Lectura 1 de 4 · En familia

Jueces 1

1Y aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién subirá por nosotros el primero a pelear contra los Cananeos? 2Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo he entregado la tierra en sus manos. 3Y Judá dijo a Simeón su hermano: Sube conmigo a mi suerte, y peleemos contra el Cananeo, y yo también iré contigo a tu suerte. Y Simeón fue con él. 4Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al Cananeo y al Pherezeo; y de ellos hirieron en Bezec diez mil hombres. 5Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra él: e hirieron al Cananeo y al Pherezeo. 6Mas Adoni-bezec huyó; y siguiéronle, y prendiéronle, y cortáronle los pulgares de las manos y de los pies. 7Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y de sus pies, cogían las migajas debajo de mi mesa: como yo hice, así me ha pagado Dios. Y metiéronle en Jerusalem, donde murió. 8Y habían combatido los hijos de Judá a Jerusalem, y la habían tomado, y metido a cuchillo, y puesto a fuego la ciudad. 9Después los hijos de Judá descendieron para pelear contra el Cananeo que habitaba en las montañas, y al mediodía, y en los llanos. 10Y partió Judá contra el Cananeo que habitaba en Hebrón, la cual se llamaba antes Chîriath-arba; e hirieron a Sesai, y a Ahiman, y a Talmai. 11Y de allí fue a los que habitaban en Debir, que antes se llamaba Chîriath-sepher. 12Y dijo Caleb: El que hiriere a Chîriath-sepher, y la tomare, yo le daré a Axa mi hija por mujer. 13Y tomóla Othoniel hijo de Cenez, hermano menor de Caleb: y él le dio a Axa su hija por mujer. 14Y cuando la llevaban, persuadióle que pidiese a su padre un campo. Y ella se apeó del asno, y Caleb le dijo: ¿Qué tienes? 15Ella entonces le respondió: Dame una bendición: que pues me has dado tierra de secadal, me des también fuentes de aguas. Entonces Caleb le dio las fuentes de arriba y las fuentes de abajo. 16Y los hijos de Cineo, suegro de Moisés, subieron de la ciudad de las palmas con los hijos de Judá al desierto de Judá, que está al mediodía de Arad: y fueron y habitaron con el pueblo. 17Y fue Judá a su hermano Simeón, e hirieron al Cananeo que habitaba en Sephath, y asoláronla: y pusieron por nombre a la ciudad, Horma. 18Tomó también Judá a Gaza con su término, y a Ascalón con su término, y a Ecrón con su término. 19Y fue Jehová con Judá, y echó a los de las montañas; mas no pudo echar a los que habitaban en los llanos, los cuales tenían carros herrados. 20Y dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho: y él echó de allí tres hijos de Anac. 21Mas al Jebuseo que habitaba en Jerusalem, no echaron los hijos de Benjamín, y así el Jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalem hasta hoy. 22También los de la casa de José subieron a Beth-el; y fue Jehová con ellos. 23Y los de la casa de José pusieron espías en Beth-el, la cual ciudad antes se llamaba Luz. 24Y los que espiaban vieron un hombre que salía de la ciudad, y dijéronle: Muéstranos ahora la entrada de la ciudad, y haremos contigo misericordia. 25Y él les mostró la entrada a la ciudad, e hiriéronla a filo de espada; mas dejaron a aquel hombre con toda su familia. 26Y fuese el hombre a la tierra de los Hetheos, y edificó una ciudad, a la cual llamó Luz: y este es su nombre hasta hoy. 27Tampoco Manasés echó a los de Beth-sean, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanach y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitaban en Megiddo y en sus aldeas: mas el Cananeo quiso habitar en esta tierra. 28Empero cuando Israel tomó fuerzas hizo al Cananeo tributario, mas no lo echó. 29Tampoco Ephraim echó al Cananeo que habitaba en Gezer; antes habitó el Cananeo en medio de ellos en Gezer. 30Tampoco Zabulón echó a los que habitaban en Chîtron y a los que habitaban en Naalol; mas el Cananeo habitó en medio de él, y le fueron tributarios. 31Tampoco Aser echó a los que habitaban en Achô, y a los que habitaban en Sidón, y en Ahlab, y en Achzib, y en Helba, y en Aphec, y en Rehod: 32Antes moró Aser entre los Cananeos que habitaban en la tierra; pues no los echó. 33Tampoco Nephtalí echó a los que habitaban en Beth-semes, y a los que habitaban en Beth-anath, sino que moró entre los Cananeos que habitaban en la tierra; mas fuéronle tributarios los moradores de Beth-semes, y los moradores de Beth-anath. 34Los Amorrheos apretaron a los hijos de Dan hasta el monte; que no los dejaron descender a la campiña. 35Y quiso el Amorrheo habitar en el monte de Heres, en Ajalón y en Saalbín; mas como la mano de la casa de José tomó fuerzas, hiciéronlos tributarios. 36Y el término del Amorrheo fue desde la subida de Acrabim, desde la piedra, y arriba.
Lectura 2 de 4 · En familia

