Lectura 1 de 4 · En familia

Éxodo 3

1Y apacentando Moisés las ovejas de Jethro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino a Horeb, monte de Dios. 2Y apareciósele el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora, y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4Y viendo Jehová que iba a ver, llamólo Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. 7Y dijo Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues tengo conocidas sus angustias: 8Y he descendido para librarlos de mano de los Egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del Cananeo, del Hetheo, del Amorrheo, del Pherezeo, del Heveo, y del Jebuseo. 9El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los Egipcios los oprimen. 10Ven por tanto ahora, y enviarte he a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto. 11Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12Y él le respondió: Ve, porque yo seré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: luego que hubieres sacado este pueblo de Egipto, serviréis a Dios sobre este monte. 13Y dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo, El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé? 14Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros. 15Y dijo más Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, este es mi memorial por todos los siglos. 16Ve, y junta los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, me apareció, diciendo: De cierto os he visitado, y visto lo que se os hace en Egipto; 17Y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del Cananeo, y del Hetheo, y del Amorrheo, y del Pherezeo, y del Heveo, y del Jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel. 18Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová, el Dios de los Hebreos, nos ha encontrado; por tanto nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que sacrifiquemos a Jehová nuestro Dios. 19Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. 20Empero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. 21Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los Egipcios, para que cuando os partiereis, no salgáis vacíos: 22Sino que demandará cada mujer a su vecina y a su huéspeda vasos de plata, vasos de oro, y vestidos: los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.
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Lucas 6

1Y aconteció que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos. 2Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados? 3Y respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban; 4Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dio también a los que estaban con él, los cuales no era lícito comer, sino a solos los sacerdotes? 5Y les decía: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado. 6Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca. 7Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen. 8Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pie. 9Entonces Jesús les dice: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? 10Y mirándolos a todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. 11Y ellos se llenaron de rabia; y hablaban los unos a los otros qué harían a Jesús. 12Y aconteció en aquellos días, que fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13Y como fue de día, llamó a sus discípulos, y escogió doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: 14A Simón, al cual también llamó Pedro, y a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Celador, 16Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fue el traidor. 17Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oirle, y para ser sanados de sus enfermedades; 18Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban curados. 19Y toda la gente procuraba tocarle; porque salía de él virtud, y sanaba a todos. 20Y alzando él los ojos a sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios. 21Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. 22Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre. 23Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres a los profetas. 24Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo. 25¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. 26¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres a los falsos profetas. 27Mas a vosotros los que oís, digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; 28Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. 29Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas. 30Y a cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas a pedir. 31Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros: 32Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman a los que los aman. 33Y si hiciereis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestareis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. 35Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. 37No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados. 38Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir. 39Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? 40El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto. 41¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras? 42¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano. 43Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto. 44Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas. 45El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca. 46¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? 47Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré a quién es semejante: 48Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dio con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña. 49Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó; y fue grande la ruina de aquella casa.
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Job 20

1Y respondió Sophar Naamathita, y dijo: 2Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por tanto me apresuro. 3La reprensión de mi censura he oído, y háceme responder el espíritu de mi inteligencia. 4¿No sabes esto que fue siempre, desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra, 5Que la alegría de los impíos es breve, y el gozo del hipócrita por un momento? 6Si subiere su altivez hasta el cielo, y su cabeza tocare en las nubes, 7Con su estiércol perecerá para siempre: los que le hubieren visto, dirán: ¿Qué es de él? 8Como sueño volará, y no será hallado: y disiparáse como visión nocturna. 9El ojo que le habrá visto, nunca más le verá; ni su lugar le echará más de ver. 10Sus hijos pobres andarán rogando; y sus manos tornarán lo que él robó. 11Sus huesos están llenos de sus mocedades, y con él serán sepultados en el polvo. 12Si el mal se endulzó en su boca, si lo ocultaba debajo de su lengua; 13Si le parecía bien, y no lo dejaba, mas antes lo detenía entre su paladar; 14Su comida se mudará en sus entrañas, hiel de áspides será dentro de él. 15Devoró riquezas, mas vomitarálas; de su vientre las sacará Dios. 16Veneno de áspides chupará; matarálo lengua de víbora. 17No verá los arroyos, los ríos, los torrentes de miel y de manteca. 18Restituirá el trabajo conforme a la hacienda que tomó; y no tragará, ni gozará. 19Por cuanto quebrantó y desamparó a los pobres, robó casas, y no las edificó; 20Por tanto, no sentirá él sosiego en su vientre, ni salvará nada de lo que codiciaba. 21No quedó nada que no comiese: por tanto su bien no será durable. 22Cuando fuere lleno su bastimento, tendrá angustia: las manos todas de los malvados vendrán sobre él. 23Cuando se pusiere a henchir su vientre, Dios enviará sobre él el furor de su ira, y harála llover sobre él y sobre su comida. 24Huirá de las armas de hierro, y el arco de acero le atravesará. 25Desenvainará y sacará saeta de su aljaba, y relumbrante pasará por su hiel: sobre él vendrán terrores. 26Todas tinieblas están guardadas para sus secretos: fuego no soplado lo devorará; su sucesor será quebrantado en su tienda. 27Los cielos descubrirán su iniquidad, y la tierra se levantará contra él. 28Los renuevos de su casa serán trasportados; serán derramados en el día de su furor. 29Esta es la parte que Dios apareja al hombre impío, y la heredad que Dios le señala por su palabra.
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1 Corintios 7

