Lectura 1 de 4 · En familia
Génesis 50
1Entonces se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y besólo. 2Y mandó José a sus médicos familiares que embalsamasen a su padre: y los médicos embalsamaron a Israel. 3Y cumpliéronle cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lloráronlo los Egipcios setenta días. 4Y pasados los días de su luto, habló José a los de la casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia en vuestros ojos, os ruego que habléis en oídos de Faraón, diciendo: 5Mi padre me conjuró diciendo: He aquí yo muero; en mi sepulcro que yo cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás; ruego pues que vaya yo ahora, y sepultaré a mi padre, y volveré. 6Y Faraón dijo: Ve, y sepulta a tu padre, como él te conjuró. 7Entonces José subió a sepultar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto, 8Y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre: solamente dejaron en la tierra de Gosén sus niños, y sus ovejas y sus vacas. 9Y subieron también con él carros y gente de a caballo, e hízose un escuadrón muy grande. 10Y llegaron hasta la era de Atad, que está a la otra parte del Jordán, y endecharon allí con grande y muy grave lamentación: y José hizo a su padre duelo por siete días. 11Y viendo los moradores de la tierra, los Cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los Egipcios: por eso fue llamado su nombre Abelmizraim, que está a la otra parte del Jordán. 12Hicieron, pues, sus hijos con él, según les había mandado: 13Pues lleváronlo sus hijos a la tierra de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de Macpela, la que había comprado Abraham con el mismo campo, para heredad de sepultura, de Ephrón el Hetheo, delante de Mamre. 14Y tornóse José a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que subieron con él a sepultar a su padre, después que le hubo sepultado. 15Y viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. 16Y enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: 17Así diréis a José: Ruégote que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron: por tanto ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban. 18Y vinieron también sus hermanos, y postráronse delante de él, y dijeron: Henos aquí por tus siervos. 19Y respondióles José: No temáis: ¿estoy yo en lugar de Dios? 20Vosotros pensasteis mal sobre mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. 21Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón. 22Y estuvo José en Egipto, él y la casa de su padre: y vivió José ciento diez años. 23Y vio José los hijos de Ephraim hasta la tercera generación: también los hijos de Machîr, hijo de Manasés, fueron criados sobre las rodillas de José. 24Y José dijo a sus hermanos: Yo me muero; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de aquesta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac, y a Jacob. 25Y conjuró José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos. 26Y murió José de edad de ciento diez años; y embalsamáronlo, y fue puesto en un ataúd en Egipto.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 3
1Y en el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3Y él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados; 4Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas. 5Todo valle se henchirá, y bajaráse todo monte y collado; y los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; 6Y verá toda carne la salvación de Dios. 7Y decía a las gentes que salían para ser bautizadas de él: ¡Oh generación de víboras, quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? 8Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir en vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos a Abraham. 9Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego. 10Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos? 11Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. 12Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? 13Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. 14Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas. 15Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo, 16Respondió Juan, diciendo a todos: Yo, a la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego; 17Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará. 18Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo. 19Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes, 20Añadió también esto sobre todo, que encerró a Juan en la cárcel. 21Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, 22Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fue hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido. 23Y el mismo Jesús comenzaba a ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fue hijo de Elí, 24Que fue de Mathat, que fue de Leví, que fue de Melchî, que fue de Janna, que fue de José, 25Que fue de Mattathías, que fue de Amós, que fue de Nahum, que fue de Esli, 26Que fue de Naggai, que fue de Maat, que fue de Mattathías, que fue de Semei, que fue de José, que fue de Judá, 27Que fue de Joanna, que fue de Rhesa, que fue de Zorobabel, que fue de Salathiel, 28Que fue de Neri, que fue de Melchî, que fue de Abdi, que fue de Cosam, que fue de Elmodam, que fue de Er, 29Que fue de Josué, que fue de Eliezer, que fue de Joreim, que fue de Mathat, 30Que fue de Leví, que fue de Simeón, que fue de Judá, que fue de José, que fue de Jonán, que fue de Eliachîm, 31Que fue de Melea, que fue de Mainán, que fue de Mattatha, que fue de Nathán, 32Que fue de David, que fue de Jessé, que fue de Obed, que fue de Booz, que fue de Salmón, que fue de Naassón, 33Que fue de Aminadab, que fue de Aram, que fue de Esrom, que fue de Phares, 34Que fue de Judá, que fue de Jacob, que fue de Isaac, que fue de Abraham, que fue de Thara, que fue de Nachôr, 35Que fue de Saruch, que fue de Ragau, que fue de Phalec, que fue de Heber, 36Que fue de Sala, que fue de Cainán, que fue de Arphaxad, que fue de Sem, que fue de Noé, que fue de Lamech, 37Que fue de Mathusala, que fue de Enoch, que fue de Jared, que fue de Maleleel, 38Que fue de Cainán, que fue de Enós, que fue de Seth, que fue de Adam, que fue de Dios.
