Lectura 1 de 4 · En familia

Josué 24

1Y juntando Josué todas las tribus de Israel en Sichêm, llamó a los ancianos de Israel, y a sus príncipes, a sus jueces, y a sus oficiales; y presentáronse delante de Dios. 2Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente de esotra parte del río, es a saber, Tharé, padre de Abraham y de Nachôr; y servían a dioses extraños. 3Y yo tomé a vuestro padre Abraham de la otra parte del río, y trájelo por toda la tierra de Canaán, y aumenté su generación, y díle a Isaac. 4Y a Isaac di a Jacob y a Esaú: y a Esaú di el monte de Seir, que lo poseyese: mas Jacob y sus hijos descendieron a Egipto. 5Y yo envié a Moisés y a Aarón, y herí a Egipto, al modo que lo hice en medio de él, y después os saqué. 6Y saqué a vuestros padres de Egipto: y como llegaron a la mar, los Egipcios siguieron a vuestros padres hasta el mar Bermejo con carros y caballería. 7Y como ellos clamasen a Jehová, él puso oscuridad entre vosotros y los Egipcios, e hizo venir sobre ellos la mar, la cual los cubrió: y vuestros ojos vieron lo que hice en Egipto. Después estuvisteis muchos días en el desierto. 8Y os introduje en la tierra de los Amorrheos, que habitaban de la otra parte del Jordán, los cuales pelearon contra vosotros; mas yo los entregué en vuestras manos, y poseísteis su tierra, y los destruí de delante de vosotros. 9Y levantóse después Balac hijo de Sephor, rey de los Moabitas, y peleó contra Israel; y envió a llamar a Balaam hijo de Beor, para que os maldijese. 10Mas yo no quise escuchar a Balaam, antes os bendijo repetidamente, y os libré de sus manos. 11Y pasado el Jordán, vinisteis a Jericó; y los moradores de Jericó pelearon contra vosotros: los Amorrheos, Pherezeos, Cananeos, Hetheos, Gergeseos, Heveos, y Jebuseos: y yo los entregué en vuestras manos. 12Y envié tábanos delante de vosotros, los cuales los echaron de delante de vosotros, a saber, a los dos reyes de los Amorrheos; no con tu espada, ni con tu arco. 13Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis. 14Ahora pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de en medio los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres de esotra parte del río, y en Egipto; y servid a Jehová. 15Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron de esotra parte del río, o a los dioses de los Amorrheos en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos a Jehová. 16Entonces el pueblo respondió, y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová por servir a otros dioses: 17Porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el cual delante de nuestros ojos ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos. 18Y Jehová echó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al Amorrheo que habitaba en la tierra: nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios. 19Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. 20Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, se volverá, y os maltratará, y os consumirá, después que os ha hecho bien. 21El pueblo entonces dijo a Josué: No, antes a Jehová serviremos. 22Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que os habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos. 23Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. 24Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. 25Entonces Josué hizo alianza con el pueblo el mismo día, y púsole ordenanzas y leyes en Sichêm. 26Y escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios; y tomando una grande piedra, levantóla allí debajo de un alcornoque que estaba junto al santuario de Jehová. 27Y dijo Josué a todo el pueblo: He aquí esta piedra será entre nosotros por testigo, la cual ha oído todas las palabras de Jehová que él ha hablado con nosotros: será, pues, testigo contra vosotros, porque no mintáis contra vuestro Dios. 28Y envió Josué al pueblo, cada uno a su heredad. 29Y después de estas cosas murió Josué, hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento y diez años. 30Y enterráronlo en el término de su posesión en Timnath-sera, que está en el monte de Ephraim, al norte del monte de Gaas. 31Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que vivieron después de Josué, y que sabían todas las obras de Jehová, que había hecho por Israel. 32Y enterraron en Sichêm los huesos de José que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hemor padre de Sichêm, por cien corderas; y fue en posesión a los hijos de José. 33También murió Eleazar, hijo de Aarón; al cual enterraron en el collado de Phinees su hijo, que le fue dado en el monte de Ephraim.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hechos 4

