McCheyne
15 de septiembre
Lectura 1 de 4 · En familia

2 Samuel 11

1Y aconteció a la vuelta de un año, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y a sus siervos con él, y a todo Israel; y destruyeron a los Ammonitas, y pusieron cerco a Rabba: mas David se quedó en Jerusalem. 2Y acaeció que levantándose David de su cama a la hora de la tarde, paseábase por el terrado de la casa real, cuando vio desde el terrado una mujer que se estaba lavando, la cual era muy hermosa. 3Y envió David a preguntar por aquella mujer, y dijéronle: Aquella es Bath-sheba hija de Eliam, mujer de Uría Hetheo. 4Y envió David mensajeros, y tomóla: y así que hubo entrado a él, él durmió con ella. Purificóse luego ella de su inmundicia, y se volvió a su casa. 5Y concibió la mujer, y enviólo a hacer saber a David, diciendo: Yo estoy embarazada. 6Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Uría Hetheo. Y enviólo Joab a David. 7Y como Uría vino a él, preguntóle David por la salud de Joab, y por la salud del pueblo, y asimismo de la guerra. 8Después dijo David a Uría: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y saliendo Uría de casa del rey, vino tras de él comida real. 9Mas Uría durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. 10E hicieron saber esto a David, diciendo: Uría no ha descendido a su casa. Y dijo David a Uría: ¿No has venido de camino? ¿por qué pues no descendiste a tu casa? 11Y Uría respondió a David: El arca, e Israel y Judá, están debajo de tiendas; y mi señor Joab, y los siervos de mi señor sobre la haz del campo: ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa. 12Y David dijo a Uría: Estáte aquí aún hoy, y mañana te despacharé. Y quedóse Uría en Jerusalem aquel día y el siguiente. 13Y David lo convidó, e hízole comer y beber delante de sí, hasta embriagarlo. Y él salió a la tarde a dormir en su cama con los siervos de su señor; mas no descendió a su casa. 14Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Uría. 15Y escribió en la carta, diciendo: Poned a Uría delante de la fuerza de la batalla, y desamparadle, para que sea herido y muera. 16Así fue que cuando Joab cercó la ciudad, puso a Uría en el lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes. 17Y saliendo luego los de la ciudad, pelearon con Joab, y cayeron algunos del pueblo de los siervos de David; y murió también Uría Hetheo. 18Entonces envió Joab, e hizo saber a David todos los negocios de la guerra. 19Y mandó al mensajero, diciendo: Cuando acabares de contar al rey todos los negocios de la guerra, 20Si el rey comenzare a enojarse, y te dijere: ¿Por qué os acercasteis a la ciudad peleando? ¿no sabíais lo que suelen arrojar del muro? 21¿Quién hirió a Abimelech hijo de Jerobaal? ¿no echó una mujer del muro un pedazo de una rueda de molino, y murió en Thebes? ¿por qué os llegasteis al muro?: entonces tú le dirás: También tu siervo Uría Hetheo es muerto. 22Y fue el mensajero, y llegando, contó a David todas las cosas a que Joab le había enviado. 23Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los hombres, que salieron a nosotros al campo, bien que nosotros les hicimos retroceder hasta la entrada de la puerta; 24Pero los flecheros tiraron contra tus siervos desde el muro, y murieron algunos de los siervos del rey; y murió también tu siervo Uría Hetheo. 25Y David dijo al mensajero: Dirás así a Joab: No tengas pesar de esto, que de igual y semejante manera suele consumir la espada: esfuerza la batalla contra la ciudad, hasta que la rindas. Y tú aliéntale. 26Y oyendo la mujer de Uría que su marido Uría era muerto, hizo duelo por su marido. 27Y pasado el luto, envió David y recogióla a su casa: y fue ella su mujer, y parióle un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable a los ojos de Jehová.
Lectura 2 de 4 · En familia

2 Corintios 4

1Por lo cual teniendo nosotros esta administración según la misericordia que hemos alcanzado, no desmayamos; 2Antes quitamos los escondrijos de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por manifestación de la verdad encomendándonos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios. 3Que si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto: 4En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Señor; y nosotros vuestros siervos por Jesús. 6Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 7Tenemos empero este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros: 8Estando atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperamos; 9Perseguidos, mas no desamparados; abatidos, mas no perecemos; 10Llevando siempre por todas partes la muerte de Jesús en el cuerpo, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestros cuerpos. 11Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal. 12De manera que la muerte obra en nosotros, y en vosotros la vida. 13Empero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual también hablé: nosotros también creemos, por lo cual también hablamos; 14Estando ciertos que el que levantó al Señor Jesús, a nosotros también nos levantará por Jesús, y nos pondrá con vosotros. 15Porque todas estas cosas padecemos por vosotros, para que abundando la gracia por muchos, en el hacimiento de gracias sobreabunde a gloria de Dios. 16Por tanto, no desmayamos: antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día. 17Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria; 18No mirando nosotros a las cosas que se ven, sino a las que no se ven: porque las cosas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas.
Lectura 3 de 4 · Personal