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Job 16-17 (cap. 16)
1Y respondió Job, y dijo: 2Muchas veces he oído cosas como estas: consoladores molestos sois todos vosotros. 3¿Tendrán fin las palabras ventosas? o ¿qué te animará a responder? 4También yo hablaría como vosotros. Ojalá vuestra alma estuviera en lugar de la mía, que yo os tendría compañía en las palabras, y sobre vosotros movería mi cabeza. 5Mas yo os alentaría con mis palabras, y la consolación de mis labios apaciguaría el dolor vuestro. 6Si hablo, mi dolor no cesa; y si dejo de hablar, no se aparta de mí. 7Empero ahora me ha fatigado: has tú asolado toda mi compañía. 8Tú me has arrugado; testigo es mi flacura, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro. 9Su furor me destrizó, y me ha sido contrario: crujió sus dientes contra mí; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo. 10Abrieron contra mí su boca; hirieron mis mejillas con afrenta; contra mí se juntaron todos. 11Hame entregado Dios al mentiroso, y en las manos de los impíos me hizo estremecer 12Próspero estaba, y desmenuzóme: y arrebatóme por la cerviz, y despedazóme, y púsome por blanco suyo. 13Cercáronme sus flecheros, partió mis riñones, y no perdonó: mi hiel derramó por tierra. 14Quebrantóme de quebranto sobre quebranto; corrió contra mí como un gigante. 15Yo cosí saco sobre mi piel, y cargué mi cabeza de polvo. 16Mi rostro está enlodado con lloro, y mis párpados entenebrecidos: 17A pesar de no haber iniquidad en mis manos, y de haber sido mi oración pura. 18¡Oh tierra! no cubras mi sangre, y no haya lugar a mi clamor. 19Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, y mi testimonio en las alturas. 20Disputadores son mis amigos: mas a Dios destilarán mis ojos. 21¡Ojalá pudiese disputar el hombre con Dios, como con su prójimo! 22Mas los años contados vendrán, y yo iré el camino por donde no volveré.
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Job 16-17 (cap. 17)
1Mi aliento está corrompido, acórtanse mis días, y me está aparejado el sepulcro. 2No hay conmigo sino escarnecedores, en cuya acrimonia se detienen mis ojos. 3Pon ahora, dame fianza para litigar contigo: ¿quién tocará ahora mi mano? 4Porque a estos has tú escondido su corazón de inteligencia: por tanto, no los ensalzarás. 5El que denuncia lisonjas a sus prójimos, los ojos de sus hijos desfallezcan. 6El me ha puesto por parábola de pueblos, y delante de ellos he sido como tamboril. 7Y mis ojos se oscurecieron de desabrimiento, y mis pensamientos todos son como sombra. 8Los rectos se maravillarán de esto, y el inocente se levantará contra el hipócrita. 9No obstante, proseguirá el justo su camino, y el limpio de manos aumentará la fuerza. 10Mas volved todos vosotros, y venid ahora, que no hallaré entre vosotros sabio. 11Pasáronse mis días, fueron arrancados mis pensamientos, los designios de mi corazón. 12Pusieron la noche por día, y la luz se acorta delante de las tinieblas. 13Si yo espero, el sepulcro es mi casa: haré mi cama en las tinieblas. 14A la huesa tengo dicho: Mi padre eres tú; a los gusanos: Mi madre y mi hermana. 15¿Dónde pues estará ahora mi esperanza? y mi esperanza ¿quién la verá? 16A los rincones de la huesa descenderán, y juntamente descansarán en el polvo.
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1 Corintios 4
1Téngannos los hombres por ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios. 2Mas ahora se requiere en los dispensadores, que cada uno sea hallado fiel. 3Yo en muy poco tengo el ser juzgado de vosotros, o de juicio humano; y ni aun yo me juzgo. 4Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; mas el que me juzga, el Señor es. 5Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará los intentos de los corazones: y entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza. 6Esto empero, hermanos, he pasado por ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros; para que en nosotros aprendáis a no saber más de lo que está escrito, hinchándoos por causa de otro el uno contra el otro. 7Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías como si no hubieras recibido? 8Ya estáis hartos, ya estáis ricos, sin nosotros reináis; y ojalá reinéis, para que nosotros reinemos también juntamente con vosotros. 9Porque a lo que pienso, Dios nos ha mostrado a nosotros los apóstoles por los postreros, como a sentenciados a muerte: porque somos hechos espectáculo al mundo, y a los ángeles, y a los hombres. 10Nosotros necios por amor de Cristo, y vosotros prudentes en Cristo; nosotros flacos, y vosotros fuertes; vosotros nobles, y nosotros viles. 11Hasta esta hora hambreamos, y tenemos sed, y estamos desnudos, y somos heridos de golpes, y andamos vagabundos; 12Y trabajamos, obrando con nuestras manos: nos maldicen, y bendecimos: padecemos persecución, y sufrimos: 13Somos blasfemados, y rogamos: hemos venido a ser como la hez del mundo, el desecho de todos hasta ahora. 14No escribo esto para avergonzaros: mas amonéstoos como a mis hijos amados. 15Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; que en Cristo Jesús yo os engendré por el evangelio. 16Por tanto, os ruego que me imitéis. 17Por lo cual os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os amonestará de mis caminos cuáles sean en Cristo, de la manera que enseño en todas partes en todas las iglesias. 18Mas algunos están envanecidos, como si nunca hubiese yo de ir a vosotros. 19Empero iré presto a vosotros, si el Señor quisiere; y entenderé, no las palabras de los que andan hinchados, sino la virtud. 20Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en virtud. 21¿Qué queréis? ¿iré a vosotros con vara, o con caridad y espíritu de mansedumbre?
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Génesis 50 · Lucas 3
Personales
Job 16-17 · 1 Corintios 4