Lectura 1 de 4 · En familia
1 Reyes 22
1Tres años pasaron sin guerra entre los Siros e Israel. 2Y aconteció al tercer año, que Josaphat rey de Judá descendió al rey de Israel. 3Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que es nuestra Ramoth de Galaad? y nosotros callamos en orden a tomarla de mano del rey de Siria. 4Y dijo a Josaphat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramoth de Galaad? Y Josaphat respondió al rey de Israel: Como yo, así tú; y como mi pueblo, así tu pueblo; y como mis caballos, tus caballos. 5Y dijo luego Josaphat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. 6Entonces el rey de Israel juntó los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramoth de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube; porque el Señor la entregará en mano del rey. 7Y dijo Josaphat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? 8Y el rey de Israel respondió a Josaphat: Aun hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Michêas, hijo de Imla: mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josaphat dijo: No hable el rey así. 9Entonces el rey de Israel llamó a un eunuco, y díjole: trae presto a Michêas hijo de Imla. 10Y el rey de Israel y Josaphat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. 11Y Sedechîas hijo de Chânaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con estos acornearás a los Siros hasta acabarlos. 12Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramoth de Galaad, y serás prosperado; que Jehová la dará en mano del rey. 13Y el mensajero que había ido a llamar a Michêas, hablóle, diciendo: He aquí las palabras de los profetas a una boca anuncian al rey bien: sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia bien. 14Y Michêas respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré. 15Vino pues al rey, y el rey le dijo: Michêas, ¿iremos a pelear contra Ramoth de Galaad, o la dejaremos? Y él le respondió: Sube, que serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey. 16Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de conjurarte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová? 17Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor: y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. 18Y el rey de Israel dijo a Josaphat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente mal. 19Entonces él dijo: Oye pues palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su diestra y a su siniestra. 20Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Achâb, para que suba y caiga en Ramoth de Galaad? Y uno decía de una manera; y otro decía de otra. 21Y salió un espíritu, y púsose delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? 22Y él dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Inducirlo has, y aun saldrás con ello; sal pues, y hazlo así. 23Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti. 24Llegándose entonces Sedechîas hijo de Chânaana, hirió a Michêas en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el espíritu de Jehová para hablarte a ti? 25Y Michêas respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de cámara en cámara por esconderte. 26Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Michêas, y vuélvelo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joas hijo del rey; 27Y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a este en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz. 28Y dijo Michêas: Si llegares a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oid, pueblos todos. 29Subió pues el rey de Israel con Josaphat rey de Judá a Ramoth de Galaad. 30Y el rey de Israel dijo a Josaphat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla: y tú vístete tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla. 31Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis vosotros ni con grande ni con chico, sino solo contra el rey de Israel. 32Y como los capitanes de los carros vieron a Josaphat, dijeron: Ciertamente este es el rey de Israel; y viniéronse a él para pelear con él; mas el rey Josaphat dio voces. 33Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, apartáronse de él. 34Y un hombre disparando su arco a la ventura, hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura; por lo que dijo él a su carretero: Toma la vuelta, y sácame del campo, que estoy herido. 35Mas la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los Siros, y a la tarde murió: y la sangre de la herida corría por el seno del carro. 36Y a puesta del sol salió un pregón por el campo, diciendo: ¡Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra! 37Y murió pues el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria. 38Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; lavaron también sus armas; y los perros lamieron su sangre, conforme a la palabra de Jehová que había hablado. 39Lo demás de los hechos de Achâb, y todas las cosas que ejecutó, y la casa de marfil que hizo, y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 40Y durmió Achâb con sus padres, y reinó en su lugar Ochôzías su hijo. 41Y Josaphat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Achâb rey de Israel. 42Y era Josaphat de treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Azuba hija de Silai. 43Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin declinar de él, haciendo lo recto en los ojos de Jehová. 44Con todo eso los altos no fueron quitados; que el pueblo sacrificaba aún, y quemaba perfumes en los altos. 45Y Josaphat hizo paz con el rey de Israel. 46Lo demás de los hechos de Josaphat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 47Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que habían quedado en el tiempo de su padre Asa. 48No había entonces rey en Edom; presidente había en lugar de rey. 49Había Josaphat hecho navíos en Tharsis, los cuales habían de ir a Ophir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezion-geber. 50Entonces Ochôzías hijo de Achâb dijo a Josaphat: Vayan mis siervos con los tuyos en los navíos. Mas Josaphat no quiso. 51Y durmió Josaphat con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su hijo. 52Y Ochôzías hijo de Achâb comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josaphat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel. 53E hizo lo malo en los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel: Porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira a Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que su padre había hecho.