Ezequiel 18

1Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 2¿Qué pensáis vosotros, vosotros que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, diciendo: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos tienen la dentera? 3Vivo yo, dice el Señor Jehová, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel. 4He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá. 5Y el hombre que fuere justo, e hiciere juicio y justicia; 6Que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni llegare a la mujer menstruosa, 7Ni oprimiere a ninguno; al deudor tornare su prenda, no cometiere robo, diere de su pan al hambriento, y cubriere al desnudo con vestido, 8No diere a logro, ni recibiere aumento; de la maldad retrajere su mano, e hiciere juicio de verdad entre hombre y hombre, 9En mis ordenanzas caminare, y guardare mis derechos para hacer verdad, este es justo: este vivirá, dice el Señor Jehová. 10Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre, o que haga alguna cosa de estas, 11Y que no haga las otras; antes comiere sobre los montes, o violare la mujer de su prójimo, 12Al pobre y menesteroso oprimiere, cometiere robos, no tornare la prenda, o alzare sus ojos a los ídolos, e hiciere abominación, 13Diere a usura, y recibiere aumento: ¿vivirá este? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá; su sangre será sobre él. 14Pero si este engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos: 15No comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; la mujer de su prójimo no violare, 16Ni oprimiere a nadie; la prenda no empeñare, ni cometiere robos; al hambriento diere de su pan, y cubriere de vestido al desnudo; 17Apartare su mano del pobre, usura ni aumento no recibiere; hiciere mis derechos, y anduviere en mis ordenanzas, este no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá. 18Su padre, por cuanto hizo agravio, despojó violentamente al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he aquí que él morirá por su maldad. 19Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará por el pecado de su padre? Porque el hijo hizo juicio y justicia, guardó todas mis ordenanzas, y las hizo, de cierto vivirá. 20El alma que pecare, esa morirá: el hijo no llevará por el pecado del padre, ni el padre llevará por el pecado del hijo: la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. 21Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todas mis ordenanzas, e hiciere juicio y justicia, de cierto vivirá; no morirá. 22Todas sus rebeliones que cometió, no le serán recordadas: en su justicia que hizo vivirá. 23¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Señor Jehová. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? 24Mas si el justo se apartare de su justicia, y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Todas las justicias que hizo no vendrán en memoria; por su rebelión con que prevaricó, y por su pecado que cometió, por ello morirá. 25Y si dijereis: No es derecho el camino del Señor: oid ahora, casa de Israel: ¿No es derecho mi camino? ¿no son vuestros caminos torcidos? 26Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad, él morirá por ello: por su iniquidad que hizo, morirá. 27Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo juicio y justicia, hará vivir su alma. 28Porque miró, y apartóse de todas sus prevaricaciones que hizo, de cierto vivirá, no morirá. 29Si aun dijere la casa de Israel: No es derecho el camino del Señor: ¿No son derechos mis caminos, casa de Israel? Cierto, vuestros caminos no son derechos. 30Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice el Señor Jehová. Convertíos, y volveos de todas vuestras iniquidades; y no os será la iniquidad causa de ruina. 31Echad de vosotros todas vuestras iniquidades con que habéis prevaricado, y haceos corazón nuevo y espíritu nuevo. ¿Y por qué moriréis, casa de Israel? 32Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová; convertíos pues, y viviréis.
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Salmos 62-63 (cap. 62)

1En Dios solamente está acallada mi alma: de él viene mi salud. 2El solamente es mi fuerte, y mi salud; es mi refugio, no resbalaré mucho. 3¿Hasta cuándo maquinaréis contra un hombre? Pereceréis todos vosotros, caeréis como pared acostada, como cerca ruinosa. 4Solamente consultan de arrojarle de su grandeza; aman la mentira, con su boca bendicen, pero maldicen en sus entrañas. (Selah.) 5Alma mía, en Dios solamente reposa; porque de él es mi esperanza. 6El solamente es mi fuerte y mí salud: es mi refugio, no resbalaré. 7En Dios está mi salvación y mi gloria: en Dios está la roca de mi fortaleza, y mi refugio. 8Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. (Selah.) 9Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón: pesándolos a todos igualmente en la balanza, serán menos que la vanidad. 10No confiéis en la violencia, ni en la rapiña; no os envanezcáis: si se aumentare la hacienda, no pongáis el corazón en ella. 11Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza. 12Y de ti, oh Señor, es la misericordia: porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.
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Salmos 62-63 (cap. 63)

1Dios, Dios mío eres tú: levantaréme a ti de mañana: mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, en tierra de sequedad y transida sin aguas; 2Para ver tu fortaleza y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. 3Porque mejor es tu misericordia que la vida: mis labios te alabarán. 4Así te bendeciré en mi vida: en tu nombre alzaré mis manos. 5Como de meollo y de grosura será saciada mi alma; y con labios de júbilo te alabará mi boca, 6Cuando me acordaré de ti en mi lecho, cuando meditaré de ti en las velas de la noche. 7Porque has sido mi socorro; y así en la sombra de tus alas me regocijaré. 8Está mi alma apegada a ti: tu diestra me ha sostenido. 9Mas los que para destrucción buscaron mi alma, caerán en los sitios bajos de la tierra. 10Destruiránlos a filo de espada; serán porción de las zorras. 11Empero el rey se alegrará en Dios; será alabado cualquiera que por él jura: porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Samuel 11 · 2 Corintios 4
Personales
Ezequiel 18 · Salmos 62-63