Lectura 1 de 4 · En familia

2 Reyes 1

1Después de la muerte de Achâb rebelóse Moab contra Israel. 2Y Ochôzías cayó por las celosías de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo envió mensajeros, y díjoles: Id, y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si tengo de sanar de esta mi enfermedad. 3Entonces el ángel de Jehová habló a Elías Thisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y les dirás: ¿No hay Dios en Israel, que vosotros vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? 4Por tanto así ha dicho Jehová: Del lecho en que subiste no descenderás, antes morirás ciertamente. Y Elías se fue. 5Y como los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por qué pues os habéis vuelto? 6Y ellos le respondieron: Encontramos un varón que nos dijo: Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que subiste no descenderás, antes morirás de cierto. 7Entonces él les dijo: ¿Qué hábito era el de aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales palabras? 8Y ellos le respondieron: Un varón velloso, y ceñía sus lomos con un cinto de cuero. Entonces él dijo: Elías Thisbita es. 9Y envió luego a él un capitán de cincuenta con sus cincuenta, el cual subió a él; y he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte. Y él le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas. 10Y Elías respondió, y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta. 11Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta; y hablóle, y dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho así: Desciende presto. 12Y respondióle Elías, y dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta. 13Y volvió a enviar el tercer capitán de cincuenta con sus cincuenta: y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, hincóse de rodillas delante de Elías, y rogóle, diciendo: Varón de Dios, ruégote que sea de valor delante de tus ojos mi vida, y la vida de estos tus cincuenta siervos. 14He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido los dos primeros capitanes de cincuenta, con sus cincuenta; sea ahora mi vida de valor delante de tus ojos. 15Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías: Desciende con él; no hayas de él miedo. Y él se levantó, y descendió con él al rey. 16Y díjole: Así ha dicho Jehová: Pues que enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para consultar en su palabra? No descenderás, por tanto, del lecho en que subiste, antes morirás de cierto. 17Y murió conforme a la palabra de Jehová que había hablado Elías: y reinó en su lugar Joram, en el segundo año de Joram, hijo de Josaphat rey de Judá; porque Ochôzías no tenía hijo. 18Y lo demás de los hechos de Ochôzías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
Lectura 2 de 4 · En familia

2 Tesalonicenses 1

1Pablo, y Silvano, y Timoteo, a la iglesia de los Tesalonicenses que es en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo: 2Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 3Debemos siempre dar gracias a Dios de vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y la caridad de cada uno de todos vosotros abunda entre vosotros; 4Tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, de vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que sufrís: 5Una demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. 6Porque es justo para con Dios pagar con tribulación a los que os atribulan. 7Y a vosotros, que sois atribulados, dar reposo con nosotros, cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo con los ángeles de su potencia, 8En llama de fuego, para dar el pago a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9Los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia, 10Cuando viniere para ser glorificado en sus santos, y a hacerse admirable en aquel día en todos los que creyeron: (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros.) 11Por lo cual, asimismo oramos siempre por vosotros, que nuestro Dios os tenga por dignos de su vocación, e hincha de bondad todo buen intento, y toda obra de fe con potencia, 12Para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
Lectura 3 de 4 · Personal

