubren de grano: dan voces de júbilo, y aun cantan.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Samuel 12 · 2 Corintios 5
Personales
Ezequiel 19 · Salmos 64-65