Lectura 1 de 4 · En familia
Éxodo 2
1Un varón de la familia de Leví fue, y tomó por mujer una hija de Leví: 2La cual concibió, y parió un hijo: y viéndolo que era hermoso, túvole escondido tres meses. 3Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos, y calafateóla con pez y betún, y colocó en ella al niño, y púsolo en un carrizal a la orilla del río: 4Y paróse una hermana suya a lo lejos, para ver lo que le acontecería. 5Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. 6Y como la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los Hebreos es este. 7Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte un ama de las Hebreas, para que te críe este niño? 8Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño; 9A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva este niño, y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño, y criólo. 10Y como creció el niño, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y púsole por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué. 11Y en aquellos días acaeció que, crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y vio sus cargas: y observó a un Egipcio que hería a uno de los Hebreos, sus hermanos. 12Y miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al Egipcio, y escondiólo en la arena. 13Y salió al día siguiente, y viendo a dos Hebreos que reñían, dijo al que hacía la injuria: ¿Por qué hieres a tu prójimo? 14Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿piensas matarme como mataste al Egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esta cosa es descubierta. 15Y oyendo Faraón este negocio, procuró matar a Moisés: mas Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián; y sentóse junto a un pozo. 16Tenía el sacerdote de Madián siete hijas, las cuales vinieron a sacar agua, para llenar las pilas y dar de beber a las ovejas de su padre. 17Mas los pastores vinieron, y echáronlas: Entonces Moisés se levantó y defendiólas, y abrevó sus ovejas. 18Y volviendo ellas a Ragüel su padre, díjoles él: ¿Por qué habéis hoy venido tan presto? 19Y ellas respondieron: Un varón Egipcio nos defendió de mano de los pastores, y también nos sacó el agua, y abrevó las ovejas. 20Y dijo a sus hijas: ¿Y dónde está? ¿por qué habéis dejado ese hombre? llamadle para que coma pan. 21Y Moisés acordó en morar con aquel varón; y él dio a Moisés a su hija Séphora: 22La cual le parió un hijo, y él le puso por nombre Gersom: porque dijo: Peregrino soy en tierra ajena. 23Y aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel suspiraron a causa de la servidumbre, y clamaron: y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. 24Y oyó Dios el gemido de ellos, y acordóse de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25Y miró Dios a los hijos de Israel, y reconociólos Dios.
Lectura 2 de 4 · En familia
Lucas 5
1Y aconteció, que estando él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios. 2Y vio dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes. 3Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco a las gentes. 4Y como cesó de hablar, dijo a Simón: Tira a alta mar, y echad vuestras redes para pescar. 5Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. 6Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía. 7E hicieron señas a los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban. 8Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas a Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado; 10Y asimismo a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres. 11Y como llegaron a tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron. 12Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo a Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 13Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fue de él. 14Y él le mandó que no lo dijese a nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio a ellos. 15Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes a oir y ser sanadas de sus enfermedades. 16Mas él se apartaba a los desiertos, y oraba. 17Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos. 18Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de él. 19Y no hallando por donde meterle a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús; 20El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados. 21Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron a pensar, diciendo: ¿Quién es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios? 22Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones? 23¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 24Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 25Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fue a su casa, glorificando a Dios. 26Y tomó espanto a todos, y glorificaban a Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy. 27Y después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme. 28Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió. 29E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban a la mesa con ellos. 30Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? 31Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos. 32No he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento. 33Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben? 34Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? 35Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días. 36Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo. 37Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán. 38Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva. 39Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.
Lectura 3 de 4 · Personal
Job 19
1Y respondió Job, y dijo: 2¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, y me moleréis con palabras? 3Ya me habéis vituperado diez veces: ¿no os avergonzáis de descomediros delante de mí? 4Sea así que realmente haya yo errado, conmigo se quedará mi yerro. 5Mas si vosotros os engrandeciereis contra mí, y adujereis contra mí mi oprobio, 6Sabed ahora que Dios me ha trastornado, y traído en derredor su red sobre mí. 7He aquí yo clamaré agravio, y no seré oído: daré voces, y no habrá juicio. 8Cercó de vallado mi camino, y no pasaré; y sobre mis veredas puso tinieblas. 9Hame despojado de mi gloria, y quitado la corona de mi cabeza. 10Arruinóme por todos lados, y perezco; y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado. 11E hizo inflamar contra mí su furor, y contóme para sí entre sus enemigos. 12Vinieron sus ejércitos a una, y trillaron sobre mí su camino, y asentaron campo en derredor de mi tienda. 13Hizo alejar de mí mis hermanos, y positivamente se extrañaron de mí mis conocidos. 14Mis parientes se detuvieron, y mis conocidos se olvidaron de mí. 15Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño: forastero fui yo en sus ojos. 16Llamé a mi siervo, y no respondió; de mi propia boca le suplicaba. 17Mi aliento vino a ser extraño a mi mujer, aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba. 18Aun los muchachos me menospreciaron: en levantándome, hablaban contra mí. 19Todos mis confidentes me aborrecieron; y los que yo amaba, se tornaron contra mí. 20Mi cuero y mi carne se pegaron a mis huesos; y he escapado con la piel de mis dientes. 21Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí; porque la mano de Dios me ha tocado. 22¿Por qué me perseguís como Dios, y no os hartáis de mis carnes? 23¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡quién diese que se escribieran en un libro! 24¡Que con cincel de hierro y con plomo fuesen en piedra esculpidas para siempre! 25Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo: 26Y después de deshecha esta mi piel, aun he de ver en mi carne a Dios; 27Al cual yo tengo de ver por mí, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mis riñones se consuman dentro de mí. 28Mas debierais decir: ¿Por qué lo perseguimos? ya que la raíz del negocio en mí se halla. 29Temed vosotros delante de la espada; porque sobreviene el furor de la espada a causa de las injusticias, para que sepáis que hay un juicio.
Lectura 4 de 4 · Personal
1 Corintios 6
1¿Osa alguno de vosotros, teniendo algo con otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? 2¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? 3¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿cuánto más las cosas de este siglo? 4Por tanto, si hubiereis de tener juicios de cosas de este siglo, poned para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia. 5Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno que pueda juzgar entre sus hermanos; 6Sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los infieles? 7Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís antes la injuria? ¿por qué no sufrís antes ser defraudados? 8Empero vosotros hacéis la injuria, y defraudáis, y esto a los hermanos. 9¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el reino de Dios. 11Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. 12Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de nada. 13Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; empero y a él y a ellas deshará Dios. Mas el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo: 14Y Dios que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. 15¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré pues los miembros de Cristo, y los haré miembros de una ramera? Lejos sea. 16¿O no sabéis que el que se junta con una ramera, es hecho con ella un cuerpo? porque serán, dice, los dos en una carne. 17Empero el que se junta con el Señor, un espíritu es. 18Huid la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. 19¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20Porque comprados sois por precio: glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
Éxodo 2 · Lucas 5
Personales
Job 19 · 1 Corintios 6