Daniel 5

1El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. 2Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalem; para que bebiesen con ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. 3Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalem, y bebieron con ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. 4Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de metal, de hierro, de madera, y de piedra. 5En aquella misma hora salieron unos dedos de mano de hombre, y escribían delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la palma de la mano que escribía. 6Entonces el rey se demudó de su color, y sus pensamientos lo turbaron, y desatáronse las ceñiduras de sus lomos, y sus rodillas se batían la una con la otra. 7El rey clamó en alta voz que hiciesen venir magos, Caldeos, y adivinos. Habló el rey, y dijo a los sabios de Babilonia: Cualquiera que leyere esta escritura, y me mostrare su declaración, será vestido de púrpura, y tendrá collar de oro a su cuello; y en el reino se enseñoreará el tercero. 8Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, y no pudieron leer la escritura, ni mostrar al rey su declaración. 9Entonces el rey Belsasar fue muy turbado, y se le mudaron sus colores y alteráronse sus príncipes. 10La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró a la sala del banquete. Y habló la reina, y dijo: Rey, para siempre vive, no te asombren tus pensamientos, ni tus colores se demuden: 11En tu reino hay un varón, en el cual mora el espíritu de los dioses santos; y en los días de tu padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría, como ciencia de los dioses: al cual el rey Nabucodonosor, tu padre, el rey tu padre constituyó príncipe sobre todos los magos, astrólogos, Caldeos, y adivinos: 12Por cuanto fue hallado en él mayor espíritu, y ciencia, y entendimiento, interpretando sueños, y declarando preguntas, y deshaciendo dudas, es a saber, en Daniel; al cual el rey puso por nombre Beltsasar. Llámese pues ahora a Daniel, y él mostrará la declaración. 13Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y habló el rey, y dijo a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea? 14Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, y entendimiento y mayor sabiduría. 15Y ahora fueron traídos delante de mí, sabios, astrólogos, que leyesen esta escritura, y me mostrasen su interpretación: pero no han podido mostrar la declaración del negocio. 16Yo pues he oído de ti que puedes declarar las dudas, y desatar dificultades. Si ahora pudieres leer esta escritura, y mostrarme su interpretación, serás vestido de púrpura, y collar de oro tendrás en tu cuello, y en el reino serás el tercer señor. 17Entonces Daniel respondió, y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y tus presentes dalos a otro. La escritura yo la leeré al rey, y le mostraré la declaración. 18El altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino, y la grandeza, y la gloria, y la honra: 19Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones, y lenguas, temblaban y temían delante de él. Los que él quería mataba, y daba vida a los que quería: engrandecía a los que quería, y a los que quería humillaba. 20Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fue depuesto del trono de su reino, y traspasaron de él la gloria: 21Y fue echado de entre los hijos de los hombres; y su corazón fue puesto con las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer, como a buey, y su cuerpo fue bañado con el rocío del cielo, hasta que conoció que el altísimo Dios se enseñorea del reino de los hombres, y que pondrá sobre él al que quisiere. 22Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto: 23Antes contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus príncipes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos: demás de esto, a dioses de plata y de oro, de metal, de hierro, de madera, y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben, diste alabanza: y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste. 24Entonces de su presencia fue enviada la palma de la mano que esculpió esta escritura. 25Y la escritura que esculpió es: MENE, MENE, TEKEL, UPHARSIN. 26La declaración del negocio es: MENE: Contó Dios tu reino, y halo rematado. 27TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. 28PERES: Tu reino fue rompido, y es dado a Medos y Persas. 29Entonces, mandándolo Belsasar, vistieron a Daniel de púrpura, y en su cuello fue puesto un collar de oro, y pregonaron de él que fuese el tercer señor en el reino. 30La misma noche fue muerto Belsasar, rey de los Caldeos. 31Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años.
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Salmos 110-111 (cap. 110)

1Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, en tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies. 2La vara de tu fortaleza enviará Jehová desde Sion: domina en medio de tus enemigos. 3Tu pueblo serálo de buena voluntad en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad: desde el seno de la aurora, tienes tú el rocío de tu juventud. 4Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melchîsedech. 5El Señor a tu diestra herirá a los reyes en el día de su furor. 6Juzgará en las gentes, llenará las de cadáveres: herirá las cabezas en muchas tierras. 7Del arroyo beberá en el camino: por lo cual levantará cabeza.
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Salmos 110-111 (cap. 111)

1Alabaré a Jehová con todo el corazón, en la compañía y congregación de los rectos. 2Grandes son las obras de Jehová; buscadas de todos los que las quieren. 3Gloria y hermosura es su obra; y su justicia permanece para siempre. 4Hizo memorables sus maravillas: clemente y misericordioso es Jehová. 5Dio mantenimiento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto. 6El poder de sus obras anunció a su pueblo, dándole la heredad de las gentes. 7Las obras de sus manos son verdad y juicio: fieles son todos sus mandamientos; 8Afirmados por siglo de siglo, hechos en verdad y en rectitud. 9Redención ha enviado a su pueblo; para siempre ha ordenado su pacto: santo y terrible es su nombre. 10El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: buen entendimiento tienen cuantos ponen aquellos por obra: su loor permanece para siempre.

El plan McCheyne organiza el día en dos pistas: las primeras lecturas para el culto en familia y las demás para la devoción personal.

En familia
2 Reyes 1 · 2 Tesalonicenses 1
Personales
Daniel 5 · Salmos 110-111