Lectura 1 de 4 · En familia

2 Crónicas 22-23 (cap. 22)

1Y los moradores de Jerusalem hicieron rey en lugar suyo a Ochôzías su hijo menor: porque la tropa que había venido con los Arabes al campo, había muerto a todos los mayores; por lo cual reinó Ochôzías, hijo de Joram rey de Judá. 2Cuando Ochôzías comenzó a reinar era de cuarenta y dos años, y reinó un año en Jerusalem. El nombre de su madre fue Athalía, hija de Omri. 3También él anduvo en los caminos de la casa de Achâb: porque su madre le aconsejaba a obrar impíamente. 4Hizo pues lo malo en ojos de Jehová, como la casa de Achâb; porque después de la muerte de su padre, ellos le aconsejaron para su perdición. 5Y él anduvo en los consejos de ellos, y fue a la guerra con Joram hijo de Achâb, rey de Israel, contra Hazael rey de Siria, a Ramoth de Galaad, donde los Siros hirieron a Joram. 6Y se volvió para curarse en Jezreel de las heridas que le habían hecho en Rama, peleando con Hazael rey de Siria. Y descendió Azarías hijo de Joram, rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Achâb, en Jezreel, porque allí estaba enfermo. 7Esto empero venía de Dios, para que Ochôzías fuese hollado viniendo a Joram: porque siendo venido, salió con Joram contra Jehú hijo de Nimsi, al cual Jehová había ungido para que talase la casa de Achâb. 8Y fue que, haciendo juicio Jehú con la casa de Achâb, halló a los príncipes de Judá, y a los hijos de los hermanos de Ochôzías, que servían a Ochôzías, y matólos. 9Y buscando a Ochôzías, el cual se había escondido en Samaria, tomáronlo, y trajéronlo a Jehú, y le mataron; y diéronle sepultura, porque dijeron: Es hijo de Josaphat, el cual buscó a Jehová de todo su corazón. Y la casa de Ochôzías no tenía fuerzas para poder retener el reino. 10Entonces Athalía madre de Ochôzías, viendo que su hijo era muerto, levantóse y destruyó toda la simiente real de la casa de Judá. 11Empero Josabeth, hija del rey, tomó a Joas hijo de Ochôzías, y arrebatólo de entre los hijos del rey, que mataban, y guardóle a él y a su ama en la cámara de los lechos. Así pues lo escondió Josabeth, hija del rey Joram, mujer de Joiada el sacerdote, (porque ella era hermana de Ochôzías), de delante de Athalía, y no lo mataron. 12Y estuvo con ellos escondido en la casa de Dios seis años. Entre tanto Athalía reinaba en el país.
Lectura 1 de 4 · En familia

