Lectura 1 de 4 · En familia
1 Samuel 10
1Tomando entonces Samuel una ampolla de aceite, derramóla sobre su cabeza, y besólo, y díjole: ¿No te ha ungido Jehová por capitán sobre su heredad? 2Hoy, después que te hayas apartado de mí, hallarás dos hombres junto al sepulcro de Rachêl, en el término de Benjamín, en Selsah, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido a buscar, se han hallado; tu padre pues ha dejado ya el negocio de las asnas, si bien está angustioso por vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo? 3Y como de allí te fueres más adelante, y llegares a la campiña de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en Beth-el, llevando el uno tres cabritos, y el otro tres tortas de pan, y el tercero una vasija de vino: 4Los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, los que tomarás de manos de ellos. 5De allí vendrás al collado de Dios donde está la guarnición de los Filisteos; y cuando entrares allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del alto, y delante de ellos salterio, y adufe, y flauta, y arpa, y ellos profetizando: 6Y el espíritu de Jehová te arrebatará, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre. 7Y cuando te hubieren sobrevenido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios es contigo. 8Y bajarás delante de mí a Gilgal; y luego descenderé yo a ti para sacrificar holocaustos, e inmolar víctimas pacíficas. Espera siete días, hasta que yo venga a ti, y te enseñe lo que has de hacer. 9Y fue que así como tornó él su hombro para partirse de Samuel, mudóle Dios su corazón; y todas estas señales acaecieron en aquel día. 10Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él, y el espíritu de Dios lo arrebató, y profetizó entre ellos. 11Y aconteció que, cuando todos los que le conocían de ayer y de antes, vieron como profetizaba con los profetas, el pueblo decía el uno al otro: ¿Qué ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también entre los profetas? 12Y alguno de allí respondió, y dijo: ¿Y quién es el padre de ellos? Por esta causa se tornó en proverbio: ¿También Saúl entre los profetas? 13Y cesó de profetizar, y llegó al alto. 14Y un tío de Saúl dijo a él y a su criado: ¿Dónde fuisteis? Y él respondió: A buscar las asnas; y como vimos que no parecían, fuimos a Samuel. 15Y dijo el tío de Saúl: Yo te ruego me declares qué os dijo Samuel. 16Y Saúl respondió a su tío: Declarónos expresamente que las asnas habían parecido. Mas del negocio del reino, de que Samuel le había hablado, no le descubrió nada. 17Y Samuel convocó el pueblo a Jehová en Mizpa; 18Y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los Egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron: 19Mas vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y dijisteis: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora pues, poneos delante de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares. 20Y haciendo allegar Samuel todas las tribus de Israel, fue tomada la tribu de Benjamín. 21E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus linajes, y fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, mas no fue hallado. 22Preguntaron pues otra vez a Jehová, si había aún de venir allí aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está escondido entre el bagaje. 23Entonces corrieron, y tomáronlo de allí, y puesto en medio del pueblo, desde el hombro arriba era más alto que todo el pueblo. 24Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: Viva el rey. 25Samuel recitó luego al pueblo el derecho del reino, y escribiólo en un libro, el cual guardó delante de Jehová. 26Y envió Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa. Y Saúl también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él el ejército, el corazón de los cuales Dios había tocado. 27Pero los impíos dijeron: ¿Cómo nos ha de salvar este? Y tuviéronle en poco, y no le trajeron presente: mas él disimuló.
Lectura 2 de 4 · En familia
Romanos 8
1Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3Porque lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, mas conforme al espíritu. 5Porque los que viven conforme a la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. 6Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz: 7Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede. 8Así que, los que están en la carne no pueden agradar a Dios. 9Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él. 10Empero si Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado; mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó a Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 12Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne: 13Porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. 14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. 15Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre. 16Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. 17Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. 18Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. 19Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios. 20Porque las criaturas sujetas fueron a vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza, 21Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22Porque sabemos que todas las criaturas gimen a una, y a una están de parto hasta ahora. 23Y no solo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro cuerpo. 24Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos. 26Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. 27Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios, demanda por los santos. 28Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados. 29Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; 30Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. 31¿Pues qué diremos a esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? o angustia? o persecución? o hambre? o desnudez? o peligro? o cuchillo? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: somos estimados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
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Jeremías 47
1Palabra de Jehová que fue a Jeremías profeta acerca de los Palestinos, antes que Faraón hiriese a Gaza. 2Así ha dicho Jehová: He aquí que suben aguas del aquilón, y tornaránse en torrente, e inundarán la tierra y su plenitud, ciudades y moradores de ellas; y los hombres clamarán, y aullará todo morador de la tierra. 3Por el sonido de las uñas de sus fuertes, por el alboroto de sus carros, por el estruendo de sus ruedas, los padres no miraron a los hijos por la flaqueza de las manos; 4A causa del día que viene para destrucción de todos los Palestinos, para talar a Tiro, y a Sidón, a todo ayudador que quedó vivo: porque Jehová destruirá a los Palestinos, al resto de la isla de Caphtor. 5Sobre Gaza vino mesadura, Ascalón fue cortada, y el resto de su valle: ¿hasta cuándo te arañarás? 6Oh espada de Jehová, ¿hasta cuándo no reposarás? Métete en tu vaina, reposa y sosiega. 7¿Cómo reposarás? pues que Jehová lo ha enviado contra Ascalón, y a la ribera de la mar, allí lo puso.
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Salmos 23-24 (cap. 23)
1Jehová es mi pastor; nada me faltará. 2En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto a aguas de reposo me pastoreará. 3Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre. 4Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento. 5Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. 6Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días.
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Salmos 23-24 (cap. 24)
1De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. 2Porque él la fundó sobre los mares, y afirmóla sobre los ríos. 3¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿y quién estará en el lugar de su santidad? 4El limpio de manos, y puro de corazón: el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño. 5El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salud. 6Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. (Selah.) 7Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. 8¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. 9Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. 10¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria. (Selah.)
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Samuel 10 · Romanos 8
Personales
Jeremías 47 · Salmos 23-24