1Y hablando ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saduceos, 2Resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de los muertos. 3Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente; porque era ya tarde. 4Mas muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y fue el número de los varones como cinco mil. 5Y aconteció al día siguiente, que se juntaron en Jerusalem los príncipes de ellos, y los ancianos, y los escribas; 6Y Anás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal; 7Y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? 8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel: 9Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, 10Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios le resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo. 12Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. 13Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras e ignorantes, se maravillaban; y les conocían que habían estado con Jesús. 14Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba con ellos, no podían decir nada en contra. 15Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferían entre sí, 16Diciendo: ¿Qué hemos de hacer a estos hombres? porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalem, y no lo podemos negar. 17Todavía, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémoslos que no hablen de aquí adelante a hombre alguno en este nombre. 18Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. 19Entonces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios: 20Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. 21Ellos entonces los despacharon amenazándolos, no hallando ningún modo de castigarlos, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios de lo que había sido hecho. 22Porque el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad, era de más de cuarenta años. 23Y sueltos, vinieron a los suyos, y contaron todo lo que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos hay; 25Que por boca de David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas? 26Asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. 27Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los pueblos de Israel, 28Para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que había de ser hecho. 29Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra; 30Que extiendas tu mano a que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza. 32Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía; mas todas las cosas les eran comunes. 33Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos. 34Que ningún necesitado había entre ellos: porque todos los que poseían heredades o casas, vendiéndolas, traían el precio de lo vendido, 35Y lo ponían a los pies de los apóstoles; y era repartido a cada uno según que había menester. 36Entonces José, que fue llamado de los apóstoles por sobrenombre, Bernabé, (que es interpretado, Hijo de consolación) Levita, natural de Cipro, 37Como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y púsolo a los pies de los apóstoles.
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Jeremías 13

1Así me dijo Jehová: Ve, y cómprate un cinto de lino, y cíñelo sobre tus lomos, y no lo meterás en agua. 2Y compré el cinto conforme a la palabra de Jehová, y púselo sobre mis lomos. 3Y fue a mí segunda vez palabra de Jehová, diciendo: 4Toma el cinto que compraste, que está sobre tus lomos, y levántate, y ve al Eufrates, y escóndelo allá en la concavidad de una peña. 5Fui pues, y escondílo junto al Eufrates, como Jehová me mandó. 6Y sucedió que al cabo de muchos días me dijo Jehová: Levántate, y ve al Eufrates, y toma de allí el cinto que te mandé escondieses allá. 7Entonces fui al Eufrates, y cavé, y tomé el cinto del lugar donde lo había escondido; y he aquí que el cinto se había podrido; para ninguna cosa era bueno. 8Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 9Así ha dicho Jehová: Así haré podrir la soberbia de Judá, y la mucha soberbia de Jerusalem, 10A este pueblo malo, que no quieren oir mis palabras, que andan en las imaginaciones de su corazón, y se fueron en pos de dioses ajenos para servirles, y para encorvarse a ellos; y vendrá a ser como este cinto, que para ninguna cosa es bueno. 11Porque como el cinto se junta a los lomos del hombre, así hice juntar a mí toda la casa de Israel y toda la casa de Judá, dice Jehová, para que me fuesen por pueblo y por fama, y por alabanza y por honra: empero no escucharon. 12Les dirás pues esta palabra: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Henchiráse de vino todo odre. Y ellos te dirán: ¿No sabemos que todo odre se henchirá de vino? 13Entonces les has de decir: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo lleno de embriaguez todos los moradores de esta tierra, y a los reyes de la estirpe de David que se sientan sobre su trono, y a los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores de Jerusalem; 14Y quebrantarélos el uno con el otro, los padres con los hijos juntamente, dice Jehová: no perdonaré, ni tendré piedad ni misericordia, para no destruirlos. 15Escuchad y oid; no os elevéis: pues Jehová ha hablado. 16Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga venir tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis luz, y os la torne sombra de muerte y tinieblas. 17Mas si no oyereis esto, en secreto llorará mi alma a causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente, se desharán mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue cautivo. 18Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en tierra; porque la corona de vuestra gloria bajó de vuestras cabezas. 19Las ciudades del mediodía fueron cerradas, y no hubo quien las abriese: toda Judá fue trasportada, trasportada fue toda ella. 20Alzad vuestros ojos, y ved los que vienen del aquilón: ¿dónde está el rebaño que te fue dado, la grey de tu gloria? 21¿Qué dirás cuando te visitará? porque tú los enseñaste a ser príncipes y cabeza sobre ti. ¿No te tomarán dolores como a mujer que pare? 22Cuando dijeres en tu corazón: ¿Por qué me ha sobrevenido esto? Por la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus faldas, fueron desnudos tus calcañares. 23¿Mudará el negro su pellejo, y el leopardo sus manchas? Así también podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal. 24Por tanto yo los esparciré, como tamo que pasa, al viento del desierto. 25Esta es tu suerte, la porción de tus medidas de parte mía, dice Jehová; porque te olvidaste de mí, y confiaste en la mentira. 26Yo pues descubriré también tus faldas delante de tu cara, y se manifestará tu ignominia. 27Tus adulterios, tus relinchos, la maldad de tu fornicación sobre los collados: en el mismo campo vi tus abominaciones. ¡Ay de ti, Jerusalem! ¿No serás al cabo limpia? ¿hasta cuándo todavía?
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Mateo 27

