Lectura 1 de 4 · En familia

Números 27

1Y las hijas de Salphaad, hijo de Hepher, hijo de Galaad, hijo de Machîr, hijo de Manasés, de las familias de Manasés, hijo de José, los nombres de las cuales eran Maala, y Noa, y Hogla, y Milca, y Tirsa, llegaron; 2Y presentáronse delante de Moisés, y delante del sacerdote Eleazar, y delante de los príncipes, y de toda la congregación, a la puerta del tabernáculo del testimonio, y dijeron: 3Nuestro padre murió en el desierto, el cual no estuvo en la junta que se reunió contra Jehová en la compañía de Coré: sino que en su pecado murió, y no tuvo hijos. 4¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre. 5Y Moisés llevó su causa delante de Jehová. 6Y Jehová respondió a Moisés, diciendo: 7Bien dicen las hijas de Salphaad: has de darles posesión de heredad entre los hermanos de su padre; y traspasarás la heredad de su padre a ellas. 8Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriere sin hijos, traspasaréis su herencia a su hija: 9Y si no tuviere hija, daréis su herencia a sus hermanos: 10Y si no tuviere hermanos, daréis su herencia a los hermanos de su padre. 11Y si su padre no tuviere hermanos, daréis su herencia a su pariente más cercano de su linaje, el cual la poseerá: y será a los hijos de Israel por estatuto de derecho, como Jehová mandó a Moisés. 12Y Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. 13Y después que la habrás visto, tú también serás reunido a tus pueblos, como fue reunido tu hermano Aarón: 14Pues fuisteis rebeldes a mi dicho en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, para santificarme en las aguas a ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin. 15Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: 16Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, varón sobre la congregación, 17Que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca; porque la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor. 18Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; 19Y ponerlo has delante de Eleazar el sacerdote, y delante de toda la congregación; y le darás órdenes en presencia de ellos. 20Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezcan. 21Y él estará delante de Eleazar el sacerdote, y a él preguntará por el juicio del Urim delante de Jehová: por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él, y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación. 22Y Moisés hizo como Jehová le había mandado; que tomó a Josué, y le puso delante de Eleazar el sacerdote, y de toda la congregación: 23Y puso sobre él sus manos, y dióle órdenes, como Jehová había mandado por mano de Moisés.
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Salmo 69

1Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. 2Estoy hundido en cieno profundo, donde no hay pie: he venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. 3Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios. 4Hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; hanse fortalecido mis enemigos, los que me destruyen sin por qué: he venido pues a pagar lo que no he tomado. 5Dios, tú sabes mi locura; y mis delitos no te son ocultos. 6No sean avergonzados por mi causa los que te esperan, oh Señor Jehová de los ejércitos; no sean confusos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel. 7Porque por amor de ti he sufrido afrenta; confusión ha cubierto mi rostro. 8He sido extrañado de mis hermanos, y extraño a los hijos de mi madre. 9Porque me consumió el celo de tu casa; y los denuestos de los que te vituperaban, cayeron sobre mí. 10Y lloré afligiendo con ayuno mi alma; y esto me ha sido por afrenta. 11Puse además saco por mi vestido; y vine a serles por proverbio. 12Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y me zaherían en las canciones de los bebedores de sidra. 13Empero yo enderezaba mi oración a ti, oh Jehová, al tiempo de tu buena voluntad: oh Dios, por la multitud de tu misericordia, por la verdad de tu salud, óyeme. 14Sácame del lodo, y no sea yo sumergido: sea yo libertado de los que me aborrecen, y del profundo de las aguas. 15No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me suerba la hondura, ni el pozo cierre sobre mí su boca. 16Oyeme, Jehová, porque apacible es tu misericordia; mírame conforme a la multitud de tus miseraciones. 17Y no escondas tu rostro de tu siervo; porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme. 18Acércate a mi alma, redímela: líbrame a causa de mis enemigos. 19Tú sabes mi afrenta, y mi confusión, y mi oprobio: delante de ti están todos mis enemigos. 20La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado: y esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo: y consoladores, y ninguno hallé. 21Pusiéronme además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre. 22Sea su mesa delante de ellos por lazo, y lo que es para bien por tropiezo. 23Sean oscurecidos sus ojos para ver, y haz siempre titubear sus lomos. 24Derrama sobre ellos tu ira, y el furor de tu enojo los alcance. 25Sea su palacio asolado: en sus tiendas no haya morador. 26Porque persiguieron al que tú heriste; y cuentan del dolor de los que tú llagaste. 27Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia. 28Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos con los justos. 29Y yo afligido y dolorido, tu salud, oh Dios, me defenderá. 30Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, ensalzarélo con alabanza. 31Y agradará a Jehová más que sacrificio de buey, o becerro que echa cuernos y uñas. 32Veránlo los humildes, y se gozarán; buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón. 33Porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros. 34Alábenlo los cielos y la tierra, los mares, y todo lo que se mueve en ellos. 35Porque Dios guardará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; y habitarán allí, y la poseerán. 36Y la simiente de sus siervos la heredará, y los que aman su nombre habitarán en ella.
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Isaías 17-18 (cap. 17)