2 Crónicas 22-23 (cap. 23)

1Mas el séptimo año se animó Joiada, y tomó consigo en alianza a los centuriones, Azarías hijo de Jeroam, y a Ismael hijo de Johanán, y a Azarías hijo de Obed, y a Maasías hijo de Adaías, y a Elisaphat hijo de Zichri; 2Los cuales rodeando por Judá, juntaron los Levitas de todas las ciudades de Judá, y a los príncipes de las familias de Israel, y vinieron a Jerusalem. 3Y toda la multitud hizo alianza con el rey en la casa de Dios. Y él les dijo: He aquí el hijo del rey, el cual reinará, como Jehová lo tiene dicho de los hijos de David. 4Lo que habéis de hacer es: la tercera parte de vosotros, los que entran de semana, estarán de porteros con los sacerdotes y los Levitas; 5Y la tercera parte, a la casa del rey; y la tercera parte, a la puerta del fundamento: y todo el pueblo estará en los patios de la casa de Jehová. 6Y ninguno entre en la casa de Jehová, sino los sacerdotes y Levitas que sirven: estos entrarán, porque están consagrados; y todo el pueblo hará la guardia de Jehová. 7Y los Levitas rodearán al rey por todas partes, y cada uno tendrá sus armas en la mano; y cualquiera que entrare en la casa, muera: y estaréis con el rey cuando entrare, y cuando saliere. 8Y los Levitas y todo Judá lo hicieron todo como lo había mandado el sacerdote Joiada: y tomó cada uno los suyos, los que entraban de semana, y los que salían el sábado: porque el sacerdote Joiada no dio licencia a las compañías. 9Dio también el sacerdote Joiada a los centuriones las lanzas, paveses y escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Dios; 10Y puso en orden a todo el pueblo, teniendo cada uno su espada en la mano, desde el rincón derecho del templo hasta el izquierdo, hacia el altar y la casa, en derredor del rey por todas partes. 11Entonces sacaron al hijo del rey, y pusiéronle la corona y el testimonio, e hiciéronle rey; y Joiada y sus hijos le ungieron, diciendo luego: ¡Viva el rey! 12Y como Athalía oyó el estruendo de la gente que corría, y de los que bendecían al rey, vino al pueblo a la casa de Jehová; 13Y mirando, vio al rey que estaba junto a su columna a la entrada, y los príncipes y los trompetas junto al rey, y que todo el pueblo de la tierra hacía alegrías, y sonaban bocinas, y cantaban con instrumentos de música los que sabían alabar. Entonces Athalía rasgó sus vestidos, y dijo: ¡Conjuración, conjuración! 14Y sacando el pontífice Joiada los centuriones y capitanes del ejército, díjoles: Sacadla fuera del recinto; y el que la siguiere, muera a cuchillo: porque el sacerdote había mandado que no la matasen en la casa de Jehová. 15Ellos pues le echaron mano, y luego que hubo ella pasado la entrada de la puerta de los caballos de la casa del rey, allí la mataron. 16Y Joiada hizo pacto entre sí y todo el pueblo y el rey, que serían pueblo de Jehová. 17Después de esto entró todo el pueblo en el templo de Baal, y derribáronlo, y también sus altares; e hicieron pedazos sus imágenes, y mataron delante de los altares a Mathán, sacerdote de Baal. 18Luego ordenó Joiada los oficios en la casa de Jehová bajo la mano de los sacerdotes y Levitas, según David los había distribuído en la casa de Jehová, para ofrecer a Jehová los holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, con gozo y cantares, conforme a la ordenación de David. 19Puso también porteros a las puertas de la casa de Jehová, para que por ninguna vía entrase ningún inmundo. 20Tomó después los centuriones, y los principales, y los que gobernaban el pueblo; y a todo el pueblo de la tierra, y llevó al rey de la casa de Jehová; y viniendo hasta el medio de la puerta mayor de la casa del rey, sentaron al rey sobre el trono del reino. 21Y todo el pueblo del país hizo alegrías: y la ciudad estuvo quieta, muerto que hubieron a Athalía a cuchillo.
Lectura 2 de 4 · En familia

Apocalipsis 10

1Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. 2Y tenía en su mano un librito abierto: y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; 3Y clamó con grande voz, como cuando un león ruge: y cuando hubo clamado, siete truenos hablaron sus voces. 4Y cuando los siete truenos hubieron hablado sus voces, yo iba a escribir, y oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han hablado, y no las escribas. 5Y el ángel que vi estar sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, 6Y juró por el que vive para siempre jamás, que ha criado el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no será más. 7Pero en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comenzare a tocar la trompeta, el misterio de Dios será consumado, como él lo anunció a sus siervos los profetas. 8Y la voz que oí del cielo hablaba otra vez conmigo, y decía: Ve, y toma el librito abierto de la mano del ángel que está sobre el mar y sobre la tierra. 9Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito, y él me dijo: Toma, y trágalo; y él te hará amargar tu vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. 10Y tomé el librito de la mano del ángel, y lo devoré; y era dulce en mi boca como la miel; y cuando lo hube devorado, fue amargo mi vientre. 11Y él me dice: Necesario es que otra vez profetices a muchos pueblos y gentes y lenguas y reyes.
Lectura 3 de 4 · Personal

