Lectura 1 de 4 · En familia
2 Crónicas 24
1De siete años era Joas cuando comenzó a reinar, y cuarenta años reinó en Jerusalem. El nombre de su madre fue Sibia, de Beer-seba. 2E hizo Joas lo recto en ojos de Jehová todos los días de Joiada el sacerdote. 3Y tomó para él Joiada dos mujeres; y engendró hijos e hijas. 4Después de esto aconteció que Joas tuvo voluntad de reparar la casa de Jehová. 5Y juntó los sacerdotes y los Levitas, y díjoles: Salid por las ciudades de Judá, y juntad dinero de todo Israel, para que cada año sea reparada la casa de vuestro Dios; y vosotros poned diligencia en el negocio. Mas los Levitas no pusieron diligencia. 6Por lo cual el rey llamó a Joiada el principal, y díjole: ¿Por qué no has procurado que los Levitas traigan de Judá y de Jerusalem al tabernáculo del testimonio, la ofrenda que impuso Moisés siervo de Jehová, y de la congregación de Israel? 7Porque la impía Athalía y sus hijos habían destruído la casa de Dios, y además habían gastado en los ídolos todas las cosas consagradas a la casa de Jehová. 8Mandó pues el rey que hiciesen un arca, la cual pusieron fuera a la puerta de la casa de Jehová; 9E hicieron pregonar en Judá y en Jerusalem, que trajesen a Jehová la ofrenda que Moisés siervo de Dios había impuesto a Israel en el desierto. 10Y todos los príncipes y todo el pueblo se holgaron: y traían, y echaban en el arca hasta henchirla. 11Y como venía el tiempo para llevar el arca al magistrado del rey por mano de los Levitas, cuando veían que había mucho dinero, venía el escriba del rey, y el que estaba puesto por el sumo sacerdote, y llevaban el arca, y vaciábanla, y volvíanla a su lugar: y así lo hacían de día en día, y recogían mucho dinero; 12El cual daba el rey y Joiada a los que hacían la obra del servicio de la casa de Jehová, y tomaban canteros y oficiales que reparasen la casa de Jehová, y herreros y metalarios para componer la casa de Jehová. 13Hacían pues los oficiales la obra, y por sus manos fue la obra restaurada, y restituyeron la casa de Dios a su condición, y la consolidaron. 14Y cuando hubieron acabado, trajeron lo que quedaba del dinero al rey y a Joiada, e hicieron de él vasos para la casa de Jehová, vasos para el servicio, morteros, cucharas, vasos de oro y de plata. Y sacrificaban holocaustos continuamente en la casa de Jehová todos los días de Joiada. 15Mas Joiada envejeció, y murió harto de días: de ciento y treinta años era cuando murió. 16Y sepultáronlo en la ciudad de David con los reyes, por cuanto había hecho bien con Israel, y para con Dios, y con su casa. 17Muerto Joiada, vinieron los príncipes de Judá, e hicieron acatamiento al rey; y el rey los oyó. 18Y desampararon la casa de Jehová el Dios de sus padres, y sirvieron a los bosques y a las imágenes esculpidas; y la ira vino sobre Judá y Jerusalem por este su pecado. 19Y envióles profetas, para que los redujesen a Jehová, los cuales les protestaron: mas ellos no los escucharon. 20Y el espíritu de Dios envistió a Zachârías, hijo de Joiada el sacerdote, el cual estando sobre el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien de ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os dejará. 21Mas ellos hicieron conspiración contra él, y cubriéronle de piedras por mandato del rey, en el patio de la casa de Jehová. 22No tuvo pues memoria el rey Joas de la misericordia que su padre Joiada había hecho con él, antes matóle su hijo; el cual dijo al morir: Jehová lo vea, y lo requiera. 23A la vuelta del año subió contra él el ejército de Siria; y vinieron a Judá y a Jerusalem, y destruyeron en el pueblo a todos los principales de él, y enviaron todos sus despojos al rey a Damasco. 24Porque aunque el ejército de Siria había venido con poca gente, Jehová les entregó en sus manos un ejército muy numeroso; por cuanto habían dejado a Jehová el Dios de sus padres. Y con Joas hicieron juicios. 25Y yéndose de él los Siros, dejáronlo en muchas enfermedades; y conspiraron contra él sus siervos a causa de las sangres de los hijos de Joiada el sacerdote, e hiriéronle en su cama, y murió: y sepultáronle en la ciudad de David, mas no lo sepultaron en los sepulcros de los reyes. 26Los que conspiraron contra él fueron Zabad, hijo de Simath Ammonita, y Jozabad, hijo de Simrith Moabita. 27De sus hijos, y de la multiplicación que hizo de las rentas, y de la instauración de la casa de Jehová, he aquí está escrito en la historia del libro de los reyes. Y reinó en su lugar Amasías su hijo.