1Cuanto a las cosas de que me escribisteis, bien es al hombre no tocar mujer. 2Mas a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido. 3El marido pague a la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido. 4La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido: e igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer. 5No os defraudéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en la oración: y volved a juntaros en uno, porque no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. 6Mas esto digo por permisión, no por mandamiento. 7Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo: empero cada uno tiene su propio don de Dios; uno a la verdad así, y otro así. 8Digo pues a los solteros y a las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo. 9Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse. 10Mas a los que están juntos en matrimonio, denuncio, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se aparte del marido; 11Y si se apartare, que se quede sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no despida a su mujer. 12Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer infiel, y ella consiente en habitar con él, no la despida. 13Y la mujer que tiene marido infiel, y él consiente en habitar con ella, no lo deje. 14Porque el marido infiel es santificado en la mujer, y la mujer infiel en el marido: pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos; empero ahora son santos. 15Pero si el infiel se aparta, apártese: que no es el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso; antes a paz nos llamó Dios. 16Porque ¿de dónde sabes, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿o de dónde sabes, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer? 17Empero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así ande: y así enseño en todas las iglesias. 18¿Es llamado alguno circuncidado? quédese circunciso. ¿Es llamado alguno incircuncidado? que no se circuncide. 19La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es; sino la observancia de las mandamientos de Dios. 20Cada uno en la vocación en que fue llamado, en ella se quede. 21¿Eres llamado siendo siervo? no se te dé cuidado: mas también si puedes hacerte libre, procúralo más. 22Porque el que en el Señor es llamado siendo siervo, liberto es del Señor: asimismo también el que es llamado siendo libre, siervo es de Cristo. 23Por precio sois comprados; no os hagáis siervos de los hombres. 24Cada uno, hermanos, en lo que es llamado, en esto se quede para con Dios. 25Empero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. 26Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia, que bueno es al hombre estarse así. 27¿Estás ligado a mujer? no procures soltarte. ¿Estás suelto de mujer? no procures mujer. 28Mas también si tomares mujer, no pecaste; y si la doncella se casare, no pecó: pero aflicción de carne tendrán los tales: mas yo os dejo. 29Esto empero digo, hermanos, que el tiempo es corto: lo que resta es, que los que tienen mujeres sean como los que no las tienen; 30Y los que lloran, como los que no lloran; y los que se huelgan, como los que no se huelgan; y los que compran, como los que no poseen; 31Y los que usan de este mundo, como los que no usan: porque la apariencia de este mundo se pasa. 32Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas que son del Señor, cómo ha de agradar al Señor: 33Empero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar a su mujer. 34Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella: la doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en el espíritu: mas la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, cómo ha de agradar a su marido. 35Esto empero digo para vuestro provecho; no para echaros lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os lleguéis al Señor. 36Mas, si a alguno parece cosa fea en su hija virgen, que pase ya de edad, y que así conviene que se haga, haga lo que quisiere, no peca; cásese. 37Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que tiene libertad de su voluntad, y determinó en su corazón esto, el guardar su hija virgen, bien hace. 38Así que, el que la da en casamiento, bien hace; y el que no la da en casamiento, hace mejor. 39La mujer casada está atada a la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, libre es: cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor. 40Empero más venturosa será si se quedare así, según mi consejo; y pienso que también yo tengo Espíritu de Dios.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
Éxodo 3 · Lucas 6
Personales
Job 20 · 1 Corintios 7