1Carga de Damasco. He aquí que Damasco dejó de ser ciudad, y será montón de ruina. 2Las ciudades de Aroer desamparadas, en majadas se tornarán; dormirán allí, y no habrá quien los espante. 3Y cesará el socorro de Ephraim, y el reino de Damasco; y lo que quedare de Siria, será como la gloria de los hijos de Israel, dice Jehová de los ejércitos. 4Y será que en aquel tiempo la gloria de Jacob se atenuará, y enflaqueceráse la grosura de su carne. 5Y será como cuando el segador coge la mies, y con su brazo siega las espigas: será también como el que coge espigas en el valle de Rephaim. 6Y quedarán en él rebuscos, como cuando sacuden el aceituno, dos o tres granos en la punta del ramo, cuatro o cinco en sus ramas fructíferas, dice Jehová Dios de Israel. 7En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel. 8Y no mirará a los altares que hicieron sus manos, ni mirará a lo que hicieron sus dedos, ni a los bosques, ni a las imágenes del sol. 9En aquel día las ciudades de su fortaleza serán como los frutos que quedan en los pimpollos y en las ramas, las cuales fueron dejadas a causa de los hijos de Israel; y habrá asolamiento. 10Porque te olvidaste del Dios de tu salud, y no te acordaste de la roca de tu fortaleza; por tanto plantarás plantas hermosas, y sembrarás sarmiento extraño. 11El día que las plantares, las harás crecer, y harás que tu simiente brote de mañana; mas la cosecha será arrebatada en el día del coger, y del dolor desesperado. 12¡Ay! multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo de la mar: y murmullo de naciones hará alboroto como murmurio de muchas aguas. 13Los pueblos harán estrépito a manera de ruido de grandes aguas: mas Dios le reprenderá, y huirá lejos; será ahuyentado como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino. 14Al tiempo de la tarde he aquí turbación; y antes de la mañana ya no es. Esta es la parte de los que nos huellan, y la suerte de los que nos saquean.
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Isaías 17-18 (cap. 18)

1¡Ay de la tierra que hace sombra con las alas, que está tras los ríos de Etiopía; 2Que envía mensajeros por la mar, y en navíos de junco sobre las aguas! Andad, ligeros mensajeros, a la gente tirada y repelada, al pueblo asombroso desde su principio y después; gente harta de esperar y hollada, cuya tierra destruyeron los ríos. 3Vosotros, todos los moradores del mundo y habitantes de la tierra, cuando levantará bandera en los montes, la veréis; y oiréis cuando tocará trompeta. 4Porque Jehová me dijo así: Reposaréme, y miraré desde mi morada, como sol claro después de la lluvia, como nube de rocío en el calor de la tierra. 5Porque antes de la siega, cuando el fruto fuere perfecto, y pasada la flor fueren madurando los frutos, entonces podará con podaderas los ramitos, y cortará y quitará las ramas. 6Y serán dejados todos a las aves de los montes, y a las bestias de la tierra; sobre ellos tendrán el verano las aves, e invernarán todas las bestias de la tierra. 7En aquel tiempo será traído presente a Jehová de los ejércitos, el pueblo tirado y repelado, pueblo asombroso desde su principio y después; gente harta de esperar y hollada, cuya tierra destruyeron los ríos; al lugar del nombre de Jehová de los ejércitos, al monte de Sion.
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1 Pedro 5

1Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de las aflicciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha de ser revelada: 2Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto; 3Y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey. 4Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. 5Igualmente, mancebos, sed sujetos a los ancianos; y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. 6Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo; 7Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros. 8Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore: 9Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compañía de vuestros hermanos que están en el mundo. 10Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Jesucristo, después que hubiereis un poco de tiempo padecido, él mismo os perfeccione, confirme, corrobore y establezca. 11A él sea gloria e imperio para siempre. Amén. 12Por Silvano, el hermano fiel, según yo pienso, os he escrito brevemente, amonestándo os, y testificando que esta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis. 13La iglesia que está en Babilonia, juntamente elegida con vosotros, os saluda, y Marcos mi hijo. 14Saludaos unos a otros con ósculo de caridad. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Números 27 · Salmo 69
Personales
Isaías 17-18 · 1 Pedro 5