1Y venida la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesús, para entregarle a muerte. 2Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato presidente. 3Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta piezas de plata a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos, 4Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué se nos da a nosotros? Viéras lo tú. 5Y arrojando las piezas de plata en el templo, partióse; y fue, y se ahorcó. 6Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre. 7Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros. 8Por lo cual fue llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el día de hoy. 9Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, que fue apreciado por los hijos de Israel; 10Y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor. 11Y Jesús estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió. 13Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho. 15Y en el día de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen. 16Y tenían entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás. 17Y juntos ellos, les dijo Pilato: ¿Cuál queréis que os suelte? ¿a Barrabás, o a Jesús que se dice el Cristo? 18Porque sabía que por envidia le habían entregado. 19Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió a él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él. 20Mas los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese a Barrabás, y a Jesús matase. 21Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesús que se dice el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado. 23Y el presidente les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban más, diciendo: Sea crucificado. 24Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: veréis lo vosotros. 25Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26Entonces les soltó a Barrabás: y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. 27Entonces los soldados del presidente llevaron a Jesús al pretorio, y juntaron a él toda la cuadrilla; 28Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana; 29Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: ¡Salve, Rey de los Judíos! 30Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza. 31Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. 32Y saliendo, hallaron a un Cireneo, que se llamaba Simón: a este cargaron para que llevase su cruz. 33Y como llegaron al lugar que se llama Gólgotha, que es dicho, El lugar de la calavera, 34Le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; y gustando, no quiso beber lo. 35Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 36Y sentados le guardaban allí. 37Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDIOS. 38Entonces crucificaron con él dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 39Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas, 40Y diciendo: Tú, el que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciendo con los escribas y los Fariseos y los ancianos, decían: 42A otros salvó, a sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. 43Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. 44Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con él. 45Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 46Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama este. 48Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la hinchió de vinagre, y poniéndola en una caña, dábale de beber. 49Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dio el espíritu. 51Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto a bajo: y la tierra tembló, y las piedras se hendieron; 52Y abriéronse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54Y el centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era este. 55Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido de Galilea a Jesús, sirviéndole: 56Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. 57Y como fue la tarde del día, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también había sido discípulo de Jesús. 58Este llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús: entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. 59Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, 60Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña: y revuelta una grande piedra a la puerta del sepulcro, se fue. 61Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. 62Y el siguiente día, que es después de la preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos a Pilato, 63Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. 64Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el día tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. 65Y Pilato les dijo: Tenéis una guardia: id, aseguradlo como sabéis. 66Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la guardia.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Josué 24 · Hechos 4
Personales
Jeremías 13 · Mateo 27