Lectura 2 de 4 · En familia
1 Tesalonicenses 5
1Empero acerca de los tiempos y de los momentos, no tenéis, hermanos, necesidad de que yo os escriba: 2Porque vosotros sabéis bien, que el día del Señor vendrá así como ladrón de noche, 3Que cuando dirán, Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente, como los dolores a la mujer preñada; y no escaparán. 4Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón; 5Porque todos vosotros sois hijos de luz, e hijos del día; no somos de la noche, ni de las tinieblas. 6Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y seamos sobrios. 7Porque los que duermen, de noche duermen; y los que están borrachos, de noche están borrachos. 8Mas nosotros, que somos del día, estemos sobrios, vestidos de cota de fe y de caridad, y la esperanza de salud por yelmo. 9Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salud por nuestro Señor Jesucristo; 10El cual murió por nosotros, para que o que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. 11Por lo cual, consolaos los unos a los otros, y edificaos los unos a los otros, así como lo hacéis. 12Y os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan: 13Y que los tengáis en mucha estima por amor de su obra. Tened paz los unos con los otros. 14También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los que andan desordenadamente, que consoléis a los de poco ánimo, que soportéis a los flacos, que seáis sufridos para con todos. 15Mirad que ninguno dé a otro mal por mal; antes seguid lo bueno siempre los unos para con los otros, y para con todos. 16Estad siempre gozosos. 17Orad sin cesar. 18Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 19No apaguéis el Espíritu. 20No menospreciéis las profecías. 21Examinadlo todo; retened lo bueno. 22Apartaos de toda especie de mal. 23Y el Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará. 25Hermanos, orad por nosotros. 26Saludad a todos los hermanos en ósculo santo. 27Conjúroos por el Señor, que esta carta sea leída a todos los santos hermanos. 28La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Amén.
Lectura 3 de 4 · Personal
Daniel 4
1Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones, y lenguas, que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada: 2Las señales y milagros que el alto Dios ha hecho conmigo, conviene que yo las publique. 3¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío hasta generación y generación. 4Yo Nabucodonosor estaba quieto en mi casa, y floreciente en mi palacio. 5Vi un sueño que me espantó, y las imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron en mi cama. 6Por lo cual yo puse mandamiento para hacer venir delante de mí todos los sabios de Babilonia, que me mostrasen la declaración del sueño. 7Y vinieron magos, astrólogos, Caldeos, y adivinos: y dije el sueño delante de ellos, mas nunca me mostraron su declaración; 8Hasta tanto que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en el cual hay espíritu de los dioses santos, y dije el sueño delante de él, diciendo: 9Beltsasar, príncipe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, exprésame las visiones de mi sueño que he visto, y su declaración. 10Aquestas las visiones de mi cabeza en mi cama: Parecíame que veía un árbol en medio de la tierra, cuya altura era grande. 11Crecía este árbol, y hacíase fuerte, y su altura llegaba hasta el cielo, y su vista hasta el cabo de toda la tierra. 12Su copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y para todos había en él mantenimiento. Debajo de él se ponían a la sombra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo, y manteníase de él toda carne. 13Veía en las visiones de mi cabeza en mi cama, y he aquí que un vigilante y santo descendía del cielo. 14Y clamaba fuertemente y decía así: Cortad el árbol, y desmochad sus ramas, derribad su copa, y derramad su fruto: váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas. 15Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de metal entre la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte con las bestias en la hierba de la tierra. 16Su corazón sea mudado de corazón de hombre, y séale dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos. 17La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la demanda: para que conozcan los vivientes que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres. 18Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú pues, Beltsasar, dirás la declaración de él, porque todos los sabios de mi reino nunca pudieron mostrarme su interpretación: mas tú puedes, porque hay en ti espíritu de los dioses santos. 19Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, estuvo callando casi una hora, y sus pensamientos lo espantaban: El rey habló, y dijo: Beltsasar, el sueño ni su declaración no te espante. Respondió Beltsasar, y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su declaración para los que mal te quieren. 20El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y que su altura llegaba hasta el cielo, y su vista por toda la tierra; 21Y cuya copa era hermosa, y su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él; debajo del cual moraban las bestias del campo, y en sus ramas habitaban las aves del cielo, 22Tú mismo eres, oh rey, que creciste, y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza, y ha llegado hasta el cielo, y tu señorío hasta el cabo de la tierra. 23Y cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo, y decía: Cortad el árbol y destruidlo: mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de metal en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte sea con las bestias del campo, hasta que pasen sobre él siete tiempos: 24Esta es la declaración, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre el rey mi señor: 25Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que entiendas que el Altísimo se enseñorea en el reino de los hombres, y que a quien él quisiere lo dará. 26Y lo que dijeron, que dejasen en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino se te quedará firme, luego que entiendas que el señorío es en los cielos. 27Por tanto, oh rey, aprueba mi consejo, y redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordias para con los pobres; que tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad. 28Todo aquesto vino sobre el rey Nabucodonosor. 29A cabo de doce meses, andándose paseando sobre el palacio del reino de Babilonia, 30Habló el rey, y dijo: ¿No es esta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza? 31Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando cae una voz del cielo: A ti dicen, rey Nabucodonosor; el reino es traspasado de ti: 32Y de entre los hombres te echan, y con las bestias del campo será tu morada, y como a los bueyes te apacentarán: y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo se enseñorea en el reino de los hombres, y a quien él quisiere lo da. 33En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se bañaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como de águila, y sus uñas como de aves. 34Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi sentido me fue vuelto; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades. 35Y todos los moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces? 36En el mismo tiempo mi sentido me fue vuelto, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis grandes me buscaron; y fui restituído a mi reino, y mayor grandeza me fue añadida. 37Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y humillar puede a los que andan con soberbia.