Hechos 5

1Mas un varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión, 2Y defraudó del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, púsola a los pies de los apóstoles. 3Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad? 4Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. 5Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6Y levantándose los mancebos, le tomaron, y sacándolo, sepultáronlo. 7Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 8Entonces Pedro le dijo: Dime: ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. 9Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán. 10Y luego cayó a los pies de él, y espiró: y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 11Y vino un gran temor en toda la iglesia, y en todos los que oyeron estas cosas. 12Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. 13Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. 14Y los que creían en el Señor se aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; 15Tanto que echaban los enfermos por las calles, y los ponían en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, a lo menos su sombra tocase a alguno de ellos. 16Y aun de las ciudades vecinas concurría multitud a Jerusalem, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; los cuales todos eran curados. 17Entonces levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la secta de los Saduceos, se llenaron de celo; 18Y echaron mano a los apóstoles, y pusiéronlos en la cárcel pública. 19Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: 20Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21Y oído que hubieron esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, viniendo el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos. 22Mas como llegaron los ministros, y no los hallaron en la cárcel, volvieron, y dieron aviso, 23Diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro. 24Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. 25Pero viniendo uno, dióles esta noticia: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo. 26Entonces fue el magistrado con los ministros, y trájolos sin violencia; porque temían del pueblo ser apedreados. 27Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: y el príncipe de los sacerdotes les preguntó, 28Diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre? y he aquí, habéis llenado a Jerusalem de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre. 29Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres. 30El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole en un madero. 31A este ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados. 32Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. 33Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban matarlos. 34Entonces levantándose en el concilio un Fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerable a todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco a los apóstoles. 35Y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer. 36Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres como cuatrocientos: el cual fue matado; y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos a nada. 37Después de este, se levantó Judas el Galileo en los días del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también aquel; y todos los que consintieron con él, fueron derramados. 38Y ahora os digo: Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá: 39Mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a Dios. 40Y convinieron con él: y llamando a los apóstoles, después de azotados, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y soltáronlos. 41Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el Nombre. 42Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.
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Jeremías 14

1Palabra de Jehová que fue a Jeremías, con motivo de la sequía. 2Enlutóse Judá, y sus puertas se despoblaron: oscureciéronse en tierra, y subió el clamor de Jerusalem. 3Y los principales de ellos enviaron sus criados al agua: vinieron a las lagunas, y no hallaron agua: volviéronse con sus vasos vacíos; se avergonzaron, confundiéronse, y cubrieron sus cabezas. 4Porque se resquebrajó la tierra a causa de no llover en el país; confusos los labradores, cubrieron sus cabezas. 5Y aun las ciervas en los campos parían, y dejaban la cría, porque no había hierba. 6Y los asnos monteses se ponían en los altos, aspiraban el viento como los chacales; sus ojos se ofuscaron, porque no había hierba. 7Si nuestras iniquidades testifican contra nosotros, oh Jehová, haz por amor de tu nombre; porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra ti pecamos. 8Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué has de ser como peregrino en la tierra, y como caminante que se aparta para tener la noche? 9¿Por qué has de ser como hombre atónito, y como valiente que no puede librar? tú empero estás entre nosotros, oh Jehová, y sobre nosotros es invocado tu nombre; no nos desampares. 10Así ha dicho Jehová a este pueblo: Así amaron moverse, ni detuvieron sus pies: por tanto, Jehová no los tiene en voluntad; acordaráse ahora de la maldad de ellos, y visitará sus pecados. 11Y díjome Jehová: No ruegues por este pueblo para bien. 12Cuando ayunaren, yo no oiré su clamor, y cuando ofrecieren holocausto y ofrenda, no lo aceptaré; antes los consumiré con cuchillo, y con hambre, y con pestilencia. 13Y yo dije: ¡Ah! ah! Señor Jehová! he aquí que los profetas les dicen: No veréis cuchillo, ni habrá hambre en vosotros, sino que en este lugar os daré paz verdadera. 14Díjome entonces Jehová: Falso profetizan los profetas en mi nombre: no los envié, ni les mandé, ni les hablé: visión mentirosa, y adivinación, y vanidad, y engaño de su corazón os profetizan. 15Por tanto así ha dicho Jehová sobre los profetas que profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que dicen, Cuchillo ni hambre no habrá en esta tierra: Con cuchillo y con hambre serán consumidos esos profetas. 16Y el pueblo a quien profetizan, echado será en las calles de Jerusalem por hambre y por espada; y no habrá quien los entierre, ellos, y sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas; y sobre ellos derramaré su maldad. 17Decirles has, pues, esta palabra: Córranse mis ojos en lágrimas noche y día, y no cesen; porque de gran quebrantamiento es quebrantada la virgen hija de mi pueblo, de plaga muy recia. 18Si salgo al campo, he aquí muertos a cuchillo; y si me entro en la ciudad, he aquí enfermos de hambre: porque también el profeta como el sacerdote anduvieron rodeando en la tierra, y no conocieron. 19¿Has desechado enteramente a Judá? ¿ha aborrecido tu alma a Sion? ¿Por qué nos hiciste herir sin que nos quede cura? Esperamos paz, y no hubo bien; tiempo de cura, y he aquí turbación. 20Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres: porque contra ti hemos pecado. 21Por amor de tu nombre no nos deseches, ni trastornes el trono de tu gloria: acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros. 22¿Hay entre las vanidades de las gentes quien haga llover? ¿y darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Jehová, nuestro Dios? en ti pues esperamos; pues tú hiciste todas estas cosas.
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Mateo 28

1Y la víspera de sábado, que amanece para el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro. 2Y he aquí, fue hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra, y estaba sentado sobre ella. 3Y su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 4Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos. 5Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. 6No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. 7E id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis; he aquí, os lo he dicho. 8Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a sus discípulos, 9He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Salve. Y ellas se llegaron y abrazaron sus pies, y le adoraron. 10Entonces Jesús les dice: No temáis: id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán. 11Y yendo ellas, he aquí unos de la guardia vinieron a la ciudad, y dieron aviso a los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. 12Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, 13Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros. 14Y si esto fuere oído del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros. 15Y ellos, tomando el dinero, hicieron como estaban instruídos: y este dicho fue divulgado entre los Judíos hasta el día de hoy. 16Mas los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. 17Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban. 18Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: 20Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Jueces 1 · Hechos 5
Personales
Jeremías 14 · Mateo 28