Zacarías 6

1Y tornéme, y alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro carros que salían de entre dos montes; y aquellos montes eran de metal. 2En el primer carro había caballos bermejos, y en el segundo carro caballos negros, 3Y en el tercer carro caballos blancos, y en el cuarto carro caballos overos ruciorodados. 4Respondí entonces, y dije al ángel que conmigo hablaba: Señor mío, ¿qué es esto? 5Y el ángel me respondió, y díjome: Estos son los cuatro vientos de los cielos, que salen de donde están delante del Señor de toda la tierra. 6En el que estaban los caballos negros, salieron hacia la tierra del aquilón; y los blancos salieron tras ellos; y lo overos salieron hacia la tierra del mediodía. 7Y los rucios salieron, y se afanaron por ir a recorrer la tierra. Y dijo: Id, recorred la tierra. Y recorrieron la tierra. 8Luego me llamó, y hablóme diciendo: Mira, los que salieron hacia la tierra del aquilón hicieron reposar mi espíritu en la tierra del aquilón. 9Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: 10Toma de los del cautiverio, de Heldai, y de Tobías, y de Jedaía, los cuales volvieron de Babilonia; y vendrás tú en aquel día, y entrarás en casa de Josías hijo de Sefanías; 11Tomarás pues plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del gran sacerdote Josué, hijo de Josadac; 12Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es Pimpollo, el cual germinará de su lugar, y edificará el templo de Jehová: 13El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y será sacerdote en su solio; y consejo de paz será entre ambos a dos. 14Y Helem, y Tobías, y Jedaía, y Hen, hijo de Sefanías, tendrán coronas por memorial en el templo de Jehová. 15Y los que están lejos vendrán y edificarán en el templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Y será esto, si oyereis obedientes la voz de Jehová vuestro Dios.
Lectura 4 de 4 · Personal

Juan 9

1Y pasando Jesús, vio un hombre ciego desde su nacimiento. 2Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciese ciego? 3Respondió Jesús: Ni este pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4Conviéneme obrar las obras del que me envió, entre tanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar. 5Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo. 6Esto dicho, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego, 7Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, si lo interpretares, Enviado). Y fue entonces, y lavóse, y volvió viendo. 8Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba? 9Unos decían: Este es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10Y dijéronle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11Respondió él y dijo: El hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate: y fui, y me lavé, y recibí la vista. 12Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquel? El dijo: No sé. 13Llevaron a los Fariseos al que antes había sido ciego. 14Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15Y volviéronle a preguntar también los Fariseos de qué manera había recibido la vista. Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16Entonces unos de los Fariseos decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. 17Vuelven a decir al ciego: ¿Tú, qué dices del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. 18Mas los Judíos no creían de él, que había sido ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista; 19Y preguntáronles, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20Respondiéronles sus padres y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego: 21Mas cómo vea ahora, no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él tiene edad, preguntadle a él; él hablará de sí. 22Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los Judíos: porque ya los Judíos habían resuelto que si alguno confesase ser él el Mesías, fuese fuera de la sinagoga. 23Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. 24Así que, volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador. 25Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26Y volviéronle a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27Respondióles: Ya os lo he dicho, y no habéis atendido: ¿por qué lo queréis otra vez oir? ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos? 28Y le ultrajaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros discípulos de Moisés somos. 29Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios: mas este no sabemos de dónde es. 30Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, maravillosa cosa es esta, que vosotros no sabéis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. 31Y sabemos que Dios no oye a los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a este oye. 32Desde el siglo no fue oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego. 33Si este no fuera de Dios, no pudiera hacer nada. 34Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo, ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera. 35Oyó Jesús que le habían echado fuera; y hallándole, díjole: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37Y díjole Jesús: Y le has visto, y el que habla contigo, él es. 38Y él dice: Creo, Señor; y adoróle. 39Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados. 40Y ciertos de los Fariseos que estaban con él oyeron esto, y dijéronle: ¿Somos nosotros también ciegos? 41Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado: mas ahora porque decís, Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Crónicas 22-23 · Apocalipsis 10
Personales
Zacarías 6 · Juan 9