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Salmos 108-109 (cap. 108)
1Mi corazón está dispuesto, oh Dios; cantaré y salmearé todavía en mi gloria. 2Despiértate, salterio y arpa: despertaré al alba. 3Te alabaré, oh Jehová, entre los pueblos; a ti cantaré salmos entre las naciones. 4Porque grande más que los cielos es tu misericordia, y hasta los cielos tu verdad. 5Ensálzate, oh Dios, sobre los cielos; y sobre toda la tierra tu gloria. 6Para que sean librados tus amados, salva con tu diestra y respóndeme. 7Dios habló por su santuario: alegraréme, repartiré a Sichêm, y mediré el valle de Succoth. 8Mío es Galaad, mío es Manasés; y Ephraim es la fortaleza de mi cabeza; Judá es mi legislador; 9Moab, la vasija de mi lavatorio: sobre Edom echaré mi calzado; regocijaréme sobre Palestina. 10¿Quién me guiará a la ciudad fortalecida? ¿quién me guiará hasta Idumea? 11Ciertamente tú, oh Dios, que nos habías desechado; y no salías, oh Dios, con nuestros ejércitos. 12Danos socorro en la angustia: porque mentirosa es la salud del hombre. 13En Dios haremos proezas: y él hollará nuestros enemigos.
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Salmos 108-109 (cap. 109)
1Oh Dios de mi alabanza, no calles; 2Porque boca de impío y boca de engañador se han abierto sobre mí: han hablado de mí con lengua mentirosa, 3Y con palabras de odio me rodearon; y pelearon contra mí sin causa. 4En pago de mi amor me han sido adversarios: mas yo oraba. 5Y pusieron contra mí mal por bien, y odio por amor. 6Pon sobre él al impío: y Satán esté a su diestra. 7Cuando fuere juzgado, salga impío; y su oración sea para pecado. 8Sean sus días pocos: tome otro su oficio. 9Sean sus hijos huérfanos, y su mujer viuda. 10Y anden sus hijos vagabundos, y mendiguen; y procuren su pan lejos de sus desolados hogares. 11Enrede el acreedor todo lo que tiene, y extraños saqueen su trabajo. 12No tenga quien le haga misericordia; ni haya quien tenga compasión de sus huérfanos. 13Su posteridad sea talada; en segunda generación sea raído su nombre. 14Venga en memoria cerca de Jehová la maldad de sus padres, y el pecado de su madre no sea borrado. 15Estén siempre delante de Jehová, y él corte de la tierra su memoria. 16Por cuanto no se acordó de hacer misericordia, y persiguió al hombre afligido y menesteroso y quebrantado de corazón, para matar lo. 17Y amó la maldición, y vínole; y no quiso la bendición, y ella se alejó de él. 18Y vistióse de maldición como de su vestido, y entró como agua en sus entrañas, y como aceite en sus huesos. 19Séale como vestido con que se cubra, y en lugar de cinto con que se ciña siempre. 20Este sea el pago de parte de Jehová de los que me calumnian, y de los que hablan mal contra mi alma. 21Y tú, Jehová Señor, haz conmigo por amor de tu nombre: líbrame, porque tu misericordia es buena. 22Porque yo estoy afligido y necesitado; y mi corazón está herido dentro de mí. 23Voime como la sombra cuando declina; soy sacudido como langosta. 24Mis rodillas están debilitadas a causa del ayuno, y mi carne desfallecida por falta de gordura. 25Yo he sido para ellos objeto de oprobio; mirábanme, y meneaban su cabeza. 26Ayúdame, Jehová Dios mío: sálvame conforme a tu misericordia. 27Y entiendan que esta es tu mano; que tú, Jehová, has hecho esto. 28Maldigan ellos, y bendice tú: levántense, mas sean avergonzados, y regocíjese tu siervo. 29Sean vestidos de ignominia los que me calumnian; y sean cubiertos de su confusión como con manto. 30Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca, y le loaré en medio de muchos. 31Porque él se pondrá a la diestra del pobre, para librar su alma de los que le juzgan.
El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.
En familia
1 Reyes 22 · 1 Tesalonicenses 5
Personales
Daniel 4 · Salmos 108-109