Lectura 1 de 4 · En familia

Levítico 22

1Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Di a Aarón y a sus hijos, que se abstengan de las santificaciones de los hijos de Israel, y que no profanen mi santo nombre en lo que ellos me santifican: Yo Jehová. 3Diles: Todo varón de toda vuestra simiente en vuestras generaciones que llegare a las cosas sagradas, que los hijos de Israel consagran a Jehová, teniendo inmundicia sobre sí, de delante de mí será cortada su alma: Yo Jehová. 4Cualquier varón de la simiente de Aarón que fuere leproso, o padeciere flujo, no comerá de las cosas sagradas hasta que esté limpio: y el que tocare cualquiera cosa inmunda de mortecino, o el varón del cual hubiere salido derramamiento de semen; 5O el varón que hubiere tocado cualquier reptil, por el cual será inmundo, u hombre por el cual venga a ser inmundo, conforme a cualquiera inmundicia suya; 6La persona que lo tocare, será inmunda hasta la tarde, y no comerá de las cosas sagradas antes que haya lavado su carne con agua. 7Y cuando el sol se pusiere, será limpio; y después comerá las cosas sagradas, porque su pan es. 8Mortecino ni despedazado por fiera no comerá, para contaminarse en ello: Yo Jehová. 9Guarden, pues, mi ordenanza, y no lleven pecado por ello, no sea que así mueran cuando la profanaren: Yo Jehová que los santifico. 10Ningún extraño comerá cosa sagrada; el huésped del sacerdote, ni el jornalero, no comerá cosa sagrada. 11Mas el sacerdote, cuando comprare persona de su dinero, esta comerá de ella, y el nacido en su casa: estos comerán de su pan. 12Empero la hija del sacerdote, cuando se casare con varón extraño, ella no comerá de la ofrenda de las cosas sagradas. 13Pero si la hija del sacerdote fuere viuda, o repudiada, y no tuviere prole, y se hubiere vuelto a la casa de su padre, como en su mocedad, comerá del pan de su padre; mas ningún extraño coma de él. 14Y el que por yerro comiere cosa sagrada, añadirá a ella su quinto, y darálo al sacerdote con la cosa sagrada. 15No profanarán, pues, las cosas santas de los hijos de Israel, las cuales apartan para Jehová: 16Y no les harán llevar la iniquidad del pecado, comiendo las cosas santas de ellos: porque yo Jehová soy el que los santifico. 17Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 18Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros en Israel, que ofreciere su ofrenda por todos sus votos, y por todas sus voluntarias oblaciones que ofrecieren a Jehová en holocausto; 19De vuestra voluntad ofreceréis macho sin defecto de entre las vacas, de entre los corderos, o de entre las cabras. 20Ninguna cosa en que haya falta ofreceréis, porque no será acepto por vosotros. 21Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio de paces a Jehová para presentar voto, u ofreciendo voluntariamente, sea de vacas o de ovejas, sin tacha será acepto; no ha de haber en él falta. 22Ciego, o perniquebrado, o mutilado, o verrugoso, o sarnoso, o roñoso, no ofreceréis estos a Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová. 23Buey o carnero que tenga de más o de menos, podrás ofrecer por ofrenda voluntaria; mas por voto no será acepto. 24Herido o magullado, rompido o cortado, no ofreceréis a Jehová, ni en vuestra tierra lo haréis. 25Y de mano de hijo de extranjero no ofreceréis el pan de vuestro Dios de todas estas cosas; porque su corrupción está en ellas: hay en ellas falta, no se os aceptarán. 26Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 27El buey, o el cordero, o la cabra, cuando naciere, siete días estará mamando de su madre: mas desde el octavo día en adelante será acepto para ofrenda de sacrificio encendido a Jehová. 28Y sea buey o carnero, no degollaréis en un día a él y a su hijo. 29Y cuando sacrificareis sacrificio de hacimiento de gracias a Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis. 30En el mismo día se comerá; no dejaréis de él para otro día: Yo Jehová. 31Guardad pues mis mandamientos, y ejecutadlos: Yo Jehová. 32Y no amancilléis mi santo nombre, y yo me santificaré en medio de los hijos de Israel: Yo Jehová que os santifico; 33Que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: Yo Jehová.
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Salmos 26-27 (cap. 26)

1Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado: confiado he asimismo en Jehová, no vacilaré. 2Pruébame, oh Jehová, y sondéame: examina mis riñones y mi corazón. 3Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y en tu verdad ando. 4No me he sentado con hombres de falsedad; ni entré con los que andan encubiertamente. 5Aborrecí la reunión de los malignos, y con los impíos nunca me senté. 6Lavaré en inocencia mis manos, y andaré alrededor de tu altar, oh Jehová: 7Para exclamar con voz de acción de gracias, y para contar todas tus maravillas. 8Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar del tabernáculo de tu gloria. 9No juntes con los pecadores mi alma, ni con los hombres de sangres mi vida: 10En cuyas manos está el mal, y su diestra está llena de sobornos. 11Yo empero andaré en mi integridad: redímeme, y ten misericordia de mí. 12Mi pie ha estado en rectitud: en las congregaciones bendeciré a Jehová.
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Salmos 26-27 (cap. 27)

1Jehová es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme? 2Cuando se allegaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. 3Aunque se asiente campo contra mí, no temerá mi corazón: aunque contra mí se levante guerra, yo en esto confío. 4Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. 5Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; ocultaráme en lo reservado de su pabellón; pondráme en alto sobre una roca. 6Y luego ensalzará mi cabeza sobre mis enemigos en derredor de mí: y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo: cantaré y salmearé a Jehová. 7Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; y ten misericordia de mí, respóndeme. 8Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová. 9No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira a tu siervo: mi ayuda has sido; no me dejes y no me desampares, Dios de mi salud. 10Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Jehová con todo me recogerá. 11Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud, a causa de mis enemigos. 12No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. 13Hubiera yo desmayado, si no creyese que tengo de ver la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. 14Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón: sí, espera a Jehová.
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Eclesiastés 5

1Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oir que para dar el sacrificio de los necios: porque no saben que hacen mal. 2No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras. 3Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio. 4Cuando a Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla; porque no se agrada de los insensatos. Paga lo que prometieres. 5Mejor es que no prometas, que no que prometas y no pagues. 6No sueltes tu boca para hacer pecar a tu carne; ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se aire a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? 7Donde los sueños son en multitud, también lo son las vanidades y muchas las palabras; mas tú teme a Dios. 8Si violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de esta licencia; porque alto está mirando sobre alto, y uno más alto está sobre ellos. 9Además el provecho de la tierra es para todos: el rey mismo está sujeto a los campos. 10El que ama el dinero, no se hartará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad. 11Cuando los bienes se aumentan, también se aumentan sus comedores. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino ver los con sus ojos? 12Dulce es el sueño del trabajador, ora coma mucho o poco; mas al rico no le deja dormir la hartura. 13Hay una trabajosa enfermedad que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas de sus dueños para su mal; 14Las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron nada les queda en la mano. 15Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tornando como vino; y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano. 16Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar al viento? 17Demás de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho enojo y dolor y miseria. 18He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte. 19Asimismo, a todo hombre a quien Dios dio riquezas y hacienda, y le dio también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce su trabajo; esto es don de Dios. 20Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le responderá con alegría de su corazón.
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2 Timoteo 1

1Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, 2A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia, y paz de Dios el Padre y de Jesucristo nuestro Señor. 3Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar tengo memoria de ti en mis oraciones noche y día; 4Deseando verte, acordándome de tus lágrimas, para ser lleno de gozo; 5Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también. 6Por lo cual te aconsejo que despiertes el don de Dios, que está en ti por la imposición de mis manos. 7Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza. 8Por tanto no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo; antes sé participante de los trabajos del evangelio según la virtud de Dios, 9Que nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme a nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10Mas ahora es manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte, y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio; 11Del cual yo soy puesto predicador, y apóstol, y maestro de los Gentiles. 12Por lo cual asimismo padezco esto: mas no me avergüenzo; porque yo sé a quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. 13Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que habita en nosotros. 15Ya sabes esto, que me han sido contrarios todos los que son en Asia, de los cuales son Figello y Hermógenes. 16Dé el Señor misericordia a la casa de Onesíforo; que muchas veces me refrigeró, y no se avergonzó de mi cadena: 17Antes, estando él en Roma, me buscó solícitamente, y me halló. 18Déle el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes mejor.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Levítico 22 · Salmos 26-27
Personales
Eclesiastés 5 · 2 Timoteo 1