Lectura 2 de 4 · En familia
Apocalipsis 11
1Y me fue dada una caña semejante a una vara, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. 2Y echa fuera el patio que está fuera del templo, y no lo midas, porque es dado a los Gentiles; y hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses. 3Y daré a mis dos testigos, y ellos profetizarán por mil doscientos y sesenta días, vestidos de sacos. 4Estas son las dos olivas, y los dos candeleros que están delante del Dios de la tierra. 5Y si alguno les quisiere dañar, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos: y si alguno les quisiere hacer daño, es necesario que él sea así muerto. 6Estos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren. 7Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará. 8Y sus cuerpos serán echados en las plazas de la grande ciudad, que espiritualmente es llamada Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. 9Y los de los linajes, y de los pueblos, y de las lenguas, y de los Gentiles verán los cuerpos de ellos por tres días y medio, y no permitirán que sus cuerpos sean puestos en sepulcros. 10Y los moradores de la tierra se gozarán sobre ellos, y se alegrarán, y se enviarán dones los unos a los otros; porque estos dos profetas han atormentado a los que moran sobre la tierra. 11Y después de tres días y medio el espíritu de vida enviado de Dios, entró en ellos, y se alzaron sobre sus pies, y vino gran temor sobre los que los vieron. 12Y oyeron una grande voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron. 13Y en aquella hora fue hecho gran temblor de tierra, y la décima parte de la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra en número de siete mil hombres: y los demás fueron espantados, y dieron gloria al Dios del cielo. 14El segundo ¡Ay! es pasado: he aquí, el tercer ¡Ay! vendrá presto. 15Y el séptimo ángel tocó la trompeta, y fueron hechas grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás. 16Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 17Diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu grande potencia, y has reinado. 18Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos, para que sean juzgados, y para que des el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeñitos y a los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra. 19Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su testamento fue vista en su templo. Y fueron hechos relámpagos y voces y truenos y terremotos y grande granizo.
Lectura 3 de 4 · Personal
Zacarías 7
1Y aconteció en el año cuarto del rey Darío, que fue palabra de Jehová a Zacarías a los cuatro del mes noveno, que es Chisleu; 2Cuando fue enviado a la casa de Dios, Saraser, con Regem-melech y sus hombres, a implorar el favor de Jehová, 3Y a hablar a los sacerdotes que estaban en la casa de Jehová de los ejércitos, y a los profetas, diciendo: ¿Lloraremos en el mes quinto? ¿haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años? 4Fue pues a mí palabra de Jehová de los ejércitos, diciendo: 5Habla a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes, diciendo: Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y en el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? 6Y cuando coméis y bebéis, ¿no coméis y bebéis para vosotros? 7¿No son estas las palabras que publicó Jehová por mano de los profetas primeros, cuando Jerusalem estaba habitada y quieta, y sus ciudades en sus alrededores, y el mediodía y la campiña se habitaban? 8Y fue palabra de Jehová a Zacarías, diciendo: 9Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad juicio verdadero, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano: 10No agraviéis a la viuda, ni al huérfano, ni al extranjero, ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano. 11Empero no quisieron escuchar, antes dieron hombro rebelado, y agravaron sus oídos para no oir: 12Y pusieron su corazón como diamante, para no oir la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su espíritu, por mano de los profetas primeros: fue, por tanto, hecho grande castigo por Jehová de los ejércitos. 13Y aconteció que como él clamó, y no escucharon, así ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos; 14Antes los esparcí con torbellino por todas las gentes que ellos no conocían, y la tierra fue desolada tras de ellos, sin quedar quien fuese ni viniese; pues tornaron en asolamiento el país deseable.
Lectura 4 de 4 · Personal
Juan 10
1De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador. 2Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. 3A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. 4Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños. 6Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía. 7Volvióles, pues, Jesús a decir: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores; mas no los oyeron las ovejas. 9Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 11Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas. 12Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye, y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas. 13Así que, el asalariado, huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas. 14Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. 15Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. 19Y volvió a haber disensión entre los Judíos por estas palabras. 20Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿para qué le oís? 21Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos? 22Y se hacía la fiesta de la dedicación en Jerusalem; y era invierno; 23Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón. 24Y rodeáronle los Judíos y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínos lo abiertamente. 25Respondióles Jesús: Os lo he dicho, y no creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; 26Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. 27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; 28Y yo les doy vida eterna: y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29Mi Padre que me las dio, mayor que todos es: y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30Yo y el Padre una cosa somos. 31Entonces volvieron a tomar piedras los Judíos para apedrearle. 32Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál obra de esas me apedreáis? 33Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. 34Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois? 35Si dijo, dioses, a aquellos a los cuales fue hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada); 36¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? 37Si no hago obras de mi Padre, no me creáis. 38Mas si las hago, aunque a mí no creáis, creed a las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. 39Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos; 40Y volvióse tras el Jordán, a aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan; y estúvose allí. 41Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de este, era verdad. 42Y muchos creyeron allí en él.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
2 Crónicas 24 · Apocalipsis 11
Personales
Zacarías 7 · Juan 10